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  • Un libro del Papa sobre Jesús.

    Jesús de
    Nazareth:

    “El Libro del
    Papa”

    Invitados especialmente, asistimos a una conferencia del Cardenal Jorge María Mejía, distinguido biblista y políglota (entre otras cosas) que colabora desde hace décadas en los distintos dicasterios romanos.

    El objetivo de la visita fue la presentación del nuevo libro de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) “Jesús de Nazareth”.

    Y decimos Joseph porque no se propuso presentar un libro doctrinal que no pueda ser rebatido, sino el fruto de una búsqueda personal del Rostro y la Persona de Jesús.

    Libro personalísimo del autor, ahora convertido en best seller mundial, que vale la pena leerlo.

    Por eso el Cdnal. Mejía sugiere leerlo con “simpatía”, entrando en empatía, en sintonía con el autor, para participar de su búsqueda y descubrimiento; es decir, leerlo con el mismo espíritu con que fue escrito.

    Utilizando el método histórico crítico moderno de estudio de la Biblia, sin desechar otros, incursiona en la continuidad de los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo (lo que el Catecismo llama “tipología”, Nros. 128-130; Comp. 23), principalmente en la persona de Moisés, promulgador de la Ley y Amigo de Dios (Éx. 33,11) en el Antiguo Testamento, figura de Jesús, el Nuevo Profeta, no ya Amigo de Dios sino Hijo, que contempla el Rostro del Padre, que Lo conoce y Lo revela a todo aquel a quien quiera hacerlo (Jn.1,18;15,15).

    Moisés se tapaba el rostro con un velo para que los israelitas no vean su resplandor cuando salía de conversar con Dios en la Tienda del Encuentro (Éx. 34, 33).

    Jesús resplandece de Luz en la contemplación del Padre en la Transfiguración (Mt. 17), y los cristianos con el rostro descubierto manifestamos la gloria del Señor (II Co. 3,18).

    Quiere Joseph demostrar también la realidad amical del Jesús de Nazareth histórico, no distinto ni impenetrable desde el Jesús Resucitado de la experiencia cristiana.

    Éste Jesús que es uno con el Padre y manifiesta el Rostro de Dios (Jn. 14,9).

    Leer el libro Jesús de Nazareth implica un fascinante desafío, como es el de tomar una decisión frente a Él.

    Estando o no de acuerdo con la exégesis empleada, el libro deja huella interior e implica compromiso.

    Jamás dejará al lector vacío o impávido.

    El mismo, traducido ya al castellano con 50.000 ejemplares (en italiano ya editaron 300.000), tiene 10 capítulos, que van desde el Bautismo de Jesús y el consiguiente comienzo de su ministerio público de predicación y milagros; sigue a ello un capítulo sobre las Tentaciones de Jesús, las cuales pretenden substancialmente apartar de Dios, considerándolo algo superfluo, innecesario e incluso molesto en la vida.

    Seguidamente siguen algunas consideraciones sobre el Evangelio del Reino, recalcando la fuerza salvífica y operante de la realidad de la palabra Evangelium (gr), de su lectura y meditación, y que de los cuatro (Mt,Mc,Lc,Jn), no forman más que uno solo, como corazón, centro y lugar especial de encuentro con Jesús en la Sagrada Escritura (Cat. 125.127.139).

    Prosigue el Sermón de la Montaña, con las beatitudes de quienes siguen a Jesús y la Nueva Ley del Mesías, impulsada por su Espíritu de Amor.

    No deja de comentar el Padre Nuestro como oración de los cristianos enseñada por el Maestro para dirigirse a Dios, resumen y condensación de toda oración y oraciones (Cat. 2777-2865).

    En el capítulo 6 toca el tema de los discípulos y su elección y actuación, y a continuación el Mensaje de las Parábolas, explicando la naturaleza y finalidad de la enseñanza de Jesús por medio de comparaciones, que hace cercana su pedagogía y su vida, que quieren manifestarnos que el Reino de Dios llega en Él, ha llegado y continúa llegándonos.

    Y explica 3 parábolas del Evangelio de San Lucas: La del buen samaritano (Lc. 10), La de los dos hermanos y del padre bueno (Lc. 15), y la del rico y el pobre Lázaro (Lc. 16)

    En el capítulo 8 aborda las grandes imágenes del Evangelio de San Juan. El Evangelio del “Yo Soy” (Ex.3,14;Jn.8,24), a través de subcapítulos que tratan la imagen del agua, la vid y el vino, el pan, el pastor.

    Prosigue con dos hitos importantes en la vida de Jesús: cuando Pedro confiesa que es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo igual al Padre, Señor y Dios (Lc.16,16), y la Transfiguración de Jesús en la Montaña, con su Rostro irradiando luminoso como el sol y sus vestiduras blancas como la luz, conversando con los representantes del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, que aparecen en gloria, y ante los testigos de la Nueva Iglesia, Pedro, Santiago y Juan (Mt.17,1-5), como preanuncio de la llegada del Reino con Poder (Mc.9,1).

    Finalmente, el escritor acomete el tema de los Nombres con que Jesús se designa a Sí Mismo: el Hijo del hombre, el Hijo, “Yo Soy” (visto antes).

    Como todo libro sobre Jesús, y más aún por la calidad, formación y experiencia de nuestro literato, es un libro de excelente actualidad, contenido y fuerza.

    Terminamos con una frase del expositor citando el texto presentado.
    Se pregunta: “¿Qué es lo que trajo Jesús?”.
    Y responde con acierto: “Ha traído a Dios, y esto nos basta”.
    El que ve y experimenta a Jesús, ve y experimenta al Padre (Jn 14,9).
    Aprovechémoslo.

    “Jesucristo es el mismo hoy, ayer y para siempre” (Hb 13,8).
    Gustavo Daniel D´Apice – Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica

  • Sobre los Ángeles (I)

    ANGELOLOGÍA.

    Desarrollo:

    1) De la escasa importancia a una importancia exagerada.
    2) La pobreza de las imágenes de los ángeles.

    Antes se consideraba la devoción a los Ángeles como cosa de niños o de mujeres, dándole una escasa importancia.

    Se los representaba con alas cuidando niños ante posibles accidentes que prevenían.
    Eran personajes como de cuentos de ficción o similar a las hadas.

    En estos tiempos ha cambiado esto en ciertos ambientes, y se les presta una atención desmesurada, como si su actuación fuera individual sin el permiso, el envío, o el consentimiento de Dios.

    Y se hacen prácticas supersticiosas: Abrirles la puerta, enviarlos como si fueran mascotas, tocarles la campanita para que vengan, dejarles comida.

    Todo esto desvía de la verdadera devoción a los Ángeles, subordinada al Poder y Mandato de Dios, que coloca su libertad para Alabanza de su Gloria y para guiarnos en el camino de la santidad en medio de las peripecias y pesares de este mundo.

    3) Quiénes niegan su existencia.

    En la Biblia niegan su existencia el grupo judío de los saduceos (Hechos 23, 8).

    Hoy en día lo hacen los materialistas, para los cuales el universo espiritual e invisible no existe ni tiene consistencia
    Los racionalistas, como los agnósticos, que no pueden demostrar racionalmente su existencia, por lo que suspenden el juicio y no afirman ni niegan su existencia, así como la existencia del mismo Dios.

    Algunos ven equivocadamente en los Ángeles personificación mítica o proyecciones antropológico-culturales de atributos divinos, o sea, atributos del mismo Dios personificados y proyectados en ellos: Como su espiritualidad, agilidad, sutilidad, poder, mezcla para ellos de un politeísmo primitivo.

    4) Qué dice la Biblia.

    La Biblia no admite dudas con relación a su existencia, desde el primero de sus 73 libros, el Génesis, hasta el último de los mismos, el Apocalipsis.

    El Catecismo y el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, haciéndose eco de las Sagradas Escrituras en los números 327 y 59 respectivamente, dice que “al principio Dios creó la criatura espiritual y material”.

    5) El oficio de los ángeles.

    Son mensajeros y enviados de Dios, servidores de Dios y de los hombres.

    Alaban a Dios en su Gloria participando del Culto y Liturgia eternos al que nos unimos desde la tierra, y nos traen la inspiración, fuerza y poder de Dios para cumplir Su Voluntad con eficacia y mayor facilidad, reprimiendo a nuestros enemigos, las fuerzas del espíritu del mal.

    6) Diversas clases de ángeles.

    La Tradición espiritual cristiana, desde el siglo V, con la reflexión del Pseudo Dionisio, ha distinguido 9 Coros de Ángeles, subordinados entre Sí y subordinados finalmente a Dios.

    Cada coro cumple una función propia en la Creación de Dios y en su Alabanza, y también en su servicio salvador a los hombres, subordinado al Reinado Universal de Jesús Resucitado.

    El Apóstol San Pablo, en Colosenses 1, 16, describe diversas Jerarquía de Ángeles.

    7) Quiénes hablan de ellos.

    Además de las Sagradas Escrituras, ya desde los primeros siglos, pensadores cristianos los mencionan, como san Justino, filósofo y mártir.

    En el siglo V-VI, el Pseudo Dionisio realiza el primer Tratado sobre los Ángeles, describiendo los distintos Coros Angélicos y sus características.

    San Agustín y San Gregorio Magno, Obispos y Doctores de la Iglesia, realizan estudios profundos sobre los Ángeles.

    En la Edad Media (siglos VI al XV), hay grandes tratados sobre ellos.

    La literatura en general también se refiere a ellos, y el Concilio Vaticano II, culminado en el año 1965, se refiere a los Ángeles, por ejemplo en el documento Lumen Gentium (Jesús, Luz de las Gentes), en el número 49.

    8) Aproximación a una prueba natural de su existencia.

    Podemos realizar una prueba natural que nos aproxima a su existencia, siguiendo la serie lógica de ascenso en la perfección ontológica (en el ser), de las diferentes criaturas.

    Existen los seres materiales: los minerales, plantas, animales.

    Existen los seres materiales y espirituales: el hombre, compuesto de cuerpo, alma y espíritu.

    Por lo tanto, podemos deducir con mucha probabilidad natural, de que también existan los seres espirituales, sin composición de materia, para completar el orden de ascenso lógico ontológico de los seres.

    9) ¿Cómo son?

    El hombre, según el concepto antropológico judío, es cuerpo, y en él están todas sus facultades psicológicas, emotivas y espirituales.
    Muere todo el cuerpo y resucita todo él, el hombre entero.

    Para los griegos, el hombre es un compuesto de alma espiritual, y cuerpo material.
    El alma material pervive al cuerpo después de la muerte, al ser inmortal por su simplicidad, al no estar compuesta de materia.

    Para el cristianismo, principalmente desarrollado por la antropología de San Pablo en la Biblia, el hombre es cuerpo material, psicología y emociones (alma), y espíritu inmortal.
    El espíritu continúa después de la muerte, y en la Segunda Venida de Jesucristo, se volverá a unir a su cuerpo y alma resucitados para no perecer jamás.

    Los Ángeles, por el contrario, son puro espíritu sin compuesto de materia alguna.
    Por lo tanto, son espíritus simples e inmortales.
    Tienen comienzo cuando son creados por Dios, pero no perecen jamás, tanto los buenos como los que usando mal de su libertad en el comienzo, sed rebelaron contra Dios y cayeron el Paraíso.

    10) ¿Cuánto duran en la existencia?

    Dijimos que al ser puro espíritu, son simples, no compuestos con materia, por lo que carecen de cuerpo.
    Como consecuencia, son inmortales, no perecen jamás después de ser creados por Dios.

    Jesús habla de la inmortalidad de los Ángeles, cuando compara la extensión de su duración a la de los cuerpos resucitados: “No pueden morir –los cuerpos resucitados- (porque...) son semejantes a los Ángeles”.

    Al comparar la inmortalidad de los cuerpos resucitados con la de los Ángeles, Jesús proclama la inmortalidad de los mismos.

    Por lo que los Ángeles, una vez puestos en la existencia por Dios, no mueren jamás, sean los Ángeles Buenos de la Gloria, en el cielo con una felicidad sin fin, sean los Ángeles caídos en el infierno, en una desdicha e infelicidad también eternas.

    Jesús en Mateo 25, 41, dice que los malos irán “al fuego eterno, preparado para Satanás y sus Ángeles”.

    Por lo tanto, la eternidad de los Ángeles es consecuencia de su naturaleza simple y espiritual, no tiene nada que ver con la gracia, ya que por naturaleza, tanto Ángeles buenos como malos son eternos, unos en el cielo felices, y otros en el infierno desdichados.

    Gustavo Daniel D´Apice - Profesor de Teología – Pontificia Universidad Católica
    www.es.catholic.net/gustavodaniel - //gustavodaniel.autorcatolico.org
    gusdada@uolsinectis.com.ar - (0264) 505-3326

    (Estos y otros temas los podés encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica, en los
    números 327 al 336. En el Resumen del mismo, al final del tema, en los números 350 al 352.
    En el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, está entre los números 59 al 61.)