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Bienvenido a mi blog en Netlog.
Soy Profesor de Teología.
Espero que te sirva lo que aquí encuentres.
Del otro lado de la línea estoy si me precisas.
Que Dios te bendiga!


  • Evangelio

    EVANGELIO.

    Levantaste al paralítico
    y al leproso lo curaste,
    a la samaritana calmaste
    la sed que te adjudicaste.

    Vino Nicodemo a verte
    en la noche de su vida,
    y tu le alumbraste el camino
    renaciendo a nueva vida.

    Te enterraron con los muertos
    tumba de ricos te dieron,
    por ejercer tu reinado
    te vieron resucitado.

    Te levantaste de la tumba
    ante soldados absortos,
    que mintieron temerosos
    lo que vieron con sus ojos.

    Por unos 40 días
    estuviste con los vivos
    en estado ya glorioso
    instruyendo a los discípulos.

    Llegó al fin Pentecostés,
    el Espíritu descendió,
    y es testigo por siempre,
    que Jesús resucitó.

    Llega el tiempo de la Iglesia,
    en el mundo con fervor,
    anuncia el misterio de Cristo
    que murió y resucitó.
    (va y proclama que el Cristo,
    si murió, resucitó.)

    Se acerca la Parusía,
    Cristo vuelve para juzgar,
    a los vivos transfigurados,
    y a los muertos ha de resucitar.

    Unos irán con Su Padre,
    otros lejos se colocarán.
    Lo que sí es que Cristo ha venido,
    Todo en Todo lo será.

    Por siempre contemplaremos
    la Vida, Verdad y Amor,
    al fin nos saciaremos
    y nuestra sed calmaremos
    sin dejar de beber.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Pascua

    PASCUA
    (cruz y resurrección)

    Cuando en la Cruz estaba aferrado
    mi destino fuiste Vos;
    y al ir alegre cantando
    gozo tu Resurrección.

    Si me acongojan las penas
    a la Cruz estoy mirando;
    y si tengo Paz serena
    Luz de Luz voy contemplando.

    Ya se acerca la Luz Nueva
    de Jesús Resucitado
    que da sentido a mi vida,
    y a la de todos mis hermanos.

    ¡Qué hermoso es el sufrir
    amándote desde la Cruz,
    pues cuando aparece la Luz
    más unido a Ti que nunca,
    te digo que no me dejes,
    ni me bajes de ella nunca!

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Parusía (Segunda Venida Gloriosa de Jesús Resucitado)

    Parusía.

    En la Cruz estabas muerto
    y llegó Resurrección.
    Tres días, fue complemento
    a tu entrega y tu pasión.

    Vino el Espíritu Santo,
    la Iglesia se manifestó,
    ellos son los que te aman,
    porque primero sin duda,
    fuiste Tú quien los amó.

    El Padre, el Hijo, el Espíritu,
    renovaron la creación,
    son los signos de la gracia,
    de la divinización.

    Todo en todo lo serás
    y allí será el Final,
    o tan sólo el comienzo,
    de la dicha eternal.

    Resucitados por siempre con nuestros cuerpos gloriosos,
    el universo transfigurado de luz e inmortalizado,
    ¡qué dicha contemplarte cara a cara!,
    y reflejado en todos mis hermanos.

    Si la muerte no da vida,
    ¿quién entonces la dará?
    Eres la Luz de la existencia
    ¡Resplandor de Claridad!

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • El Día Final.

    EL Día Final

    Es también lo que se llama “el fin del mundo” o el “Juicio Final”, que lejos de ser catastrófico, será un día de dicha sin fin, en que los muertos resucitarán incorruptibles (I Tes. 4, 16:), los vivos serán transformados siendo transfigurados e inmortalizados en sus propios cuerpos (I Tes. 4, 17), y el universo será transformado también desde dentro(Rom. 8, 21), gozándonos en la contemplación de Dios y en la compañía de unos con otros en un mundo renovado y repleto de luz, donde no existirá ya el llanto ni el dolor, y donde no habrá ninguna maldición (Ap. 21, 4. 22, 3).

    No existirá la noche, ni habrá necesidad de la luz de las lámparas, porque el Señor Dios será la Luz Eterna (Ap. 22, 5) y Él será su resplandor.

    Los cielos nuevos y la tierra nueva son descriptos en el Apocalipsis, en los 2 últimos capítulos de la Biblia (Ap. 21- 22), donde se narran los “Cielos nuevos y la tierra nueva”: El mundo creado bueno en un principio (Génesis 1, 4), no está destinado al fracaso, ni a la corrupción, ni a la destrucción, sino a ser inmortalizado desde dentro, y renovado con una claridad superior e incorruptible.

    La Última Venida de Jesucristo es lo que los cristianos denominamos “la Segunda Venida Gloriosa del Mesías”, mientras que nuestros padres en la fe esperan la Primera. Es un factor de unidad al fin entre ambos (Cat. Igl. Cat. Nº 840).

    Jesús aparecerá glorioso así como ahora está, resucitado con su propio cuerpo y lleno de “Poder y Majestad”, en su postrera y definitiva manifestación, llamada también “Parusía”, es decir, Venida Final.

    Se llama Juicio Final porque todos comparecerán ante Jesús como Juez, y allí cada uno recibirá la recompensa (Juan 14, 1-3), y los demás se enterarán del justo juicio de Dios. Es un Juicio Público, distinto del Juicio Particular, que se produce en el momento de la muerte, cuando el alma, desprendida de su cuerpo, comparece solitaria ante Dios.

    En el Juicio Final todos se enterarán de la sentencia. Además, no será solamente con el alma, sino que volveremos a ser personas, con alma y cuerpo ya inmortales, y, por supuesto, este Juicio no se produce en el día de la muerte, sino en el Día Final.

    La justicia y la misericordia de Dios se harán presentes al fin.

    Justicia que manifiesta su misericordia, y misericordia que manifiesta su justicia.
    No solamente nos queda encomendarnos a ellas, sino ya desde acá realizar las cosas para obtener un juicio favorable, de salvación, y no ser condenados por unas pocas cosas, unos pocos días, en que nos hayamos alejado de Dios en esta tierra.
    Al fin y al cabo, una vida, compuesta por los años que sean, ¿no son unos pocos días ante la eternidad inconmensurable que se abrirá paso en el Tiempo Final?

    Tiempo en el que ya no habrá más tiempo (el tiempo es la medida del movimiento), sino una prolongación indefinida y siempre nueva de un estado de vida de paz, de dicha y de felicidad, que ya ha comenzado con la Pascua de Jesús, o de condenación, desesperación y maldad, en medio de Satanás y sus ángeles.

    Esperemos encontrarnos entre los primeros.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Las cualidades de los cuerpos resucitados.

    LAS CUALIDADES DE LOS CUERPOS RESUCITADOS ¿Cómo es el Cuerpo Resucitado de Jesús, y cómo serán los nuestros?

    A) Es el propio cuerpo:

    Los muertos resucitarán con el mismo cuerpo que tuvieron en la tierra (idéntica y numéricamente el mismo).

    Tanto mi cuerpo como tu cuerpo, serán los mismos cuerpos, aunque transfigurados, glorificados, inmortalizados, resucitados.

    El concilio de Letrán (1215) declara: “Todos ellos resucitarán con el propio cuerpo que ahora llevan” (Dz 429).

    Referencias Bíblicas:

    La Sagrada Escritura da testimonio implícito de esa identidad material por la palabra que emplea: “despertarse”.
    Solamente habrá verdadero despertamiento cuando el mismo cuerpo que muere y se descompone sea el que reviva de nuevo:

    a) 2 Mac 7,11: “De él [de Dios] espero yo volver a recibirlas [la lengua y las manos]”
    :) 1 Cor 15,53: “Porque es preciso que lo corruptible se revista de la incorrupción y que este ser mortal se revista de inmortalidad”.
    c) Flp. 3,21: “ Él [Jesucristo] transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
    d) Cf. Lc 24,39, en la aparición de Jesús resucitado a los Apóstoles, Él les dice que no es un espíritu, pues posee carne y huesos, y les muestra sus manos y sus pies.

    Los cuerpos resucitados estarán libres de deformidades, mutilaciones y achaques.
    Estarán en su máxima perfección natural (plenitud del ser)

    Con respecto a la edad: será una edad madura pero joven, como la de Cristo, aproximadamente 36 o 37 años ( 6 a. C . - 30 d. C).

    Tendrán diferencias sexuales y órganos de la vida sensitiva, pero no se ejercerán las facultades biológicas y vegetativas, como comer, beber, procrear.
    Cfr. Mt. 22,30 “En la resurrección todos serán cómo ángeles en el cielo”.

    :) Cualidades del Cuerpo Resucitado:

    Según el modelo de Jesús Resucitado que aparece en los Evangelios: Serán semejantes a Su cuerpo: Mt 28ss, Mc 16, Lc 24, Jn 20ss, Flp. 3,21:

    I. Impasibilidad:

    Es decir, la propiedad de que no sea accesible a ellos mal físico de ninguna clase, es decir, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Definiéndola con mayor precisión, es “la imposibilidad de sufrir y morir”.
    Ap. 21, 4 : “Él enjugará las lágrimas de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado”.

    Lc 20, 36: “Ya no pueden morir”.

    La razón intrínseca de la impasibilidad se encuentra en el perfecto sometimiento del cuerpo al alma que es inmortal.

    II. Sutilidad, sutileza o penetrabilidad:

    Es la propiedad por la cual el cuerpo se hará semejante a los espíritus en cuanto podrá penetrar los cuerpos sin lesionarse ni lesionar, es decir, podrá atravesar otros cuerpos.

    No se debe creer que por ello el cuerpo se transformará en sustancia espiritual o que la materia se enrarecerá hasta convertirse en un cuerpo “etéreo”.

    Veamos ejemplos conforme al cuerpo resucitado de Cristo:
    Jesús resucitado atravesó las sábanas (Jn 20, 5-7).
    Salió del sepulcro sellado por la piedra (Mt 28,2).
    (Un ángel movió la piedra, no para que Jesús saliera, sino para que las mujeres que fueron a visitar el sepulcro pudieran entrar allí y ver que el Señor ya no estaba).
    Entra en el Cenáculo aún estando cerradas las puertas –atrancadas, dice el original griego- (Jn 20, 19.26).

    La razón intrínseca de esta espiritualización la tenemos en el dominio completo del alma glorificada sobre el cuerpo ( en cuanto es la forma substancial del mismo).

    III. Agilidad:

    Es la capacidad del cuerpo para obedecer al espíritu en todos sus movimientos con suma facilidad y rapidez, es decir, en forma instantánea.

    Esta propiedad se contrapone a la gravedad y peso de los cuerpos terrestres, de acuerdo a la ley de la gravitación.

    El modelo de la agilidad lo tenemos en el cuerpo resucitado de Cristo, que se presentó de repente en medio de sus apóstoles y desapareció también repentinamente:
    Lc 24, 31: “Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista”.
    Lc 24, 34: “ Es verdad, ¡El Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”
    Lc 24, 36: “Todavía estaban hablando de esto cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo <>”.

    La razón intrínseca de la agilidad la hallamos en el total dominio que el alma glorificada ejerce sobre el cuerpo, en cuanto es el principio motor del mismo, por lo que este no le opone resistencia.

    IV. Claridad:

    Es el estar libre de todo lo ignominioso y rebosar hermosura y esplendor.

    Jesús nos dice: “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre” (Mt 13, 43)

    Un modelo de claridad lo tenemos en la glorificación de Jesús en el monte Tabor (Mt 17, 2)
    Y después de su resurrección (Cf. Hch. 9,3).

    La razón intrínseca de la claridad la tenemos en el gran caudal de hermosura y resplandor que desde el alma se desborda sobre el cuerpo.

    Es menester aclarar que el grado de claridad será distinto – como se nos dice en 1 Cor 15, 41, haciendo referencia a la condición de los cuerpos resucitados: “Cada cuerpo tiene su propio resplandor: uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas, y aun las estrellas difieren unas de otras por su resplandor”- y estará proporcionado al grado de gloria con el que brille el alma; y la gloria dependerá de la cuantía de los merecimientos.

    Ahora, ¿Cuándo sucederá esto?:

    En el fin del mundo, donde se realizará el Juicio Final, la Parusía o Nueva Venida de Cristo.

    Recordemos que Jesús dejó incierto el momento en que verificaría su Segunda Venida: Al final de su discurso sobre la Parusía, declaró: “En cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13,32).

    Finalmente, siguiendo las recomendaciones del apóstol Pablo, procuremos que nadie devuelva mal por mal.
    Por el contrario, esforcémonos por hacer siempre el bien entre nosotros y con todo el mundo.

    Estemos siempre alegres.

    Oremos sin cesar.

    Demos gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos nosotros, en Cristo Jesús (Cf. 1 Tes 5, 15-18).

    Estemos preparados, vigilantes, en vela (despiertos, alertas), pues el Señor esta cerca:

    ¡Amen, ven Señor Jesús! (Ap. 22, 20).

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
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  • ¿Ocupan los ángeles un lugar material en el espacio?

    ¿Ocupa lugar el ángel?

    Santo Tomás de Aquino, en su Tratado sobre el Gobierno del Mundo, en la primera parte de la Suma Teológica, cuestión 52, artículo 1, responde que el ángel ocupa lugar, pero no lo ocupa como lo ocupa el cuerpo.

    El cuerpo ocupa lugar por su dimensión material que lo une a él.

    El ángel tiene cantidad virtual, no dimensiva.

    Imaginemos los datos que almacena una computadora, la cual ocupa una cantidad dimensiva de espacio.

    Los datos ocupen todo o nada de la memoria de la computadora, ésta sigue ocupando la misma cantidad de espacio en el lugar corpóreo.

    El ángel aplica su virtud, su fuerza, su capacidad operativa, su inteligencia, a un lugar determinado, por eso se dice que sí ocupa un lugar corpóreo.

    Pero lo ocupa en cuanto a su operación en ese lugar, no en cuanto a su dimensionalidad material de ocupación.

    Al igual que los datos de una PC: Ocupan un lugar virtual, operan, pero no se los puede tocar corporalmente ni agarrar.

    El cuerpo situado, dimensionado, ocupa un sitio en el espacio, y está delimitado y contenido por el lugar.

    No es necesario decir esto del ángel.

    El ángel contiene el lugar donde actúa, sin estar contenido o delimitado por él.

    Como el alma está en el cuerpo: Une sus miembro, realiza operaciones a través de él, pero no ocupa un lugar dimensivo ni está contenida por el cuerpo, al que sin embargo contiene e informa.

    De la misma forma, decimos que el ángel ocupa un lugar en el espacio corpóreo, en cuanto lo informa y opera en él, no como contenido y delimitado por el lugar, sino como el que lo contiene por su capacidad intelectiva.

    En la respuesta al artículo 3 de esta cuestión, Santo Tomás nos dice que solo en ese lugar actúa, en el de su operación, y no en muchos a la vez, pues su poder no es infinito como el del Dios infinito, sino que su poder, por permisión siempre divina, es finito y limitado a la vez, como toda creatura.

    Y varios ángeles no pueden operar simultáneamente en un mismo lugar para una misma cosa. Un solo ángel opera en un lugar para una cosa determinada. Sino causarían desorden y confusión en el lugar, sea éste persona o cosa.

    En su respuesta al artículo 2 de la misma cuestión, nuestro doctor explica que hay distintas formas de estar en un lugar:

    a) El cuerpo, delimitado por el lugar que lo contiene y circunscribe.
    :) El ángel, que actúa en el lugar, sin estar determinado ni contenido por él, sino conteniendo y condicionando el lugar en el que opera.
    c) Dios, que está siempre y en todas partes por su presencia de inmensidad.

    Vocabulario cultural:

    ¿Qué es un lugar?

    Es el espacio ocupado (o que puede ser ocupado), por un cuerpo con dimensiones materiales cualesquiera.

    El lugar acota, delimita, define, demarca y circunscribe un cuerpo.

    El cuerpo situado ocupa un lugar y está delimitado, contenido y circunscripto por él.

    De esta manera no ocupa lugar el ángel, pero sí lo ocupa virtualmente, operando sobre ese lugar, ya sea éste una persona o una cosa.

    Perlita espiritual:

    La armonía de los ángeles.

    Son una síntesis perfecta de contemplación y acción.

    En el evangelio de Lucas 1, 19, el Ángel Gabriel, enviado a María y anunciándole el mensaje de la encarnación del Hijo de Dios, le dice que está en la presencia de Dios.

    Cumple con su misión, sin perder el estar delante de Dios conscientemente.

    En Mateo 18, 10, Jesús dice que los ángeles de los pequeños que creen en Él (nosotros, sus pequeños) están constantemente en presencia del Padre Celestial.

    Sin perder la presencia de Dios, nos asisten, protegen y consuelan.

    No se apartan de Dios y cumplen su misión.

    No hay disociación entre ser y hacer, entre estar en la Presencia de Dios y actuar.

    Orando hacen.

    Contemplando actúan.

    Hace sin dejar de estar en Dios.

    Actúan si perder la contemplación del Rostro de Dios y sus Voluntades.

    Adoran y obran. Alaban y ejecutan.

    Adorando obran. Alabando ejecutan.

    Obran adorando. Ejecutan alabando.

    En esto podemos llegar a una imitación cada vez más perfecta, de su armonía y unidad interior y exterior.

    Lo que son hacen, lo que hacen son.
    Son uno en sí mismos.
    ¿Vamos siéndolo nosotros?

    ¿Vamos armonizando nuestra unidad interior y exterior?
    ¿O estamos desparramado en muchas cosas sin ni siquiera saber quiénes somos o qué queremos, insatisfechos de todo y llenos de vacío y de nada?

    Imitemos y recobremos la armonía de los ángeles, principalmente estando unidos a ellos. Recordemos el refrán de “dime con quién andas y te diré quién eres”. Serás semejante a aquellos con quienes “andas”.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    (Pontificia Universidad Católica)

  • El lenguaje de los ángeles.

    EL LENGUAJE DE LOS ÁNGELES

    Santo Tomás de Aquino lo trata en la 1ª parte de la Suma Teológica, en la cuestión 107, cuando habla del Tratado de la conservación y gobierno del mundo.

    En la respuesta o solución al artículo 1, nos dice que los ángeles hablan en el sentido de que nos manifiestan a nosotros o a un ángel inferior, un concepto de la mente que ellos conocen y nosotros o el ángel inferior no.

    Es semejante a cuando utilizamos el término “iluminar”: Se aclara algo en nuestro interior, la comprensión de Dios, de su Voluntad, de la verdad de las cosas, de nosotros mismos.

    Éste es el hablar de los ángeles, más allá de las palabras, a través de los conceptos de la mente y que debemos discernir si proceden de ellos: Su rastro es que dejan precisamente luz y no oscuridad ni tinieblas, paz, serenidad y ánimo, y no inquietud, desasosiego y desánimo o desgano, dulzura y no amargura, consuelo y no tristeza y pesar.

    Es como una palabra interior, una luz en el corazón, un “verbo mental”.

    ¿No necesita el ángel para comunicarse del sonido de la voz para el lenguaje?

    Cuando responde Santo Tomás de Aquino en la cuestión 107 de la 1ª parte de la Suma Teológica en el artículo 1 a la segunda objeción, dice que a nosotros nos es necesario el lenguaje exterior a través de la voz por la mediación (u obstáculo) del cuerpo.

    Pero al ángel no les son necesarias las palabras del sonido de la voz, pues es incorpóreo e inmaterial, carece de la mediación (u obstáculo) del cuerpo.

    Le basta con la comunicación interior, mental, de inteligencia a inteligencia.

    El lenguaje de los ángeles es esta capacidad suya de comunicarse consigo mismo y con los demás concibiendo interiormente los conceptos y manifestándolos a quién él decida que es Voluntad de Dios el hacerlo.

    ¿Y cómo llaman la atención para que les atiendan cuando “hablan”?

    En la respuesta a la tercera objeción del artículo 1 de la cuestión 107 que venimos tratando de Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica sobre “el lenguaje de los ángeles”, no dice el santo doctor que no tienen necesidad como nosotros de llamar la atención corporalmente para que nos atiendan o escuchan, ya sea chistando, realizando un sonido o grito más alto, palmeando al interlocutor para que se fije en nosotros.

    De todas maneras, su movimiento es excitar, “tocar” de alguna forma la inteligencia o imaginación interna de aquel a quien quieren manifestar algo, para que les preste atención y tenga en cuenta su locución o mensaje.

    ¿Le hablan a Dios los ángeles?

    Tomás de Aquino lo trata en el artículo 4 de la cuestión que venimos degustando.
    Y nos responde que a el Eterno le hablan, ¡manifestando sus conceptos aclamativos de admiración y alabanza!

    También pueden preguntarle a Dios, para que les manifieste algo con referencia a la misión salvífica específica que deben realizar entre los hombres.

    Por último, en el artículo 4, podemos preguntarle:

    ¿Deben acortar distancia los ángeles para hablarnos, como hacemos nosotros? ¿Deben gritar para que los escuchemos cuando están lejos?

    La respuesta es clara de acuerdo a lo que venimos viendo:

    El hablar del ángel es una acción de la inteligencia que aclara o ilumina conceptos.

    Esta acción intelectual es independiente del tiempo y del lugar. Es atemporal.

    Por lo tanto, si es independiente de tiempo y lugar, en nada influye la distancia, propia del tiempo y de los lugares.

    Puede hablar desde lejos o desde cerca, que serán “escuchados”, producirán igual su efecto en quién los “escucha”, en aquel a quien el ángel se dirige, iluminando, clarificando su concepto mental o interior.

    Vocabulario espiritual:

    ¿QUÉ ES EL LENGUAJE?

    Como un apartado integrante del tema, podemos decir que el lenguaje es un conjunto de símbolos (distintos los símbolos latinos, los griegos, los hebreos, entre otros) que, articulados, unidos, combinados expresan el pensamiento o el ser de las cosas, las ideas y el sentir de los pueblos; además, permiten a las personas comunicarse a través del sonido de la voz por medio de las palabras, de los gestos (lenguaje no audible) o de la escritura (símbolos gráficos).

    Este lenguaje puede ser el usual (común o popular de todos los días), técnico (o científico) o literario.

    En cualquiera de los tres puede intervenir el ángel.

    El conjunto de voces o vocablos de un pueblo o nación constituyen su idioma.

    Perlita Evangélica:

    UNA EXPERIENCIA DE ÁNGELES.

    San Isidro era un humilde labrador campesino de España, nacido en el 1080, que trabajaba la tierra desde joven.

    Luego de que fuera echado de otro lugar por denuncias de sus compañeros, que decían que “no trabajaba”, fue contratado por el hacendado madrileño Juan Vargas.

    Otra vez fue denunciado por sus colegas de “perder tiempo durante el trabajo”, y su patrón lo espió a escondidas:

    ¡Cuán grande fue su sorpresa al verlo arrodillado en el campo!

    Pero mientras él se elevaba hacia Dios en la oración, dos ángeles acudían en su ayuda:

    Uno manejaba el arado, y otro guiaba los bueyes.

    Juan Vargas transformó la estima que tenía por Isidro en admiración y benevolencia.

    Pero el humilde labrador no se aprovechó de esta circunstancia.

    Siguió orando y trabajando como siempre con su esposa, que siempre lo acompañaba, y lo que ganaban lo compartían con los más pobres.

    En armonía con la creación, también los pájaros revoloteaban a su alrededor, sabiendo que les dejaba por el camino espigas de trigo que dejaba caer para alimentarlos.

    Fue canonizado en 1622 junto a grandes santos, como han sido Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Francisco Javier y Felipe de Neri.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
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  • El martirio en la vida cotidiana de Santa Teresita.

    El martirio en la vida cotidiana de Santa Teresita

    La fortaleza.

    La fortaleza de su alma fue una de las características de la fisonomía espiritual de Santa Teresita del Niño Jesús, a pesar de su camino de la “infancia espiritual”, que, lejos excluirla, la presupone.

    Amaba profundamente a Jesús crucificado, y el amor no deja de imitar a Aquel a Quién se ama.

    “-Recuerda que cuando alguien te invita a su mesa, luego deberás prepararle algo semejante”, dice la Sagrada Escritura.

    Jesús nos invita a su mesa con amor y se entrega a Él mismo como alimento.

    De la misma forma pide nuestra entrega y amor incondicionales, semejantes al suyo.

    Pues el amor con amor se paga.

    La fuerza del Dios Omnipotente.

    En su proceso de canonización, los testigos insisten en el vigor heroico de Teresita.

    El espíritu de fortaleza anima toda su espiritualidad, sin el cual, sin duda, no se puede lograr la santidad.

    Se puede decir que pasaba entre las dificultades de la vida, como jugando, haciendo honor a su espiritualidad, pero apoyándose en la misma fuerza de Dios, que es omnipotente e invencible para la lucha.

    San Pablo lo decía de esta manera: “-El poder de Dios se muestra perfecto en mi debilidad. Porque cuando soy débil, soy fuerte”.

    Y esto se veía en Teresita tanto en la lucha contra sus pasiones e inclinaciones, como en las contradicciones de la vida comunitaria, y en su enfermedad que la llevaría a la muerte.

    Anécdotas de fortaleza.

    “No quejarse, salvo que no se pueda más”, era uno de sus lemas.

    Muy lejos de los que se quejan, desde el principio de las dificultades, temores, dolores, enfermedades y problemas.

    Escogía los lugares o trabajos más incómodos para evitárselos a otros.

    En el lavadero se colocaba en el lugar justo alrededor de la pileta en el que una hermana salpicaba cuando enjuagaba y retorcía sus prendas.

    Otra se veía aliviada por esta situación: No le tocaría ese lugar.

    Todas buscaban los lugares ventilados.

    Ella, en cambio, podía soportar aquel por donde corría menos aire.

    Las hermanas jóvenes, recordándola, se colocaban en ese lugar para imitar a sor Teresa.

    Medicamentos de feo sabor, los tomaba sorbo a sorbo, como degustando con amor la pasión de Jesús a través de esos sorbos, cuando la hermana enfermera la instigaba a terminarlo de golpe y acabarlo de una vez.

    Evitaba cruzar los pies (¡ni qué decir las piernas, que se ha hecho un hábito
    para nosotros cruzarlas en cualquier momento y lugar!)

    No se frotaba las manos cuando hacía frío, y cuando hacía calor no andaba desesperaba secándose el rostro con el pañuelo y haciendo exclamaciones.

    Decía que nada valía tanto (orar, escribir vida de santos, predicar), como responder cuando la llamaban: No temía que la estorbaran, que la interrumpieran en lo que estaba haciendo.

    Esto pertenece a una parte de la fortaleza que es la paciencia, en ella en grado heroico, es decir, superlativo, lo que no quiere decir que nosotros no estemos llamados a ello.

    Una vez le quisieron sujetar el hábito, y una hermana le atravesó la carne con un alfiler.

    Pudiendo aguantarlo, no se quejó, y anduvo varias horas con el alfiler así.

    Finalmente desistió porque le parecía que estaba faltando a la obediencia, ya que cosas extraordinarias de penitencia deben ser en la comunidad religiosa con permiso de la superiora.

    Actos “microscópicos” de heroísmo.

    Santa Teresita del Niño Jesús hace presente entre los cristianos, para admiración y ejemplo, el heroísmo de lo pequeño:

    Actos “microscópicos”, podríamos decir, de fortaleza y martirio (entrega de su vida a cada instante, que culminaría con el acto de entrega al Amor misericordioso de Dios), pero valiosísimos a los ojos de Dios, si se hacen con una caridad cada vez más creciente.

    En ello consiste el misterio de la santidad:
    Hacer el acto posterior con un poco más de amor que el acto anterior:
    Así se crece en gracia y en espíritu.

    Practica las virtudes ocultas, aquellas que no llaman la atención, que no pueden ser vistas por los hombres. “-Cuando nadie te ve”.

    Es grato rezar cuando nos observan, o hacer un acto de virtud o de aparente caridad o desprendimiento cuando nos están mirando y calificando.

    La cuestión es hacerlo en la presencia del Padre Celestial, lejos de las miradas aduladoras de los demás.

    Rezar a solas en la Iglesia o en un parque o en una habitación.
    Dios sabe y escucha.

    Como dice Jesús: “-Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará” (Mt. 6, 6:).

    Teresita solía a los 8 años ir a pescar con su papá.
    Pronto se aburría y se sumergía solitaria en el campo, en una contemplación profunda de las cosas de Dios y de Él mismo.

    O dar a escondidas, sin que nadie se entere y sin hacer alarde (Mt. 6, 3-4).

    Levantar un papelito o un alfiler del suelo y colocarlo en su lugar sin que nadie se de cuenta, sólo teniendo presente a Dios o a Jesús, como Teresita solía hacerlo, es fundamental para el desarrollo de la virtud.

    Una mortificación “muy amable” de los sentidos.

    Una de sus novicias la describía como una hermana que tenía una mortificación “muy amable”, que no se hacía notar. Nada parecía extraordinario.

    Tampoco buscaba los manjares más sabrosos, como para que el gusto no se sienta totalmente satisfecho .

    Recordemos la ascesis cristiana de la mortificación de los sentidos, en la primera etapa de la vida espiritual, para no vivir según el exterior, y despertar a la vida interior:

    Cuidado de la vista, de lo que se oye, huele, saborea, toca, ve.

    No dando lugar a todo lo que los sentidos quieren y desean (“no se cansa el ojo de ver y el oído de oír”, dice la Sagrada Escritura), se va logrando el autodominio con la ayuda de la gracia, y el alma se va entrenando en la fidelidad a las mociones del Espíritu Santo (a la actuación de sus dones).

    Cuándo se está sólo en los sentidos, se está en la vida según la carne, y no según el Espíritu.

    Estas cosas de control y dominio de los sentidos por amor a Jesús, solía decir que no dañan la salud, no son vistosas ante los ojos de los demás como para llamar su atención, y mantienen el alma en un estado permanente de fervor sobrenatural.

    Vencía sus pasiones llevando en silla de ruedas a una de las hermanas más enfermas y repulsivas, a la que nadie quería atender (principalmente por su mal temperamento, muy “cascarrabias”, se decía), y haciendo que se sienta querida por ella, hasta tal punto que esta hermana llegó a preguntarle a Teresita: “¿Qué ves en mí, sor Teresa, para apreciarme o quererme tanto?”.

    Y Teresita veía y experimentaba a Jesús en ella, porque a nivel de piel también ella sentía rechazo por la mencionada hermana.

    Recordemos que el pecado no está en “sentir”, sino en “consentir”; no es un acto del sentimiento, sino de la voluntad.

    Y lo mismo podemos decir de la virtud:

    No está en el mero sentimiento, sino en una inteligencia lúcida y en una voluntad decidida y entregada.

    La lámpara.

    Cuando le mandaron preparar una lámpara, tenía tales tentaciones de rebeldía contra quién se lo había solicitado, y de protesta por considerarlo una pérdida de tiempo, que tuvo que vencerse heroicamente.

    Le pidió calma y serenidad a Jesús.

    Y lo hizo como si la preparara para Jesús, María y José.

    Y así su corazón quedó consolado y sosegado, dispuesto a más.
    Ganó la batalla.

    Y de ésta manera Dios nos mantiene en la humildad, conscientes de nuestras limitaciones.

    Recordemos la Escritura que dice: “Lo que hagan, háganlo con toda el alma, como para servir al Señor, y no a los hombres”.

    “Guerrera del Señor”.

    Y recordando a Santa Juana de Arco, a quién varias veces representó en el convento en su lucha por la liberación de Francia al frente de sus ejércitos, le pedía a Dios que la armara para la lucha (el “buen combate” paulino), y que ardía en deseos de combatir para su gloria.

    Le prometía a Jesús batallar hasta el fin de su vida por amor a Él.

    Y así lo hizo.

    En su enfermedad (la tuberculosis a través de la cual el Señor la vino a buscar), trataba de no proferir quejas, y de no ser una carga y estorbo para sus hermanas.

    A la vez, tenía la humilde fortaleza de dejarse atender en todo lo necesario y conveniente.

    Siempre continuaba con sus quehaceres todo lo que podía, ofreciendo sus sacrificios por alguien, a pesar de sus dificultades y debilidades, principalmente de salud.

    Confesó que, a pesar de sus travesuras, desde los tres años, en que despertaba su conciencia, nada le había negado a Jesús.

    Amar, sufrir y sonreír.

    Y siempre con una sonrisa, sin hacer gestos ni caras ante la contrariedad. Sin menear la cabeza:

    Podemos decir que amaba, sufría y sonreía, lo que hacía más valiosa y acrisolada su virtud y santidad ante Dios, y luego lo sería ante los demás al descubrirla.

    Cuando llegaron los grandes sufrimientos, Dios la encontró dispuesta y entrenada:

    El heroísmo de las cosas pequeñas y cotidianas habían formado en ella la personalidad de una mártir, de alguien que daba la vida por Jesús.

    El heroísmo de lo “microscópico”, la había preparado para el heroísmo en las cosas grandes.

    Su fidelidad silenciosa a Jesús, le abre el camino estrecho que lleva a la vida, y que son pocos los que lo encuentran, porque la mayoría prefiere el camino ancho y espacioso que lleva a la perdición.

    Escogiéndolo todo.

    Vivió y venció en el buen combate de la fe, y fue coronada por el Señor.

    Le dijo a Jesús que lo escogía todo, y que no quería ser santa a medias:

    “-No me da miedo padecer por Vos”.

    Y cercana a su muerte exclamaba:

    “-No quisiera haber sufrido menos por Jesús”.

    Y también:

    “-No puedo sufrir, porque el sufrir me ha llegado a ser muy dulce”.

    “-No me arrepiento de haberme entregado al Amor”.

    “-Tan sólo, cuenta el amor”.

    Y así dio su vida, cada día, por amor, inmolándolo todo por amor, entregándolo todo por amor.

    Jesús es el Amor.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    www.es.catholic.net/gustavodaniel
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org
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  • La maternidad espiritual de Santa Teresita del Niño Jesús.

    La maternidad espiritual de Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.

    Teresita quería ser, por su unión con Jesús, madre de las almas.

    Y Dios se lo concedió.

    ¿Qué es una madre o un padre naturalmente hablando?:
    Aquellos que dan la vida al hijo.

    ¿Qué es una madre o un padre espiritual?:
    Aquellos que dan la vida de Dios, la gracia, que engendran un hijo o una hija espiritual (que puede ser también el hijo engendrado naturalmente, ya que los padres deben ser los primeros comunicadores de la vida de la gracia) y lo alimentan en el camino de la santidad, en la comunidad familiar que llamamos Iglesia doméstica.

    Jesús le dio a Teresita un signo claro de que la escuchaba y de que la iba a convertir en madre de muchos, cuando llegó a sus manos un periódico que anunciaba la condena de Pranzini a muerte, un peligroso asesino y delincuente de aquella época.

    Aunque era impenitente y se declaraba ateo, Teresita le pidió a Jesús un signo de conversión antes de su muerte.

    “Probó” a Jesús en su unión con ella. Probó la eficacia de su maternidad e intercesión. (Recordemos la lucha de Jacob con el Ángel de Yahvéh, a quien vence y éste cambia su nombre por el de Israel).

    Y Jesús se lo concedió.

    Y he aquí que, en el momento previo a la ejecución, Pranzini besó con devoción la cruz que le aproximó el capellán en tres oportunidades.

    La vocación al Amor.

    Es característica de la espiritualidad de Teresita, el tratar de reconocerse dentro del Cuerpo Místico de Cristo en su propia vocación, y tratar de buscar qué es lo que Dios quería de ella.

    Anhelaba ser misionera, mártir, sacerdote...

    Y I Corintios le dio la respuesta:

    Ella quería ser el compendio de todas las vocaciones:

    Entonces, en el corazón de la Iglesia, que es nuestra Madre, ella decidió ser el Amor.

    Y el Amor engendra hijos para el Amor, para Jesús, para Dios.

    Porque la Iglesia tiene un corazón, y por el Amor que hay en Él, dan la vida los mártires, se entregan los misioneros, los laicos son santos, los religiosos tratan de seguir más de cerca a Jesús.

    Tenía una frase que es imposible vivirla: una hipótesis imposible, pero que manifestaba su encendido amor por Jesús:

    Le decía que desearía irse al infierno, para que al menos un alma (la de ella), Lo ame desde allí.

    Doctora de la Iglesia.

    Fue declarada Doctora de la Iglesia (la tercera mujer, después de Santa Catalina de Siena y de Santa Teresa de Jesús), por su doctrina innovadora y su manera de vivir la infancia espiritual, como un camino que a todos nos puede ayudar para acercarnos a Dios, que engendra y hacer crecer la vida de Dios en nosotros.

    Es fruto de su maternidad espiritual.

    Una doctora o un doctor de la Iglesia es un santo o santa canonizado, que por supuesto no tiene error en su doctrina, que su doctrina es eminente, elevada, y que la expresa o vive de manera especial u original.

    Y que ésta doctrina sirve para que la pueda entender y practicar cualquier persona del Pueblo de Dios, cualquier miembro de la Iglesia, desde el Sumo Pontífice hasta el último feligrés.

    Así fue ella con la doctrina de la infancia espiritual como medio para engendrar y hacer crecer la vida espiritual en las almas, propio de una madre o un padre espiritual:

    Lo novedoso fue cómo expresó y vivió esta doctrina que es tan antigua como el Evangelio de Jesús (Mc. 10, 13-16. Mt. 19, 13-15. Lc. 18, 155-17).

    Algunas parábolas teresianitas.

    Solía, en este aspecto, decir que era la pelotita de Jesús (recordemos que su nombre era Teresa del Niño Jesús –y de la Santa Faz-), y como hacen los niños con la pelota, lo mismo hizo Jesús.

    La pelotita es tirada y pateada por el suelo.
    Significando sus sufrimientos, dificultades y problemas, incluso de fe.

    Y, como hacen todos los niños con sus juguetes, el “Niño Jesús” la rompió “para ver lo que había dentro” (haciendo referencia a sus numerosas pruebas y enfermedades, y a la fidelidad interior demostrada en ellas).

    Si Jesús nos sacara el corazón para ver “lo que hay adentro”, ¿encontraría la fidelidad y el amor incondicional que tenía Teresita, a pesar de nuestros sufrimientos y dificultades?

    ¿Cuándo nos revuelcan por el suelo como la pelotita al jugar los niños (cuando nos difaman, calumnian, dicen o hacen cualquier clase de injusticia contra nosotros), se rebela nuestra soberbia y nuestro orgullo, o consideramos que realmente lo merecemos,
    haciendo un ejercicio de humildad?

    También nuestra madre Teresita utilizaba la parábola del ascensor, para engendrar la vida de Dios en nosotros:

    Decía y enseñaba que el hacerse como niños y abandonarse en las manos del Padre Celestial era el camino más rápido para llegar hasta Él, como un ascensor que nos eleva sin esfuerzo.

    El camino más rápido para llegar al cielo es como apretar un botoncito que nos eleva automáticamente:

    Éste botoncito es el abandono confiado y filial en nuestro Buen Padre Dios, que nos lleva como sin esfuerzo hasta la eternidad por el camino para nosotros más fácil.

    Cerca del final:
    La pequeña santa.

    Dándose cuenta de que engendraba la vida de la gracia en los demás, vamos a recordar también algunos episodios cercanos al final de su corta pero fecunda vida, que sigue siendo fecunda aún en nuestros días, y lo seguirá siendo sin duda hasta el Final de los Tiempos, en el que todos estaremos resucitados con Jesús.

    Algunas cosas del momento anterior a su partida a la eternidad, y que hacen a su maternidad espiritual:

    La atendían en la enfermería del Convento, y en los momentos en que la fiebre hacía que no se diera cuenta de lo que decía para afuera de sus labios, repitió varias veces a quienes la atendían: -“Están atendiendo a una pequeña santa”.

    El santo, la santa, engendran la vida.

    Esto consta en el proceso de canonización por el testimonio de varias hermanas que la escucharon.

    Cuando volvía en sí, y retornaba su conciencia, las hermanas le comentaban lo que había dicho, y ella lo negaba humildemente..., o por humildad...

    “Una lluvia de rosas y de fragancias rojas”.

    Prometió que desde el cielo derramaría una lluvia de rosas, significando las gracias que concedería a los que se acogieran a ella para ir hacia Jesús, y por Él al Padre.

    Quería continuar su maternidad desde el cielo, haciéndola más potente todavía, liberada de las limitaciones del tiempo y del espacio terrenos.

    “-Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”, solía decir ya célebremente.

    Y son numerosas las gracias que recibimos a través de ella, lluvias de pétalos de rosas y fragancias rojas:

    Ternura y consuelo espiritual.
    Aliento en nuestras luchas y fortaleza en nuestras empresas.
    Inspiración en nuestros proyectos y alegría en nuestro llanto.

    Gracias que engendran en nosotros la vida que viene de Dios, vida eterna que sana, cura, reconcilia y libera, dándonos plenitud de salud y salvación espiritual.

    Nos entrega la Vida de Jesús, la que Él ha venido a traer.
    Y que es Vida Total y en Abundancia (Jn. 10, 10:).

    La “gran misión universal”.

    Y, aún estando en la clausura inviolable de un Convento contemplativo, fue declarada Patrona Universal de las misiones, junto a San Francisco Javier, jesuita.

    Y ciertamente misionó después de su partida hacia la Casa del Padre, y no sólo con su doctrina e intercesión, sino que visitó los más diversos países (incluyendo Rusia, y, por supuesto, la Argentina) con sus reliquias, que la hacían presente, paseadas en una réplica de vidrio de la Basílica construida en Lisieux, su lugar de origen, en Francia, que asemejaba un pequeño y hermoso castillo.

    Yo tuve la gracia de llevarla desde la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, en Banfield, al lado de la cual viví hasta los 12 años, hasta el Convento carmelita de Rafael Calzada, en el sur del Gran Buenos Aires, cuando nos visitó.

    Por eso para mí no sólo es madre espiritual, sino también amiga en el Espíritu.

    Una última perlita espiritual:

    Transfiguración final.

    Si observamos sus fotos, desde que tenía 8 años hasta los 24 en que falleció víctima de la tuberculosis, vemos que, al morir, recobró la lozanía y luminosidad que tenía a los quince años, cuando la enfermedad todavía no había hecho su aparición.

    Así mueren los santos.

    Mueren de amor y por amor a Jesús.

    No hay desesperación, ni rostros desencajados:

    Una leve sonrisa luminosa, y la tez suave y tersa para ir al encuentro del Señor.

    Gustavo Daniel D´Apice - Profesor de Teología Pontificia Universidad Católica
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    (0264) 433-1239 / 155-053326
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    Libro on line: http://es.catholic.net/escritoresactuales/524/...
    Consultas: http://www.es.catholic.net/consultas/consulta....
    http://www.almas.com.mx/almas/artman/publish/a...
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  • Semana Santa: ¡La mayor del año! ¿Cómo la vivís?

    LA SEMANA MAYOR DEL AÑO

    Así llama la Liturgia de la Iglesia a la Semana Santa, la más cargada de contenidos significativos a través del apasionante Año Litúrgico.

    Es la que transcurre entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Pascua.

    Una parte pertenece a la Cuaresma. Otra es el corazón del Año Litúrgico: el Triduo Pascual, que desemboca en el momento más emocionante de la historia: La Resurrección Gloriosa de Jesús con su propio cuerpo glorificado, festejado luminosamente a través de los 50 días del Tiempo Pascual, cargado de Aleluias, incienso, cantos y Cirios conmemorativos, reafirmando la fe cristiana de que nuestros cuerpos también resucitarán gloriosos de las cenizas, y que con nuestros propios ojos y oídos glorificados veremos y escucharemos a Jesús.

    El Domingo de Ramos comienza con esta Santa Semana.
    Color rojo de sangre para la Liturgia. Se lee el Evangelio de la Pasión que corresponde al Ciclo Litúrgico Dominical del Año que transcurre, sea éste A, B o C. Los Ramos de Olivo aclaman personal y comunitariamente a Jesús que entra en Jerusalén, signo y figura de nuestro corazón, en el que quiere establecerse como Rey y Señor del mismo. En vano es agitar o colgar ramitos si Jesús no es el dueño de nuestra vida.
    O regalarlos a aquellos a quienes Jesús no significa nada en su existencia.

    El lunes, martes y miércoles santo vuelve el color lila o morado de la cuaresma en la liturgia.
    Es importante acompañar a Jesús en las celebraciones litúrgicas de estos tres días. Solemos ir el Domingo de Ramos a Misa y no aparecemos hasta festejar la Cena del Señor el jueves por la tarde. Pareciera el cruel, triste e impío abandono del Señor Jesús igual al de los momentos históricos de la Pasión.

    En las celebraciones litúrgicas de estos tres días, más la del viernes santo, se leen los cuatro Cánticos del Siervo Sufriente de Yahvéh del Profeta Isaías (Is 42,1-7; 49,1-9; 50,4-9; 52,13-53,12).

    Seis siglos antes de Cristo ve Isaías la pasión y glorificación de Jesús de tal manera, que con razón es llamado el 5º Evangelista, aparte de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, contemporáneos de los acontecimientos celebrados.

    La Misa Crismal quiebra la monotonía cuaresmal (ya rota en el gozoso cuarto domingo, el de las vestiduras de color rosado), y con blanco color litúrgico, el Obispo se congrega en la Catedral con su presbiterio y fieles, a fin de renovar sus promesas de fidelidad, y consagrar los óleos que se usarán en los sacramentos cristianos: el de los catecúmenos, el de los enfermos y el santo crisma.

    Se celebra la Misa Crismal el Jueves por la mañana, salvo donde las distancias son extensas, por lo que para que los presbíteros puedan estar en sus comunidades celebrando la Misa del Jueves por la tarde, se adelanta al miércoles anterior.

    Con la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo por la tarde, exclusive, termina la cuaresma.

    Las vestiduras son blancas festivas y se reaviva la memoria de la Institución de la Eucaristía, el sacerdocio ministerial, y el mandamiento nuevo del amor, al estilo de Jesús, “hasta dar la vida”.

    Terminada ya la cuaresma, con esta celebración comienza el Triduo Pascual, centro y corazón del Año Litúrgico.

    El viernes de la “Pasión del Señor” no hay Misa, pero sí una importante Celebración Litúrgica, Pública y Oficial Oración de la Iglesia, con ornamentos rojos, en que se lee siempre la Pasión según San Juan (18-19), en la que Jesús Dios (“Yo Soy”: Jn 18,5.6.8; cfr. Ex.3,14) y Rey (Jn 18,33.37; 19,3) parece dominar y dirigir su propio proceso.

    Se adora la Cruz, se hacen oraciones universales por todos los hombres, de cualquier condición, raza, cultura y credo, culminando con la recepción de la Eucaristía.
    Es el segundo día del Triduo.

    El sábado santo es un día muy especial de silencio contemplativo y expectante ante la tumba abandonada del Señor, si es que nuestro corazón no está velando en su compañía.
    Ese día no solo no hay Misa, sino que ninguna celebración litúrgica.
    Incluso la Eucaristía como sacramento de la partida, solo puede llevarse a los moribundos en forma de viático, porque sanos y enfermos esperamos la explosión jubilosa del universo en la Resurrección del Señor Jesús, y recién después de ella, entrado ya el domingo con la Vigilia Pascual, recibiremos el sacramento del cuerpo resucitado del Señor.

    En esta Augusta Vigilia, en que comienza a celebrarse el domingo de Pascua de Resurrección, llega a su cumbre el Triduo Pascual, que culmina al finalizar el Domingo de Resurrección..

    Nuevamente la gloria de las vestiduras blancas.
    La Vigilia despunta con el Fuego Nuevo que es Cristo Resucitado: La Liturgia de la Luz.
    Se enciende el Cirio Pascual, que ilumina con la Luz del Señor toda nuestra vida, y que permanecerá 50 días con su resplandor en el presbiterio, y del cual todos tomaremos su claridad, y tomarán luego sus luces los que renazcan a la vida de la gracia por el Bautismo, y los que se eleven a la vida de la gloria al partir de este mundo temporal.
    Dos nacimientos en los que el Cirio deberá hacerse presente en el Altar aunque hayan terminado los 50 días de la Pascua.
    Cirio en el que el Señor Jesús se muestra como Señor de la historia, dueño del tiempo y de la eternidad, principio y fin de todas las cosas.
    Liturgia de la Luz que culminará con el canto o recitación del Pregón Pascual, anunciando la noche de la Resurrección del Señor, precedida en el tiempo por la noche de otra Pascua, la de la liberación del Pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto, figura de ésta, la de Jesús, con la total y definitiva liberación de todo mal, incluida la muerte.

    Sigue en esta Noche Santa, la Mayor de todas, la Liturgia de la Palabra: Siete lecturas con sus respectivos salmos y oraciones, que preceden el anuncio de la Resurrección y lo preparan.
    Por motivos pastorales pueden reducirse, aunque nunca se puede omitir la lectura de la primera pascua, figura de ésta, la de Moisés al frente de su Pueblo atravesando el Mar Rojo y pasando de la esclavitud a la libertad.

    Con el anuncio de la Resurrección y el Canto del Aleluya, apagado durante la Cuaresma, y el sonido de las campanas, culmina la Liturgia de la Palabra.
    Si hay Evangeliario, es llevado en procesión “levemente elevado” (IGMR 172) desde el altar (donde fue dejado al inicio de la celebración: IGMR 122.173) hasta el ambón, y es incensado (IGMR 175).

    Sigue la Liturgia Bautismal, en la que se bendice el agua del Bautismo (conviene que haya algún Bautismo como signo), y en la que renovamos las promesas bautismales.

    Excelente ocasión para renovar conciente y fructuosamente el Bautismo que quizá recibimos como un regalo de la Iglesia y de nuestros padres cuando carecíamos del uso de la razón, pero no de la posibilidad de recibir la gracia de hijos de Dios y de comenzar a ser miembros de la Iglesia.

    Culmina la celebración de esta Magna Solemnidad, la Mayor del Año Litúrgico, con la Liturgia del Sacramento por excelencia, la Eucaristía, fuente y cumbre de toda vida espiritual cristiana.

    El domingo de Pascua continúa durante el día esta alegría comenzada en la Vigilia, y se prolonga como Octava durante ocho días, hasta el Domingo siguiente, como si fuera la misma fiesta, y luego en el blanco glorioso de los aleluias de Pascua hasta el día de Pentecostés inclusive.

    ¿Con qué conciencia y fructuosidad vivimos la Semana Mayor del Año y, dentro de ella, el Triduo-Corazón del Año Litúrgico? ¿Soy un hombre, varón o mujer, de la Pascua, resucitado, luminoso y vivo, o arrastro una lúgubre y pesada existencia, habiéndome quedado en la hora nona del viernes santo y no habiendo sabido dar el Paso hasta la Vigilia Pascual, hacia la Luz esplendorosa donde la Palabra brilla con propio fulgor junto al Padre y al Espíritu Santo, resucitada corporal y gloriosamente para siempre, primicia de lo que seremos nosotros?

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

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