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Confianza hombre - 37 años, León, España


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Mensajes de blog con la etiqueta 'palabras':


  • Mentiras a medias

    "Mira, ¿sabes lo que mas odio en esta vida? La falseda'. Eso de ir con la cara sonriente de frente y, en cuanto te das la vuelta, que estén ahí run-rún, run-run... soltándote to la bilis y poniendote a caldo. Porque yo soy una persona que voy de cara ¿sabes? Y si tengo algo que decir, pues lo digo y punto, le joda a quien le joda. Vamos... ¡pues buena soy yo...! Ahí y sin medias tintas. Y si tengo que decirte a ti ahora mismo que eres un mierda,.pues voy y te lo digo y me quedo tan ancha ¿sabes? Porque lo que hay que hacer es decir las cosas y no andar con hipocresías y falsedades.
    Porque la falsedad hace mucho daño, que a mi me han jodido mucho en esta vida. Y yo antes no era así... que me callaba mucho, pero a base de hostias yo cambié y dije ¡Una y no más! y ahora lo que digo.. lo digo y no hay más que hablar."


    Y gesticulaba y alzaba una voz con curioso deje aguardentoso y estentoreo, acompañaba tambien cada frase con palmetazos en las rodillas y floreos casi flamencos de bofetada simulada al alire. Seguía hilvanando argumentos sin dejar de parlotear, anecdota tras anécdota y razón tras razón. Rehuía mi mirada serena y me hacía gestos de complicidad. Yo me fijaba en la curvatura de su boca, hacia abajo como la máscara triste del teatro, como si ese rictus - que me recordaba a alguna foto de Mussolini - remarcara de forma más tajante su diatriba.

    A mi, que suelo evitar las generalizaciones, me jode que me las pongan a huevo y encotrar reflejos a su actitud en tantos estereotipos. En patios de luces de barrios obreros, entre las madonnas napolitanas, en un mercado en La Habana o las tipicas madres judías de Queens.

    Y ella se lo creía; estaba compeltamente convencida de su verdad y no se daba cuenta de que se mentía.

    Lo que duele, lo que hace daño, es la verdad.

    Se puede vivir muy feliz rodeado de mentirosos (siempre y cuando no usen la mentira contra tu integridad) de la misma manera que hay quien vive en su particular mentira metafísica aferrada a un Diós hecho a su medida.

    Pero líbreme la vida de un sincero. Sus palabras sangran antes incluso de llegar a la herida.

  • Piernas

    Igual que el perfume del jazmín que un tiempo
    Fue la antesala del verano y de sudores juguetones
    Y con el tiempo y el levante quedó borrado y seco
    Y solamente evoca melancólicos atardeceres.
    Del mismo modo que elevaba mi alma al cielo
    Al clarín perfumado del incienso sagrado
    Y ahora se conserva un olor sórdido y
    Pesado de antiguas represiones
    La visión de la suave superficie
    De las jóvenes columnas torneadas a golpe
    De nuevas sensaciones y placeres antiguos
    se transforma, de un borroso recuerdo de sutil deseo
    en una tortura ciega, un malestar hirviente
    que pesa bajo el hinchado vientre de un marchito amor propio

    Hasta mi curiosidad se vuelve suave
    Si se topa con la curva de tus hombros
    Quien superara el vértigo de deslizarse
    Por esa piel de humo y de naranjas
    Qué senos serán dulces a mis ansias
    Qué pies darán cobijo a mis caricias
    Y alzar en tu contorno la cintura
    De afroditas, ninfas y ondinas
    Guiada por los ojos más profundos
    Hasta ese mar de olas pervertidas
    Que ruge silencioso de tu boca
    Hasta el rincón oscuro de tu vientre.

    P.D. - Pedante y recargado, como casi todo lo que me sale; pero lo publico por ese íntimo afan de reconocimiento que arrebaño/arrebañamos en cada post quienes nos apetece extraerle a las palabras otros significados a base de la hipodérmica aguja del ingenio.

    Que aproveche.

  • Paseo

    Si los pasos fueran golpes de un metrónomo, Dylan estaría ejecutando un moderato con sus pies sobre el resbaladizo empedrado. El ritmo justo para dejarse mecer por él y que resultara tan hipnótico como el rumor de un coche en una larga autopista o el cloqueo intermitente de un tren a toda velocidad. Y precisamente hoy necesitaba esa seguridad, ese entorno neutro que le dejara no tener que fijarse demasiado en el y ocupar sus fuerzas en si mismo y en su tristeza. El Barrio húmedo le proporcionaba esa íntima seguridad, tipo manta, que tiene los lugares habituales. Aquí, sentía que podía expresar sus emociones, gesticular sus pensamientos, sonreír bobalicón a sus recuerdos y anestesiar su sentido del ridículo un par de grados, Justo aquello que él consideraba que entraba dentro de la denominación genérica de “ser yo mismo”.
    Se cruzó con un grupo de chicas, alborotadas y ansiosas, y las desechó de mano por parecerle demasiado jóvenes. Por supuesto, el rechazo fue mental e íntimo, como todo lo que escogía. La imaginación fraudulenta de Dylan siempre trataba de recrear apasionadas aventuras sexuales con las mujeres con las que entraba en contacto, casi siempre visual. Eran aventuras tórridas e instantáneas, de las que apenas tienen su paralelismo en las películas pornográficas. Siempre tenían en común el hecho de que eran expresiones de un deseo, o de una actitud, o de una personalidad que siempre quiso tener y que nunca fue capaz de sacar. En concreto las tres muñequitas que acababan de entrar en el “Michi” lo que hicieron fue activar su alarma interna de pederastia (no tendrían más de 16) que culpabilizaba cualquier ensoñación de muslos, pezones, pubis afeitados, nalgas vibrantes o lengüitas sonrosadas que hubiera aplicado inmediatamente a cualquier otra mujer de más edad. Por eso las olvidó pronto y siguió pensando en su segundo tema favorito mientras los adoquines de la plaza de San Martín desaparecían bajo sus pies: En si mismo y en sus problemas de personalidad. Precisamente acababa de decidir por tercera vez la estrategia psicológica a seguir para poder por fin controlar sus ansiedades y su necesidad de cerveza mientras atravesaba el umbral del “Pozo” y se acercaba a la barra, ojeando las tapas y levantando el índice al camarero.
    ¡Ponme una caña! – su voz se rompió justo al final de la frase al volver a sentirse como un mierda sin voluntad y, como para curar su herida mental, añadió – y una bolsa de Chitos…

  • El buen avío

    El principio de un cuento que tengo ahí aparcado...

    El gallo rajó la madrugada alborotando el corral. La mísera luz se abría paso allá tras el otero Maillo y desperezaba progresivamente la naturaleza de las granjas de los aledaños. Las que más bulla hacían, las golondrinas. El chillido picaba en los oídos de los durmientes del pueblo, aunque Joaquín el panadero llevaba ya un rato amasando.

    Macario abrió el ojo al tercer canto, lo paseó por la mesita y lo fijó en el reloj que fosforescía serio. Las seis y diez. “¡cagüen...!”. Cinco horas de sueño no le habían cundido nada y seguía baldado. Pero había que levantarse, que hoy venía el proveedor de Villaza y había que pasar antes por la huerta.
    Rebulló un poco entre las sábanas y echó la mano atrás hasta palmearle el culete para que dejara de roncar. Fermín soltó un quejido de entresueño y se empezó a desperezar.

    - “¡Venga..!, ¡P’arriba, ostia...!” – Macario ya se estaba incorporando y Fermín se dio la vuelta para abrazarle en plan juguetón.
    - “Vente pa’acá un ratín, anda...”
    - “No empieces, que estoy hecho polvo.” – Fermín ya se le había enganchado al cuello y se dejó hacer, divertido. Su morro raspó como el belcro entre las dos caras sin afeitar. – “Que estoy baldao, joer..” – Fermín le metió la mano en el calzoncillo.
    – “Deja que te haga yo...”

    Tras la faena y el arrumaco, ambos se fueron levantando, cada uno por un lado de la cama. La rutina de todos los días. “Dónde está mi calcetin”, “Voy yo primero, que me meo”, “¿Vas pa la era?”, “ Luego, ahora voy arriba”, “Dale un besín a Merce y al niño de mi parte y si ves a Valentina, dile que me traiga mudas, que ya no me quedan”, “Vaale, ya se lo digo”, “Joder que bestia eres, macho.. me diste ayer una hostia aquí en la cadera...”, “ Fue sin querer, no seas nenaza”.
    Mientras Macario se pegaba una ducha, Fermín, abrochándose el pantalón, subió al piso de arriba a despertar a las mujeres.

    Se las encontró haciendo la cama entre las dos. Merche se dio la vuelta y besó en la mejilla a Fermín.
    – “¿qué hay cielo?, Uff.. que peste” – se separó violentamente, - “habeis estado dándole ¿eh?. Apestas a cama. Anda.. date una ducha ahora mismo que ya te hago yo el café”.
    Fermín se rió:
    – “Cagüento... como si vosotras fuerais aquí las santas del pueblo, no te jode..”
    – “a ti te vamos a decir lo que hacemos o no, gañán” - remedó Valentina dándole un azotito cariñoso según pasaba a su lado.

    -“Ah, por cierto, Valen...” – le dio el recado de Macario. – “¿Mas mudas?, Pero ¿qué hacéis con ellas?, ¿os las coméis?” - Fermín carcajeó aprovechando la oportunidad
    - “¡A ti te lo voy a decir.. gañana!”.

    Merce le acompaño la carcajada pero Valentina siguió como si no hubiera dicho nada, a lo suyo.
    -“Le compro luego un par donde Manuela, según baje ¿me acompañas Merce?”
    -“Venga, vale, que tengo que ir a por un par de lechugas y pescao. Ayúdame ahora con el café”
    -“Calla, que Macario tiene que estar ya bufando por el cola–cao” – Las chicas se besaron golosamente y se alejaron mirándose a los ojos. Merche terminó de recoger la ropa y le puso un traje limpio a Fermín encima de la cama, para cuando saliera.

    Mientras tanto, el día seguía estirándose y despabilando bostezos en la vieja meseta castellana. El rugido de los tractores y de los motores de las acequias le iban dando el pulso acelerado a la mañana y el sacristán ya saltaba abrazando la soga de la campana de la primera misa. Las comadres trotaban apuradas esquivando las reses de Damián y el calor del sol avivaba los olores del heno y las boñicas que se mezclaban con el del humo, el café con leche y los primeros sofritos de las cocinas.

  • CSA

    Otro número en la pantalla:

    - "¿Si?..."

    - "Buenos días, le llamo de MoviStar, mi nombre es Ramiro Reyes, ¿Es usted el usuario de la línea 652234318?"

    - "Si, pero ahora no puedo atenderle..." -

    La voz tenía un cierto matiz de urgencia. Ansioso aunque sin perder la corrección. Extranjero seguro. Del Este por ese acento que sonaba a eslavo, seguro que tendría que ofrecerle Tarjeta. Durante una décima de segundo barajé el deseo de que no hubiera problemas con el idioma.

    - "Solamente necesito unos minutos nada más para presentarle nuestra oferta. Se trata de cambiar a nuestra compañía de forma totalmente gratuita..."

    - "De veras que ahora no puedo atenderle, señor. Perdoneme..".

    La verdad es que odio que me interrumpan. Me saca de mis casillas porque me rompe el ritmo del guión, me pierdo y no sé que decir ni cómo seguir. A este se le nota un poco atragantado, debo pensar en algo rápido antes de que me cuelgue que tengo una mañanita hoy.... Además mi media está por los suelos este mes, necesito vender un par de ellas cuanto antes y encima los de calidad ya me han tocado los huevos hoy...

    - "Solamente será un momento nada más, no le haré perder mucho tiempo, de veras. Sólo quiero que escuche nuestra oferta." - Hablare´rápido a ver si así no me cuelga - "Me gustaría hacerle unas preguntas para poder adecuar nuestros servicios a sus necesidades. ¿Le importaría decirme con qué compañía tiene usted contratada la telefonía móvil?...".

    - "De veras que lo siento pero..." - oigo de fondo el resuello ¿Estará corriendo o algo?Joder qué gente - "le aseguro que en este momento me resulta im...".

    ¡POW!

    Un estallido seco, reverberante. Pego un respingo en el box. Me doy un manotazo para quitarme el headset, no lo consigo y queda colgando de un auricular en mi oreja. Sigo escuchando. Una serie de sonidos van tomando forma, creando una imagen en mi imaginación a medida que se suceden: Un fardo, un cuerpo, algo pesado y blando golpea el suelo.

    //(Lo reconstruyo en medio del shock, como se desliza y se desploma, el susurro de la ropa que lleva puesta, el golpe algo más granuloso de la cabeza contra el asfalto, el rumor de la forma que se asienta sobre el suelo tras caer desequilibrada y un intenso color negro en las nubes, y gris en el cielo, gris piedra en las paredes y ocre arenoso en el aire. Gris en unos ojos que no veo, que aparecen en mi mente y que se rompen, que se vuelven acuosos brillantes, y el color azul plata en el brillo del objeto que se desprende de su mano...)//

    Un tamborileo estrepitoso en el auricular,

    //(La tapa, gris plomo, se desprende pero la batería, milagrosamente continúa en su sitio. La pantalla, brillante con el aviso de llamada en curso aún en ella, se rasga de arriba a abajo con un corte de vidrio que la divide en dos, pero no llega a desarmarse)//.

    Entonces, ruido blanco...(la ciudad sigue su rutina ajena a lo que sucede en un descampado del suburbio).

    - "¿Oiga..?, ¿Sigue ahí...?, ¿Buenos dias...?" -

    La ciudad que imagino en mi cabeza no me sabe responder, en el fondo sé que no necesito una respuesta, pero la costumbre y la rutina son poderosas fuerzas que arrastran mis palabras como la marea. Acerco mi dedo al botón que libera la línea mientras imágenes rebotan entre los auriculares, una cara sin rostro, sangre y quietud, mietras acierto a recitar con voz nerviosa, como un autómata la retahila de despedida. Irónico el acordarse ahora de las auditorías:

    - "Bien, le recuerdo que si desea más información puede dirigirse al número gratuito 14 85..." -

    Se oyen pasos sobre la grava, se acercan.

    - "...o bien en nuestra página web..." -

    susurros de tela frotada, ropa que se roza al rebuscar, un ruido corredizo en primer plano, el terminal que retumba al res recogido del suelo.

    - "tres uves dobles punto Movistar punto com o en nuestros distribuidores..."

    Otra voz, rasposa, me interrumpe:

    - "¿Si..? ¿Quién es...?- Me deja unos segundos en blanco...

    - "Ajá"- continúo despistado...- "Veo que sigue con nosotros..."

    - "Lo siento, pero el usuario de esta linea ya no puede contestarle" - me contesta con tono silbante - "Ya no se encuentra... operativo".

    Un escalofrío recorre mi espinazo. Juraría que hasta he notado su sonrisa. Trago saliva mientras acerco nuevamente el brazo al botón de finalizar la llamada.

    Me detengo.

    La idea me golpea en un instante. Respiro hondo...

    - "Y usted, ¿Con qué compañía tiene su telefonía móvil..?"

  • Un mal día en O.C. - 3

    Siempre empieza con un "beep", claro. ¿Cómo iba a ser si no? El comienzo es uno de esos pitidos intermitentes y espaciados que emite el SPV. Exactamente igual que los que, a lo largo del día, se hacen inapreciables por su continuo y monótono barrido de nuestro universo sonoro. Ojalá fuera un "beep" diferente; un poco más agudo, unas milésimas mas prolongado, quizá con una cadencia o algún matiz que lo diferenciara del resto. Si así fuera no estaríamos aquí. Seguramente, si pudiéramos preverlo, estaríamos quizá en cualquier otro lugar más seguro o menos incómodo. Debajo de la escalera o el cuartito de los detergentes podría ser alguno de los lugares. Y con Sofi, claro, que ahora se ha quedado tras el simple respaldo de su asiento. Madera de contrachapado y una mano de acrílico. Puñeteras subvenciones al equipo de baloncesto.
    Ya van tres veces, o al menos ésta es la tercera vez y creo que, al menos en el fondo de mi cabeza, estoy aprendiendo a diferenciar el puñetero pitido de sus hermanos. Demasiado tarde pero es como si el zumbido inmediatamente anterior tuviera una ligera reverberación, como un posgusto auditivo que, pasados unos segundos (vitales, cruciales segundos) te hace intuir que no ha provenido del mismo altavoz del SPV, que el origen es otro aunque muy cercano...
    Y yo, ridículo, con mi cara pegada al teclado del ordenador y las manos debajo del escritorio, aferradas a las patas. Aguantando. Subo un brazo y abro la mano contra la tabla del pupitre.
    Parece que esta vez está doliendo menos que la anterior, que me pilló diciéndole algo a Dalsy el de la entrada y lo noté, más que verlo, en la mejilla izquierda. Vamos, al menos creo que duele menos, porque aun no ha terminado. ¿o si? El ruido continúa y.. mierda, mi mano... joder, ostia como duele, la pu... ¡Dios! Duele como si ¡ay! estuviera hecha de pulmones en un incendio. Como si me cortaran con un papel. Aprieto los dientes. Dolor. Es rojo. Araña. Chilla la mano. Se abren las yemas como bocas hambrientas. Rojo. Intenso y brilla. Mi mano es un cólico nefrítico. Aúlla, bombea, vomita rojas lanzas. Duele. Una migraña en la palma. No tengo mano, el dolor la difumina y mi brazo es dolor. Comienzo a serlo yo. Duele el sudor y la tensión me agarrota cuello, espalda, piernas, tendones, latidos, latidos, sangre, rojo, latidos, madre, Sofi, latidos, rojo... Mi yo-dolor ya no sabe retorcerse. El dolor danza y revolotea como una llama en San Juan.

    Bruscamente cesa y caigo, contra el asiento y me desgrano contra el suelo, exhausto. No me atrevo a moverme en un rato y tampoco escucho a mis compañeros. Respiro atropelladamente. Abro los ojos y compruebo que mi mano sigue ahí, entera, sin señales ni heridas. Continúa el silencio.

    Creo que es Paz, la de Audio la primera que hace un ruido, un sorber intenso por la nariz, que para mi suena a gloria. A vida más allá de mi piel y de mi propio terror. Mi inconsciente, absurdamente sugiere "al menos quedamos dos en pié" cuando sé perfectamente que no hay bajas, que los demás del equipo están tan vivos como nosotros y tan aterrados como yo.
    Cuando levanto la cabeza (quizá han pasado dos minutos, quizá treinta), varios de nosotros ya rebullen como yo y se miran con aire despistado. ¿Sofi? Continúa tras su silla, como muerta, aunque tiene ligeras convulsiones en una pierna. La parte de mi cerebro menos atontada suspira de alivio.
    En mi pantalla los indicadores de dexo y de material V2 se acaban de estabilizar. Mierda de día... ¡Aquí querría ver yo a los gilipollas del equipo de baloncesto!

    ------------------------------------------

    Muchas gracias a ziannea por el empujón y a miriam por el balón de oxigeno para mi ego.

  • Int-fecciones

    Ando escaso de motivación últimamente. No se me mueve el espíritu ni las letras en el vientre y voy a necesitar una cura de ciruelas en verso para volver a la regularidad anterior. Ese volcar "como un reloj" que yo tuve semanas antes y que , por la falta de escape, ahora me pesa y me agobia en mi interior.
    Tampoco es que desee un acceso de producción liviana y constante, liquida y sin sustancia, como una gastroenteritis de la inspiración, en la que espete perífrasis o tópicos como un continuo fluir desgañitado y superficial. También he tenido de esas épocas; ganas de dejar dos o tres posts diarios aunque refritados y sin apenas digerir...

    Pero ahora es al contrario. Las ideas se me agolpan y crean un bolo prieto y doloroso y no salen, se obstruyen, y a veces... duele.

    No sé... ¿quizá sentándome a obrar con un libro en las manos y leyendo un poco? A veces funciona...

  • El enemigo generoso

    He visitado algunos blogs y he comprobado que suele ser común colocar textos literarios de autores conocidos. Aunque no suele ser habitual en mi, voy a acoplarme a esta moda y dejaros un texto que encontré un un libro de Borges que me impactó, aunque no es de él, sino es una referencia histórica que hizo otro autor (Gering).
    Alla va.

    El enemigo generoso

    Magnus Barfod, en el año 1102, emprendió la conquista general de los reinos de Irlanda; se dice que la víspera de su muerte recibió este saludo de Muirchertach, rey de Dublin:

    Que en tus ejércitos militen el oro y la tempestad, Magnus Barfod.
    Que mañana, en los campos de mi reino, sea feliz tu batalla.
    Que tus manos de rey tejan terribles la tela de la espada.
    Que sean alimento del cisne rojo los que se oponen a tu espada.
    Que te sacien de gloria tus muchos dioses, que te sacien de sangre.
    Que seas victorioso en la aurora, rey que pisas a Irlanda.
    Que de tus muchos días ninguno brille como el día de mañana.
    Porque ese día será el último. Te lo juro, rey Magnus.
    Porque antes que se borre su luz, te venceré y te borraré, Magnus Barfod.

    Es brutal, colegas

  • Destrozo

    ¿Cuándo me atrapaste
    puta vieja, escollo de mil noches,
    repugnante escuela de suicidios vanos,
    enemiga del dinero ganado honradamente,
    y prima hermana de la mierda, de esa mierda
    que embadurna el interior de las paredes
    de la imaginación de los incautos
    y de la última esperanza de los mediocres, zorra
    que copula con viejos libertinos, con fatuos
    millonarios mientras sonríe con arrebatado
    amor y virginal expresión a jóvenes
    dispuestos a quitarse la vida
    en el primer desengaño que la vida les arranque?
    ¿Cuándo inoculaste los huevos de parásito
    entre mis neuronas, entre los descorazonados
    rincones de mi personalidad, ocultos para que solamente
    eclosionaran en aquellos momentos
    que que bajo la guardia, en que el orden, limpio
    claro, diáfano y puro, virgen bella que ataviada en gasas, amenaza con
    colocar cada pedazo de mi vida
    en su sitio en la estantería, y encontrarle estanterías
    a cada uno de ellos, se distrae mirando una mariposa,
    o leyendo un pasaje de la guía
    telefónica?
    ¿Porqué insistes en joderme los oídos con tus cánticos
    de sirena, con tus slogans cuidadosos y desenfrenados? ¿Porqué
    continúas golpeando con tus riñones, aferrada a mi cabeza, culeando repetidamente mi pabellón auditivo y tratando de alcanzar
    con tu verga de palabras, con tus huevos de miseria, ese apetitoso orgasmo de
    llanto, de congoja y de
    inseguridad?

  • Diana

    Hoy también toca autobombo. Hoy también dejaré a un lado las ficciones, los relatos, las diatribas, el sarcasmo... incluso aparcaré momentaneamente a Jimmy, a Dylan y a esas incomprensibles parrafadas masturbatorias con las que de vez en cuando me hago a la idea de que desnudo mi alma desorientando a los lectores. Hoy mi noticia no soy yo, pero es mía. Hoy le presto mi teclado a quien chilla rasgando su nuevo aire, recien estrenado en una habitación de hospital. Y digo "Hoy" aunque su día era ayer, ya que no he pasado por casa hasta esta mañana.

    (periodista)
    A las cinco menos cuarto de la mañana de ayer, día de san Juan, 24 de Junio de 2007, mi mujer Raquel daba a luz a mi segunda hija Diana, en el Hospital de León. La niña pesó 3 kilos 240 gramos y midió 51 centímetros. Nació sana y en un parto rápido y sin complicaciones. Su hermana Laura se mostró especialemte ilusionada con ella y, a pesar de sus cuatro años largos, quiso darle sus cariños y mimos en cuanto la vió. Abuelos, tíos y demás familiares han ido desfilando por la habitación 003 del área de Tocología del Hospital leonés para felicitarnos a su madre y a mi, que procuré ayudar en todo momento a superar las molestias del post parto. Previsiblemente le darán el alta mañana martes 26.

    (padre)
    Medía con pasos la pequeña distancia ante la puerta de los paritorios. Impaciencia contenida, como veterano ante otros padres primerizos pero con una procesión interior desbordada. Máxime cuando podía distinguir claramente los aullidos de dolor de Raquel al otro lado de las puertas metálicas (Luego supe que no era dolor, sino esfuerzo y que las tres cuertas partes de mis temores, de mis horribles imágenes mentales, de la casquería, de la ansiedad, eran completamente infundadas) y eran aullidos que me rajaban como lascas, envenenados con literatura, ya que sólo a mi se me ocurre llevar "Tiempo de Silencio" de Martín Santos y leer (coincidencia, casualidad...) el fragmento en el que describe magistral y detalladamente la muerte de una joven desangrada en una chabola por un aborto mal practicado.
    Se abren las puertas y unas gafas con celador me invitan a rebozarme en ropas azules, gorro de baño y calzas para los zapatos. Atropelladamente me los voy poniendo mientras mis pies y mi voluntad se sienten atraídos por el punto origen de los gritos de Raquel, el paritorio estaba a la vuelta de un recodo. Corro lo que mi humanidad rebosante me permite y llego en el mismo momento en que la cabeza de Diana, una flor sanguinolienta y arrugada, germina, crece y erupta vertiginosamente del interior de mi Cielo.
    ¡Es tan bella! . Es arrugada como todos los recién nacidos, feucha y gritona, se mueve de forma espasmódica con los ojillos semicerrados, tiene cara de chupar limones pero... ¡es tan ...bella!. La corona unos hilillos sangrientos procedentes de una ligera episiotomía involuntaria, único percance reseñable del alumbramiento y yo juego (¿qué se puede hacer si no jugar...? ) a limpiarle la carita con una gasa y a asirla de los carnosos ganchos mullidos que tiene por dedos. Tras lavarla, pesarla y medirla, la enfermera me hace el honor se sostenerla en brazos por unos instantes y la carga es leve pero pesada de responsabilidad y de miedo por lo fragil. No sonrie, la hago sonreir en mi cabeza, mientras imagino que dice "Hola Papi, ¿que te parezco?".

    (escribiente)
    "Eres el trozo de cielo que me quedaba por ver, eres otra de mis caras, eres otro de mis sueños, eres Diana, y me has cazado ya desde tu primer mohin. Te quiero"

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