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Confianza hombre - 37 años, León, España


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Blog / Etiquetas / candente y sucio J.

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Mensajes de blog con la etiqueta 'candente y sucio J.':


  • Mentiras a medias

    "Mira, ¿sabes lo que mas odio en esta vida? La falseda'. Eso de ir con la cara sonriente de frente y, en cuanto te das la vuelta, que estén ahí run-rún, run-run... soltándote to la bilis y poniendote a caldo. Porque yo soy una persona que voy de cara ¿sabes? Y si tengo algo que decir, pues lo digo y punto, le joda a quien le joda. Vamos... ¡pues buena soy yo...! Ahí y sin medias tintas. Y si tengo que decirte a ti ahora mismo que eres un mierda,.pues voy y te lo digo y me quedo tan ancha ¿sabes? Porque lo que hay que hacer es decir las cosas y no andar con hipocresías y falsedades.
    Porque la falsedad hace mucho daño, que a mi me han jodido mucho en esta vida. Y yo antes no era así... que me callaba mucho, pero a base de hostias yo cambié y dije ¡Una y no más! y ahora lo que digo.. lo digo y no hay más que hablar."


    Y gesticulaba y alzaba una voz con curioso deje aguardentoso y estentoreo, acompañaba tambien cada frase con palmetazos en las rodillas y floreos casi flamencos de bofetada simulada al alire. Seguía hilvanando argumentos sin dejar de parlotear, anecdota tras anécdota y razón tras razón. Rehuía mi mirada serena y me hacía gestos de complicidad. Yo me fijaba en la curvatura de su boca, hacia abajo como la máscara triste del teatro, como si ese rictus - que me recordaba a alguna foto de Mussolini - remarcara de forma más tajante su diatriba.

    A mi, que suelo evitar las generalizaciones, me jode que me las pongan a huevo y encotrar reflejos a su actitud en tantos estereotipos. En patios de luces de barrios obreros, entre las madonnas napolitanas, en un mercado en La Habana o las tipicas madres judías de Queens.

    Y ella se lo creía; estaba compeltamente convencida de su verdad y no se daba cuenta de que se mentía.

    Lo que duele, lo que hace daño, es la verdad.

    Se puede vivir muy feliz rodeado de mentirosos (siempre y cuando no usen la mentira contra tu integridad) de la misma manera que hay quien vive en su particular mentira metafísica aferrada a un Diós hecho a su medida.

    Pero líbreme la vida de un sincero. Sus palabras sangran antes incluso de llegar a la herida.

  • Piernas

    Igual que el perfume del jazmín que un tiempo
    Fue la antesala del verano y de sudores juguetones
    Y con el tiempo y el levante quedó borrado y seco
    Y solamente evoca melancólicos atardeceres.
    Del mismo modo que elevaba mi alma al cielo
    Al clarín perfumado del incienso sagrado
    Y ahora se conserva un olor sórdido y
    Pesado de antiguas represiones
    La visión de la suave superficie
    De las jóvenes columnas torneadas a golpe
    De nuevas sensaciones y placeres antiguos
    se transforma, de un borroso recuerdo de sutil deseo
    en una tortura ciega, un malestar hirviente
    que pesa bajo el hinchado vientre de un marchito amor propio

    Hasta mi curiosidad se vuelve suave
    Si se topa con la curva de tus hombros
    Quien superara el vértigo de deslizarse
    Por esa piel de humo y de naranjas
    Qué senos serán dulces a mis ansias
    Qué pies darán cobijo a mis caricias
    Y alzar en tu contorno la cintura
    De afroditas, ninfas y ondinas
    Guiada por los ojos más profundos
    Hasta ese mar de olas pervertidas
    Que ruge silencioso de tu boca
    Hasta el rincón oscuro de tu vientre.

    P.D. - Pedante y recargado, como casi todo lo que me sale; pero lo publico por ese íntimo afan de reconocimiento que arrebaño/arrebañamos en cada post quienes nos apetece extraerle a las palabras otros significados a base de la hipodérmica aguja del ingenio.

    Que aproveche.

  • Ofrezco la noche que deseas en secreto

    Abstenerse niñas buenas, reprimidas, vergonzosas, sin curiosidad y con sentimiento de culpa.

    Hoy me siento travieso y juguetón. Hoy tengo a mi sol en la casa de Jove y tengo ganas de descorchar el nectar de los domingos, el hidromial de cosecha.
    Hoy no soy yo, soy intrigante y seductor armado de letras y sinónimos, que son mis mejores aliados. Hoy me convierto en olvido y paso a dedicarme un hechizo de luna de los que encierran sólamente sudores experimentados. De los que se sellan con labios ciegos y se liberan con el olor de madrugada tiñendo sexo y conciencia, de los que hacen que las novatas pierdan el control, la razón y las energías; de los que hacen rozaduras en el corazón de las incaurtas demasiado niñas y sólamente se graben a fuego en la ropa interior de quienes no quieren tener nada que perder.

    Hoy no quiero prometer nada puesto que soy el prometido y la esencia de la noche. Esta noche abro mis manos y ejercito los pases hipnóticos, de magia ancestral delante de tus ojos para ayudarte a zambullirte sólo hasta saber que sabes nadar en mi misma luz, beber de mis mismas ideas, y estar a un tiempo hambrienta de mis mismos tesoros y ahita de la vida tal y como queda tras el dintel...
    Como ves, abro la puerta de mi cubículo, donde el aroma a sándalo y almizcle, el rumor de seda y agua y el gusto acre a beso arrancado te dan la bienvenida. Te recibo y me recibes de huésped y te vendo los ojos porque la vista es inutil, no soy lo que ves, sino lo que sentirás.
    El único mañana que te importa es la seguridad de que saldrás de aquí llena. Que la llave que te encierra a partir de ahora la hallarás en tu regazo cubierta de memorias que desearás mantener y nunca compartir. Y que eso será mañana, cuando dejes de desear no mirar y no tener más dueño que a quien posees.
    Ya te lo voy advirtiendo, si te has acercado a mi con el calor vibrando, latiendo a pulsos bajo el pantalón y la blusa; si, con sed de hombre, te cubres tus pudores en un último gesto mecánico de invitación y protesta ante tu propio impulso, olvidate. Las partes que cubres no serán tu sexo, sino que verás que tienes mucho más cuerpo que darme y que los mayores latigazos de placer están aún por descubrir, en sitios que no conocías en una piel que creerás que no es la tuya. Yo no soy otro más. Soy la noche.

    A partir de aquí no quiero decir nada más porque será darles alas e imágenes a los torpes y a las envidias. El comienzo y el fin de la noche se unirán en tu memoria y será la comunión de tu alma y la mía, la fusión de las conciencias mientras mezclamos nuestros miembros con el ambiente. Sólo nos acordaremos de nosotros con cada explosión. Y todo quedará tras la cortina.

    Es realmente nocivo y estimulante el sentirse juguetón. Otros en mi lugar se derraman entre los dedos como mandriles y babosas. Yo me crezco y me vuelvo sueño. Me agarro al interior y lo hago implosionar como un delicioso cuento arabe.

    De veras, no me hago responsable. Abstenerse principiantes, mojigatas, enamoradizas, infantiles, novias sempiternas, calientabraguetas, inexpertas, obnubiladas o de corazón débil, por vuestro propio bien.

    No querreis que la imagen de esa noche que nunca existió y que nunca volverá sea vuestra sonrisa satisfecha de colmillo goteante en el espejo de vuestra conciencia....

    .. y en el album de mi memoria.

  • Paseo

    Si los pasos fueran golpes de un metrónomo, Dylan estaría ejecutando un moderato con sus pies sobre el resbaladizo empedrado. El ritmo justo para dejarse mecer por él y que resultara tan hipnótico como el rumor de un coche en una larga autopista o el cloqueo intermitente de un tren a toda velocidad. Y precisamente hoy necesitaba esa seguridad, ese entorno neutro que le dejara no tener que fijarse demasiado en el y ocupar sus fuerzas en si mismo y en su tristeza. El Barrio húmedo le proporcionaba esa íntima seguridad, tipo manta, que tiene los lugares habituales. Aquí, sentía que podía expresar sus emociones, gesticular sus pensamientos, sonreír bobalicón a sus recuerdos y anestesiar su sentido del ridículo un par de grados, Justo aquello que él consideraba que entraba dentro de la denominación genérica de “ser yo mismo”.
    Se cruzó con un grupo de chicas, alborotadas y ansiosas, y las desechó de mano por parecerle demasiado jóvenes. Por supuesto, el rechazo fue mental e íntimo, como todo lo que escogía. La imaginación fraudulenta de Dylan siempre trataba de recrear apasionadas aventuras sexuales con las mujeres con las que entraba en contacto, casi siempre visual. Eran aventuras tórridas e instantáneas, de las que apenas tienen su paralelismo en las películas pornográficas. Siempre tenían en común el hecho de que eran expresiones de un deseo, o de una actitud, o de una personalidad que siempre quiso tener y que nunca fue capaz de sacar. En concreto las tres muñequitas que acababan de entrar en el “Michi” lo que hicieron fue activar su alarma interna de pederastia (no tendrían más de 16) que culpabilizaba cualquier ensoñación de muslos, pezones, pubis afeitados, nalgas vibrantes o lengüitas sonrosadas que hubiera aplicado inmediatamente a cualquier otra mujer de más edad. Por eso las olvidó pronto y siguió pensando en su segundo tema favorito mientras los adoquines de la plaza de San Martín desaparecían bajo sus pies: En si mismo y en sus problemas de personalidad. Precisamente acababa de decidir por tercera vez la estrategia psicológica a seguir para poder por fin controlar sus ansiedades y su necesidad de cerveza mientras atravesaba el umbral del “Pozo” y se acercaba a la barra, ojeando las tapas y levantando el índice al camarero.
    ¡Ponme una caña! – su voz se rompió justo al final de la frase al volver a sentirse como un mierda sin voluntad y, como para curar su herida mental, añadió – y una bolsa de Chitos…

  • Mi vida sin él

    Y, lo reconozco, aún me hace falta. Amque sea precisamente para aquello que la conocida falacia existencialista le atribuye entidad. Para negarlo. ¿por qué? Poruqe vivo en un mundo en el que su imagen y su esencia lo impregna todo. Un mundo en el que el miedo salvaje, combinado con los miles de estimulos y ofertas y con la retórica demagoga más vil hacen que su esencia, dentro de su intexistencia, sea casi palpable. Igual que con Papá Noel en navidades que, para no existir el puñetero gordo no hace más que aparecer hasta en la forma de los fideos. Pues con él pasa lo mismo pero siempre, en todo lugar y en todo momento. Por algo se le atribuyen propiedades, omnipresentes, omnipotentes y omiscientes. ¿no?
    Es el paradigma del viejo principio que se oye a veces referido a algo especialmente remarcable: "Es tan bueno que si no existiera habría que inventarlo" con la particularidad de que, se podría transmutar por "Es tan RENTABLE que, dado que NO EXISTE, hay que REINVENTARLO UNA Y OTRA VEZ". Y así es.
    La estabilidad emocional, metafísica, política, económica y social de tanta genta; la justificación nacional, social, religiosa, teórica y`práctica de tantas instituciones y macroestructuras dependen tanto de su existencia, de ese axioma culturalemte imbricado en nuestra conciencia que, si no se escatimas gastos pra hacer que millones de hombres pogan su confiaza en Audi, Coca-cola, Nike o Disney, ¡cuánto más cuando lo que está en juego es tan necesario, tan imprescindible...!

    A veces son meras estupideces. Incoongruencias de sentido común que sólo te das cuenta de ellas cuando alguien te llama la atención ¿no? Como el hecho de plantearse que Todo el tinglado esta´basado en algo tan subjetivo y tan personal como la creencia intima de una persona. Como si, metafóricamente hablando, el hecho de que una persona tenga una seguridad ciega de que existe un enorme ser verde y peludo que habla inglés y le protege de todo mal justificase la existencia de la Gran Repçublica Independiente de Muzzy (Big Muzzy) en la que estuviera explicado hasta el porqué de los grados de inclinación de sus antenas.... ¿Absurdo? No sé... yo lo veo muy real.
    Otras veces oigo hablar de santos, milagros, apariciones, prodigios, creencias, advocaciones... algo tan absurdamente arbitrario, tan lejos del sentido común que me resulta hasta insultante hacer notar las incongruencias; hasta de mal gusto para una persona medianamente razonable.. y me pasmo y me obnubilo cuando veo a muchas personas de las que no cabe duda de su capacidad y de su raciocinio siguiendo a pies juntillas y sin el menor atisbo de planteamiento las tradiciones seculares. ¡y defendiéndolas como bienes propios de la humanidad!. No doy crédito. Ni lo daré.

    Cualquier día de estos sigo. Y mucho me temo que en el mismo plan... no ´se que me ha dado ultiamente que tengo la apostasía a flor de piel.

    Un saludo a todos.

  • La vuelta al hogar (poema)

    La fiesta bendita y maldita de sangre
    ya cedió ante el peso de la madrugada
    las sombras se quiebran, aladas, huidizas
    y empujan mis pasos al amor de la cripta.

    Ya me encuentro ahíto, ya rezumo suero
    por las comisuras de la cueva angosta
    detrás quedan yertos, livianos, vacios
    los sacos de vida que apuró mi hambre

    ¡Que noche gozosa de vicio y ternura!
    ¡que dolor sublime!, ¡Que luna de plata!
    ¡ah del dulce plasma, tibio en cada orgasmo!
    ¡salvaje sangría entre mis riñones!

    Zumban en mis sienes llantos y suspiros
    lujuria y delirio, sexo y hambre y miedo
    y se callan tenues con la bruma clara
    que invita al rocío a salpicar el día.

    Ya abrazo mi lecho y el beso de piedra
    calma progresivo la fiebre, el tropismo
    la risa volcánica se vuelve apacible
    y cierro mis ojos a morir de nuevo

    El olor a tierra arropará mi sueño
    de rigor podrido, de frío cadáver
    hasta que el ocaso llame nuevamente
    a sacar mis dientes a brillar desnudos.

  • He aquí el hombre

    “Triste día para la muerte de un hombre”, pensaba para si.. Le miró al rostro ensangrentado por las espinas y sintió una pena infinita. Una profunda melancolía acompañada de un cierto sentimiento de afecto por el rostro sereno de ese profeta barbado. Durante unos segundos se quedó embobado mirando la cara que en su imaginación lavaba con agua y despojaba de sangre y de sudor. Las lágrimas no habían lacerado la perfección de esas mejillas. “Ya es suficiente” siguió pensando, su mirada disimulaba vistazos fugaces a las aberturas que la postura postra y cansina del reo dejaba en la túnica. Músculos, piel brillante por el sudor... Entonces Jesús alzó los ojos y le miró fijamente. La erección fue fulminante. Hasta tal punto que le cubrió de rubor las mejillas. Miró a su alrededor. Quizá los soldados hubieran apercibido el bulto debajo de la toga. Impensable, decía la razón.
    Avergonzado trató de salir de la situación. Miró al público. Sintió el odio de decenas de ojos clavados en sus labios, esperando el resultado de su sentencia romana. La voz se le engoló en un gallo al mandar silencio. Se sentía desnudo frente a ellos, desnudo y con un pene erecto y desafiante, prueba indiscutible de su pecado. Su mirada seguía enviando huidizas pasadas al flanco ensangrentado del Mesías.
    “¡No encuentro falta en el!” – anunció en voz menos alta de lo que desearía, - “Este hombre es libre. ¡Soldados, lleváosle, curadle las heridas y dejadlo marchar!”.
    De pronto, todo se transformó. La cara dulce y tranquila del Nazareno empalideció en cuestión de segundos. Sus ojos le miraron desorbitados y su mandíbula comenzó a temblar. “¿¿Qué??” parecía decir “¿qué estás haciendo, insensato?”. Por unos instantes el despojo humano pareció desorientado, como si hubiera recibido una bofetada. A la confusión le siguió el odio, que se disparó por doquier. El reo lanzó un grito agónico. Mucho más escalofriante del que hubiera proferido de haber sido condenatoria la sentencia. Así no debían ser las cosas, algo iba mal. Algo se había roto.
    En la mente del Salvador comenzaron a pasar, como en una proyección vertiginosa, siglos de historia futura. Los primeros cristianos, las persecuciones de Roma, la consolidación, los primeros concilios, las herejías, el proselitismo, la hegemonía medieval, el vaticano, los jesuitas, el poder, los rezos, la beatería, los santos, los papas, el control, las iglesias, los reyes, las traiciones, las órdenes, el Santo Designio... todo se iba disolviendo en una neblina vacía por unas palabras de un procurador romano.

    El maldito maricón no sabe lo que ha hecho. Sobre el Gólgota, una cruz se iba desmenuzando y conviertiendo en polvo del desierto.

  • Un mal día en O.C. - 3

    Siempre empieza con un "beep", claro. ¿Cómo iba a ser si no? El comienzo es uno de esos pitidos intermitentes y espaciados que emite el SPV. Exactamente igual que los que, a lo largo del día, se hacen inapreciables por su continuo y monótono barrido de nuestro universo sonoro. Ojalá fuera un "beep" diferente; un poco más agudo, unas milésimas mas prolongado, quizá con una cadencia o algún matiz que lo diferenciara del resto. Si así fuera no estaríamos aquí. Seguramente, si pudiéramos preverlo, estaríamos quizá en cualquier otro lugar más seguro o menos incómodo. Debajo de la escalera o el cuartito de los detergentes podría ser alguno de los lugares. Y con Sofi, claro, que ahora se ha quedado tras el simple respaldo de su asiento. Madera de contrachapado y una mano de acrílico. Puñeteras subvenciones al equipo de baloncesto.
    Ya van tres veces, o al menos ésta es la tercera vez y creo que, al menos en el fondo de mi cabeza, estoy aprendiendo a diferenciar el puñetero pitido de sus hermanos. Demasiado tarde pero es como si el zumbido inmediatamente anterior tuviera una ligera reverberación, como un posgusto auditivo que, pasados unos segundos (vitales, cruciales segundos) te hace intuir que no ha provenido del mismo altavoz del SPV, que el origen es otro aunque muy cercano...
    Y yo, ridículo, con mi cara pegada al teclado del ordenador y las manos debajo del escritorio, aferradas a las patas. Aguantando. Subo un brazo y abro la mano contra la tabla del pupitre.
    Parece que esta vez está doliendo menos que la anterior, que me pilló diciéndole algo a Dalsy el de la entrada y lo noté, más que verlo, en la mejilla izquierda. Vamos, al menos creo que duele menos, porque aun no ha terminado. ¿o si? El ruido continúa y.. mierda, mi mano... joder, ostia como duele, la pu... ¡Dios! Duele como si ¡ay! estuviera hecha de pulmones en un incendio. Como si me cortaran con un papel. Aprieto los dientes. Dolor. Es rojo. Araña. Chilla la mano. Se abren las yemas como bocas hambrientas. Rojo. Intenso y brilla. Mi mano es un cólico nefrítico. Aúlla, bombea, vomita rojas lanzas. Duele. Una migraña en la palma. No tengo mano, el dolor la difumina y mi brazo es dolor. Comienzo a serlo yo. Duele el sudor y la tensión me agarrota cuello, espalda, piernas, tendones, latidos, latidos, sangre, rojo, latidos, madre, Sofi, latidos, rojo... Mi yo-dolor ya no sabe retorcerse. El dolor danza y revolotea como una llama en San Juan.

    Bruscamente cesa y caigo, contra el asiento y me desgrano contra el suelo, exhausto. No me atrevo a moverme en un rato y tampoco escucho a mis compañeros. Respiro atropelladamente. Abro los ojos y compruebo que mi mano sigue ahí, entera, sin señales ni heridas. Continúa el silencio.

    Creo que es Paz, la de Audio la primera que hace un ruido, un sorber intenso por la nariz, que para mi suena a gloria. A vida más allá de mi piel y de mi propio terror. Mi inconsciente, absurdamente sugiere "al menos quedamos dos en pié" cuando sé perfectamente que no hay bajas, que los demás del equipo están tan vivos como nosotros y tan aterrados como yo.
    Cuando levanto la cabeza (quizá han pasado dos minutos, quizá treinta), varios de nosotros ya rebullen como yo y se miran con aire despistado. ¿Sofi? Continúa tras su silla, como muerta, aunque tiene ligeras convulsiones en una pierna. La parte de mi cerebro menos atontada suspira de alivio.
    En mi pantalla los indicadores de dexo y de material V2 se acaban de estabilizar. Mierda de día... ¡Aquí querría ver yo a los gilipollas del equipo de baloncesto!

    ------------------------------------------

    Muchas gracias a ziannea por el empujón y a miriam por el balón de oxigeno para mi ego.

  • Int-fecciones

    Ando escaso de motivación últimamente. No se me mueve el espíritu ni las letras en el vientre y voy a necesitar una cura de ciruelas en verso para volver a la regularidad anterior. Ese volcar "como un reloj" que yo tuve semanas antes y que , por la falta de escape, ahora me pesa y me agobia en mi interior.
    Tampoco es que desee un acceso de producción liviana y constante, liquida y sin sustancia, como una gastroenteritis de la inspiración, en la que espete perífrasis o tópicos como un continuo fluir desgañitado y superficial. También he tenido de esas épocas; ganas de dejar dos o tres posts diarios aunque refritados y sin apenas digerir...

    Pero ahora es al contrario. Las ideas se me agolpan y crean un bolo prieto y doloroso y no salen, se obstruyen, y a veces... duele.

    No sé... ¿quizá sentándome a obrar con un libro en las manos y leyendo un poco? A veces funciona...

  • Haiku

    Quiero recuperar
    las flores del manzano
    que han caído
    aunque las manzanas estén maduras y permanecen.

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