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  • San Pablo, el predicador, fue también un gran escritor.

    Pablo escritor.

    En el Nuevo Testamento, la parte de la Biblia escrita después de la Venida de Jesús, contiene 13 cartas del Apóstol San Pablo. Algunas de ellas son auténticas, escritas realmente por él, y otras se presentan con su nombre, pero en realidad pertenecen a sus discípulos, quienes transmiten el pensamiento de su maestro.

    Hasta hace no tanto, se hablaba de 14 cartas paulinas, porque se añadía la llamada “Carta a los Hebreos”. Sin embargo, debido a los más recientes estudios bíblicos, hoy ya nadie admite que este texto sea de San Pablo. Además, este texto a los Hebreos, no presenta ninguna indicación de que el autor pretenda presentarse como el Apóstol San Pablo, por lo que ya no se proclama ni se estudia como “carta paulina”, sino aparte.

    En cuanto escritos bíblicos, las cartas auténticas de San Pablo son los primeros textos del Nuevo Testamento, es decir, los más antiguos en cuanto a su escritura vistos desde nuestra época. Su fecha de realización se estima entre los años 50 y 67 de nuestra era, apenas pasando la mitad del primer siglo y poco después de la resurrección corporal y gloriosa de Jesús.

    Pero, en cuanto a su edición pública, se realizó cuando los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, y el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito también por Lucas y que formaba un solo bloque seguido a su Evangelio, vieron la luz, y se encontraban ya circulando por las distintas comunidades cristianas. Esto estaría sucediendo alrededor del año 100, antes de que aparezca el Evangelio de San Juan, o simultáneamente con su descubrimiento.

    Las cartas de San Pablo, eran cuidadosamente guardadas y leídas en las iglesias o comunidades a las que eran dirigidas (romanos, corintios, efesios, etc.). Las otras comunidades las conocieron después de su recopilación y edición, es decir, después del año 100.

    A fines del siglo primero, algunos recopiladores, desconocidos hoy para nosotros, recogieron, fusionaron y separaron las cartas paulinas para su edición y publicación, a fin de que sean leídas en todas las comunidades cristianas, y no solamente en aquellas a las que el Apóstol se dirigía, generalmente luego de alguna fundación o visita.

    Y editaron tanto las cartas auténticas y personales del Apóstol, como las escritas por sus discípulos bajo la guía de su pensamiento.

    La segunda carta de Pedro, escrita a mediados del siglo II (a. 150 aprox.) menciona ya “todas las cartas de Pablo” (2 Ped 3,15-16), lo que indica que ya en esta edad temprana de nuestra era y a pocas décadas de la resurrección de Jesús, la colección de cartas paulinas ya estaba editada y publicada, mientras seguían incorporándose escritos neotestamentarios.

    La colección de sus cartas fue rápidamente aceptada por toda la Iglesia de los cristianos como Palabra de Dios inspirada, es decir, como Sagrada Escritura, y pasó a formar parte directamente de la Biblia. En el texto indicado de San Pedro, moderador de la Iglesia en su tiempo, se mencionan “todas las cartas de Pablo...con el resto de la Escritura”, poniendo a ambas en el mismo rango.

    De las trece cartas atribuidas a San Pablo, sólo siete son reconocidas como indiscutiblemente auténticas, lo que no quita la inspiración divina de las otras y su ineludible incorporación a las Sagradas Escrituras.

    Estas otras seis sostienen los especialistas bíblicos que fueron escritas por los discípulos más o menos directos del Apóstol, que después de la decapitación de éste por las autoridades romanas, debieron actualizar su doctrina ante nuevos problemas pastorales y conceptuales que se presentaban en las comunidades recién formadas, o de corregir errores o desviaciones que surgían en las mismas.

    Recurrían entonces a lo que era costumbre en la antigüedad: la Pseudonimia, es decir, la utilización de un pseudónimo que hiciera referencia al pensamiento de un autor del pasado (reciente en este caso), para volcarlo en una obra presente a fin de zanjar dificultades y problemas actuales.

    Las cartas reconocidas como auténticas y escritas directamente por San Pablo son: Primera a los Tesalonicenses, Filipenses, Filemón, Primera a los Corintios, Segunda a los Corintios, Gálatas y Romanos, su obra magna, el gran testamento o herencia de Pablo para percibir su riqueza y hondura particular.

    Entre las cartas atribuidas a sus discípulos bajo la guía de su pensamiento para actualizar respuestas a problemas posteriores a su vida, figuran: Segunda a los Tesalonicenses, Efesios, Colosenses, Primera y Segunda a Timoteo y la carta a Tito.

    A veces las cartas tienen una unidad aparente, ya que en ciertas ocasiones son recopilaciones de fragmentos de cartas, encontradas por los recopiladores en las distintas comunidades o Iglesias, algunas como páginas sueltas también, y que no quisieron perder sino conservarlas, por lo que las incorporaron en cartas ya armadas y más extensas, como capítulos aparte o en coordinación con algún tema de un pasaje.

    San Pablo, el predicador, es también el teólogo escritor profundo.

    Inmortaliza la Sagrada Escritura en el Nuevo Testamento su pensamiento, guía perenne de las comunidades cristianas hasta el encuentro definitivo con Jesús Resucitado en su Segunda Venida Gloriosa o Parusía, en el Juicio Final.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor Universitario de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    http://es.catholic.net/gustavodaniel
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org

  • Semblanza del Apóstol San Pablo

    Semblanza del Apóstol Pablo.

    Continuando con la reflexión y el conocimiento del Apóstol San Pablo:

    Un buen judío.
    Pablo, conocido también bajo el nombre de Pablo de Tarso (“Pablo”, griego, “Saulo”, hebreo), apóstol Pablo, o simplemente “el Apóstol”, nació probablemente unos años después de Jesús, en Tarso, ciudad de Cilicia, lo que actualmente es Turquía.

    Era judío, hebreo de nacimiento, y su nombre Saulo era en honor del primer rey de Israel, Saúl.
    Desde niño estudió la Ley de Moisés en Jerusalén, bajo la guía del gran maestro de su tiempo Gamaliel.

    Pablo “conoce a Jesús”.
    Teniendo algo más de 30 años (quizá 36 o 37), y enterado de la nueva doctrina que anunciaban los seguidores de Jesús, a Quién no había conocido, pidió autorización a las autoridades judías para perseguir a la nueva “secta judía” en Damasco, pero camino hacia esa ciudad, su vida cambió radicalmente.

    Vio una gran luz y escuchó la voz de Jesús preguntándole por qué Lo perseguía, identificándose así Jesús con sus mismos seguidores.
    Tres veces relata su compañero de aventuras Lucas en los Hechos de los Apóstoles este evento y experiencia únicos: Hechos 9,5-7; 22,5-16 y 296,10-18.

    Quedó ciego y un discípulo de Jesús, Ananás, tuvo que imponerle las manos para que recobre la vista y quede lleno del Espíritu Santo.

    El elegido de Jesús.
    Jesús lo eligió para que anuncie su mensaje de salvación, la Buena Nueva, a todos los pueblos. Por eso recorrió toda Europa y Asia menor, pasando por Antioquía, Chipre, Éfeso, Listra, Derbe, Corinto, Filipos, Tesalónica, Jerusalén, Roma y muchas otras ciudades.

    Pablo nos dice en sus escritos que recibió el encargo de predicar a los no judíos, así como Pedro lo había recibido de predicar al pueblo elegido de Dios. Aunque los límites de ambos no eran tan estrictos.
    También hace alusión a que trabajó “más que todos los demás” anunciando el Evangelio, aunque no por sus propias fuerzas, sino por la gracia de Jesús Resucitado que actuaba poderosamente en él (I Corintios 15,10).

    Pablo predicador.
    Al llegar a una ciudad, Pablo reunía a los cristianos en alguna casa, y comenzaba a predicar. Su fuego y ardor eran incansables, y podía hablar de Jesús horas y horas.
    Una vez comenzó a predicar de noche, era la madrugada, y permanecía hablando de Jesús. Un joven, de nombre Tíquico, estaba sentado en una ventana escuchándolo, pero el sueño lo venció y cayó al vacío desde el segundo piso de la casa donde estaban reunidos. Había muerto, y todos se afligieron mucho. Pero Pablo invocó a Jesús y el muerto volvió a la vida (Hechos, 20,7-12).

    Pablo escritor.
    Así como fue un gran predicador, fue también un gran y culto escritor. Pasaba por las comunidades predicando la Buena Noticia de que Jesús había resucitado y vivía, y que nosotros resucitaríamos con nuestros propios cuerpos como Él, libres ya del poder del pecado, del mal, del dolor y de la muerte.
    Luego, escribía cartas para mantener viva la llama de su enseñanza e inducir a sus lectores (como lo hacía con sus escuchas) a tener una experiencia real del Señor Resucitado lleno de poder y de gloria, aunque sin escapar a la ignominia de la cruz y del dolor que finalmente nos llevarán a la muerte antes de tener vida eterna y finalmente resucitar.

    Escribió a las romanos, corintios, efesios, colosenses, a Tito, Timoteo y otros más.

    Pablo y sus viajes.
    El amor de San Pablo por Jesús era tan vivo y experimental, que quería llegar a todos los lugares conocidos para comunicar su mensaje y llevar a todos al conocimiento de la fe de Cristo.

    En aquel tiempo, con los medios precarios que existían, los viajes no eran fáciles. La mayoría de las veces se andaba a pie, a pesar de que había vehículos tirados por animales.
    San Pablo visitó ciudades de Europa y Asia menor, como Iconio, Listra, Derbe, Antioquía de Pisidia, Roma, Corinto, Éfeso, Macedonia, Filipos, Tróade y muchas otras.

    En todas esas ciudades, la propuesta era siempre la misma: la fe en Jesús Resucitado y la nueva vida que brota de la experiencia del encuentro con Él.

    Pablo predicaba que Jesús es el salvador de todos los pueblos, y no solamente del pueblo judío. Eso fue motivo de mucho sufrimiento y persecución.

    Sintiendo que ya había cumplido su misión, fue a Jerusalén, donde era sabido que lo tomaría preso (Hechos 21). Al ser también ciudadano romano, pidió que lo juzgara el emperador, por lo que fue enviado a Roma (Hechos 22,22ss. Hechos 25).

    Durante su viaje, con 276 personas a bordo de una nave, la mayoría prisioneros, el barco naufragó. Su compañero de viaje Lucas relata () la peripecia, en la que la intercesión de Pablo hizo que todos se salvaran y cobijaran en la isla de Malta, donde fueron muy bien recibidos (Hechos 27 y 28).

    Haciendo una fogata, una víbora se enroscó en la mano de Pablo. Fue sorpresa de todos ver como Pablo, con un simple movimiento de su mano, tiró la cobra al suelo sin que ella se quemase.

    Pablo da la vida por Jesús.
    Después de tres meses en la isla de Malta, Pablo y sus compañeros consiguieron llegar a Roma.
    Estuvo más de dos años con prisión domiciliaria, dedicándose a la oración, la reflexión y el anuncio de Jesús entre los que lo iban a ver.
    Posiblemente en el año 68, Pablo fue decapitado, modo de ejecución para los ciudadanos romanos.
    En Roma está el lugar donde murió: Se llama “Las Tres Fuentes” (“Tres Fontane”), debido a que cuando la cabeza cortada de Pablo cayó al piso, dio tres saltos, y en cada uno de ellos brotó una fuente de agua (símbolo de la vida).

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Enseñanza de la Fiesta de Reyes.

    Enseñanza de la Fiesta de Reyes

    I. Los buscadores de la luz.
    Los magos representan a todos aquellos que sin una revelación explícita del Dios judeo-cristiano, sin embargo buscan la luz, la verdad, la vida, la paz, la justicia, el amor, lo bello, el bien, ya sea porque está revelado en sus religiones por las “semillas del Verbo esparcidas en ellas (Concilio Vaticano II), o bien porque son fieles al Dios que les habla en el Sagrario de su conciencia, aún sin creer en Él o sin buscarlo explícitamente; pero sí implícitamente en los valores señalados.

    II. La entrega generosa y alegre.
    Los magos se llenan de alegría al ver la estrella sobre la Gruta de Belén (Mt. 2, 10), y le entregan con generosidad y desprendimiento sus dones de oro, incienso y mirra (v. 11:).

    III. El cambio de rumbo.
    El encuentro sincero con Jesús produce el retornar desde Él por camino distintos (v. 12:).
    Recordemos que Jesús es el Camino (Juan 14, 6).

    IV. La estrella.
    Significa todos aquellos signos que nos llevan hacia Dios, incluso naturales, pero que en última instancia son también mensajes y creación suya. La Sagrada Escritura completa y perfecciona este mensaje (Mt. 2, 4-6), pero hay que saber descubrirlos porque la vida está llena de ellos.

    V. Dejarlo todo. Las dificultades.
    Los magos dejaron todo para ir hacia lo desconocido ante el mensaje de Dios. Lo mismo hizo en otro tiempo Abraham, el padre de la fe (cfr. Génesis 12, 1-4a). Dejaron sus comodidades, sus palacios, sus familias, su entorno conocido, para ir hacia lo que no sabían. No temieron las dificultades del larguísimo camino ni, al llegar o antes de irse, pasaron por la posada a descansar o se quejaron ante María y José de las seguras callosidades y dolores de los pies. Van y vienen guiados por esa luz interior que no les hace desviarse un ápice de su camino (cfr. Lucas 10, 4: “no se detengan...por el camino”).

    VI. El pesebre y el palacio.
    Venían a adorar a un Rey. Lo lógico es que estuviera en un Palacio. Jesús es de la descendencia de David, Salomón, etc., cuna de los esplendores de Israel, por parte de su padre virginal, por la que la misma le correspondía (mateo 1, 6.16). Era una casa real venida a menos, pobre. Que para y pare en un establo. Los magos seguramente vendrían de sus palacios de oriente, pero no se escandalizan al ver al Rey en el establo, ya que una Luz mayor los ilumina.

    VII. El ser “estrellas”.
    No quiere decir esto el ser o creernos los mejores, según lo entiende el mundo vanidoso. Significa el ser estrella para los demás como lo fue la estrella para los magos. Que sepamos conducirlos a donde está Jesús y luego desaparecer sin querer hacer notar el ulgor que tuvimos al conducirlos (cfr. el testimonio de Juan Bautista en Juan 3, 20: “es necesario que Él crezca y que yo disminuya” –y me apague- (n.a.).

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Los Magos venidos de Oriente

    Los Magos venidos de Oriente

    El episodio está narrado en el Evangelio de San Mateo, capítulo 2, versículos 1 al 12:

    Lo primero que llama la atención es que en ningún momento se habla de reyes.

    Pero la tradición cristiana vio cumplida en esta narración lo anunciado en el Salmo 72 (71), vv. 10-11, que habla de un Rey Mesías al que los Reyes le traerán regalos, y ante el cual se postrarán para adorarlo.

    Tampoco se dice el número, pero el número de dones ofrecido en Mateo 2,11 (oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre mortal), hizo que muy pronto la representación artística e iconográfica haga aparecer tres reyes magos, uno por cada don ofrecido.

    Además, esto coincidía con el número de razas conocidas, y así la manifestación universal a todos los pueblos de Jesús significada por esta fiesta de Epifanía (gr: manifestación), incluyó al blanco europeo, al negro africano y al amarillo achinado asiático.

    Una estrella conducía a estos magos astrónomos, ciencia milenaria en oriente, que estudiaba la conjunción de los astros con mucha exactitud. Los mejores estudios señalan que serían sacerdotes persas, principalmente observando su devoción y esmero hacia el Salvador que no conocían ni esperaban:

    Según el astrofísico Kepler y los jesuitas que lo seguirían después con sus observatorios, la estrella brillantísima vista por los magos se repetiría algunas veces en el transcurso de nuestra era (Mateo 2,9): es una conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis.

    Según el significado antiguo de estos signos, Saturno era la estrella que guiaba al pueblo que estaba en Palestina.

    Júpiter indicaba un gran Rey que habría de nacer, y la constelación de Piscis significaba la estrella del final de los tiempos.

    Por lo que el significado de la estrella sería: “El Gran Rey del Final de los Tiempos iba a nacer en Palestina”. Y acuden a adorarlo: Seguramente una Luz mayor los ilumina.

    Cuando preguntan los magos al llegar a Jerusalén al Rey Herodes por el recién nacido, éste convoca a los especialistas en la Sagrada Escritura, quienes luego de investigarla, responden sin titubeos que “en Belén de Judea” (Mateo 2,5) iba a nacer el Salvador, según señalaba el profeta Miqueas 5,1.

    Pero, teniendo la Biblia que lo anunciaba, no acuden a adorarlo.

    En cambio, los magos, que seguían signos y circunstancias naturales, iluminados ahora por la Revelación, si van.

    Y habiéndose encontrado con Jesús, vuelven a su casa “por otro camino” (Mateo 2,12):

    Ninguno que se encuentre con Jesús puede seguir por el mismo camino:
    El encuentro con Él cambia y transforma:
    Es más, propone seguirlo, ya que Él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14,6) y nadie va al Padre sino es por Él.

    Y signos, circunstancias y acontecimientos, pueden llevarnos hacia Él, como hizo la Estrella con los sabios de Oriente.
    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Los Personajes del Pesebre

    Los Personajes del Pesebre

    El Pesebre es otro de los elementos pedagógico y espiritual, antropológico, cultural y artístico, que acompaña nuestra celebración navideña de la Venida de Jesús.

    Hace referencia a la primera venida de Jesús, cuando nace pobre y humilde en Belén, entre el aliento cálido de los animales, y es adorado por sus papás José y María, por los Pastores de Israel, y por los Magos venidos de tierras lejanas (Mateo 1,18-25-2,1-11 según la fuente josefina; Lucas 2,1-20 según la fuente mariana)

    Es una creación muy antigua, pero popularizada por san Francisco de Asís en el año 1223.

    El poverello visitó al papa de su tiempo, Honorio III, y le manifestó sus planes de hacer una representación escénica de la Noche de Navidad.

    Salió de Roma y en la Nochebuena de Greccio, Italia, construyó una establo con la cuna de Jesús, y agrupó en adoración silenciosa a su alrededor a María y a José, al asno y al buey, y a los pastores con sus ovejas que contemplaban admirados y gozosos al recién nacido.

    A partir de entonces, a raíz de una experiencia mística que recibió Francisco de tener al Niño Jesús entre sus brazos con inefable resplandor, la devoción al pesebre se extendió por todo el mundo cristiano conocido.

    El pesebre es el lugar hecho cuna donde comían los animales.
    El establo era el recinto más amplio que contenía animales y pesebre/s.

    Se comienza a armar en la tarde anterior al primer domingo de Adviento, tiene su cumbre en la Nochebuena y los ocho días siguientes de la Octava de Navidad, y dura en nuestras casas y templos hasta el domingo posterior al 6 de enero, a la fiesta de Epifanía (Reyes) en que se celebra el Bautismo del Señor.

    Entonces termina el tiempo litúrgico de Navidad y comienza el Tiempo común, ordinario (de “orden”), en el que vamos meditando “ordenadamente” la vida y los misterios de Jesús.

    Por supuesto que el personaje principal de la representación (que aparte de estática puede ser también “viviente”) es el Niño Jesús, el Mesías esperado de Israel, que conviene entronizarlo en su cuna-pesebre en la Nochebuena, si es posible en familia y proclamando alguna oración o lectura bíblica del nacimiento.

    Esto “centra” la atención de la celebración familiar navideña en quien es el “Centro” de la misma, cosa que tan desdibujada parece a veces y que conviene recobrar en su sentido trascendente.

    Aclarado que Jesús que nace es el Centro de la celebración, nos metemos en los demás personajes: José, su papá virginal, por quien le llega la ascendencia real davídica propia del Mesías esperado.

    María, la Madre Virgen, que da la naturaleza humana a Aquel a quien el Espíritu Santo da la naturaleza divina en su seno.

    Los ángeles (Lucas 2,9), que comunican familiarmente la noticia a los pastores de ovejas de Israel, el pueblo elegido, y que por lo tanto entendían de apariciones y mensajes angélicos, pues el antiguo Testamento está lleno de ellos.

    Y que humildemente y con el corazón abierto acuden a adorar al Salvador esperado.

    El burrito y el buey no es simplemente una cuestión folklórica. Es una cuestión bíblica sabiamente releída:

    Están mencionados en el profeta Isaías, 1,3, donde se dice que el buey conoce a su amo y el asno al que le da de comer, pero Israel (y aquí colocamos el nombre de cada uno de nosotros) no conoce a su Señor.

    Queda como mensaje que, así como el burrito y el buey, infaltables bíblicamente en la representación navideña, seres sin inteligencia, conocen a sus dueños y a quienes los alimentan, así también nosotros, seres inteligentes, debemos conocer a Aquel que es nuestro Dueño y Señor, aquel que dice en el Sermón de la Montaña de Mateo 6, 25-34, que es capaz de vestirnos como lo hace con los lirios hermosos del campo, y de alimentarnos como lo hace con los gorriones que revolotean por los aires.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Un árbol de Esperanzas

    Un árbol de Esperanzas

    Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos por las ramas de un árbol gigantesco llamado el “dios Odín”, al cual le rendían un culto especial. Cantaban y danzaban alrededor de él, adornándolo con antorchas.

    San Bonifacio (siglo VII) fue quien evangelizó Alemania e Inglaterra. En sus incursiones misioneras derribó el árbol que representaba al dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios, al que adornó y colocó luces de velas.

    El pino es un árbol de la familia de las coníferas que, como el abeto, permanece siempre verde. No se mustia ni se seca: Siempre está dando vida y frutos. Es signo de esperanza.

    Remitió enseguida al árbol de la cruz, que tampoco se seca nunca, sino que por el poder de la Resurrección de Jesús está dando siempre frutos de vida, y vida en abundancia (Juan 10,10).

    Los adornos pronto pasaron a ser rojos, signo del Amor de Dios hacia nosotros, derramado por el Espíritu Santo que nos fue dado (Rom. 5,5), y que Jesús manifestó dando la vida por nosotros.

    El amor se manifiesta más cuando se sufre por el ser amado. Más aún cuando se da la vida por él.

    La luz de las velas significaron a Jesús Luz del mundo (Juan 8,12. 9,5). Pronto se cambiaron por luces, titilando en este mundo, mientras que en la eternidad la Luz de Jesús será clara y completa, sin titilación alguna.

    Tienden a la luz del cirio encendido en la Vigilia Pascual, del cual toman luego la luz los padrinos para los nuevos bautizados.

    Durante toda la edad media desde el año 700 esta costumbre se extendió por Europa, y llegó a América a través de los misioneros.

    Nos enseña que nosotros también, como el árbol verde, debemos dar frutos de vida: virtudes y valores que adornen nuestra vida y enriquezcan a los demás.

    Como los rojos adornos, nuestra vida también debe estar marcada por el fuego del amor, que comparte y es solidario y paciente con los otros.

    Y como las luces, debemos participar de la Luz de Jesús y ser luz para los demás, ya sea con nuestros ejemplos, con nuestra palabra, con nuestra escucha silenciosa, con nuestra guía y consejo cuando sean necesarios.

    Además contemplamos que nuestros árboles de Navidad están cargados de regalos.

    Jesús es el Gran Regalo del Padre entregado por Amor.

    Nuestros regalos, aún los más simples y sencillos, participan del Gran Regalo del Padre, y son una solicitud para con nuestros hermanos más necesitados.

    Por eso, lo más importante es el amor con que se entregan.

    Es más, el regalo más importante es darnos a nosotros mismos y nuestro tiempo a favor de los demás.

    Y finalmente acompaña el Obispo de Mira, Asia, San Nicolás, al cual los germanos quitaron de su nombre la N, la i y la o, por lo que quedó Claus. Sus vestiduras rojas de Obispo, su larga barba blanca de anciano sabio y piados, la bolsa para los pobres en una mano y la luz del Evangelio de Jesús en la otra, nos enseña a compartir.

    Su nombre quedo “de Bari” porque los italianos llevaron sus reliquias a esa ciudad, y acompaña al Árbol de la Navidad porque se lo celebra el 6 de diciembre, siempre en pleno tiempo de espera del nacimiento de Jesús.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • La Corona de Adviento.

    Significado de la Corona de Adviento.

    La Corona de Adviento es un elemento pedagógico-espiritual del Adviento, que acompaña nuestra Liturgia y Oración.

    El Adviento es el Tiempo Litúrgico de preparación para la Navidad.
    Comienza el cuarto domingo anterior al 25 de diciembre.
    La Corona acompaña esta preparación.

    Es circular, símbolo de la eternidad. El color verde de su follaje significa la vida siempre abundante que nos trae Jesús (anticipando el follaje siempre verde del árbol de Navidad, y remitiéndonos ambos al árbol siempre de la Cruz, que por la Resurrección comunica sus frutos constantemente).

    Los listones rojos son signos del Amor de Dios, que fue derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5,5).

    Las velas que se encienden en cada domingo de la espera, nos conducen a la Luz de Jesús, Luz del mundo, que se va incrementando hasta que “se hace presente” en la Navidad.

    El primero y segundo domingo se encienden velas lilas (color de preparación y de espera), el tercer domingo vela rosa (símbolo de la alegría por la proximidad de la Venida del Señor Jesús), el cuarto nuevamente lila, y en la Nochebuena se enciende una vela blanca significando la gloria de Jesús en medio nuestro.

    Esta luz intensa de las cinco velas en la Noche de Navidad, nos traslada al Cirio encendido en la Vigilia Pascual. La Encarnación prepara la Resurrección. Sin Encarnación no habría Resurrección. Sin Resurrección, la Encarnación carecería de sentido y sería algo vacío. La Resurrección es la Luz definitiva que ilumina nuestro caminar. Es la Realidad Total.

    Jesús es la Luz Eterna y la Vida en Abundancia, el Amor del Padre presente entre nosotros.
    De todo eso nos hace participar a través de signos y símbolos, en los cuales nos comunica su Realidad Viva, Amorosa y Luminosa.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    http://es.catholic.net/gustavodaniel
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  • Los Motivos de la Encarnación

    Los motivos de la Encarnación.

    (Cat. Nº 456-463. Comp. 85-86)

    Primero diremos algo sobre algunos términos parecidos antes de definir qué es la Encarnación.

    No es “re-encarnación”.

    Éste es un término utilizado por religiones no cristianas, principalmente de oriente, usado actualmente por algunos movimientos religiosos libres como la new-age, para indicar ideas griegas y platónicas antiguas, por las cuales las almas preexisten en el “mundo de las ideas”, y se encarnan sucesivamente en diversos cuerpos en distintas vidas terrenas hasta lograr su total purificación o “nirvana”, es decir, su disolución en el Absoluto, para volver nuevamente al mundo ideal (algo parecido a lo que llamaríamos cielo, pero sin identidad personal, ni del alma ni del Absoluto en el que se disuelve la misma: de aquí surgen las ideas del mundo o del alma como “emanación de Dios”, “chispa divina”, etc., que en nada tienen que ver con la idea cristiana de creación única, personal e irrepetible de la nada).

    Tampoco es resurrección temporal.

    Como las que Jesús realizó de su amigo Lázaro (Jn. 11, 1-44), de la hija de Jairo (Mt. 9, 18-26) o del hijo de la viuda de Naín (Lc. 7, 11-17.

    También Pedro resucitó a Tabitá o Dorcas (en griego, “gacela”), muy querida por sus allegados (Hch.9,36-42), y Pablo a Eutico, alguien que se había quedado dormido en una ventana de un primer piso mientras el Apóstol predicaba (Hch. 20,7-12).

    Estas resurrecciones temporales implicaban el volver a morir. Algo así como la donación de órganos. Sin restar importancia a la entrega solidaria y generosa, implican el morir de una o de otra manera, antes o después. Ninguna asegura vida eterna. Pertenecen a esta etapa caduca y temporal, etapa penúltima, pero no a la definitiva y la que realmente importa. Sirven a modo de signo.

    Y tampoco es la resurrección gloriosa y eterna de Jesús, de la cual todos participaremos al final de los tiempos con nuestros propios cuerpos resucitados. La que sí verdaderamente importa. La única y definitiva. (cfr. Mt. 28; Mc. 16; Lc. 24; Jn. 20-21; I Tes. 4, 13.17).

    Sentido de la Encarnación:

    El término Encarnación hace referencia a que Dios se hace carne, se hace hombre en la Persona de Jesús.

    La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios, la Palabra (el Logos griego), el Verbo (Verbum latino), se hace sarx (gr, carne), toma naturaleza humana y se hace uno de nosotros para salvarnos.

    Significa que Dios está en la Persona de Jesús de Nazareth, desde el instante de su concepción en el seno de la Santísima Virgen María y por toda la eternidad, pues se mantiene a través de su Cuerpo Resucitado por siempre.

    Motivos de la Encarnación. (relación interdisciplinar científica)

    1º) Motivo Soteriológico (perteneciente a la economía de la salvación): Para reconciliarnos con Dios, para volvernos a la amistad con Él. Salvados y liberados de nuestra esclavitud de estar lejos de Él.

    2º) Motivo gnoseológico-bíblico –antropología teológica- (conocimiento experiencial): Para que conociéramos así el Amor de Dios, que en Jesús se entrega hasta dar la vida por nosotros.

    3º) Motivo pedagógico-divino: Para ser nuestro modelo de santidad (lo que Jesús hizo y dijo).

    La imitación de Cristo como Camino seguro de santidad cristiana.
    Los Evangelios traslucen su Persona y las bienaventuranzas de Mateo 5-7 dibujan su Rostro divino. Jesús habla de “aprender de Él...”.
    El Padre Celestial dice en la Transfiguración desde la Nube Luminosa: -“Escúchenlo”.
    Y el mismo Jesús dice de Él mismo que es el Camino, más aún, la Verdad y la Vida en abundancia para todos.
    Como Él hizo, también debemos hacer nosotros.

    4º) Motivo teológico-espiritual: Para hacernos partícipes de la naturaleza divina.

    Jesús es Hijo por naturaleza, Dios por naturaleza.
    Nosotros lo somos por participación. Esa participación en esta vida se llama “gracia”.
    En la vida eterna (escatología, en el tiempo final), se la llamará gloria.

    “El Hijo de Dios se hizo hombre, para que el hombre, a través suyo, se haga dios”. (San Atanasio, Santo Tomás de Aquino).
    Es decir, se divinice, se transforme, sea feliz, posea el Sumo Bien y la Suprema Felicidad.
    Asumió nuestra naturaleza humana para que nosotros asumiéramos, por participación, su naturaleza divina.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor Universitario de Teología
    http://es.catholic.net/gustavodaniel
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org

  • Erradicar la pobreza y la exclusión social.

    Erradicar la pobreza y la exclusión, el gran objetivo para los Obispos de Argentina.

    Con vistas al Bicentenario 2010-2016, los Obispos argentinos han sacado un documento en el que consideran que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos, en la justicia y la inclusión social.

    Retoman una afirmación expresada en un documento anterior: “La gran deuda de los argentinos es la deuda social”, afirmando que no es solamente un problema económico o estadístico, sino, ante todo, un problema moral que requiere que nos decidamos todos y cada uno a un mayor compromiso ciudadano. “Solo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, teniendo especialmente en cuenta a los hermanos más pobres y excluidos”..

    En este contexto ofrecen sus aporte como “hombres de fe y pastores de la Iglesia”.
    Recuerdan que en la celebración del primer centenario, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora. Hoy, en cambio, camino al bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales, aunque estamos ante una oportunidad única que podemos aprovecharla privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con intereses egoístas y posturas que fragmentan y dividen.

    También sostienen los Obispos que debe haber un proyecto fundamental del ser Nación que subsista más allá de los gobiernos que se suceden.

    Estiman que el llegar a dialogar se podrá dar dentro de contextos de verdadera reconciliación, promoviendo la mutua confianza en la verdad y la justicia.

    Ven necesaria la cicatrización de las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales todos somos responsables, evitando las parcialidades que obnubilan la razón y el buen juicio.

    La nueva idea de liderazgo implica concebir el poder como servicio. Una mística de servicio que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo va más allá de la mera gestión de los “urgencias”. Implica integridad moral, amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de escuchar, el proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, ver los signos positivos de los tiempos y, sobre todo, tener coherencia de vida.

    Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es el de “recuperar el valor de toda sana militancia”.

    Las “nuevas angustias” que nos desafían son, para los Pastores de la Iglesia, la presencia de “sobrantes y desechables”, como “formas inéditas de pobreza y exclusión”, que son “esclavitudes modernas que desafían la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano”. La prioridad siempre será la persona humana, que posee de parte de Dios una incomparable e inalienable dignidad.

    Si bien observan una recuperación en la reducción de los niveles de pobreza e indigencia luego de las últimas crisis nacionales, ven también que no se ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad e injusticia social. Si bien mejoran los índices de desempleo, el trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la promoción de millones de argentinos.

    También preocupa el endeudamiento del Estado, que lleva a que los pagos de la deuda externa condicionen los esfuerzos que deberían realizarse para saldar la deuda social.

    Lamentan además que no se haya podido erradicar el “histórico clima de corrupción”, y preocupa la situación de adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan.

    Algunas metas que se proponen como prioritarias para la construcción del bien común:

    Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas; avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo; alentar el paso de habitantes al de ciudadanos responsables; afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes; implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral, promover el federalismo y profundizar la integración en la Región sur, además de mejorar el sistema político y la calidad de la democracia, siendo imprescindible para ello lograr que toda la ciudadanía pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso al reclamo esporádico y agresivo, y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes, construyendo una democracia real y participativa.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    http://es.catholic.net/gustavodaniel
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org

  • Curso-Taller Avanzado de Liturgia Nº 2.

    “Dialogando” en el Aula.
    (Resol. Minist. Nº 1675)

    Curso-Taller Avanzado de Liturgia con Evaluación Nº 2: Temario y Desarrollo de los Encuentros con sus Ideas Fuerzas
    Profesor de Teología Gustavo Daniel D´Apice

    Con Aval del Ministerio de Educación
    Auspicio de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de San Juan
    Autorizado por el Párroco del Lugar

    TEMARIO ANALÍTICO.

    MÓDULO 1:

    Encuentro Nº 1

    La Misa en el “Camino”: Los discípulos de Emaús. (Cat 1346-1347): Las cuatro partes o momentos.

    Los Ritos Iniciales (Cat. 1348): El sagrado silencio previo a la celebración (IGMR 45). El canto de entrada (IGMR 46-48). La procesión de entrada y su orden. La Oración Colecta (IGMR 54). Posturas y gestos.

    MÓDULO 2:

    Encuentro Nº 2

    Ritos Iniciales: (Cat. 1348)

    El saludo al altar y al pueblo reunido. La Señal de la Cruz(IGMR 49-50). El Acto Penitencial y el Señor de la Piedad (IGMR 51-52). El Gloria (IGMR 53).
    Los Ritos de Conclusión (IGMR 90). Posturas y gestos.

    MÓDULO 3:

    Encuentro Nº 3

    Liturgia de la Palabra (Cat. 1349)

    La Mesa de la Palabra: Lectura tipológica (no cambiar IGMR 57). Desde el ambón (58). El Salmista (61). Aclamación antes del Evangelio. Secuencias. Evangelio (62-64) La Homilía, alimento de la vida cristiana (65-66). La Profesión de Fe (67). Oración Universal o de los Fieles (sacerdocio bautismal) (69). Orden de la misma (70): Introducción y conclusión desde la Sede, lectura desde el ambón, sobriedad y sencillez de las mismas, pocas palabras. Respuesta silenciosa y o invocación común (71). El Sagrado Silencio: Antes de la Palabra y al finalizar cada lectura y la homilía (56). Posturas y gestos.

    MÓDULO 4:

    Encuentro Nº 4

    Liturgia Eucarística.

    La Mesa de la Eucaristía: Institución (72). Preparación de los dones.(73 C 1348-49). El canto (74). Incensación (75). Rito de purificación del celebrante(76). Oración sobre las ofrendas (77). Plegaria Eucarística: Centro y Cumbre de la celebración: Acción de gracias y santificación (78-79. C 1352): Elevación del corazón y acción de gracias. Oración presidencial (147).

    Elementos de la Plegaria Eucarística: Nº 79: a) Acción de Gracias (Prefacio. C 1352:): :) Aclamación comunitaria con el Santo que la culmina; c) Epíclesis: Invocación al Espíritu Santo para que consagre los dones (C 1353a) ; d) Narración de la Institución de la Eucaristía y Consagración (C 1353:); e) Anámnesis. (C 1354a); f) Oblación. g) Intercesiones por los vivos y los difuntos, manifestando la comunión entre la Iglesia terrena y la celestial (C 1354:); h) Doxología final.

    Rito de la Comunión (80; C 1355): Alimento espiritual. Oración del Señor (81). Embolismo.
    Rito de la Paz (82.154).

    La Fracción del Pan (83). La Inmixtión y el Cordero de Dios.
    Comunión (84): Oración previa: en secreto y en silencio.
    El Acto de humildad (“Señor, no soy digno...”)
    Las hostias consagradas en la Misa (85)
    El canto de comunión: cuándo comienza (86). Hasta cuándo dura.

    Comunión de los cantores.
    Oración de acción de gracias silenciosa y en secreto (88).
    Oración de después de la comunión (89).
    Posturas y gestos.

    BIBLIOGRAFÍA:

    Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1345-1355.
    CEA. “Instrucción General del Misal Romano”. Oficina del Libro, Bs. As. 2005.
    Russo, Roberto. “Institución General del Misal Romano”. Texto. Estudios. Gaudí Ed. Montevideo, 2005.
    Russo, Roberto. “El Misal, Libro Litúrgico”. Ponencia SAL, Bs. As. 2005.
    Aguirre, Lic. María Cristina. “Ritos Iniciales y de Conclusión”. Ponencia SAL, Bs. As. 2005.
    Leikam, Rubén, OSB. “Liturgia de la Palabra”. Ponencia SAL 2005, Bs. As.
    Dotro, Ricardo. “Disposición y ornamentación de las Iglesias para la celebración eucarística”. Ponencia SAL, Bs. As. 2005.

    METODOLOGÍA Y DURACIÓN.

    Dos horas semanales presenciales.
    Se considerarán en cada módulo 12 horas presenciales, 4 de observación y 4 no presenciales (observaciones y trabajos prácticos que se irán indicando).
    Total del curso: 20 horas.
    Certificado avalado por el Ministerio de Educación. Otorga puntaje.

    CURSO TALLER AVANZADO Nº 2.

    DESARROLLO.

    ENCUENTRO Nº 1:

    La Misa en el “Camino”: Los discípulos de Emaús.
    Los Ritos Iniciales: El sagrado silencio previo a la celebración. El canto de entrada. La procesión de entrada y su orden. La Oración Colecta.

    IDEAS FUERZA DEL ENCUENTRO Nº 1.

    La Primera Misa del Resucitado en el “camino” (el camino, para la teología lucana, es la comunidad cristiana) (Lc. 24).
    Los discípulos de Emaús (Lc. 24, 35.44).

    Los Ritos Iniciales:

    45b: El sagrado silencio antes de la Misa: En la Iglesia, en la Sacristía y en las adyacencias.
    47-48: El Canto que abre la celebración y reúne a la Asamblea (121)
    La Procesión de Entrada y su orden: El turiferario, los ceriferarios, el crucífero, los ministros, el Evangeliario llevado por el Diácono o Lector levemente elevado, el celebrante principal (119d.120.122b.172-173)
    54.127: La oración colecta y sus cuatro momentos con sus cuatro partes.

    Oración, del latín “oratio”, discurso público hecho por la autoridad. En este caso dirigido a Dios por el que preside la Asamblea.
    Colecta: del latín “colligere”, recoger, pasar la mano: Recoge y pasa la mano por las intenciones de todos los presentes.
    Da el sentido de la celebración litúrgica que se realiza en ese momento. Síntesis de la liturgia que se celebra.

    4 Momentos:

    Invitación a orar (presidencial, con las manos juntas)
    Pausa cargada de contenido teológico y espiritual, recogiendo las intenciones de la Asamblea y poniéndose en Presencia de Dios.
    Recitación clara del celebrante sin acompañamiento musical y con las manos extendidas (gesto presidencial de invocación; cfr. Moisés Ex. 9, 29)
    Respuesta del Pueblo congregado, que hace suya la oración.

    4 Partes:

    Anáclesis: Invocación de un Atributo Divino.
    Anámnesis: Evocación de un Evento Salvífico.
    Epíclesis: Cualificación de los orantes y pedido.
    Doxología: (gr, doxa, gloria): Terminación larga y trinitaria, como en Laudes y Vísperas.

    Trabajo Práctico: Observación y Relato:

    El silencio de antes de la Misa.
    El sentido que la Asamblea le da al Canto de Entrada.
    El orden de la Procesión de Entrada.
    Forma en que se realizan los cuatro momentos y partes de la oración colecta. ¿Se aprovecha? ¿Se experimenta? ¿Hay alguna conciencia y apropiación por parte del celebrante y de los presentes de las partes y momentos?

    IDEAS FUERZA DEL ENCUENTRO Nº 2.

    Ritos Iniciales: (Cat. 1348)

    El saludo al altar y al pueblo reunido. La Señal de la Cruz(IGMR 49-50.122ª.123-124). El Acto Penitencial y el Señor de la Piedad (IGMR 51-52.125). El Gloria (IGMR 53).
    Los Ritos de Conclusión (IGMR 90). Posturas y gestos.

    49. Saludo al Altar y al Pueblo:

    Al Altar: La Inclinación profunda y el beso de amor. 273.274 Al Pueblo: El deseo y el augurio. Respuesta: Fe en el Orden Sagrado que preside y dirige la oración al Señor.

    50. La Señal de la Cruz: En Nombre de Quién nos reunimos.

    51. Acto Penitencial: Breve. 52. Aclamamos al Señor de la Piedad.

    53.126. El Gloria: Oración Trinitaria (se glorifica a los Tres), Cristológica (Jesús es el Centro) y Pascual (de Victoria y de Gloria).
    Tres invocaciones al Padre con una Mención final al Espíritu Santo. En esa doxología vuelve a aparecer el Padre.
    10 menciones al Hijo Jesús.
    Gloria a Dios en el Cielo (P)
    Y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor (H)
    Por tu inmensa gloria, te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios (P), Rey Celestial (H)
    Dios Padre Todopoderoso (P)
    ..................
    Señor, Hijo Único Jesucristo (H)
    Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre (H)
    Tú que quitas el pecado del mundo (H), ten piedad de nosotros
    Tú que quitas el pecado del mundo (H), atiende nuestra súplica
    Tú que estás sentado a la derecha del Padre (H), ten piedad de nosotros
    Porque sólo Tú eres Santo (H)
    Sólo Tú, Señor (H)
    Sólo Tú, Altísimo Jesucristo (H)
    Con el Espíritu Santo (ES)
    En la Gloria de Dios Padre (P)
    Amén

    Ritos de conclusión.

    Avisos, breves y si son necesarios, no discursos, antes del saludo final y bendición, luego de la oración de pos-comunión que se dice de pie (90.116)
    Saludo Final (Augurio: Que Jesús permanezca en nuestra vida)
    Bendición (inclusión: empezamos en el Nombre de la Santísima Trinidad, terminamos en el Nombre de Ella) 167
    Despedida. La Misa terminó. 168
    Beso de amor al altar e inclinación profunda (Conclusión: como al principio, pero en distinto orden) 169
    Canto no mandado. Música que favorezca el retiro en silencio del Templo y la oración de los que quedan en acción de gracias a Dios.

    OBSERVACIÓN Y PRÁCTICA:

    En los Ritos de Iniciación:

    Toma de conciencia y fructuosidad de las distintas partes:
    Veneración y saludo al altar. La Señal de la Cruz. Deseo y augurio para el Pueblo.
    El acto penitencia y la aclamación al Señor de la Piedad.
    El Gloria: Trinitario, Cristológico, Pascual y Comunitario.
    En los Ritos de Conclusión:
    Brevedad y precisión de los avisos.
    Augurio final y recepción del mismo.
    Veneración al altar.
    Retiro en silencio, oración y libertad.

    IDEAS FUERZA DEL ENCUENTRO Nº 3.

    Liturgia de la Palabra (Cat. 1349)

    La Mesa de la Palabra: Lectura tipológica (no cambiar IGMR 57). Desde el ambón (58). El Salmista (61). Aclamación antes del Evangelio. Secuencias. Evangelio (62-64) La Homilía, alimento de la vida cristiana (65-66). La Profesión de Fe (67). Oración Universal o de los Fieles (sacerdocio bautismal) (69). Orden de la misma (70): Introducción y conclusión desde la Sede, lectura desde el ambón, sobriedad y sencillez de las mismas, pocas palabras. Respuesta silenciosa y o invocación común (71). El Sagrado Silencio: Antes de la Palabra y al finalizar cada lectura y la homilía (56). Posturas y gestos.

    Liturgia de la Palabra. Cat. 1349. Sentados: recepción, meditación, confianza. (128-136)
    El silencio anterior (56)
    La Primer Lectura prepara el Evangelio (no cambiar, 57): La tipología Cat. 128-130.
    El silencio (56)
    El ambón lugar de la Palabra (58)
    La función ministerial de la Palabra, no presidencial (59)
    El Evangelio, cumbre de la Palabra. Procesión, incienso y bendición –ciriales- (60.175ª-:)
    La respuesta orante y meditativa de la Palabra: El Salmo responsorial tomado del leccionario (es el que corresponde). El Salmista. La respuesta adecuada, corta y memorística (61; 102)
    Acto de aclamación antes del Evangelio (62) : Aleluya o Versículo (103-104).
    De pie se recibe y saluda al Señor Jesús. Respeto, veneración, admiración y conmoción.
    (64) Secuencias obligatoria y libres (de pie)
    65.La homilía, alimento necesario de la vida cristiana. Sentado.
    66. Ministro de la homilía. Obligación y recomendación de hacerla.
    El silencio de después de la homilía.
    67. La Profesión de Fe (Credo), respuesta a la Palabra de Dios. De pie. (137)
    68. Los símbolos de la fe (Cat. 185-197)
    69. La Oración Universal (138.177). El sacerdocio bautismal (Cat. 784)
    70. Por la Iglesia, los gobernantes, los que sufren alguna necesidad, por la comunidad local.
    71. El presidente de la celebración introduce la Oración desde la Sede con la invitación a orar y la concluye.
    Las intenciones: sobrias y de pocas palabras. Desde el ambón.
    Amén o silencio de respuesta comunitaria.
    Termina la posición de pie (43)

    TRABAJO PRÁCTICO:

    Observación y Relato:

    Orden de las Lecturas.
    Proclamación: Pronunciación, claridad y comunicación .
    El Salmista, distinto de las demás lecturas. Los momentos de silencio.
    El Evangelio cumbre. Signos de veneración.
    El mensaje de la homilía.
    El Creo y la Oración Universal: fuerza y sobriedad.

    IDEAS FUERZA DEL ENCUENTRO Nº 4.

    La Liturgia de la Eucaristía. (CC 277)

    72: Institución (Cat. 1323.1337-1344; CC 272-273).
    3 Partes: Preparación de los dones; Plegaria eucarística; Fracción del pan y comunión.
    Preparación de los dones:
    73: El altar: corporal, purificador, Misal y cáliz. 139.178
    El pan y el vino llevados por los fieles y recibidos por el diácono o sacerdote C 1350).
    Dinero y dones para los pobres y la iglesia (C 1351) 140
    74: El canto de ofertorio. ¿Hasta qué momento? (RS 70.139-140).
    75: Incensación de los dones, la cruz, el altar, el celebrante y el pueblo (144.276-277).
    76: Purificación del celebrante fuera del altar (145).
    Oración sobre las ofrendas:
    77: “Oren hermanos...” (De pie, 43ª.146). Terminación breve.

    Elementos de la Plegaria Eucarística: (RS 51-56): Centro y Cumbre de la Celebración.
    78 (C 1352): Acción de gracias (creación, redención y santificación 1352:) y consagración. Elevación del corazón. Escuchada con silencio y respeto (oración presidencial, 147; RS 52-53.55.57b.59).
    79ª: Prefacio de acción de gracias (148)
    b. Aclamación comunitaria con el Santo que la culmina (juntos)
    c. Epíclesis (C 1353a): Invocación al Espíritu Santo para que consagre los dones. Transubstanciación, Conversión de las especies (C 1375-1376; CC 283)
    d. Narración de la Institución de la Eucaristía (relato) y Consagración (C 1353:). 150:campanillas e incienso.
    e. Anámnesis: Memorial de la bienaventurada pasión, gloriosa resurrección y ascensión al cielo de Jesús (C. 1354ª).
    f. Oblación: Aprender a ofrecerse a sí mismo: Ofrenda de la víctima, del Cordero y de cada uno para perfeccionarse.
    g. Intercesiones por los vivos y por los difuntos, manifestando la comunión entre la Iglesia terrena y la celestial C. 1354:)
    h. Doxología final glorificando a Dios (doxa (gr): gloria, glorificación trinitaria: “Por Cristo...”). Aclamación: Amén. 151b

    Rito de la comunión: (RS 80-107)

    80: Alimento espiritual (C 1355. CC 288).
    81.152: Oración del Señor ( C 2777-2865; CC 578-598).
    Embolismo presidencial : “Líbranos, Señor...” 153

    Rito de la paz:

    82: b. Con sobriedad a los más cercanos. Forma: 154b (RS 72)

    Fracción del Pan (C 1377; CC 284; C 954-959; CC 194)
    83: Un Solo Cuerpo de Jesús: siendo muchos formamos un Solo Cuerpo.
    Después del Rito de la Paz: Breve y rápidamente.

    No prolongar exageradamente... (RS 73)
    Inmixtión y Cordero de Dios. 155

    Comunión

    84a. Oración previa: en secreto y en silencio.
    El Acto de humildad con las palabras evangélicas (“Señor, no soy digno...”).
    85: Las hostias consagradas en la Misa.
    La comunión con el cáliz también (283)
    Los ministros (162.182)
    86: El canto de la comunión: Unidad, gozo. Procesión “comunitaria”. De pie.
    Cuándo comienza. La unidad de voces y del espíritu, el gozo del corazón y la procesión comunitaria. Hasta cuándo dura.
    La comunión de los cantores (:) en la Misa: Proveerla.
    Purificación de los vasos sagrados (163.183.278-279): En el altar o la credencia, después de la comunión o de la Misa, sobre el corporal, sumido el vino y las hostias sobrantes..

    Acción de gracias.
    88: Oración de acción de gracias silenciosa y en secreto (88). Sentados.
    Sino, canto de alabanza o himno. (164)

    89: Oración de después de la comunión (89): Presidencial, implorando los frutos de la misma (C 1391-1405; CC 292.294). 165

    Conclusión breve.

    Apropiación del Pueblo con la aclamación del Amén.

    TRABAJO PRÁCTICO:

    Tomar un Prefacio con la Plegaria Eucarística y señalar sus partes.
    Orden y Posturas del Rito de Presentación de Dones. Tiempo del canto. Purificación fuera del altar.

    Rito de la Paz: ¿Se prolonga el Cordero? ¿Se da la Paz a los más cercanos?
    Orden y Posturas del Rito de Procesión Eucarística. Tiempo del canto.
    Silencio previo y pos-comunión.

    EVALUACIÓN:

    Contenido y metodología. Qué agregaría. Qué sacaría. Qué cambiaría. Propuestas y sugerencias.

    Gustavo Daniel D´Apice es Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación
    Profesor de Arte y Cultura Musical
    Catequista con especialización en niños, adolescentes y adultos
    Catequista con especialización en espiritualidad
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org
    http://es.catholic.net/gustavodaniel

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