http://netlog.com/EridianiRexJose Ramon BalcellsBalcellsJose RamonEridianiRexhttp://es.netlogstatic.com/p/tt/010/838/10838968.jpgEspañaCataluña Página de perfil de EridianiRex

EridianiRex

hombre - 33 años, Valls, España


Canal RSS

Blog 53


  • GILISOLUCIONES PARA UNA CRISIS

    Pues ahora tengo hambre... aunque de un buen bocadillo de tortilla con"pa amb tomaquet" ^_^ y nada de tonterias raras, que llenan poco el buche y vacían rápido la cartera.

    Firma de Aurturo Pérez-Reverte

    El diccionario de la Real define la palabra gilipollas como tonto, o lelo. Es buena definición, pero a mi juicio le falta un matiz. Yo lo definiría como tonto, lelo, con un punto de pretenciosidad o alegre estupidez. Esa distinción es importante, a mi juicio. Pongo un ejemplo casual como la vida misma: no es igual, como dirían en mi tierra, un tonto a secas que un tontolpijo. El tonto es tonto, y no da más de sí. En Aragón, verbigracia, el tontolhaba no es más que un cenutrio elemental, querido Watson. Un tonto de infantería. Sin embargo, en Cartagena o Murcia el tontolpijo es un tonto con maneras de otra cosa. Un tonto ligeramente cualificado, o con ínfulas de ello. Entre uno y otro podríamos situar también al tontolculo y al tontolnabo, que son especies intermedias pero más bien bajunas. Tirando a cutre, vamos. La joya de la corona, sin discusión, es el tontolpijo. Ése se sitúa por mérito propio en la parte alta del escalafón. En esencia, el tontolpijo es un tonto que suele dárselas de listo. Que no se entera de lo tonto que es, y encima se cree divino de la muerte. Un capullín puesto de perfil, o sea. Sabidillo y frivolón al mismo tiempo, con pujos de cantamañanas. Un tonto al que a menudo podríamos definir como políticamente correcto. O sea: un gilipollas.

    Toda esta amena reflexión filológica proviene de la lectura de los suplementos dominicales y revistas de hace un par de semanas. Estaba en ello cuando me topé con algunos reportajes que coincidían en materia: consejos para las familias a la hora de plantearse la cocina en tiempos de crisis. En vista de la que va a caer, era la idea, hay que apretarse el cinturón, renunciar a caprichos gastronómicos y buscar menús domésticos baratos y sencillitos, poco gravosos para el bolsillo. Para echar una mano a las economías familiares, esos reportajes coincidían en proponer platos adecuados para tiempos de incertidumbre como los que tenemos encima. Cositas sencillas, vamos. De diario. Para ir tirando.

    Una receta de pescado, por ejemplo, sugería cómo lograr el sabor de la vieira, que es cara, con productos más accesibles: 150 gramos de merluza, 150 de rape, 150 de congrio y 150 de mero. Tal cual. Todo eso puesto dentro de conchas de vieira, por aquello de que comemos tanto con los ojos como con la boca. Frente a este delicioso modo de hacer frente al despilfarro doméstico, el consejo de otra revista para remontar la crisis con el estómago lleno y sin complejos tampoco tenía desperdicio: tosta de hígado de raya. Procurando, eso sí, que las cebolletas estén limpias y picadas muy finas y que las rebanadas de pan sean el doble de largas que de anchas –después de todo, la miseria no está reñida con la estética–, y que el aceite, a ser posible, sea de oliva virgen. La calidad y el amor a los suyos, oiga, aconsejan ese pequeño sacrificio. Al final, lo simple aburre, y lo barato siempre sale caro. Dicen.

    Ahí van otras sugerencias –divertidas, es el inevitable adjetivo– para jalar en condiciones sin que la economía familiar se resienta mucho: mero con cuscús, pechugas en escabeche de Módena, cerdo relleno de grumelos, sardina pertrechada con vinagreta de tomate en caliente. Etcétera. Por supuesto, los procedimientos cuentan. Nada de despachar el género con vuelta y vuelta y un sofrito guarro de tomate enlatado, o recurrir a la ordinariez de pasta, garbanzos, arroz, puré, acelgas o tortilla de patatas. La palabra crisis, el estar tieso como la mojama, no pueden ser pretextos para la vulgaridad a la hora de ponerse a la mesa. Nunca en España, por Dios. Un simple mejillón hervido con chorro de limón es intolerable por mucho que se desplome la bolsa. Lo importante es añadir tabasco a la cebolla y el tomate sin olvidar tomillo, perejil y laurel, todo bien picadito. Y en cuanto rompa a hervir el huevo, rectificar el punto de sazón e incorporar los mejillones. Por supuesto, dando un hervor al conjunto.

    Así que ya lo saben. No hay crisis incompatible con un estómago lleno, ni con el glamour de una mesa que firmarían Arzac o Ferrán Adrià. Con talento y buen ojo, todo es posible en Granada. La señora o el caballero llegan a casa, por ejemplo, después de pasar la mañana en la cola del paro o buscándose la vida con su navaja en una esquina, y con una simple lata de berberechos y los consejos de cualquier revista pueden despertar la admiración de su familia, y de paso subirse unos puntos la autoestima, cocinando, sin ir más lejos, unas almejas deconstruidas al aroma de esturión con cebollas glaseadas a la roteña con guarnición de arroz de Calasparra travestido a lo salvaje del Orinoco. Por lo menos. Así que, por mucha crisis que haya o vaya a haber –además, el Gobierno ya prepara eficaces medidas para cuando la crisis pase y sigamos siendo el pasmo de Europa–, no se disminuya, amigo. Igual hay quien lo llama gilipollas. O si es de Murcia, tontolpijo. Pero tranquilo. Si los perros ladran, es que cabalgamos. Coma usted barato, original y caliente. Sobre todo, divertido. Fashion. Y ríase la gente.

  • Diario de una Ninfómana - Diario de una prohibición

    Parece que los tiempos en los que alguien te decía como vestir, con que idioma se debe hablar, y como pensar... no quedan tan lejos, incluso... parece que siguen aquí.
    No tengo el placer de decir que he leído "Diario de una Ninfómana", pero esta claro que el cartel no es para nada provocativo y sobretodo de "dudosa legalidad"... he visto el cartel y no me han entrado impulsos criminales o de lanzarme en una vorágine de sexo descontrolado...
    Me parece muy fuerte que prohiban este cartel... al final tendremos que ir al cine a Perpinya como nuestros padres, cuando en el país mandaba la represión absoluta para los que pensaban libremente.

    La Empresa Municipal de Transportes se ha negado a promocionar la cinta en los autobuses y marquesinas por considerarla provocativa y de 'dudosa legalidad'.
    El director de la película, Christian Molina, encargado de diseñar el cartel, no ha dudado en afirmar que este veto es propio del franquismo. Cuando recibió la negativa de promocionar el filme en los autobuses decidió hacer una segunda versión, pero también fue rechazada. Entonces apostó por poner un cartel en blanco en la que sólo se leyese el título de la película, pero tampoco hubo suerte.

    "Llegué a la conclusión de que lo que les molestaba era la palabra ninfómana. Si el filme se titulara 'Diario de un asesino' no pasaría nada", se lamentó Valeria Tasso, la autora del libro en el que está basado esta producción española. Al final, el realizador ha decidido mantener el cartel original.
    Molina ha reconocido que en todas las ciudades le habían puesto pegas para incluir la publicidad en las vallas de ámbito público, pero sólo ha sido Madrid la que se ha negado definitivamente.
    El Ayuntamiento de la capital también ha dado su versión. Según el vicealcalde, Manuel Cobo, la Empresa Municipal de Transportes remitió el anuncio a Autocontrol de la Publicidad, un organismo que valora todos los anuncios (incluidos los de la televisión y prensa) antes de que se emitan. El organismo estimó que el cartel de 'Diario de una ninfómana' debería llevar el indicativo de que la película solo es apta para mayores de 13 años. Según su versión, la productora rechazó esta propuesta.
    Sin embargo, el director ha declarado que no tiene conocimiento de estos hechos;: "No me consta esa proposición", dijo. "Además, en el caso de que sí la hayamos recibido, nos lo dicen con dos días de plazo, cuando no hay tiempo de hacer otro cartel".

  • UN GUDARI DE CARTAGENA

    Colecciono combates navales desde niño, cuando mi abuelo y mi padre me contaban Salamina, Actium, Lepanto o Trafalgar, veía en el cine películas como Duelo en el Atlántico, Bajo diez banderas, Hundid el Bismarck, La batalla del Río de la Plata o El zorro de los océanos –John Wayne haciendo de marino alemán, nada menos–, o leía sobre el último zafarrancho del corsario Emden con el crucero Sidneyfrente a las islas Cocos. Dos episodios de la Guerra Civil española se contaron siempre entre mis favoritos: el hundimiento del Baleares y el combate del cabo Machichaco. Los conozco de memoria, como tantos otros. Cada maniobra y cada cañonazo. A veces, en torno a una mesa de Casa Lucio, cambio cromos con Javier Marías o Agustín Díaz Yanes, a quienes también les va la marcha aunque sean más de tierra firme: Balaclava, Rorke’s Drift, Stalingrado, Montecassino. Sitios así.

    La del cabo Machichaco es mi historia naval española favorita del siglo XX. Sé que lo de historia española incomodará a alguno, pues se trata del más gallardo hecho de armas de la marina de guerra auxiliar vasca durante la Guerra Civil; pero luego matizo la cosa. Un episodio, éste, heroico y estremecedor, que tuvo lugar el 5 de marzo de 1937 frente a Bermeo, cuando el crucero Canarias dio con un pequeño convoy republicano formado por el mercante Galdames y cuatro bous armados de escolta. La mar era mala; el Canarias, el buque más poderoso de la flota nacional; y los bous, unos simples bacaladeros grandes, armados de circunstancias. Después de incendiar uno de ellos, el Gipúzkoa, que tras combatir pudo refugiarse en Bermeo, y alejar a otros dos, el crucero nacional dio caza al mercante, que paró sus máquinas. Luego decidió ocuparse del Nabarra.

    Háganse idea. Un crucero de combate, blindado, de 13.000 toneladas, con cuatro torres dobles de 203 milímetros, capaces de enviar proyectiles de 113 kilos a 29 kilómetros de distancia, enfrentado a un bacaladero –el ex Vendaval, incautado por el gobierno vasco– de 1.200 toneladas, dotado con sólo un cañón de 101,6 a proa y otro igual a popa. El comandante del Nabarra era un marino mercante asimilado a teniente de navío, que había pasado toda su vida profesional en los bacaladeros de la empresa pesquera PYSBE, y que al estallar la contienda civil decidió seguir la suerte que corrieran los barcos de ésta. Y al verse encima al Canarias, que lo batía desde 7.000 metros de distancia con toda su artillería, decidió pelear. Puesto a ser hecho prisionero y fusilado, dijo tras reunir a sus oficiales en el puente, prefería hundirse con el barco. Todos estuvieron de acuerdo. Así que se pusieron a ello.

    Fuerte marejada. Un cielo gris, viento y chubascos. Y hombres que se vestían por los pies. Arrimándose cuanto pudo, el humilde bacaladero consiguió meterle al crucero algún cañonazo en la amura de babor y otros que le tocaron palos y antenas. Durante una hora, maniobrando entre el oleaje, el Nabarra sostuvo el fuego de un modo que los mismos enemigos –el comandante y el director de tiro del Canarias– calificarían luego en sus partes de eficaz y admirable. Al fin, el cañoneo devastador del crucero liquidó el asunto cuando un impacto directo acertó en el puente del Nabarra, matando al timonel y al segundo oficial. Otro proyectil de 203 milímetros alcanzó la sala de máquinas y destrozó a cuantos estaban allí. Ya sin gobierno, aunque disparando sin cesar, el bacaladero encajó nuevos cañonazos enemigos. Al fin, viendo imposible proseguir el combate, su comandante dio orden a los supervivientes de que intentaran salvarse, quedándose él a bordo con el primer oficial hasta que el barco estalló y se fue a pique. Sólo veinte de los cuarenta y nueve tripulantes consiguieron llegar a los botes salvavidas. El resto, comandante incluido, desapareció en el mar.

    Y ahora quiero apuntar un detalle que las fanfarrias oficiales y algún historiador de pesebre local suelen dejar de lado cuando se menciona la acción del cabo Machichaco: el comandante que de ese modo cumplió su deber y su palabra, hundiéndose con el barco después de tan atrevido combate, respetado y obedecido por sus hombres hasta el último instante de sus vidas, no era vasco. Había nacido en La Unión, Cartagena. Paisano mío. Estaba casado con una guipuzcoana llamada Natividad Arzac, hija del médico de Pasajes –una sobrina suya, Pilar Echenique Arzac, vive todavía en San Sebastián–, y peleó, como mandaban las ordenanzas, con la ikurriña izada en la proa y la bandera tricolor de la República Española ondeando en la popa, hasta que a las dos las desgarró, juntas y al mismo tiempo, la metralla del Canarias. Enrique Moreno Plaza, se llamaba el tío. Teniente de navío de la Euzkadiko Gudontzidia. Con un par de huevos exactamente donde hay que tenerlos. Acababa de cumplir treinta años.

    Por Arturo Pérez-Reverte

  • NO PUEDO CONTROLAR A ESTROS TRUHANES

    Por fin se desveló el misterio. Desde hace cuatrocientos cincuenta años, los investigadores navales ingleses se han esforzado en averiguar por qué el Mary Rose, ojito derecho de la flota de Enrique VIII, se fue a pique en el año 1545 frente a Portsmouth, durante un combate con los franchutes. En realidad ya se sabía algo: el barco no se hundió por los cañonazos enemigos, sino porque las portas de las baterías bajas estaban abiertas durante una maniobra complicada, entró agua por ellas y angelitos al cielo. Glu, glu, glu. Todos al fondo. Pero faltaba el dato clave: un estudio médico del University College de Londres –eso suena a serio que te rilas, colega– acaba de establecer la causa exacta del hundimiento. El agua entró por las portas abiertas, en efecto. Pero tan imperdonable descuido marinero fue posible porque la tripulación de esa joya de la marina inglesa no era inglesa, pese a lo que su propio nombre indica. Ni hablar. El Mary Rose estaba tripulado por spaniards. Sí. Por españoles. Naturalmente, eso lo explica todo.

    No estoy de coña, señoras y caballeros. O la guasa no es mía. Los perspicaces investigatas del University College afirman eso después de pasar veinte años estudiando dieciocho cráneos rescatados del barco. Tras concienzudos estudios antropológicos, la conclusión es que diez de esos cráneos procedían del sur de Europa, debido, ojo al dato, a la composición específica de sus dientes. Se dice, por otra parte, que Enrique VIII iba escaso de marineros cualificados y enroló a extranjeros. Así que, con aplastante lógica científica, los investigadores han llegado a la conclusión de que éstos sólo podían ser españoles. Tal cual, oigan. Ni italianos, ni portugueses ni franceses. Lo de los dientes es decisivo. A ver quién tiene el colmillo así de retorcido, o tantas caries. O tan malos dientes de leche. Vaya usted a saber. El caso es que,bueno. Blanco y en tetrabrik, eso. Leche.

    Lo más fino es la conclusión del profesor Hugo Montgómery, jefe del equipo investigador. «En el estruendo de la batalla, se habría necesitado una cadena de mando muy clara y disciplinada para cerrar a tiempo las portas», afirma este Sherlock Holmes de la osteología náutica. Y es que la palabra disciplina en boca de un inglés lo explica todo. Otra cosa habría sido que el Mary Rose hubiese estado en las competentes manos de leales súbditos británicos. No se habría hundido bajo ningún concepto. Pero a ver qué se podía esperar con una tripulación española –lo más normal del mundo, por otra parte, a bordo de un barco inglés–. O sea. Con torpes y sucios meridionales, todo el día oliendo a ajo y rezando el rosario, flojos de idiomas, que no entendían las eficaces órdenes que se les daban en perfecta parla de allí. Así, el hundimiento estaba cantado, claro. Elemental, querido Watson.

    Yo mismo, modestia aparte, también he investigado un poco el asunto. Y fíjense. No sólo coincido con las conclusiones británicas, sino que, tras estudiar con una lupa la dentadura postiza de la madre que parió al profesor Montgómery, me encuentro en condiciones de iluminar otros rincones oscuros del naufragio. Y puedo confirmar que, en efecto, así no había quien mandara un barco. Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro. «Cierren portas, voto al Chápiro Verde», ordenó entonces el almirante, algo inquieto. Entonces, desde abajo, el contramaestre, un tal Jordi, que era de Palafrugell, respondió. «Digui’m-ho an català si us plau», con lo que míster Carew se quedó de boniato a media maniobra. «Pero de qué van estos mendas» inquirió, ya francamente contrariado. Mientras tanto, los demás tripulantes, que también eran indígenas de aquí, estaban en los entrepuentes tocando la guitarra y bailando flamenco, costumbre habitual de todos los marineros españoles, sin excepción, en situaciones de peligro. Fue entonces cuando los oficiales, nativos de Bristol y de sitios así, rubios y tal, empezaron a gritar: «¡El barco zozobra, el barco zozobra!». Y abajo, algunos tripulantes, que eran tartamudos y además de Cádiz, respondieron, con palmas de tanguillo y mucho arte: «Pues más vale que zo-zobre a que fa-falte, pi-pisha». Y claro. En dos minutos, el Mary Rose se fue a tomar por saco.

    Dicen los libros de Historia que las últimas palabras del almirante Carew, antes de ahogarse como un salmonete, fueron: «No puedo controlar a estos truhanes». Pero no. Lo que realmente dijo fue: «No puedo controlar a estos hijos de puta».

    POR ARTURO PERÉZ-REVERTE XL SEMANAL

  • Otro mito que vivira en el recuerdo - Paul Newman

    Hay quien espera un nuevo Paul Newman... cuando eso no ocurrirá, esta estrella nos abandona y nos deja su gran trabajo y un legado inmortal de lo que fue un día el cine americano. Ya no volverán unos ojos azules a brillar con la misma intensidad, ahora que los de Paul estan cerrados y cualquier comparación esta fuera de lugar. Ningún actor de ahora puede compararse a él en ningún aspecto y tampoco es justo para los nuevos actores. La vida es un camino y siempre se llega a un fin, pero por suerte podremos ver parte del camino recorrido por este astro del celuloide en todos sus trabajos.
    Paul... siempre te recordaremos.



    El actor estadounidense Paul Newman falleció en Estados Unidos, anunció este sábado Vincenzo Manes, presidente de la fundación Dynamo Camp de Limestre (centro de Italia) que integra la organización internacional de solidaridad fundada por la estrella de Hollywood.

    Los presentes respondieron con un aplauso que duró algunos minutos"Esta mañana a las 7.30 (hora italiana, 5.30 GMT) recibí un correo electrónico desde Estados Unidos en el que se me informa que Paul Newman no está más entre nosotros", dijo Manes. Los presentes respondieron a la noticia con un aplauso que duró algunos minutos.

    La versión no ha sido confirmada todavía en Estados Unidos. El actor, de 83 años, estaba enfermo de cáncer de pulmón. En agosto había abandonado el hospital, donde se sometía a un ciclo de quimioterapia, porque quería pasar sus últimos días en su casa con su esposa Joanne Woodward y sus hijas.

    Esa "mujer deseada"

    Leyenda indiscutible del cine estadounidense cuyos ojos azules, posiblemente los más famosos de Hollywood y los que más suspiros provocaron, serán tan recordados como su brillante carrera.

    Eterno aspirante al Óscar, obtuvo uno honorífico por toda su carrera en 1986 y al año siguiente finalmente lo consiguió por su papel de viejo zorro del billar en "The color of money", cuando tenía 61 años y una larga carrera a sus espaldas.

    Dos premios seguidos tras siete candidaturas por "La gata sobre el tejado de zinc" (1958), "El buscavidas" (1961), "El más salvaje entre mil" (1963), "La leyenda del indomable" (1967), "Raquel, Raquel" (1968), "Ausencia de Malicia" (1981) y "Veredicto final" (1982).

    "Es como perseguir a una mujer preciosa durante 80 años", dijo el actor al recibir el premio, al que siguieron otras dos nominaciones, por "Ni un pelo de tonto" (1994) y "Camino a la perdición" (2002), su despedida del cine por la puerta grande, en un duelo interpretativo de altura junto a Tom Hanks.

    No obstante, en 2005 ganó un Emmy y un Globo de Oro por su aparición en la mini-serie para televisión "Empire Falls".

    Elegancia, masculinidad, porte, complejidad, rebeldía, honestidad y sensualidad. Y con la rara excepción de poner de acuerdo sobre ello a hombres y mujeres.

    Era, es, Paul Newman. Su primera aparición en el cine fue en El cáliz de plata (1954). Desde entonces más de 50 películas ante las cámaras le avalan y, por lo menos la mitad, auténticas joyas como para no perdérselas.

    Además de su faceta como actor, destacó como director y productor. Fue nominado al Oscar en 8 ocasiones como actor principal, 1 como actor de reparto y una más como productor. Pero sólo lo ganó una vez, en 1986 por El color del dinero, un año después de haber recibido una estatuilla honorífica.

    El impacto de gran parte de sus películas tanto entre el público como entre la crítica fue espectacular. Es difícil destacar sólo una decena, pero fácilmente podríamos recordar las siguientes:

    Marcado por el odio (Robert Wise, 1956)

    Fiel defensor del Método del Actor's Studio, su segundo largometraje como protagonista también le significó el reconocimiento internacional. Newman saltaba de la delincuencia en las calles neoyorquinas al ring para recrear la biografía de otra figura mítica, pero del boxeo, Rocky Graziano. Imprescindible también por Pier Angeli , una formidable fotografía en blanco y negro y un ritmo vibrante. Por algo su director, Robert Wise , fue el montador de Ciudadano Kane (1941).

    La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)

    Cosas que tiene Hollywood, y las grandes estrellas, a veces. Ni siquiera la rígida censura de la época, que camufló la homosexualidad de su protagonista, evitó que ésta sea no sólo una de las mejores adaptaciones de una obra de Tennesse Williams sino también uno de los grandes clásicos del cine. Temas como la familia, las relaciones paterno-filiales, el amor o la hipocresía desfilan entre la maestría de sus intérpretes y diálogos. Y un recital de Elizabeth Taylor , que recibió la noticia de la muerte en un accidente aéreo de quien era su esposo por entonces, el productor Mike Todd. Hecho que la hizo entregarse aún más al personaje.

    El buscavidas (Robert Rossen, 1961)

    Un perdedor. Un granuja que se gana la vida desplumando a los incautos que le retan en la mesa del billar. Es Eddie Felson, elevado al altar de los personajes de cine memorables por obra y gracia de un magnífico Newman. Secundado además por otras interpretaciones que rayan la perfección, como la de el Gordo de Minnesota (Jackie Gleason ), su máximo rival; o Sarah Packard (Piper Laurie ), la mujer que tal vez pueda sacarle del camino a la perdición.

    Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966)

    Su única película bajo las órdenes del maestro del suspense, en un rodaje en el que actor y director no salieron demasiado amigos. Interpretó a un físico nuclear norteamericano que, a petición de los servicios secretos de EE.UU., debe hacerse con una fórmula secreta hallada por un científico alemán al otro lado del telón de acero. Para conseguirla se hará pasar por comunista y traidor a su patria incluso ante su propia prometida (Julie Andrews ). Con éxito crítico y comercial sólo aceptable en su estreno, no está considerada como una de las obras maestras de Hitchcock . Pero contiene al menos dos momentos para recordar: lo difícil que es matar a una persona (y toda una escena de referencia, que incluso recientemente Ang Lee llegaba a homenajear en Deseo, peligro ); y la huida final en autobús.

    La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967)

    Nuevamente un rebelde a la sociedad, esta vez condenado a dos años de prisión por una minucia: romper los contadores de un aparcamiento. Paul Newman es Luke en uno de los títulos de su filmografía más amados por la crítica estadounidense. Un drama carcelario que, se haya visto o no, inmediatamente se asocia con dos secuencias de las que todo el mundo ha odio hablar alguna vez. La apuesta de Luke de comerse nada menos que 50 huevos. Y la sexy presencia de Joy Harmon , una rubia que se dedica a caldear los ánimos de los presidiarios en sus trabajos forzados al aire libre. Su especialidad, el uso de la "manguera" y el jabón para limpiar el coche. Imágenes que, por ejemplo, inspirarían infinidad de anuncios de televisión, videoclips y demás películas; además de ser considerada como uno de los momentos más tórridos del cine.

    Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969) (para mi uno de sus mejores trabajos, al lado de Robert Redford y la que más me gusta conjuntamente con el Buscavidas y la mítica el Golpe)

    Título mítico de la historia del cine, y también uno de los mayores taquillazos de los sesenta. Como no podía ser menos al reunir en la misma pantalla a Newman con otro de los grandes guapos por excelencia del celuloide, Robert Redford. Dos asaltadores de bancos en el viejo Oeste a punto de desaparecer que formarán un singular trío con Etta Place (Katharine Rose). Y una canción, Raindrops Keep Fallin' on My Head, compuesta por Burt Bacharach, convertida en un himno a la libertad y al gozo de vivir el momento.

    El golpe (George Roy Hill, 1973) (Buf!!! la mejor, sigo mirando esta película una y otra vez y sigo disfrutando igual que cuando era un niño).

    La legendaria pareja protagonista de Dos hombres y un destino, Newman y Redford, volvería a unir sus fuerzas para esta original, divertida y enrevesada trama de engaños que inspiraría en parte a la saga de Ocean's Eleven de Steven Soderbergh . El Chicago de los años treinta y el mundo de los gangsters desde una óptica totalmente distinta, un guión excelente y un final absolutamente sorprendente. Banda sonora adaptada por Marvin Hamlisch igualmente inolvidable.

    Veredicto final (Sidney Lumet, 1982)

    David contra Goliat, o Frank Gavin, un veterano abogado que ha conocido tiempos mucho mejores, retomando el pleito más importante de su carrera, el de enfrentarse a las grandes corporaciones, en este caso un hospital denunciado por un error médico. El Newman más maduro aportó la sexta nominación como actor de su carrera. Pero la estatuilla volvió a escabullirse yendo a parar a manos de Ben Kingsley y su Gandhi en el film de Richard Attenborough .

    El color del dinero (Martin Scorsese, 1986)

    Anulando el dicho de "Segundas partes nunca fueron buenas", y validando lo de "A la segunda fue la vencida", obtuvo finalmente el Oscar al mejor actor (a los ¡61 años!) la segunda vez que se puso en la piel de Eddie Felson. Aquí ya retirado de la profesión, de buscavidas del billar, y regentando cómodamente una licorería hasta que se cruce en su camino un nuevo desafío, un joven que puede seguir sus pasos como el mejor empuñando un taco o y embaucando a sus contrincantes. Un muchacho llamado Vincent, con el rostro del por aquel entonces todavía una firme promesa de la interpretación, Tom Cruise. Una secuela dirigida con mano maestra por Scorsese.

    Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)

    Si su último trabajo para la gran pantalla fue poner la voz de ese auto, vieja gloria de las carreras, en la película de animación Cars , de John Lasseter, cuatro años antes lo vimos en su obra póstuma en carne y hueso. Fue como jefe de la mafia irlandesa en Rock Island. Un hombre paternal y protector pero también implacable y despiadado, aunque se trate de perseguir a aquel a quien ama como si fuera su propio hijo, Michael Sullivan, encarnado por el doblemente oscarizado Tom Hanks . El momento: aquel en que Hanks y Newman se marcan un dúo al piano.

    Y un recuerdo también para: El largo y cálido verano (1958), Éxodo (1960), Dulce pájaro de juventud (1962), El premio (1963), Harper, investigador privado (1966), Hombre (1967), Casta invencible (1971), El juez de la horca (1972), El coloso en llamas (1974), Buffalo Bill (1976), Ausencia de malicia (1981), El gran salto (1994), Ni un pelo de tonto (1994), Al caer el sol (1998)...

  • SOBRE PALOS Y VELAS

    El asunto es conocido, así que ahorro nombres y detalles: un caballero acude en socorro de una mujer a la que maltratan, el maltratador le da una paliza que lo deja a las puertas de la muerte, y la maltratada se pone de parte del maltratador. En el fondo es buen chaval, argumenta la churri. A ver quién le ha dado al otro vela en el entierro.

    Algunos creerán que eso es raro, pero no lo es. El arriba firmante, por ejemplo, tuvo en otro tiempo oportunidad de presenciar dos situaciones parecidas, una como testigo y otra como estrella invitada, a medias con el rey del trile, Ángel Ejarque Calvo. La primera fue durante un reportaje nocturno en los barrios duros madrileños, allá por los ochenta. Avisada la policía de que un tío le estaba dando a su legítima las suyas y las del pulpo, acudió una patrulla. Y cuando redujeron al fulano, poniéndole unas esposas, la mujer, a la que el otro había puesto la cara guapa, se revolvió como una fiera contra los maderos. «¡Dejadlo, dejadlo, hijos de puta! –gritaba desgañitándose–. ¡Dejadlo!»

    La segunda vez salía de calzarme unas garimbas con Ángel en las Vistillas –acababan de soltarlo del talego–, cuando nos topamos con un jambo que le daba fuertes empujones a una mujer contra el capó de un coche, mientras discutían. Le afeamos la conducta y se nos puso bravo. Ángel –hoy honrado currante y abuelo múltiple–, que fue boxeador y todavía entrenaba en La Ferroviaria, lo miró fijo y muy serio, calculando en dónde iba a calzarle la hostia. Y en ésas se nos rebotó la torda. «¿Pa qué os metéis vosotros?», preguntó. Me encogí de hombros y le dije a mi plas: «Tiene razón, colega. ¿Pa qué nos metemos?». Y Ángel, que siempre rumia las cosas muy despacio y todavía andaba mirándole el hígado al otro, levantó una ceja y dijo: «Vale». Y nos fuimos. Y al rato, después de pensarlo un rato, concluyó, filosófico: «Sarna con gusto no pica, colega».

    Podría contarles más bonitas y edificantes historias como ésas, y no sólo de individuos e individuas. También entre pavas se dan su ajo. Tengo una preciosa sobre una conocida feminata que varea con frecuencia a su pareja, y la otra sigue allí, encantada, mientras ambas denuncian con mucho garbo y energía el machismo repugnante de la sociedad española. Pero a estas alturas del artículo ustedes habrán captado el fondo del asunto, resumible en lo de Ángel: leña con gusto no duele. La existencia de ciertos verdugos –no todos, pero sí algunos– sería imposible sin la complicidad activa o pasiva de ciertas víctimas. Sobre eso de las complicidades conozco, casualmente, otra interesante historia doméstica, que concluyó cuando él se despertó a media noche, se la encontró sentada en el borde de la cama, mirándolo, y ella dijo: «La próxima vez que me pongas la mano encima, borracho o sobrio, te corto la garganta mientras duermes». Y no volvió a tocarla, oigan. El tío machote.

    De cualquier modo, ya no es como antes. Es verdad que hay muchas mujeres en España que siguen siendo rehenes de una sociedad opresiva, perversa, y también de sí mismas. Para ellas poco ha cambiado desde los tiempos en que la familia aconsejaba tragarlo todo por el qué dirán, y el confesor –infalible pastor de cuerpos y almas– recetaba resignación cristiana y oraciones pías. Es cierto también que el ser humano es muy complejo, y no resulta fácil ponerse en el lugar de una mujer maltratada, a menudo sola y desprovista de apoyos y consuelos, o considerar el proceso de destrucción interior, en ocasiones imperceptible para ellas mismas, al que muchas mujeres inteligentes y capaces se ven sometidas en el matrimonio o la vida en pareja. También es verdad que cuando una mujer se enamora hasta las cachas puede volverse, a veces, completamente gilipollas –«En llegando a querer, y más, doncella, / su honor y el de los padres atropella», decía Lope, llevando el intríngulis a otros pastos–. Todo eso es cierto; pero también lo es que hoy tenemos televisión, periódicos, información circulando por todas partes. Y leyes adecuadas. La ignorancia, el miedo, el amor desaforado, ya no son excusas para ciertos comportamientos y tolerancias.

    Cualquier mujer, hasta la más ignorante o estúpida, sabe ahora cosas que antes no sabía. O puede saberlas, a poco que mire. Por eso es tan irritante observar en los hombres, adultos o niños, actitudes que a menudo son sus mismas mujeres, madres, hermanas, esposas, las que las transmiten, alientan y justifican. Es como lo del pañuelo o el velo islámico. Cada vez que veo por la calle a una pava velada con niños pequeños me pregunto hasta qué punto no será culpable, en el futuro, del velo de esa hija y del comportamiento de ese hijo. Poca diferencia encuentro entre la mujer que disculpa al hombre que le sacude estopa y la que afirma llevar el hiyab en ejercicio voluntario de su libertad personal. En tales casos, igual que mi colega Ángel aquella noche en las Vistillas, no puedo menos que pensar: sarna con gusto no pica, colega. Que cada palo aguante su vela. Que cada velo aguante su palo.

    POR ARTURO PÉREZ-REVERTE

  • Simpáticos, los imbéciles (por Arturo Pérez-Reverte)

    Hace muchos años, cuando algún cantamañanas intentaba hacerse socialmente grato con zalemas y sonrisas, un familiar muy cercano y muy querido solía comentar aparte, en tono ecuánime, dirigiendo a veces una sonrisa cortés al interesado: «Es simpático, el imbécil». Me ha recordado eso la última campaña de consejos automovilísticos en autopistas y autovías españolas. Había allí mensajes razonables, por supuesto. Informativos y útiles. Pero uno de ellos me hizo recordar la frase familiar. El mensaje era «Gracias por no correr». Cada vez que lo veía en un paso elevado o una curva, me acordaba de aquello. Son simpáticos, me decía. Los imbéciles.

    Es como para echar la pota, creo, lo mucho que a la autoridad competente, sea la que sea, le gustan esas cosas: gracias por no correr, por no robar, por no matar a nadie. Gracias por ser buen chico, como nosotros. Por ser una criatura chachi y solidaria, a tono con los tiempos. Por eso funcionan tales simplezas, supongo, y nos adaptan a ellas la política y la vida. Incluso hay quien vive de eso: de que parezca que las cosas realmente son así y es posible vivir en una permanente gilipollez; creyendo que dar las gracias por no correr, por ejemplo, basta para que todos seamos mejores y nos queramos más. Para justificar un sueldo, o veinte millones de votos. Gracias por no correr, gracias por no conducir mamado, gracias por no reventar al prójimo, gracias por no asesinar a nadie hoy. Por jugar con nosotros al buen rollito, colega. Por no pasar de ciento veinte kilómetros por hora. Tan agradecidos estamos, oyes, que en el próximo control de la Guardia Civil, los Picoletos sin Fronteras te van a dar un beso en la boca. Smuac. Por bueno, chaval. Por obediente. Y luego se van a poner a cantar y a bailar contigo en mitad de la carretera, igual que en Siete novias para siete hermanos, mientras los demás conductores pasan alegres como en los finales de comedia sentimental americana, sonríen solidarios y tocan el pito, felices, chorreando mermelada.

    Pues no, oigan. Discrepo. En lo que a mí se refiere, cuando voy por la carretera con un ojo en el velocímetro y otro en los innumerables hijos de puta que pasan a ciento ochenta, no quiero que los paneles me den las gracias por no correr ni por ninguna otra maldita cosa. Nadie va más despacio por eso. Lo que necesito, si se me calienta el acelerador, es que alguien con autoridad, en los paneles o en donde sea, me advierta de que si meto la gamba me va a crucificar en cinemascope. Sin piedad. No quiero sonrisitas, guiños y achuchones afectuosos, sino que me pongan las cosas claras. «Si corres, te vas a romper los cuernos», por ejemplo, da poco lugar a equívocos. «No te pases un gramo, que te lo pesan», es otra posibilidad. Sin excluir «Como vayas rápido, te metemos el carnet por el ojete», «Recuerda que tu futura viuda todavía está potable» o «Como te pillemos borracho vas a jiñar las plumas, cabrón». Cosas así, vamos. Directas. Elocuentes.

    Y es que, oigan. Nada más cursi y empalagoso que el Estado cuando se pone en plan simpático, o lo pretende. Porque el Estado no puede ser simpático nunca. Lo suyo es recaudar, reprimir, organizar. Dar por saco. El Estado es el mal necesario, a menudo en manos de golfos innecesarios. Intrínsecamente antipático hasta las cachas. Así que no veo por qué sus ministerios, direcciones generales o quien sea, deben componer sonrisitas cómplices a mi costa. En lo que al arriba firmante se refiere, el Estado puede meterse el paternalismo amistoso en la bisectriz. Cada uno en lo suyo, qué diablos. Respetar las limitaciones de velocidad no es algo que un panel de Tráfico deba agradecerme. Es mi seguridad y la de otros. Si cumplo, soy un fulano prudente y razonable. Si no, soy un irresponsable, un cretino y un desalmado, acreedor a un funeral prematuro o a que me sacudan en la cresta con todo el peso de la ley. Punto.

    En un mundo ideal, tipo bosquecito de Bambi, todo eso estaría de perlas. Valses de la Cenicienta, ya saben. Eres tú el príncipe azul. Pero éste es el mundo real. La peña sólo respeta al prójimo cuando no cuesta esfuerzo ni dinero; en lo otro va a lo suyo. No hay más eficaz apelación a la conciencia de un ciudadano que prevenirlo por el artículo catorce: si delinques, te molemos a hostias. Lo demás es demagogia, buenismo idiota y milongas. Y además es mentira. Las gracias por no correr pueden y deben dárselas los conductores unos a otros en la carretera. Ellos sí, naturalmente. Pero una Dirección General de Tráfico, o quien sea, no tiene por qué. Que se ocupe de sus asuntos y nos evite frasecitas chorras que insultan la inteligencia de quien las lee. Lo que tienen que hacer los Estados y los gobiernos, y aquel a quien corresponda, no es derrochar cariñitos, sino eficacia: guardias civiles que inspiren respeto y radares que trituren carnets. Machacar al infractor, como es su obligación, y ahorrarnos simpatías imbéciles.

  • ¿¿¿GHOSTBUSTERS 3 ????

    Los 'Cazafantasmas' podrían reunirse de nuevo. Dentro de la fiebre de regresos ochenteros que inunda Hollywood --de la que ya han sido víctimas 'Indiana Jones', 'Rambo' o 'Rocky' y de la que pronto también lo serán 'Robocop' y 'Superdetective en Hollywood'-- Bill Murray, Harold Ramis, Ernie Hudson y Dan Aykroyd podrían volver a cazar ectoplasmas en la gran pantalla 25 años después.
    Fue Aykroyd, autor junto con Ramis de los guiones de las dos primeras películas, el que dejó abierta la puerta a una nueva entrega de la saga. "Bueno, dos jóvenes guionistas están escribiendo 'Cazafantasmas 3'. Si le interesara a Seth Rogen ('Supersalidos', 'Virgen a los 40') y Judd Apatow sería un sueño estar allí", afirmó en una entrevista concedida a E-OnLine con motivo de la presentación del nuevo videojuego de Los 'Cazafantasmas'.

    Pero parece que los sueños del veterano actor finalmente no se verán hechos realidad ya que Columbia Pictures sí está dando los primeros pasos para resucitar la saga, pero no en la dirección que le gustaría a Aykroyd. Según informa 'Variety' en una información publicada en su edición digital recogida por otr/press, el estudio ha contratado a los guionistas de la exitosa serie 'The Office', Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky para escribir, la tercera película de 'Los Cazafantasmas'.
    Ambos han escrito el guión de 'Year One', una comedia que protagonizarán Jack Black y Michael Cera y que, precisamente, dirigirá uno de los cazafantasmas, Harold Ramis. Unos lazos que podrían ser la llave que intentará utilizar Columbia para que el reparto original vuelva a la franquicia.
    Con más de 500 millones de recaudación los 'Cazafantasmas' se convirtieron con tan solo dos entregas en una de la sagas más taquilleras de los años ochenta cuyas aventuras, estética, logotipo y banda sonora marcaron a toda una generación.

  • La intimidad de los famosos

    RECICLAJE, AYUNTAMIENTO Y RATAS DE BASURERO

    Voy a ganarme a pulso una bronca ecológica, incluida mi guerrera del arco iris particular; pero uno está curtido en broncas, adversidades y otros etcéteras, así que asumo las consecuencias sin complejos. Y es ello que acabo de enterarme de que, en la Comunidad de Madrid –supongo que como en otras comunidades, más o menos–, cuatro de cada diez ciudadanos sacan la basura sin separar los materiales orgánicos de los reciclables. O sea: que para buena parte de los madrileños, y supongo, tirando por elevación, de los españoles en general, la variedad de colores que adorna los cubos de basura –envases, papel, materia orgánica y todo eso– no sirve más que para darle variedad cromática al asunto. 62.532 fotografías de contenedores frente a 13.000 edificios capitalinos, en una inspección que ha costado la respetable cifra de 390.000 mortadelos, permiten llegar a la conclusión de que así están las cosas. Y de que los ciudadanos somos unos desaprensivos que nos pasamos por la bisectriz la ecología y las ordenanzas municipales y de la CEE.

    Esto último es muy probable. Sin necesidad de inspecciones y conociendo el percal, esa cifra de que sólo no reciclan cuatro de cada diez pavos y pavas me parece demasiado optimista. Y sorprendente, habida cuenta de dónde estamos, y con quién nos las tenemos, en este bebedero de patos donde todo cristo, desde los ministerios de Sanidad o Fomento hasta la concejalía de ruidos y basuras de San Crescencio del Rebollo, con tal de salir en el telediario, vomitan leyes, normativas, disposiciones y ordenanzas hasta aburrir a las ovejas, sin poner luego, por supuesto, los medios adecuados ni hacer el menor esfuerzo para aplicarlas, o para asegurarse de que se aplican sin picaresca ni golferías. Como dice un compadre mío que es medio franchute y medio alemán: «En Espania tenéis más leies que en toda Eugopa gunta, pego nadie las cumple». Así que permitan que les cuente un caso particular, casi íntimo, después de hacer una confesión melodramática y casi chulesca: yo no reciclo. O, para ser más exactos, llevo algún tiempo sin hacerlo. Y voy a contarles por qué.

    Desde hace la tira, en mi casa hay cuatrocientos ochenta y seis cubos de basura con colores distintos, en los que siempre se hizo una minuciosa selección de materiales: envases, plásticos, papel, etc., incluso antes de que el ayuntamiento responsable dispusiera en las proximidades el equivalente en contenedores apropiados. De papel, sobre todo, entre correspondencia, folios y borradores descartados, envoltorios de paquetes de libros, revistas, periódicos, folletos y cosas así, se despachaban cada día muchos kilos debidamente apartados, limpios y listos para reciclar. Y todo ocurrió así, con exactitud prusiana y ejemplar ciudadanía, hasta que hace poco llegó a mi conocimiento que un par de miserables traperos que se dicen libreros o intermediarios tienen puesto a la venta parte de todo eso que, en mi virginal inocencia, envié al reciclaje: páginas de textos con correcciones manuscritas, correspondencia privada y hasta invitaciones a tal o cual acto presidencial, real, ministerial, social o literario; de los que, por cierto, debe de haber tarjetones a cientos, pues nunca voy a ninguno. Al principio, cuando logré cerrar la boca abierta por el asombro y después de estar un rato mirándome en el espejo la cara de gilipollas, pensé echarles encima a los responsables todo el peso de la dura lex, sed lex, ya saben. El juez Garzón y todo eso. Pero luego consideré que en España no merece la pena, de momento, legar pleitos a tus nietos. Así que, hechas mis averiguaciones para reconstruir el proceso, y como a fin de cuentas todo aquel papelorio no era sino basura sin importancia, decidí tomarlo con calma y a la expectativa, cual francotirador paciente detrás de la escopeta, en espera de que se presente la ocasión personal de toparme a una de esas ratas de cloaca e incrustarle los borradores de mis obras completas, previamente bien enrollados y a hostias, en el esófago. En cuanto al ayuntamiento de donde vivo y a la empresa contratada responsable, que defraudando mi buena fe –imagino que no sólo hurgarán en mis papeles, sino también en los de otros vecinos–, son incapaces de garantizar el buen uso de mis desechos domésticos, y con su complicidad pasiva –o activa, cualquiera sabe– permiten que mi vida privada sea puesta en pública almoneda, lo que hago ahora es meter toda la basura bien mezcladita, papeles, fideos, aceite de latas de sardinas, tomates pochos y demás, con las siglas QLRVPM pintadas en las bolsas con rotulador: Que Lo Recicle Vuestra Puta Madre.

    Firma de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal 18-3-2007

  • Paul Newman - Una estrella que se apaga

    Tras terminar su tratamiento de quimioterapia, las noticias para el mítico actor Paul Newman no son muy esperanzadores, ya que, según una fuente cercana a la estrella, los médicos le han dado como esperanza de vida apenas unas semanas. Ante esta situación, el protagonista de 'Harry e hijo' ha pedido a su familia que le dejen morir en casa para poder estar rodeado de sus recuerdos y de sus seres queridos en un momento tan difícil.

    A sus 83 años, Newman ve cómo su vida se acerca a su final, después de que un cáncer de pulmón le ganara la batalla. Y para cuando llegue ese momento, en unas semanas según los médicos, el intérprete quiere que todo sea en la intimidad y no en la fría habitación de un hospital. Así, hace unos días salía acompañado de su mujer y sus hijos del 'Weill Cornell Medical Centre' en Nueva York, en donde permanecía ingresado, visiblemente flaco y frágil y en silla de ruedas.

    "Paul no quería morir en el hospital y su mujer Joanne y sus hijas están a su lado", señaló una fuente al periódico británico 'Daily Mail', en una información recogida por otr/press. Según esta misma fuente, Newman creyó que éste era el mejor momento de regresar a su hogar, después de haber organizado todos sus asuntos antes de morir.

    Precisamente, se ha hablado mucho sobre cuáles serían las últimas voluntades del oscarizado actor, ya que se dijo que hubo tensión entre sus hijas en torno a la herencia de su gran fortuna. Además, se hizo público que Newman donó su Ferrari de competición con el número 82 a un viejo amigo, algo que no sentó bien a su prole. Sin embargo, el conquistador de los años 60 estuvo en todo momento arropado por todas ellas en su dura decisión de volver a casa en estos momentos y parece que su relación es cordial a pesar de los rumores.

    UNA LEYENDA DE HOLLYWOOD

    Newman se casó por segunda vez con su actual esposa antes de convertirse en una estrella, en 1958, con la que tuvo tres hijas (tiene otras dos de su primer matrimonio). A partir de entonces comenzó su andadura en la industria hollywoodiense, tras su gran éxito con la película 'La gata sobre el tejado de Zinc', una trayectoria que culminaría en 1985 tras ganar el Oscar Honorífico, a pesar de que continuaría con su carrera unos cuantos años más.

    Fue el pasado mes de enero cuando comenzaron los rumores sobre su estado de salud, tras aparecer en los medios con un aspecto bastante demacrado, y aunque en un principio desmintió una posible enfermedad terminal, finalmente confirmó que padecía cáncer de pulmón.

    --------------------------------------------------- --------------------------------------------------- --------------------------------------------------- -
    OPINIÓN PERSONAL:

    ¿Quien és Paul? ....
    Para mi es una leyenda... uno de los últimos exponentes del cine, alguien que se creo a si mismo, un mito. A su lado Kirk Douglas, Marlon Brandon .... todos poco a poco nos dejan o estan a punto de hacerlo.
    No dudo ni por un instante que la pantalla del cine estara algo más vacía sin tú preséncia, todo será distinto...
    Junto con Robert Redford formo una de las parejas más electrizantes del cine y eso que sólo participaron en un par de trabajos, "El Golpe" (¡es magnifica!) y la inolvidable "Dos Hombres y un Destino", un clásico del western...Los últimos años apenas aparecío en la gran pantalla... pero sigo disfrutando con su trabajo, en "El golpe", o como caradura en "El castañazo" y bandido en "Dos Hombres y un Destino"... siempre vivirá... eternamente.

    INFORMACIÓN SOBRE PAUL NEWMAN
    Hijo de padre de origen judeo-alemán y madre católica con raíces húngaras, cursa sus estudios elementales en "Malven Grammar School" y en "Shaker Heights School". En 1942 ingresa en el Kenyon College universitario y, al año siguiente, se alista en la Marina. En las bases de Okinawa y Guam cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945. Tras servir en la marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a Kenyon, donde se graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano.

    Carrera dramática
    Inicios en el teatro
    Atraído por la interpretación se unió a una compañía de teatro de Illinois, la "Woodstock Player's", donde trabajaba la que sería su primera esposa, Jacky Witte, madre de sus hijos Scott, Susan y Stephanie, y de quien se divorció en 1958, tras nueve años de matrimonio. Newman estudió interpretación en la prestigiosa Universidad de Yale y en el no menos mítico Actor's Studio de Lee Strasberg en Nueva York, donde coincidió con otras jóvenes promesas que tambien se hicieron un nombre en el cine de Hollywood: James Dean, Steve McQueen, Lee Remick, Geraldine Page, etc. En 1953 debutó en Broadway con la obra de William Inge Picnic, que permaneció catorce meses en cartel.

    La torre Harkness de la Universidad de Yale

    Carrera cinematogràfica
    Tras varios papeles de extra, figurante esporádico y secundario con poco papel en varias series de la TV norteamericana ("Suspense" en 1949, "The web" en 1952), prueba suerte en el cine. Su primera película, The Silver Chalice ("El cáliz de plata" 1954) de Víctor Saville, cinta bíblica de lujosa producción y regulares resultados a nivel de crítica y público en su estreno donde compartía cartel con Pier Angeli o Virginia Mayo, ha sido descrita por el propio Newman como "la peor película de la década". Su primer éxito le llegó dos años después con un film de enorme repercusión a nivel internacional: Marcado por el odio (1956) de Robert Wise, en la que encarnó al boxeador Rocky Graziano en un papel al que también optaba Steve McQueen, y brillaba con una interpretación bastante notable al lado de dos jovencísimos Pier Angeli y Sal Mineo. Ese mismo año, logra destacar en un film de ambiente judicial basado en una obra teatral que se apunta al éxito de Traidor en el infierno de Billy Wilder: se trata de la notable Traidor a su patria (de Arnold Laven, donde Newman trabaja con Walter Pidgeon y Wendell Corey en una trama de traiciones en el ámbito del espionaje militar. En 1957 repite con el director Robert Wise en un melodrama criminal donde comparte cartel con dos bellísimas Joan Fontaine y Jean Simmons: se trata de Mujeres culpables, en su momento no estrenada en cines en Europa pese a su indudable atractivo; y también en ese año estrena la biografía musical de la cantante Helen Morgan (que luchó por salir del alcoholismo estando en la cumbre de su carrera) titulada Para ella un solo hombre (de Michael Curtiz), al lado de la recordada actriz Ann Blyth.

    Tras esta cinta, Newman rueda cuatro films importantes que se estrenan en 1958: La gata sobre el tejado de zinc (de Richard Brooks), adaptación de la espléndida obra teatral de Tennessee Williams que marcó toda una época y que pone al actor en el "mapa" de la industria cinematográfica estadounidense por su impecable encarnación del atormentado hijo de un rico empresario enfermo, por su perfecta química en pantalla con una turbadora Elizabeth Taylor, y por no dejarse robar ningún plano frente a característicos del talento de Burl Ives o Jack Carson; El zurdo (de Arthur Penn), revisión desmitificadora del legendario Billy el niño que solo triunfó en Europa pero que hoy es considerada película de culto y donde el actor realiza una composición bastante acertada; El largo y cálido verano, drama sureño nuevamente basado en Tennessee Williams y de generoso presupuesto, donde Newman trabaja por primera vez con Martin Ritt -uno de sus directores favoritos y cómplice de buena parte de su carrera profesional- y con la bella Joanne Woodward (que acababa de ganar el Oscar a la mejor actriz dramática por una memorable interpretación de mujer con desdoblamiento de personalidad en el clásico Las tres caras de Eva (1957, de Nunnally Johnson), de la que se enamora, además de compartir secuencias con sólidos compañeros como Orson Welles, Tony Franciosa, Angela Lansbury y Lee Remick; y Un marido rico (de Leo McCarey, comedia fresca y agradable pero no muy redonda, no especialmente recordada hoy, a no ser por la presencia de una exuberante Joan Collins).

    En 1959 estrena un melodrama convencional y poco visto pero digno de atención (La ciudad no es para mí, de Vincent Sherman), y al año siguiente vuelve a trabajar con Joanne Woodward en un melodrama de mayor relieve pero mediano éxito (Desde la terraza de Mark Robson, en el que ambos coinciden con Myrna Loy y Peter Lawford). No obstante, vuelve a dar en la diana cuando entra en el reparto de una de las superproducciones más costosas y famosas de la historia: la adaptación del best seller de Leon Uris Éxodo (1960) que produce y dirige el célebre cineasta Otto Preminger. Aunque tachada de sionísta por algunos, la cinta logra recrear en parte la realidad de la creación del Estado de Israel tras la 2ª Guerra Mundial, y cuenta con inolvidable reparto: Eva Marie Saint, Ralph Richardson, Sal Mineo,...

    1961 parece dar un revés a la joven estrella, al estrenar dos cintas que pasan sin pena ni gloria: por un lado, la célebre pero en su momento algo incomprendida El buscavidas de Robert Rossen, una de las mejores muestras del llamado "cine de perdedores" en la que tanto Newman como Piper Laurie, George C. Scott y Jackie Gleason logran magistrales actuaciones; y por otro, su segundo film con Martin Ritt donde encarna a un joven músico de jazz que viaja a París con un compañero (Sidney Poitier) y ve actuar al mismísimo Louis Armstrong: Un día volveré, film de poca solidez narrativa y dramática pero que conserva cierto encanto. Pero, desde 1962 en adelante, Newman va encadenando un éxito tras otro, en títulos destacados como Dulce pájaro de juventud (Nueva adaptación de Tennessee Williams que supone para Newman reencontrarse con el gran director y guionista Richard Brooks, y que pese a las imposiciones de la censura norteamericana para con el texto original le permite ofrecer una de sus mejores interpretaciones, sin desmerecer a sus compañeros de cast -entre los que sobresalen Shirley Knight, Geraldine Page y Ed Begley-), Cuando se tienen veinte años (De nuevo a las órdenes de Ritt en una de sus colaboraciones más famosas, donde el actor comparte protagonismo con Richard Beymer), Hud (1963, de nuevo bajo las órdenes de Martin Ritt y acompañado de los consagrados Patricia Neal y Melvyn Douglas en un drama psicológico enclavado en un ambiente rural y enmarcado en el mundo de los perdedores que tiene alcance), Samantha (Comedia ligera dirigida por Melville Shavelson donde vuelve a coincidir con su ya esposa Joanne Woodward, y con una estupenda Thelma Ritter en esta especie de versión del clásico de Vincente Minnelli Mi desconfiada esposa (1958), El premio (Cine de intriga claramente influenciado por el estilo de Alfred Hitchcock basado a su vez en un best seller de la época, realizado por Mark Robson y co-protagonizado por una deliciosa Elke Sommer) y Cuatro confesiones (de nuevo con Martin Ritt y con un completo reparto encabezado por Edward G. Robinson, Laurence Harvey y Claire Bloom, versionaba el clásico de Akira Kurosawa Rashomon con resultados globales netamente inferiores).

    Su consagración definitiva como estrella de Hollywood se da en 1966 con su participación en una superproducción de cine negro que hace historia: Harper, detective privado (de Jack Smight supone una renovación formal y estilística de un género ya en decadencia pero que este film actualiza y reinventa -e inicia un subgénero que recoge Frank Sinatra en su trilogía sobre el detective Tony Rome en Hampa dorada, El detective y La mujer de cemento-, es uno de los films más taquilleros del año en medio mundo, y la crítica internacional arropa un film brillante que contaba tambien con Lauren Bacall, Shelley Winters, Janet Leigh, Arthur Hill, Robert Wagner, Julie Harris... Ese mismo año, Newman rueda su único film con Alfred Hitchcock: Cortina rasgada, al lado de Julie Andrews, que supone un fracaso comercial bastante inmerecido y que cuenta una interesante trama al hilo de la Guerra Fría. De aquí en adelante, la carrera del actor se consolida con películas de renombre y otras menos logradas pero de buena acogida: Un hombre de Martin Ritt (western psicológico donde Newman tiene un inolvidable duelo interpretativo con Fredric March y Richard Boone), La leyenda del indomable de Stuart Rosenberg (primer título del actor con este director, que será uno de sus talismanes en los 70, y todo un clásico del género carcelario de todos los tiempos, donde el actor queda inmortalizado para la Historia del cine junto a George Kennedy, Jo Van Fleet o Strother Martin), Rachel, Rachel (que supone su debut en la dirección, y una de las mejores radiografías de la condición femenina en la Norteamerica profunda, y otorga a Joanne Woodward una de sus mejores creaciones), Dos hombres y un destino de George Roy Hill (primera reunión de Newman con este director y con Robert Redford para uno de los films clave de los 60 que revisitaba e innovaba en el western crepuscular y lograba uno de los mayores taquillazos de la década, suponía el descubrimiento de la malograda Katharine Ross y arrasaba en la entrega de los Oscar), 300 millas de James Goldstone (reuniéndose de nuevo con su esposa en un film de carreras de coches que se apuntaba a la moda iniciada desde Aquellos chalados en sus locos cacharros en 1963 o La carrera del siglo en 1964), Comando secreto de Jack Smight (mediocrillo thriller británico donde Newman sale airoso junto a Andrew Duggan y Sylva Koscino frente a un guión bastante flojo), Un hombre de hoy de Stuart Rosenberg (su peor película pese a trabajar con su esposa y la inevitable química entre ambos), Casta invencible (su segundo film como realizador, logrado drama familiar con los rostros de Henry Fonda, Lee Remick, el hoy olvidado Michael Sarrazin y el propio Newman), El juez de la horca de John Huston (en su primer encuentro con este enorme director, en un remake de la legendaria y magistral El forastero de William Wyler de 1940, en compañía de una madura pero todavía sabrosa Ava Gardner), Los indeseables de Stuart Rosenberg (western otoñal infravalorado por la crítica, donde Newman trabajaba con Wayne Robson y Lee Marvin en un film luego imitado hasta la saciedad), El golpe de George Roy Hill (que supone la segunda película de Newman-Redford y todo un fenómeno social en el momento de su estreno, basado en una obra teatral de prestigio), y El hombre de Mackintosh de John Huston (thriller casi británico no maravilloso pero redimido por la actuación de Newman, James Mason y la fascinante Dominique Sanda). Punto y aparte merece su tercera película detrás de las cámaras: El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, de nuevo con Joanne Woodward como protagonista absoluta, supone el reconocimiento de crítica y público a nivel internacional y su entrada en la Historia del séptimo arte en labores de autoría.

    La madurez interpretativa del actor llega con su aparición en la superproducción que, junto a la anterior Aeropuerto de 1970, inicia el subgénero de cine catástrofe: El coloso en llamas (1974), de Irwin Allen y John Guillermin, al lado de otras estrellas como Steve McQueen, Faye Dunaway o Richard Chamberlain. Su siguiente proyecto es una secuela de "Harper" que tiene buen tono narrativo: Con el agua al cuello (de Stuart Rosenberg). Sin embargo, con este film se inicia una especie de declive en la carrera del intérprete, y la calidad de sus films posteriores empieza a ser más irregular: Buffallo Bill y los indios (1976), bajo las órdenes de Robert Altman, divide a crítica y público pese a conseguir el Oso de Oro en el Festival de Berlín y a la innegable calidad de algunas escenas y a su gran reparto (Joel Grey, Geraldine Chaplin, Harvey Keitel,...; El castañazo (1977), de George Roy Hill, sólo consigue atrapar al público medio con una historia sobre el hockey donde Newman depura su método interpretativo para los papeles ligeros y brilla al lado de Melinda Dillon y Michael Ontkean; El día del fin del mundo (1980), de James Goldstone, intenta resucitar un cine de drama-catástrofe que empieza a caer en el olvido con Newman, William Holden, Jacqueline Bisset y Burgess Meredith como mayor reclamo; Distrito apache: el Bronx (de Daniel Petrie), es un mero vehículo de lucimiento para el actor, de convencional trazado pero con un par de escenas memorables y excelente interpretación de Edward Asner; el telefilm La caja oscura, que continua su línea de cine comprometido en la dirección, esta vez tratando la historia de las personas que sufren enfermedades mentales; y Ausencia de malicia (1981), de Sydney Pollack, drama político donde Newman borda en un cambio de registro un papel de (presunto) cínico-liberal-corrupto emparejado a la siempre destacada Sally Field.

    En 1982 el cotizado actor resurge para ofrecer una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, nominación al Oscar incluída, en la fenomenal Veredicto final de Sidney Lumet. Basada en un guión de David Mamet y con estructura teatral, Lumet construyó una pieza de enorme solidez, contundente y patética que deslumbra por su sencillez narrativa, los grandes trabajos de dos inmensos Charlotte Rampling, Jack Warden, James Mason y Milo O´Shea y su confeso coqueteo con el eterno cine de perdedores, tan querido por el cine norteamericano clásico. La historia de un abogado fracasado que se encuentra con un caso fácil en apariencia pero con trasfondo de poder -sin comparar con cómo se hubiese rodado en plan telefilm de sobremesa-, logra conmover de principio a fin. Tras este alabado papel, Newman reactiva su carrera y logra la respetabilidad definitiva con Harry e hijo (parcial autobiografía en sus relaciones con su hijo mayor, con el que salda cuentas a través de la realización del film) y, sobre todo, con la revisitación de "El buscavidas" que Martin Scorsese le brinda en 1986: El color del dinero le otorga un merecidísimo Oscar al mejor actor, a la par que su último gran trabajo en pantalla. En 1987 rueda su último film hasta la fecha como director: una adaptación de El zoo de cristal de Tennessee Williams que recibió buenas críticas y que, ciertamente, se ve con interés por resultados y reparto (Joanne Woodward, Karen Allen y John Malkovich).

    Desde entonces, el actor ha seguido rodando films, la mayoría en colaboraciones de lujo o papeles co-principales, entre los que destacan títulos como Creadores de sombra de Roland Joffé en 1990, la preciosista pero poco valorada Esperando a Mr. Bridge de James Ivory, la costumbrista Ni un pelo de tonto de Robert Benton, el excelente thriller con aroma de clásico Al caer el sol del mismo director (con un magnífico Newman secundado por Susan Sarandon y Gene Hackman), y la decepcionante pero nada despreciable Camino a la perdición (2002) de Sam Mendes, junto a Tom Hanks y Jude Law.

    Por su aspecto bien parecido y sus hermosos ojos azules, Newman pudo haber sido un importante actor de cine romántico, pero buscó algo más que eso. Newman fue uno de los pocos actores que tuvieron una buena transición entre el cine convencional y moralista de los 50, y el cine más libre y comprometido de los últimos 60 y 70 del siglo XX.

    Una de sus últimas apariciones corresponde al film de animación de la productora Pixar Cars, en la cual aporta voz a Doc Hudson, uno de los personajes. El 25 de mayo de 2007, a sus 82 años, anunció su retirada definitiva del mundo del cine.[1] A principios de 2008 se le detectó un cáncer de pulmón y según los médicos le quedarían semanas de vida[2] .

    Galardones [editar]Paul Newman ha sido nueve veces nominado al Oscar de la Academia como actor: La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958), El buscavidas (1961), Cuando se tienen veinte años (1962), Hud, el más salvaje entre mil (1963), La leyenda del indomable (1967), Veredicto final (1982), El color del dinero (1986), Ni un pelo de tonto (1994) y Camino de perdición (2002)(candidato al Óscar al mejor actor de reparto).Su Oscar conseguido por el film de 1986 llegó un año después de que recibiese el Oscar honorífico por sus "múltiples y memorables interpretaciones en pantalla", y el actor reconociese perder la esperanza de obtener uno "de verdad" por una sola interpretación. Además fue candidato en una ocasión como productor por Rachel, Rachel. También se le concedió el premio especial de la Academia, Premio Humanitario Jean Hersholt, en 1994.

    También fue nominado en 2003 al Emmy por su interpretación en Our Town, y en 2005 ganó el Premio Emmy al mejor actor de reparto por su papel en la lujosa miniserie Empire Falls. En 2006, ganó el Globo de Oro como mejor actor de reparto por la misma actuación.

    Actividad como director cinematográfico [editar]Su debut detrás de las camaras como director, se produce con el corto 'On the harmfulness of tobacco' (1961), al que siguieron seis largometrajes ya comentados anteriormente: 'Rachel, Rachel' (1968), 'Casta invencible' (1971), 'El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas' (1972), 'La caja oscura' (1980, para TV), 'Harry e hijo' (1984) -en memoria de su hijo Scott, muerto por sobredosis en 1978 a los 28 años-, y la adaptación de 1987 de The Glass Menagerie de Tennessee Williams. En cinco de ellas dirigió a su mujer, Joanne Woodward, con la que se casó en Las Vegas en 1958 y con la que tuvo otros tres hijos: Eleanor, Melissa y Claire.

    Aficiones
    Automovilismo
    El Porsche 935 de Rolf Stommelen en Nürburgring en 1977Se interesó por el deporte de motor por primera vez, a pesar de ser daltónico, durante el rodaje de la película Winning en 1968.

    Su primera competición profesional se produjo en 1972, en Thompson, Connecticut. Participó en las 24 horas de Le Mans de 1979, terminando segundo con un Porsche 935, siendo compañero del alemán Rolf Stommelen.

    Se mantuvo siempre ligado al mundo de la competición, participando activamente. Entre los años 1970 y 1990, condujo para para el equipo Bob Sharp Racing, sobre todo en carreras de Fórmula Nissan, logrando numerosas victorias y campeonatos.

    A los 70 años, se convirtió en el piloto más longevo que formaba parte del equipo ganador en una carrera de alto nivel, en 1995 en las 24 horas de Daytona. En marzo de 2005 declaró: "probablemente participe otro año".[3]

    Newman fue también cofundador junto a Carl Haas de un equipo de CART, el Newman/Haas Racing, en 1983.

    Cocina y alimentación [editar]En 1982, Paul Newman fundó una línea de productos alimenticios, llamada "Newman's Own". Todos los beneficios obtenidos a través de la misma fueron donados a caridad. A fecha de 2006, se estima que la franquicia ha superado los 200 millones de dólares en donaciones. Posee un restaurante de comida ecológica cerca de su casa de Westport, en Connecticut, llamado Dressing Room.

    Actividad social y política [editar]Hombre de gran conciencia política y social, impulsó en memoria de su hijo la Fundación Scott Newman, destinada a auxiliar y proteger a personas víctimas de la droga. Ha pertenecido a la Alianza para la Defensa del Medio Ambiente.

    En 1978 representó a su país ante la Organización de las Naciones Unidas en la Conferencia para el Desarme. En 1990 fue nombrado "padre del año" por UNICEF y propuesto como candidato a gobernador de Connecticut por el congresista demócrata Benjamin de Zino.

    Además, ha fundado una serie de campamentos de verano para niños/as con enfermedades graves, donde utilizan la diversión y la sonrisa como medicina. Gracias a su iniciativa, 15.000 niños/as disfrutan cada año del ocio y bienestar que ofrecen sus campamentos de verano,Hole in the Wall Camps. Son campamentos gratuitos subvencionados por más de 42.000 entidades y personas de todo el mundo. Desde que comenzara su actividad han pasado por los campamentos más de 114.000 niños/as.

    En estos campamentos colaboran de manera gratuita mas de 7.500 personas cada verano.

    Filmografía Como director
    El zoo de cristal 1987
    Harry e hijo 1984
    La caja oscura 1980 (rodado para la televisión)
    El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas 1972
    Casta invencible 1971
    Raquel, Raquel 1968

    Como actor
    ]2006 - Cars (voz)
    2002 - Camino a la perdición de Sam Mendes
    1999 - Donde esté el dinero de Marek Kanievska
    1999 - Mensaje en una botella de Luis Mandoki
    1998 - Al caer el sol de Robert Benton
    1994
    El gran salto de Joel Coen
    Ni un pelo de tonto de Robert Benton
    1990
    Esperando a Mr. Bridge de James Ivory
    Creadores de sombras de Roland Joffé
    1989 - El escándalo Blaze de Ron Shelton
    1986 - El color del dinero de Martin Scorsese
    1984 - Harry e hijo de Paul Newman
    1982 - Veredicto final de Sidney Lumet
    1981
    Ausencia de malicia de Sydney Pollack
    Distrito apache: El Bronx de Daniel Petrie
    1980 - El día del fin del mundo de James Goldstone
    1979 - Quinteto de Robert Altman
    1977 - El castañazo de George Roy Hill
    1976 - Buffalo Bill y los indios de Robert Altman
    1975 - Con el agua al cuello de Stuart Rosenberg
    1974 - El coloso en llamas de John Guillermin
    1973
    El hombre de MacKintosh de John Huston
    El golpe de George Roy Hill
    1972
    El juez de la horca de John Huston
    Los indeseables de Stuart Rosenberg
    1971
    Punto límite: Cero de Richard C. Sarafian
    Casta invencible de Paul Newman
    1970 - Un hombre de hoy de Stuart Rosenberg
    1969
    Comando secreto de Jack Smight
    500 millas de James Goldstone
    Dos hombres y un destino de George Roy Hill
    1968
    Comando secreto de Jack Smight
    1967
    Hombre de Martin Ritt
    La leyenda del indomable de Stuart Rosenberg
    1966
    Harper, investigador privado de Jack Smight
    Cortina rasgada de Alfred Hitchcock
    1965
    Lady L de Peter Ustinov
    1964
    Cuatro confesiones de Martin Ritt
    Ella y sus maridos de J. Lee Thompson
    1963
    Hud de Martin Ritt
    Samantha de Melville Shavelson
    El premio de Mark Robson
    1962
    Dulce pájaro de juventud de Richard Brooks
    Cuando se tienen veinte años de Martin Ritt
    1961
    El buscavidas de Robert Rossen
    Un día volveré de Martin Ritt
    1960
    Éxodo de Otto Preminger
    Desde la terraza de Mark Robson
    1959
    La ciudad frente a mí de Vincent Sherman
    El Buscavidas de Robert Rossen
    1958
    Un marido rico de Leo McCarey
    El largo y cálido verano de Martin Ritt
    El zurdo de Arthur Penn
    La gata sobre el tejado de zinc de Richard Brooks
    1957
    Mujeres culpables de Robert Wise
    Para ella un solo hombre de Michael Curtiz
    1956
    Traidor a su patria de Arnold Laven
    Marcado por el odio de Robert Wise

    Premios Oscar
    Año Categoría Película Resultado
    2002 Oscar al mejor actor de reparto Camino a la perdición Candidato
    1994 Oscar al mejor actor Ni un pelo de tonto Candidato
    1993 Premio Humanitario Jean Hersholt Ganador
    1986 Oscar al mejor actor El color del dinero Ganador
    1985 Oscar Honorífico Ganador
    1982 Oscar al mejor actor Veredicto final Candidato
    1981 Oscar al mejor actor Ausencia de malicia Candidato
    1968 Oscar a la mejor película Rachel, Rachel Candidato
    1967 Oscar al mejor actor La leyenda del indomable Candidato
    1963 Oscar al mejor actor Hud Candidato
    1961 Oscar al mejor actor El buscavidas Candidato
    1958 Oscar al mejor actor La gata sobre el tejado de zinc Candidato

    Globos de Oro
    Año Categoría Película Resultado
    2006 Globo de Oro al mejor actor de reparto de serie, miniserie o telefilme Empire falls Ganador
    2003 Globo de Oro al mejor actor de reparto Camino a la perdición Candidato
    1984 Premio Cecil B. DeMille Ganador
    1995 Globo de Oro al mejor actor - Drama Ni un pelo de tonto Candidato
    1987 Globo de Oro al mejor actor - Drama El color del dinero Candidato
    1983 Globo de Oro al mejor actor - Drama Veredicto final Candidato
    1969 Globo de Oro al mejor director Rachel, Rachel Ganador
    1968 Globo de Oro al mejor actor - Drama La leyenda del indomable Candidato
    1964 Globo de Oro al mejor actor - Drama Hud Candidato
    1963 Globo de Oro al mejor actor - Drama Dulce pájaro de juventud Candidato
    1963 Globo de Oro al mejor actor de reparto Cuando se tienen veinte años Candidato
    1962 Globo de Oro al mejor actor - Drama El buscavidas Candidato
    1957 Globo de Oro a la nueva estrella del año - Actor El cáliz de plata Ganador

    Screen Actors Guild
    Año Categoría Película Resultado
    1994 Screen Actors Guild al mejor actor Ni un pelo de tonto Nominado

« 1 2 3 4 5 ...