Agathos
Confianza hombre - 37 años, León, España
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Blog / Ciertas felicidades
miércoles, 1 de octubre del 2008 a las 15:32
Fue ya al final de la explicación, cuando iban a ensayar otra vez las oraciones. Los niños del grupo se movían inquietos en el banco de madera y alguno de los extremos empezaba a juguetear con el reclinatorio. El joven seminarista, sin abandonar su sonrisa trataba de remedar aquella colorida visión de las penas infernales que un par de días antes había escuchado en la voz de su confesor en los ejercicios espirituales aunque, a juzgar por las caras de aburrimiento de los chavales, sin mucho éxito. Sobre todo porque no le parecía adecuado, para oidos de menos de nueve años, algunas de las jugosas descripciones que recordaba. Aquellas llagas supurantes; aquella sensación de intenso dolor por el fuego eternamente purificador, aquel hacinamiento de los cuerpos desencajador y retorcidos de los condenados, sin apenas espacio para mover sus maltratadas carnes; aquel sollozo continuo y aterrador, aquellas eternas burlas de los siervos del Maligno mientras flagelaban a los impíos.... nadie lo pintaba como Don Saturio. Y el no podía, no quería que los pobres comulgandos tuvieran las pesadillas que el llevaba dos días padeciendo, y quizá los padres... "Pero.." - pensó- "quizá lo de los diablos y sus torturas, un poco rebajado, si podía darles algo de ese santo miedo al mal, que tan bien les va a servir" y decidió rematar su clase con varias pinceladas groseras sobre demonios horribles que reian mientras azotaban, que se burlaban y se aprovechaban de pecadores y pecadoras por los siglos de los siglos.
Ya se sabe como son estos críos... lo mismo están jugando con el catecismo como se les ve absortos con un relato cualquiera.
Una voz, inocente y curiosa se alzó entre el murmullo de los compañeros
- "¿Y entonces...?, Los demonios se lo pasan bien haciendo que los que son malos sufran eso que dices?"
- "¡Claro!.. Para ellos el dolor de los hombre y su condenación es lo que más les divierte"- siguió el catequista animado por la pregunta - "Hacen lo que sea para que los hombre pequemos y así puedan torturarnos y hacernos sangrar por toda la enternidad"
Esto último, ahuecando la voz y agitando los brazos como si ya se viera en el púlpito.
Y así, con toda la inocencia de la niñez, con el ceño fruncidito por la duda y y unos enormes ojos oscuros enmarcados en una cara redonda embutida en el traje de los domingos.. la pregunta cayó como una maza sobre la ínquebrantable fe del profesor.
"¿entonces.. los demonios son felices?"
Comentarios 2 Ordenar comentarios:
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Natalia (jueves, 16 de octubre del 2008 a las 12:23)
Esto me recuerda a esa herejía según la cual Judas es el verdadero mesías, porque sin él no habría habido ni crucifixión, ni redención, ni nada... o al hasidisimo, y sus no tan descabelladas teorías sobre la vida, la muerte y el "pecado"...
y al hablarte de herejías no puedo menos que pensar en el nombre de la rosa y ese otro libro de Humberto Eco, "El péndulo de Foucault", que tú me regalaste hace aproximadamente 6 años... qué librazo, Ágathos... probablemente el mejor que me han regalado... sigue siendo un pilar para mis teorías, jeje, y no se me olvida cómo lo devoré (y cómo nos lo pasamos comentándolo en el rin...)
Besos apócrifos
lauren exégeta borges
lui (jueves, 2 de octubre del 2008 a las 06:23)
Muy buena la historia, me la imagino en la posguerra, pero todavía pueden darse esas conversaciones a día de hoy en este pais? me pregunto.
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