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        <title>blog de Jose Ramon Balcells</title>
        <description>El blog de Jose Ramon Balcells</description>
        <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog</link>
        <lastBuildDate>Sun, 22 Nov 2009 00:46:45 UT</lastBuildDate>
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            <title>EridianiRex</title>
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            <description>EridianiRex</description>
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            <title>Rubianes, solamente...</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2318156</link>
            <description>Hoy a fallecido uno de los últimos genios del humor, amado y odiado a partes iguales. Puedo decir que fui de los últimos en verlo actuar en Barcelona con su Sonrisa Etípoe y recordare siempre el salir del teatro con la mandíbula casí a punto de caer por la risa continua de sus más de dos horas.&lt;br /&gt;Fantástico Pepe, eres y serás siempre de los mejores. Te recordaremos hasta que nos encontremos allí donde terminemos, en ese salón de baile cubano, rodeados de mulatas que bailan a tu alrededor para seguir riendo contigo y disfrutando de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descanse en paz.&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;textAlign textAlignCenter&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;img src=&quot;http://es.netlogstatic.com/p/oo/025/525/25525111.jpg&quot; /&gt;&lt;span class=&quot;textAlign textAlignCenter&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El actor y director teatral Pepe Rubianes, falleció este domingo en su domicilio barcelonés a consecuencia de un cáncer de pulmón. Maestro de la ironía y el humor ácido, este gallego (Villagarcía de Arosa, Pontevedra, 1947) afincado desde la infancia en Cataluña fue uno de los primeros autores en atreverse con los monólogos, un género teatral poco explotado en España. La productora de Rubianes apuntó que el funeral se celebrará en la intimidad, por expreso deseo de sus familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las inquietudes teatrales de Rubianes se iniciaron en la adolescencia. A los 16 años debutó en una obra de la Once, aunque su vocación no explotó hasta que llegó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona. En primer lugar se unió al TUC (Teatro Universitario de Cámara), aunque pronto lo dejó por NGTU (Nuevo Grupo de Teatro Universitario). Fue un paso decisivo, ya que entró en contacto con algunos miembros de Dagoll Dagom, la compañía con la que comenzó de forma profesional. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de participar en varias obras como figurante, Rubianes da el paso definitivo en 1977: participa como miembro de la compañía Dagoll Dagom en la obra 'No hablaré en clase'. El éxito y el buen papel hacen que decida convertirse en actor profesional. Un año más tarde estrenó 'Antaviana', con gran éxito y lo que le permitió salir al extranjero para dar vida a la obra. En 1981, participa con Els Joglars en 'Operación Ubú' y se produce el segundo punto de inflexión en su carrera: decide volar solo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo año estrena 'Pay-Pay', que lleva desde Barcelona a Centroamérica; después le siguieron 'Ño' (1984), 'Sin palabras' (1987) y 'En resumidas cuentas' (1988), una recopilación de sus mejores textos. Rubianes se consagraba como uno de los mejores monologuistas españoles, una especialización que se 'descubrió' una década después en la televisión gracias a una nueva hornada de cómicos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rubianes continúo con sus monólogos en los 90, donde combinaba por igual tanto el castellano como el catalán, e hizo incursiones en la televisión. Su interpretación de Makinavaja hizo que fuera más conocido. Empero, volvió enseguida a los escenarios, donde logró un éxito todavía mayor. En 1995 estrenó su segunda obra recopilatoria ('Rubianes: 15 años'). Dos años después, 'Rubianes, solamente' se convertía en su proyecto más laureado. De negro, con un escenario paupérrimo, el actor logró cautivar a la platea con sus diatribas sobre lo humano y lo divino durante seis temporadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 2006, planteó un homenaje a Lorca ('Lorca eran todos'). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su promoción desató la polémica por unas declaraciones en TV3 al criticar la unidad de España. Ante la controversia, Rubianes se disculpó y concretó que sus insultos eran para &amp;quot;la España que mató a Lorca&amp;quot;. A pesar de sus palabras, la Asociación de por la Defensa de la Nación Española interpuso una denuncia contra él, que fue archivada en mayo de 2007. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de este episodio, prosiguió su gira por España y se embarcó en un nuevo proyecto. En enero de 2008 presentó 'La sonrisa etíope', que dejó de representarse el 21 de abril, cuando le diagnosticaron al artista la enfermedad. Hasta ese momento, Rubianes había atraído a más de 41.000 espectadores en las 83 funciones que realizó en la Sala 1 del Club Capitol de Barcelona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El último trabajo de Rubianes quería rendir homenaje a la población del país africano, que no deja de sonreír a pesar de las penurias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los monólogos clásicos del galaico-catalán (como le gustaba definirse) estaban salpicados por las actuaciones de cinco bailarinas africanas ataviadas con coloristas vestidos.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 01 Mar 2009 17:31:56 UT</pubDate>
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            <title>Gazapos de Gladiator</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2286580</link>
            <description>En el trabajo, tengo la suerte de poder elegir las películas que se visionan en la tienda, y desde hace unos días llevo viendo &amp;quot;Gladiator&amp;quot;. La película me gusta y en su día me cautivó y apenas pude ver la cantidad de fallos que tiene, porque, independientemente de los gazapos, la película para mi sigue siendo genial. Así, que esta tarde (la cuál está siendo larga y aburrida) me estoy dedicando a buscar los gazapos... Ya pude encontrar algunos de los que hay; en la siguiente lista aparecen varios, (sacada de la wikipedia). A ver quien los encuentra todos,  &lt;img class=&quot;smiley&quot; src=&quot;http://v.netlogstatic.com/v4.00/2433//s/i/smilies/tongue.gif&quot; alt=&quot;:)&quot; /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosidades y gazapos&lt;br /&gt;En la versión original del film, Máximo dice que es de cerca de &amp;quot;Trujillo&amp;quot; y no de Emerita Augusta, como se dobló en la versión en castellano. Se ha de señalar además, que en la versión original se comete el error de nombrar a la ciudad cacereña como Trujillo (nombre actual) y no Turgalium (nombre en época romana). &lt;br /&gt;La coraza blanca que lucía Cómodo durante la lucha con Máximo al final, es una reproducción exacta de la famosa coraza de Augusto, el Primer Emperador de Roma. De hecho, éste aparece con ella en su escultura más conocida, pero no pintada de blanco. &lt;br /&gt;Al principio de la película se puede ver que una de las legiones que aparecen dispuestas a la batalla, es la Legio VII que fue la que se asentó en la Península Ibérica sentando las bases para la fundación de la actual ciudad de León. &lt;br /&gt;Al principio de la película, cuando están en el campamento, aparecen unos bustos que en realidad se crearon 1000 años más tarde. &lt;br /&gt;Al principio de la película, cuando está todo el campo de batalla cubierto de cadáveres, uno de esos cadáveres aparece vestido con un pantalón vaquero. &lt;br /&gt;En la pelea en el coliseo, cuando todos estamos muy ocupados contemplando a Russell Crowe, pasa un carro de Pepsi. &lt;br /&gt;Hay dos escenas en las que se pueden ver personas en vaqueros: la primera es en Germania, cuando Máximo está revisando a su caballo tras la batalla, por detrás hay un hombre vestido en vaqueros; la otra es en Zucchabar, cuando Máximo gana la batalla, en las gradas se puede ver una mujer con camiseta blanca y vaqueros. &lt;br /&gt;Cuando Cómodo se presenta triunfalmente ante el Senado a su regreso de Germania, lo acompaña su hermana (cosa insólita: las mujeres no hacían vida pública en Roma si no eran mujeres... públicas, y en todo caso tenían prohibida la entrada en el Senado). Esta hermana lleva además un velo naranja: color en la vestimenta sólo reservado para las novias. &lt;br /&gt;La dinastía Graco en la época que narra la película ya no estaba en el poder sino que gobernaron Roma alrededor del 200 a.C, por lo cual no podía haber ningún senador Graco. &lt;br /&gt;En la grada del coliseo los hombres y las mujeres están juntos pero en Roma no se permitía que ambos se mezclasen, solo las vestales podían hacerlo. &lt;br /&gt;Uno de los gladiadores dice que es de Rumania, cuando en esa época todavía no existía como tal, el territorio se llamaba Dacia. &lt;br /&gt;En una de las escenas, Cómodo aparece firmando un papel con un lápiz con goma. &lt;br /&gt;Después de acabar la batalla contra los germanos, mientras Maximus habla con sus compañeros, se ve detrás de ellos un caballo con la pata atada al suelo con una cuerda para que no se salga del plano. &lt;br /&gt;En el Coliseo, durante la pelea con carros, un romano les dispara con una ballesta de cuatro astas. Sin embargo, las ballestas no se inventaron hasta el siglo XII. &lt;br /&gt;En la escena cuando los senadores comentan el reinicio de los juegos de circo, se ve cómo se reparte propaganda impresa sobre este hecho. La imprenta se inventó muchos siglos más tarde. &lt;br /&gt;En aquella época sólo las prostitutas llevaban el pelo suelto. Las dos figuras femeninas de la película lucen espléndidas melenas. &lt;br /&gt;Se utiliza el término &amp;quot;hora&amp;quot; como medida temporal. En realidad los romanos no medían así el tiempo &lt;br /&gt;En el despliegue de la infantería durante la batalla contra los barbaros en Germania, se pueden contar cuatro ejes transversales, cuando la formación de la legión romana se acostumbraban tres ejes de formación y los manipulos eran aún más grandes. Triple Axis. &lt;br /&gt;En la pelea con carruajes, se puede ver claramente un balón de gas en la parte trasera, así como un camarógrafo de rodillas. &lt;br /&gt;En une escena en el coliseo, Comodo le dice a Máximo que su hijo lloró como niña cuando lo clavaron en la cruz, cuando en la película, el niño fue arrollado por los caballos de los soldados, y en la escena cuando Máximo llora a los pies de su esposa e hijo, sus pies están suspendidos en el aire y no clavados dando a entender que si fueron cruxificados no fue en una cruz.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 10 Feb 2009 18:00:58 UT</pubDate>
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            <title>AMOR BAJO CERO</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2271681</link>
            <description>¿Qué és el amor? Algo difícil de describir, incluso de medir. El amor es voluble, nos hace cometer locuras, perder el rumbo... saca lo mejor que hay de nosotros. Este puede ser duradero, sincero, apasionado... pero pocas veces eterno, aunque una cosa es segura; el amor es impredecible. Nunca sabes que esperar de él, es escurridizo y muy astuto, cuando crees que lo encuentras... el muy xxxx va y se esconde, se fuga o definitivamente te da una patada en el trasero por no decir una parte más noble.&lt;br /&gt;Pero dudo mucho que pudieramos vivir sin su compañia. El amor es bello por encima de todas las cosas, aunque mal llevado puede ser un arma de destrucción masiva y aun así no podemos negarnos a su embrujo.&lt;br /&gt;No me arrepiento de ninguna de las veces que he dicho &amp;quot;te quiero&amp;quot; a alguien y juro que todas ellas fueron dichas con la sinceridad más absoluta, solo me arrepiento de las que no me dijeron, pues puedo decir que ame con todas mis fuerzas, esperando que esa fuera la última vez, que por fin tuviera la dicha de encontrar mi &amp;quot;completo&amp;quot;, ser todo en la otra persona. Creo que ahora puedo afirmar que encontre a la persona que me hace sentir así, en paz, lleno de jubilo cada mañana por ver su sonrisa y poder fundirme con ella en un profundo y cálido abrazo. Espero que dure eternamente, mientrás llega ese momento de eternidad, yo seguire disfrutando cada instánte.&lt;br /&gt;Espero que la firma de Arturo Pérez-Reverte sea de vuestro agrado, como a sido del mío.&lt;br /&gt;______________________________________________________________________________________&lt;br /&gt;AMOR BAJO CERO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los llamaremos Paco y Otti. Fueron amigos míos hace mucho tiempo, y no sé qué será hoy de sus vidas. Los recordé anoche, cenando con otros amigos a los que, al hilo de diversas cosas, conté su peripecia. Y mientras lo hacía, caí en la cuenta de que se trata de una de las más pintorescas historias de amor de las que tengo noticia, y que nunca la he contado por escrito. Lo mismo les apetece leerla hoy a ustedes. Ya me dirán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, situémonos. Marbella, final de los años sesenta. Otti es una guía turística finlandesa, rubia y escultural, que pastorea a un grupo de guiris. La noche antes de regresar a Helsinki, se va de marcha y en una discoteca conoce a Paco. A él también lo pueden imaginar sin esfuerzo: moreno, guapo aunque bajito y un poquillo tripón. Chico de buena familia y sin un duro, que toca la guitarra por los bares. Simpático, golfete y con una cara dura absoluta, muy española. La noche sigue como resulta fácil imaginar: apartamento de Paco, un par de canutos, mucha guitarra y una dura campaña entre sábanas arrugadas, toda la noche dale que te pego, hasta que, ya amaneciendo, ella le da un beso, se despide sonriente y se larga al aeropuerto. Fin del primer acto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Otti vuela de regreso a su tierra, Paco se queda en la cama, pensando, y concluye que se ha enamorado como un becerro. Necesita volver a verla, pero hay un par de problemas. Por una parte, ella no tiene previsto volver a Marbella. Por la otra, él no tiene un duro. Y para rematar la cosa, no sabe de la finlandesa sino su nombre y apellido –supongamos que éste es Kaukonen–. Ni una dirección, ni un teléfono. Nada. Pero como digo, está enamorado hasta las trancas. Y tiene veintiocho años. Así que se levanta de la cama, vende su Seat 124, le pega un sablazo a un amigo –doy fe de que era su especialidad–, compra un billete de avión –sólo tiene dinero para pagar el viaje de ida– y coge el primer vuelo a Helsinki, vía Londres. Aterriza allí un viernes a las cinco de la tarde, con su guitarra y ciento quince dólares en el bolsillo. Ya es de noche y hace un frío que pela. En el mismo aeropuerto, cambia dólares por moneda local, se mete en una cabina, coge una guía telefónica y busca el apellido Kaukonen. Hay como veinte, así que lo toma con calma. Ring, ring. «Hola, buenas. Ai am Paco. ¿Otti is dere?» Cuando va por el decimosexto Kaukonen, y a punto ya de acabársele las monedas, localiza a un fulano que conoce a la pava. Es su tío paterno. Otti no tiene teléfono, le dice el otro, o no lo conozco. Tampoco vive en Helsinki, sino en Hyvinkaa, que está a cincuenta kilómetros. Y le da la dirección. Sillanpaa número 34, una casita de madera. No tiene pérdida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con sus últimos dólares, Paco compra una botella de vodka, coge un taxi hasta Hyvinkaa, se baja con su guitarra en el 34 de la calle Sillanpaa y llama a la puerta. Nadie. Ya son casi las diez de la noche y el frío parte las piedras. Desesperado, se sube el cuello del chaquetón y se acurruca en el portal, calentándose con el vodka. A las once y cuarto, un coche se detiene ante la casa. Es Otti, y la trae su novio Johan, en cuya casa ha pasado la tarde. Ella se baja del coche, camina unos pasos y se para en seco al ver a Paco sentado en el portal, con media botella de vodka vacía en una mano y la guitarra apoyada en la puerta. Estupefacta. Cuando al fin recobra el habla, exclama: «¡Paco!...». «¿Qué haces aquí?» Y él, temblándole los labios azules de frío, la mira a los ojos y dice: «He venido a casarme contigo». Con dos cojones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora háganse cargo de la psicología de la pava. Finlandesa, o sea. La tierra de la alegría y los hombres apasionados, risueños y con una gracia contando chistes que te partes. Y en ésas aparece allí, con su guitarra y quemando las naves, un fulano bajito, moreno y simpático que la tuvo en Marbella toda una noche dale que te pego, despierta y gritando: «Oh-yes, oh-yes, oh-yes» mientras él, sudando la gota gorda, decía: «Que sí, mujer. Te oigo, te oigo». Y claro. Pasando mucho del novio, que mira pasmado desde el coche, Otti se tira encima del visitante y se lo come a besos y lametones. Y lo mete adentro. Y los dos tardan cuatro días y varias botellas de Suomuurain y Mesimarja, además de la media de vodka que quedaba, en salir de la cama, con los vecinos asomados a la ventana para averiguar de dónde proceden esos alaridos inhumanos. Y después de muchas peripecias –Paco tocando la guitarra por los restaurantes de allí–, vienen a España, se casan y tienen dos cachorros rubios, Kristina y Alexis, con pinta de vikingos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pondremos aquí el colorín colorado. Lo que sigue, quince años de convivencia de Otti y Paco, no termina del todo bien. Los años pasan, cambian a la gente. Nos cambian a todos. Hoy Otti vive otra vez en Finlandia. En cuanto a Paco, hace mucho tiempo que no sé nada de él. Pero hubo un momento en que fueron mis amigos y pude compartir un poco de su historia. La más simpática historia de amor que conocí nunca.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 01 Feb 2009 23:33:52 UT</pubDate>
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            <title>ESAS MADRES PERVERSAS Y CRUELES</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2222041</link>
            <description>No tiene nada que ver con que este domingo sea día de los Inocentes. En absoluto. Ni con los niños degollados, ni con las bromas tradicionales hechas al prójimo incauto. El caso es real como la vida misma –la vida española misma, maticemos– y sale en los periódicos: madre condenada a cuarenta y cinco días de cárcel y a un año de alejamiento de su hijo de diez años, porque hace dos, en el curso de una refriega doméstica, le dio una colleja al enano, con tan mala suerte que éste se dio contra el lavabo y sangró por la nariz. Y claro. En este faro ético de Occidente donde moramos, tan salvaje agresión doméstica no podía quedar sin castigo. El hecho de que hayan pasado dos años desde entonces, y de que el menor fuese un poquito gamberro y desobediente, se negara a hacer los deberes y acabara de tirar a su madre una zapatilla, corriendo a encerrarse a continuación en el cuarto de baño, de donde no quería salir, no fue considerado atenuante por la dura Lex sed Lex. Tampoco se tuvo en cuenta que se trataba de un incidente aislado, y no de malos tratos habituales; ni el hecho obvio de que, en un pueblo pequeño como es el de esa familia, una orden de alejamiento supone que uno de los dos, madre o hijo, debe hacer las maletas y largarse del pueblo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no importa, oigan. Estoy con la juez que entendió el asunto: no hay atenuante que valga. Es más: tengo la certeza moral de que a ustedes, como a mí –siempre de parte de la ley y el orden–, la de esta cruel madre torturadora les parece sentencia justa y ejemplar. Como bien ha argumentado no sé qué asociación de derechos infantiles, «a los niños no se les pega». Y punto. Así de simple. Y menos en estos tiempos, cuando tan fácil es sentarse a dialogar con ellos a cualquier edad y afearles su conducta con argumentos de peso intelectual. A ver qué le habría costado a esa madre pagar a un cerrajero para que abriese la puerta del cuarto de baño y después, mirando muy fijamente a su hijo de diez años a los ojos, decirle: «Hijo mío, ya dijeron Sócrates y San Agustín que a las madres no se les tiran zapatillas. De seguir así, el día de mañana la sociedad te expulsará de su seno. Así que tú mismo. Atente a las consecuencias». &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi opinión, la Justicia se queda corta. Una madre capaz de perder el control de esa manera brutal e inexplicable debería ser castigada con más contundencia. Y no con una pena mayor, como solicitaba la fiscalía –la juez fue clemente, después de todo, quizá por solidaridad de género y génera–, sino con medidas drásticas e implacables. Porque, so pretexto de no haber antecedentes penales ni constancia de malos tratos anteriores, la madre se ha ido de rositas. Asquerosamente impune, o casi. Y si de mí dependiera, esa delincuente sin escrúpulos ni conciencia habría ingresado inmediatamente en prisión para comerse cinco años de talego, por lo menos. O más. Y cuando saliera –aunque procuraría aplicarle la doctrina Parot para impedirlo–, le calzaría una pulsera con Gepeese y una orden de alejamiento, no del hijo y de su pueblo, sino de España. Al puto exilio. Por perra. Y por supuesto, le retiraría la custodia del niño y se lo daría a alguna familia modélica, como por ejemplo a los Albertos. Para que aprenda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no hay mal que por bien no venga, oigan. Todo esto me ha dado una idea. De pequeño me sacudieron las mías y las del pulpo; y va siendo hora, creo, de que los culpables de aquel infierno paguen lo que hicieron. Yo también exijo justicia. Mi padre, sin ir más lejos, me dio una vez cuatro bofetadas que hoy le habrían costado, por lo menos, un destierro a Ceuta. Y mi madre, hasta que tuve edad suficiente para inmovilizarla con hábiles llaves de judo, no vean cómo nos puso con la zapatilla, durante años atroces, a mi hermano y a mí. Guapos, nos puso. Por no hablar de los Maristas, donde el hermano Severiano nos torturaba bestialmente dándonos capones en clase, y donde el Poteras –a quien Dios haya perdonado–, cada vez que le pegábamos fuego a una papelera o escribíamos El Poteras es un cabrón en la pizarra, nos aplicaba la intolerable violencia de endiñarnos con el puntero y la chasca sin respeto por nuestros derechos humanos. Como en Guantánamo. Y así ha salido mi generación, perdida. De trauma en trauma. Por eso va siendo hora de que los culpables rindan cuentas a la Justicia. Memoria histórica para el nene y la nena. Barra libre. Así que voy a pedirle al juez Garzón que abra una causa general que los ponga firmes a todos. Que encierre en la cárcel a los que sigan vivos, que alguno queda –tiembla, Severiano–, y desentierre a los otros para escupir sobre sus huesos. A mi padre, por ejemplo, ya no lo pillan. Lástima. Pero mi madre sigue ahí, tan campante. Sus ochenta y cuatro años no tienen por qué ponerla a salvo de su cruel salvajismo de antaño. En esta España, líder moral de Occidente, lo de la zapatilla no puede quedar impune. O sea. Más vale tarde que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIRMA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE EN EL XL-SEMANAL</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 04 Jan 2009 19:09:19 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>LO QUE DEBE SABER UN TERRORISTA</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2188031</link>
            <description>FIRMA DE ARTURO PEREZ-REVERTE EN EL XLSEMANAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oído al parche, terrorista. O terroristo. A ti te lo digo, sí. Quítate un momento la capucha o la kufiya, tío. Lo que lleves puesto. Deja el cuchillo de degollar infieles, el Corán sin notas a pie de página, el teléfono móvil conectado a la mochila bomba, la pistola del tiro en la nuca, el coche trampa y las mentecatas obras completas de Sabino Arana que, encima, analfabeto como eres –hasta las cartas de extorsión las escribes con faltas de ortografía, colega–, no has abierto en tu vida. Deja todo eso un momento y atiende. Tengo unos bonitos consejos para regalarte por la patilla, a fin de que puedas ser un terrorista eficaz y prudente, de los que nunca caen en manos de la policía. En un país serio, esto me llevaría delante de un juez: colaboración con banda armada, apología del terrorismo o qué sé yo. Cualquier cosa lógica. Pero estamos en España, oyes. Nada de lo que voy a decir es cosa mía, sino tomado de los periódicos después de que altos responsables policiales larguen en la prensa con pelos y señales. Es de dominio público, vamos. Al alcance de cualquiera. Así que tú mismo, tronqui. Lee y aprende, porque parece mentira. No os enteráis. Los periódicos llevan años contándolo, y vosotros seguís dejándoos coger como capullos en flor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, ¿sabes por qué palmó Cheroqui, o Txeroki, o como se escriba? Entre otras cosas, porque los etarras usan cibercafés para comunicarse, y las fuerzas represoras del Estado fascista vigilan esos sitios. Por si no habías caído en la cuenta, lo señaló el ministro del Interior el otro día. Cibercafés, dijo. Con todas sus letras. Y la policía no es tonta. Ya sé que el nivel intelectual de los gudaris ha bajado mucho, y que los liberados, los legales, los kaleborroka y otros heroicos luchadores vascos y vascas seguirán acudiendo a esos sitios cual pardillos, a ponerse correos electrónicos como locos. Quien no da más de sí, no da más de sí. Pero en fin, tío. Por el ministro, que no quede. El que avisa, no es traidor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro detalle, pringao: que no se te ocurra más, en tu terrorista y puta vida, llevar encima ordenador portátil ni lápiz de memoria con datos de la peña. ¿Vale? Tampoco robar un coche nuevo y ponerle una matrícula vieja: un Peugeot 207 con letras ZL canta la Traviata. Así que elige otras letras, porque si no te van a pillar seguro, como explicó amablemente el jefe de los txakurras a cuanto periodista se interesó por el detalle. Porque una cosa es el secreto policial y otra la transparencia informativa habitual en una democracia madura y diáfana como la nuestra. Ojito con eso. Ya sé que contar minuciosamente cómo y por qué se ha trincado a un terrorista es forma segura de alertar a otros para que no cometan el mismo error, pero qué se le va a hacer. Las policías extranjeras alucinan en colores con lo nuestro, pero aquí nos encogemos de hombros. No passssa nada, coleguis. Cuando se es referente moral y reserva ética de Occidente, como es el caso de España, nobleza obliga. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría contarte un montón de cosas más, terrorista de mis carnes. De este y otros episodios. De etarras patosos y de islamistas chapuceros. Explicarte por lo menudo cómo se los detecta, sigue, vigila y detiene mediante tal o cual instrumento, o porque cometen determinado error. Advertirte sobre cómo debes revisar los bajos de tu coche y localizar la chicharra que le pusieron, eludir el equipo direccional de sonido que graba tus propósitos, evitar aquella autopista porque tiene videovigilancia, no registrarte nunca con tu chica o chico en hoteles así o asá, olvidar tal cafetería, restaurante, carnicería islámica, bar, piso o sucursal bancaria. Pero no me necesitas. Tú mismo podrías, leyendo tres o cuatro periódicos, establecer la identidad del confite que se berreó a la madera sobre tu colega Gorka, o Edurne, o Mohamed, o Manolo. Porque ésa es otra. Hasta las identidades de infiltrados y chivatos salen a relucir, a veces con familia y domicilio incluidos, en este país donde acogerse a la condición de testigo protegido –y no digamos testigo a secas– es jugar a la ruleta rusa con seis balas en el tambor. Como para que colabore la Niña de la Venta. Aquí te venden a cambio de un minuto de telediario, y no sería la primera vez que confidentes o infiltrados tienen que abrirse a toda leche porque una llamada telefónica les advierte que, en media hora, el ministerio del Interior, el portavoz tal o cual, van a detallar ante la prensa hasta la talla de faja que usa la madre que los parió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumiendo, chaval. En este país de cantamañanas no necesitas un manual titulado Lo que no debe hacer el perfecto terrorista. Basta con leer los periódicos. Pero, claro. Aquí la prensa tiene derecho a saber. Los ciudadanos tienen derecho a saber. Incluso los terroristas –ya te digo que España no es opaca, autoritaria y poco democrática como Gran Bretaña, Alemania o Francia– tienen derecho a saber. En consecuencia, saben. Y aun así, los trincan. Calcula el nivel, Maribel.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 14 Dec 2008 17:32:24 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>NOSTALGIA DEL AK-47</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2138086</link>
            <description>Ayer estuve limpiando el Kalashnikov. No porque tenga intención de presentarme en algún despacho municipal, nacional, central o periférico, preguntar por los que mandan y decir hola, buenas, ratatatatá, repártanse estas bellotas. No siempre las ganas implican intención. El motivo de emplearme a fondo con el Tres en Uno y el paño de frotar es más pacífico y prosaico: lo limpio de vez en cuando, para que no se oxide. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me gustan las armas de fuego. Lo mío son los sables. Pero el Kalashnikov es diferente. Durante dos décadas lo encontré por todas partes, como cualquier reportero de mi generación: Alfonso Rojo, Márquez y gente así. Era parte del paisaje. De modo que, una vez jubilado de la guerra y el pifostio, compré uno por aquello de la nostalgia, lo llevé a Picolandia para que lo legalizaran e inutilizaran, y en mi casa está, entre libros, apoyado en un rincón. Cuando me aburro lo monto y desmonto a oscuras, como me enseñó mi compadre Boldai Tesfamicael en Eritrea, año 77. Me río a solas, con los ojos cerrados y las piezas desparramadas sobre la alfombra, jugando con escopetas a mis años. Clic, clac. La verdad es que montarlo y desmontarlo a ciegas es como ir en bici: no se olvida, y todavía me sale de puta madre. Si un día agoto la inspiración novelesca, puedo ganarme la vida adiestrando a los de la ONCE. Que tomen nota, por si acaso. Tal como viene el futuro, quizás resulte útil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que estaba limpiando el chisme. Y mientras admiraba su diseño siniestro, bellísimo de puro feo, me convencí una vez más de que el icono del siglo que hace ocho años dejamos atrás no es la cocacola, ni el Che, ni la foto del miliciano de Capa –chunga, aunque la juren auténtica–, ni la aspirina Bayer, ni el Guernica. El icono absoluto es el fusil de asalto Kalashnikov. En 1993 escribí aquí un artículo hablando de eso: de cómo esa arma barata y eficaz se convirtió en símbolo de libertad y de esperanza para los parias de la tierra; para quienes creían que sólo hay una forma de cambiar el mundo: pegándole fuego de punta a punta. En aquel tiempo, cuando estaba claro contra quién era preciso dispararlo, levantar en alto un AK-47 era alzar un desafío y una bandera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hicieron muchas revoluciones cuerno de chivo en mano, y tuve el privilegio de presenciar algunas. Las vi nacer, ser aplastadas o terminar en victorias que casi siempre se convirtieron en patéticos números de circo, en rapiñas infames a cargo de antiguos héroes, reales o supuestos, que pronto demostraron ser tan sinvergüenzas como el enemigo, el dictador, el canalla que los había precedido en el palacio presidencial. Víctimas de ayer, verdugos de mañana. Lo de siempre. La tentación del poder y el dinero. La puerca condición humana. De ese modo, el siglo XX se llevó consigo la esperanza, dejándonos a algunos la melancólica certeza de que para ese triste viaje no se necesitaban alforjas cargadas de carne picada, bosques de tumbas, ríos de sangre y miseria. Y así, el Kalashnikov, arma de los pobres y los oprimidos, quedó como símbolo del mundo que pudo ser y no fue. De la revolución mil veces intentada y mil veces vencida, o imposible. De la dignidad y el coraje del hombre, siempre traicionados por el hombre. Del Gran Combate y la Gran Estafa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora viene la paradoja. En este siglo XXI que empezó con torres gemelas cayéndose e infelices degollados ante cámaras caseras de vídeo, el Kalashnikov sigue presente como icono de la violencia y el crujir de un mundo que se tambalea: este Occidente viejo, egoísta y estúpido que, incapaz de leer el destino en su propia memoria, no advierte que los bárbaros llegaron hace rato, que las horas están contadas, que todas hieren, y que la última, mata. Pero esta vez, el fusil de asalto que sostuvo utopías y puso banda sonora a la historia de media centuria, la llave que pudo abrir puertas cerradas a la libertad y el progreso, ha pasado a otras manos. Lo llevaban hace quince años los carniceros serbios que llenaron los Balcanes de fosas comunes. Lo empuñan hoy los narcos, los gangsters eslavos, las tribus enloquecidas en surrealistas matanzas tribales africanas. Se retratan con él los fanáticos islámicos cuyo odio hemos alentado con nuestra estúpida arrogancia: los que pretenden reventar treinta siglos de cultura occidental echándole por encima a Sócrates, Plutarco, Shakespeare, Cervantes, Montaigne o Montesquieu el manto espeso, el velo negro de la reacción y la oscuridad. Los que irracionales, despiadados, hablan de justicia, de libertad y de futuro con la soga para atar homosexuales en una mano y la piedra para lapidar adúlteras en la otra; mientras nosotros, suicidas imbéciles, en nombre del qué dirán y el buen rollito, sonreímos ofreciéndoles el ojete. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lástima de Kalashnikov, oigan. Quién lo ha visto. Quién lo ve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arturo Pérez-Reverte</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 18 Nov 2008 03:01:10 UT</pubDate>
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            <title>La farlopa de Kate Moss</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2121309</link>
            <description>Hay que ver lo que inventa el hombre blanco. Y lo que le gusta hacer el chorra. Hojeaba una revista de arquitectura y diseño, en su versión española, cuando me tropecé con un reportaje sobre cómo un profesional del asunto tiene decorada su casa. Vaya por delante que en casas de otros no me meto, y que cada cual es libre de montárselo como quiera. Pero en esta ocasión la casa del antedicho la habían sacado a la calle, por decirlo de alguna forma. Su propietario la hacía pública, abriendo sus puertas al fotógrafo y al redactor autores del reportaje. Quiero decir con esto que si, verbigracia, un fulano va a mi casa a tomar café y luego cuenta en una revista cómo está decorada la cocina, tengo perfecto derecho a mentarle los muertos más frescos. Otro asunto es que yo pose junto a las cacerolas y el microondas consciente de que van a ser del dominio público. Cada cosa es cada cosa, y ahí no queda sino atenerse a las consecuencias. Que luego digan, por ejemplo, que de decorar cocinas no tengo ni puta idea. O que mi gusto a la hora de elegir azulejos es para pegarme cuatro tiros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, bueno. En ese reportaje al que me refería antes, un diseñador, que por lo visto está de moda, posaba junto a un elemento plástico de su vivienda. Ignoro si el objeto en cuestión era permanente, como cuando se cuelga un cuadro o se pinta una pared, o si era de quita y pon, y estaba puesto allí sólo para la ocasión; aunque el texto que acompañaba la imagen daba a entender que era decoración fija: «Fulanito –decía el pie de foto– escaneó esta imagen de Kate Moss que dio la vuelta al mundo y que a él le impactó de forma poderosa. Luego la fotocopió ampliada y la pegó a trozos en el salón». Lamento que esta página no permita añadir ilustraciones, pues les aseguro que ésta merecía la pena: unos cojines como de tresillo de sala de estar, y encima, donde suele colgarse el cuadro cuando hay cuadro, o las fotos de la familia, troceada en seis partes y sujeta a la pared con cinta adhesiva, la imagen de Kate Moss –que como saben ustedes es una top model algo zumbada, a la que suele moquearle la nariz– sentada en un sofá, toda rubia, maciza y minifaldera, en el momento de prepararse unas rayitas de cocaína. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no he ido a buscar esa escena, que conste. Me la han puesto delante de las narices en una revista que he pagado. Tengo derecho a decir lo que opino de ella, pues supongo que, entre otras cosas, para eso la publican. Lo mismo hacen ustedes con mis novelas, cuando salen. Opinar. O en el correo del lector, con estos artículos. Hablamos, además, de un elemento ornamental situado estratégicamente en lugar destacado de una casa modélica, o sea. O que lo pretende. La de un diseñador conocido, profesional del ramo, quien considera que, para su propio hogar, la imagen más adecuada, junto a la que posa, además, con pinta de estar en la gloria fashion, es la de una pedorra dispuesta a darse, en público, un tiro de farlopa. Y no hablo del aspecto moral del asunto, que me importa un rábano: Kate Moss y sus aficiones son cosa de ella y de su chichi. Lo que me hace gotear el colmillo mientras le doy a la tecla, es que mi primo el diseñata, que por lo expuesto va de original y esnob que te rilas, colega, nos venda el asunto como el non plus ultra de lo rompedor y la vanguardia torera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no me expliquen el argumento, por favor, que lo conozco de sobra. Iconos del mundo en que vivimos, y demás. Kate Moss, muñeca rota de una sociedad desquiciada e insegura, etcétera. El símbolo, vaya. El icono y tal. La soledad del triunfador y otras literaturas. De esos iconos conocemos todos para dar y tomar, para escanear y pegar con cinta adhesiva y para proyectar en cinemascope. A otro cánido con ese tuétano. Nuestra estúpida sociedad occidental tiene la tele, y las revistas, y las casas, y los cubos de la basura atiborrados de toda clase de símbolos. De iconos, oigan. Hasta el aburrimiento. Se me ocurren, de pronto, medio centenar de iconos mucho más representativos del vil putiferio en que andamos metidos. Pasé gran parte de mi vida coleccionándolos para el telediario. Por eso, lo que más me pone es lo del impacto. La imagen de Kate Moss «que a él le impactó de forma poderosa», dice el texto. Hay que ser elemental, querido Watson, para sentirse poderosamente impactado por la imagen de una frívola soplacirios a pique de meterse una raya. Y encima colgarla en el salón para que la admiren las visitas y le sirva a uno como escaparate de lo que profesionalmente lleva dentro. Así que, una de dos: o ese diseñador se lo cree de verdad, lo que sería revelador sobre su criterio estético y su trabajo, o se maquilla la cara con cemento, tomándonos a todos por gilipollas. Aunque entreveo, también, una tercera posibilidad: que él mismo sea un poquito gilipollas, alentado por un mundo que aplaude a los gilipollas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma en el XL semanal por Arturo Peréz-Reverte</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 09 Nov 2008 22:22:47 UT</pubDate>
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            <title>Fallece Michael Crichton</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2115343</link>
            <description>... un momento de silencio por Michael Crichton... autor de un sinfin de sagas, libros y momentos mágicos, tanto en las novelas como en los guiones... sin su innegable genio, nunca hubieramos podido ver está pelicula... basada en &amp;quot;Los devoradores de Cadáveres&amp;quot;... Siempre se mantendrá vivo en nuestra memoria y sus novelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Michael Crichton (Chicago, Illinois, 23 de octubre de 1942 - Los Angeles, California, 4 de noviembre de 2008) fue un médico, escritor y cineasta estadounidense, considerado el iniciador del estilo narrativo llamado tecno-thriller.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha vendido más de 100 millones de libros, los cuales han sido traducidos a más de treinta lenguas, y doce de ellas se han convertido en películas de cine. También es el creador de la serie de televisión, ER (Urgencias). Ha sido la única persona que ha tenido el libro número uno, la película número uno y la serie de televisión número uno en el mismo instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crichton nació en Chicago, Illinois, de John Henderson Crichton y Zula Miller Crichton, y se crió en Roslyn, Long Island, Nueva York. Tiene dos hermanas, Kimberly y Catherine, y un hermano menor, Douglas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asistió a Universidad de Harvard como estudiante, graduándose summa cum laude en 1964[2] . Perteneció a la fraternidad Phi Beta Kappa. Se graduó con el título de Doctor en Medicina en 1969, y realizó el postgrado en el Instituto Salk para estudios biológicos de La Jolla, California, entre 1969 y 1970. En 1988, fue escritor invitado en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la escuela de medicina, escribió novelas bajo los seudónimos de John Lange y Jeffery Hudson. Un caso de necesidad , escrito bajo el seudónimo de este último, ganó el 1969 el Premio Edgar a la Mejor Novela. También es co-autor de Dealing con su hermano menor, compartiendo con él el seudónimo Michael Douglas. La contraportada de ese libro contiene una foto de Michael Douglas a una edad muy temprana sostenido por su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crichton falleció el 4 de noviembre de 2008 en Los Ángeles a la edad de 66 años, &amp;quot;tras una valiente y privada batalla contra el cáncer&amp;quot;, según declaraciones de su familia publicadas en un comunicado que publicó en la página web del noticiero televisivo Entertainment Tonight . En el texto, la familia de Crichton afirma que &amp;quot;el mundo lo conoció como un gran narrador que cuestionó nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo que nos rodea, y nos entretuvo mientras lo hacía&amp;quot;. Crichton tenía previsto publicar una nueva novela en diciembre de 2008, pero la editorial HarperCollins había informado que el libro quedaba indefinidamente postergado debido a la enfermedad del escritor. El comunicado de su familia sintetiza bien el impacto que tuvo la obra de Crichton, A través de sus libros, dice, el escritor &amp;quot;sirvió de inspiración para estudiantes de todas las edades, desafió a científicos en muchos campos e iluminó los misterios del mundo de un modo que todos pudimos entender&amp;quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seudónimos: Sus dos seudónimos fueron ideados para reflejar su altura por encima de la media. Según sus propias palabras, medía 2.06 metros de altura en 1997. Lange es un apellido en Alemania, que significa «uno alto» y Sir Jeffrey Hudson, fue un famoso enano del siglo XVII en el tribunal de la reina consorte Henrietta Maria de Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crichton ha admitido haber plagiado una vez una obra de George Orwell, siendo estudiante, presentándola como suya propia. Según Crichton el documento fue puntuado por su profesor con una nota de «B-». Crichton ha afirmado que el plagio no fue con intención de engañar a la escuela, sino más bien como un experimento: Crichton sospechaba que el profesor en cuestión le daba notas anormalmente bajas intencionadamente, lo que confirmó el experimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matrimonios  [editar]Crichton se ha casado cinco veces y divorciado cuatro. Ha estado casado con Suzanna Childs, Joan Radam (1965-1970), Kathy St Johns (1978-1980) y Anne-Marie Martin, la madre de su única hija, Taylor Anne. Crichton está actualmente casado con Sherri Alexander.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Michael Crichton muere de cáncer el día 4 de noviembre de 2008.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su obra  [editar]Intencionadamente o no, su carrera ha sido paralela a la de Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes. Al igual que Doyle, Crichton era médico, pero desarrolló su carrera como escritor. Además, Crichton ha investigado lo paranormal y las tendencias de su tiempo desde un punto de vista científico. Tanto Crichton como Doyle escribieron sobre dinosaurios vivos en los tiempos modernos (Jurassic Park y El mundo perdido, este último en homenaje a la novela homónima de Conan Doyle El mundo perdido).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Argumentos reales para desarrollar fantasía  [editar]Pese a su predilección por las novelas tecnocientíficas, Crichton carece de formación científica fuera de la medicina y en las materias de algunos de los argumentos de sus novelas. No obstante, Crichton ofrece siempre en ellas una voluminosa cantidad de material real informativo, tanto a nivel de investigaciones como prensa y estudios, a modo de base para sus argumentos desde los que desarrolla la fantasía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de la credibilidad de dichos argumentos, Michael Crichton especifica siempre en sus libros que se trata de una novela de ficción, que parte de estudios o hechos reales en la mayoría de los casos, y que por lo tanto, no hay que tomárselo al pie de la letra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fantasías sobre ciencia real: Algunas de las fantasías desarrolladas por Crichton sobre hechos científicos más famosas son:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La posibilidad de recuperar el genoma completo de un dinosaurio en «Parque Jurásico» se basa en supuestos científicos desarrollados por amigos científicos cercanos aunque la base son experimentos reales genéticos. &lt;br /&gt;Las teorías matemáticas de Parque Jurásico desarrolladas por Ian Malcolm (matemático en el libro) pueden ser consideradas en parte fantasiosas o parte de la propia Teoría del Caos en que se basan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novelas  &lt;br /&gt;La amenaza de Andrómeda The Andromeda Strain (1969) &lt;br /&gt;El hombre terminal The Terminal Man (1972) &lt;br /&gt;El gran robo del tren The Great Train Robbery (1975) &lt;br /&gt;Devoradores de cadáveres Eaters Of The Dead (1976) en la que se basó más tarde, 1999, la película «The 13th Warrior (El guerrero número trece)»[8] . &lt;br /&gt;Congo (1980) &lt;br /&gt;Esfera Sphere (1987) &lt;br /&gt;Parque Jurásico Jurassic Park (1990) &lt;br /&gt;Sol Naciente Rising Sun (1992) &lt;br /&gt;Acoso Disclosure (1994) &lt;br /&gt;En 1994 se estrenó la película basada en esta obra de la que Crichton, como en otras tantas versiones fílmicas de sus obras, fue co-productor. Estuvo protagonizada por Michael Douglas y Demi Moore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo perdido The Lost World (1995) &lt;br /&gt;Twister Twister (1996) &lt;br /&gt;Punto crítico Airframe (1996) &lt;br /&gt;Rescate en el tiempo Timeline (1999) &lt;br /&gt;Presa Prey (2002) &lt;br /&gt;Estado de miedo State of Fear (2004) &lt;br /&gt;Next (2007) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novelas llevadas al cine o televisión &lt;br /&gt;Obras de Crichton que han sido llevadas al cine, a la televisión, ya sea serie o película para TV, o que han servido de base para películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La amenaza de Andrómeda (1971, miniserie de TV en 2008). &lt;br /&gt;Devoradores de cadáveres (1999 como «El guerrero número trece» - John McTiernan). &lt;br /&gt;Congo (1995 - Frank Marshall). &lt;br /&gt;Esfera (1998 - Barry Levinson). &lt;br /&gt;Parque Jurásico (1993 - Steven Spielberg). &lt;br /&gt;Sol Naciente (1993 - Philip Kaufman). &lt;br /&gt;Acoso (1994 - Barry Levinson). &lt;br /&gt;El mundo perdido (1997 - Steven Spielberg). &lt;br /&gt;Twister (1996 - Jan de Bont). &lt;br /&gt;Timeline (2003 - Richard Donner).</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Thu, 06 Nov 2008 22:11:04 UT</pubDate>
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            <title>TRES VESTIDOS ROJOS</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2111037</link>
            <description>Cuando leo estás firmas del gran Arturo Pérez-Reverte, no puedo más que morir de envidia... que dicha tiene de vivir estos momentos, que tan lejanos nos parecen a los  mortales... poder sentarme en una terraza de bar a dos metros de Meryl Streep... o cruzarme con un mito como Sophia Loren... manda huevos! Dos grandes mujeres del cine... buf, seguramente me quedaria helado con la boca abierta, intentando, inútilmente... darles las gracias por esos momentos mágicos que duran 90 minutos, más o menos, que nos han brindado y espero sigan haciéndolo durante muchos años más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIRMA DE ARTURO PÉREZ-REVERTE EN EL SEMANAL - TRES VESTIDOS ROJOS&lt;br /&gt;Alos cincuenta y siete tacos, uno conserva pocos mitos. La vida los liquida uno tras otro. Sin embargo, algunos individuos tienen, o tenemos, cierta facilidad para aferrarse a los suyos, defendiéndolos como gato panza arriba. De tales mitos, los procedentes del cine sobreviven en la gente de mi generación; quizá porque cuando nos alimentábamos con programas dobles y bolsas de pipas, sólo el cine y los libros inflamaban la imaginación hasta el punto de marcar vidas y destinos. Esa magia terminó hace tiempo. El cine ya no es así, y la televisión es otra cosa. Tampoco los espectadores son los mismos. Ni siquiera los niños, esos pequeños cabrones de lógica demoledora, llegan al momento oportuno con la parcela de inocencia y territorio en blanco virgen, lista para ser cubierta, que traían antes. Los nuevos mitos vienen de otros sitios, no del cine. O apenas de él. Como me dijo una vez en San Sebastián Pedro Armendáriz hijo, el cine sólo fue de verdad cuando era mentira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente en el bar legendario del hotel María Cristina reflexionaba yo sobre esto hace unas semanas, durante los últimos días del festival de este año, con Meryl Streep sentada a dos metros y medio. Adolfo, el barman perfecto, viejo amigo mío, me estaba poniendo una piña colada –es un genio para mezclar mariconadas alcohólicas–, y yo dije: Adolfo, colega, este bar ya no es lo que fue. El cine de siempre se ha ido a tomar por saco. Ahí la tienes. Un mito de Hollywood, y nadie se fija en ella. Parece una turista guiri educada, con sus gafas de lectora de Philip Roth y su plano de la ciudad, a punto de irse al casco viejo en busca de un tablao flamenco. Tiene el mismo glamour que una concejal de ANV. Esta pava ha sido novia de Robert de Niro en El cazador, y mujer del teniente francés; y el barón Blixen, o uno de ésos, le pegó un sifilazo en Memorias de África mientras se la trajinaba Robert Redford. Y aquí me tienes, chaval. Tócame el pulso. Ni siquiera siento las piernas. El mundo se derrumba, Adolfo. Y tú y yo nos enamoramos. De Kim Novak. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella misma noche, sin embargo, los viejos mitos del cine vinieron en mi auxilio. Estaba en el rincón de siempre, la mesa de la esquina, con el director de cine Imanol Uribe y mi productor de toda la vida, Antonio Cardenal, que además es casi mi hermano. Hablando de otros tiempos y otras películas. El bar estaba desolado, sin un mito que llevarse al diente, y además acababa de cruzar el pasillo, rodeado de enloquecidas y aullantes treceañeras, un chico jovencito que, dicen, hace una serie en la tele. O sea. La España analfabeta y cutre que le negó un Goya a Viggo Mortensen, por ejemplo. Y Antonio dijo: esto se ha terminado, colega. El último, que apague la luz. Y yo estaba a punto de decirle vámonos al Museo del Whisky, compañero, y que le den por saco al cine, cuando se sienta con nosotros Lucía Jiménez, encantadora como siempre, guapísima, estupenda actriz, con un vestido rojo pasión y escote palabra de honor que le sienta de maravilla. Y de pronto ese rincón del bar del María Cristina vuelve a ser lo que fue, como si un foco de gran estreno acabara de encenderse en el techo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así era el cine, me digo. Así debería ser todavía, pardiez. Es el vestido rojo de Lucía el que ha obrado el milagro –no todas pueden llevarlo como ella lo lleva–, y por un momento parece que el bar esté otra vez en tiempos del cine de verdad. Son los viejos mitos los que funcionan a favor, ayudando a reconstruir el ambiente. Así, trasegando brebajes adolfeños entre bendito humo de cigarrillos, Antonio y yo recordamos el año en que vimos bajar despacio por la escalera, espléndida dentro de un vestido rojo fascinante, a una joven bellísima que nos dejó petrificados en el vestíbulo cuando nos disponíamos a ir al estreno de El Zorro; y al preguntar cómo se llamaba aquella aparición de carnes tan adecuadas nos dijeron que era una chica nueva, recién llegada al asunto. Una tal Catherine Zeta-Jones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedimos ahora alcoholes más contundentes, cambiando la seda por el percal. Lucía se va a un estreno. Antonio, Imanol, Adolfo y yo nos quedamos recordando películas, nombres, momentos del cine que son tan reales como nuestras vidas. El vestido rojo ha obrado el milagro de devolver a nuestro rincón, un año más, el encanto de otro tiempo. Bendita sea esa chica, pienso. Bendito sea el cine que sólo fue de verdad cuando era mentira. Entonces cuento la última. Una historia mía, reciente. Nápoles, hotel Vesubio, hace unos días. Voy camino de mi habitación, se abre la puerta del ascensor y sale Sophía Loren morena, peinadísima, maquillada, siempre perfecta. Vestida de rojo. Te lo estás inventando, dice Antonio. No invento nada, respondo. Tienes mi palabra de honor. Entonces sonríe bonachón, feliz, y apura el quinto White Label con cocacola. Tres vestidos rojos esta noche, amigo. Tres. El cine todavía guiña un ojo a quienes creyeron en él.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 04 Nov 2008 22:31:24 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>EL MINADOR ENMASCARADO</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2094084</link>
            <description>Me gusta mucho Cádiz, quizá porque se parece a la Cartagena de mi infancia y mis nostalgias: una ciudad del XVIII con tres mil años de memoria portuaria y marinera, meridional, africana, surrealista como ella sola. Estos días, para mi felicidad, ando por allí de amigos, librerías y bibliotecas, preparando un ciclo de conferencias sobre el bicentenario de 1812. Ése es un pretexto estupendo para patear de nuevo esas calles, hacer el viacrucis de mis bares favoritos –los más cutres del barrio de la Viña–, y ver pasar a la gente sentado en una terraza de la calle Columela o la plaza de San Francisco. También para encontrarme de nuevo con mi viejo enemigo El Minador Enmascarado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cádiz es una ciudad limpia, en principio. No como otras cuyo nombre callo por caridad cristiana. Quizá porque está llena de señoras mayores que van a la plaza por las mañanas o pasan la fregona por el portal y su cacho de acera, Cádiz es una ciudad pulcra y reluciente, habitada por gente como Dios manda. Gente de toda la vida, que a veces tiene perro, o perros. Perros y perras, que diría el político soplapollas –o la político soplapollas– de turno. Pero, como he dicho antes, los gaditanos son aseados y responsables. Es imposible, por tanto, que la cantidad de deposiciones y excrementos caninos que alfombra su casco histórico desde Puerta de Tierra a La Caleta, sea culpa de sus habitantes. Ningún gaditano sería capaz de permitir a su mejor amigo, el cánido, aliviarse en mitad de la acera sin agacharse luego a recoger el producto con la bolsita correspondiente y tirarlo a una papelera. Eso no me lo puedo de creer, pishas. Ni de coña. Es, por tanto, imposible que las innumerables minas defecatorias plantadas sistemáticamente a lo largo y ancho de toda la ciudad vieja –una cada diez metros, más o menos–, a la espera de que un transeúnte incauto coloque la suela del zapato encima, plas, provengan del esfínter flojo de perros locales con diferentes amos. Y que el Ayuntamiento –Teófila, dama de hierro– lo permita. Una ciudad como Cádiz, poblada por ciudadanos ejemplares de limpia ejecutoria, no puede tener tanto hijo de puta con perro. No me salen las cuentas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es ahí donde, estoy seguro, interviene El Minador Enmascarado. Eso ya es más razonable, fíjense. Trabajo con la hipótesis de que en Cádiz hay alguien que me odia personalmente. Alguien que tiene cuentas pendientes conmigo. Lo mismo le desagrada mi careto, o mi prosa dominical, o prefiere las novelas de Javier Marías, o no le gustan mis corbatas. Los caminos del odio defecatorio pueden ser infinitos e inescrutables. Y estoy seguro de que ese enemigo invisible, El Minador Enmascarado, es quien, cada vez que se entera de que estoy allí, recorre las calles al acecho, sigiloso y malévolo, precediéndome con una jauría de perros con desarreglo intestinal, procurando sembrar de minas mis itinerarios habituales, a ver si me descuido, piso el artefacto y zaca. Me pilla. El Reverte blasfemando en arameo mientras salta a la pata coja. Emitiendo opiniones controvertidas sobre el copón de Bullas y la virgen del Rosario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero verdes las siegan, canalla. A menudo, como en Cádiz hace buen tiempo y callejea tanta gente, cuando llego a una de esas trampas mortales de necesidad compruebo que ya pasó por encima cierto número de transeúntes que, dicho en jerga golfaray, se comieron el marrón. A veces es un tropel de guiris, recién desembarcados de un crucero, el que paga el pato; otras, cualquier ciudadano, vecino de calle o funcionario rumbo al cafelito de las once. La ventaja, en tales casos, es que casi todas las minas ya están pisadas: explotaron bajo otros incautos. Las huellas de patinazos, raaaas, son elocuentes. Además, la gente usa ahora poco zapato con suela de material y mucha deportiva con dibujo, y ésa se lo lleva casi todo. Chof, chof. Aun así procuro ir atento, avanzando en zigzag. Cauto. Una vida dura como la mía enseña un huevo. Incluso enseña dos. Sobreviví al temporal de la Navidad del 70, a Beirut, a Sarajevo y a esa individua sectaria –antigua jefa de Informativos de TVE– rebozada en resentimiento y mala leche que ahora escupe bilis en la tele con el nombre de María Antonia Iglesias. Figúrense cómo tengo el colmillo de retorcido, a estas alturas del Coyote y el Correcaminos. En Cádiz no leo diarios por la calle, ni miro balcones o ventanas. Por no mirar, ni miro a las mujeres guapas. Avanzo prudente, estudiando el suelo como Rambo en territorio enemigo. Previendo la emboscada. A ver en qué acera me la van a endiñar, si me descuido. Dónde está la siguiente plasta intacta, aguardándome como una cita letal con el Destino proceloso. No podrás conmigo, cabrón, mascullo entre dientes. Minador Enmascarado, o como te llames. O Minadora. Los viejos reporteros nunca mueren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arturo Pérez-Reverte</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Mon, 27 Oct 2008 19:43:07 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>GILISOLUCIONES PARA UNA CRISIS</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2078332</link>
            <description>Pues ahora tengo hambre... aunque de un buen bocadillo de tortilla con&amp;quot;pa amb tomaquet&amp;quot; ^_^ y nada de tonterias raras, que llenan poco el buche y vacían rápido la cartera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Aurturo Pérez-Reverte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El diccionario de la Real define la palabra gilipollas como tonto, o lelo. Es buena definición, pero a mi juicio le falta un matiz. Yo lo definiría como tonto, lelo, con un punto de pretenciosidad o alegre estupidez. Esa distinción es importante, a mi juicio. Pongo un ejemplo casual como la vida misma: no es igual, como dirían en mi tierra, un tonto a secas que un tontolpijo. El tonto es tonto, y no da más de sí. En Aragón, verbigracia, el tontolhaba no es más que un cenutrio elemental, querido Watson. Un tonto de infantería. Sin embargo, en Cartagena o Murcia el tontolpijo es un tonto con maneras de otra cosa. Un tonto ligeramente cualificado, o con ínfulas de ello. Entre uno y otro podríamos situar también al tontolculo y al tontolnabo, que son especies intermedias pero más bien bajunas. Tirando a cutre, vamos. La joya de la corona, sin discusión, es el tontolpijo. Ése se sitúa por mérito propio en la parte alta del escalafón. En esencia, el tontolpijo es un tonto que suele dárselas de listo. Que no se entera de lo tonto que es, y encima se cree divino de la muerte. Un capullín puesto de perfil, o sea. Sabidillo y frivolón al mismo tiempo, con pujos de cantamañanas. Un tonto al que a menudo podríamos definir como políticamente correcto. O sea: un gilipollas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda esta amena reflexión filológica proviene de la lectura de los suplementos dominicales y revistas de hace un par de semanas. Estaba en ello cuando me topé con algunos reportajes que coincidían en materia: consejos para las familias a la hora de plantearse la cocina en tiempos de crisis. En vista de la que va a caer, era la idea, hay que apretarse el cinturón, renunciar a caprichos gastronómicos y buscar menús domésticos baratos y sencillitos, poco gravosos para el bolsillo. Para echar una mano a las economías familiares, esos reportajes coincidían en proponer platos adecuados para tiempos de incertidumbre como los que tenemos encima. Cositas sencillas, vamos. De diario. Para ir tirando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una receta de pescado, por ejemplo, sugería cómo lograr el sabor de la vieira, que es cara, con productos más accesibles: 150 gramos de merluza, 150 de rape, 150 de congrio y 150 de mero. Tal cual. Todo eso puesto dentro de conchas de vieira, por aquello de que comemos tanto con los ojos como con la boca. Frente a este delicioso modo de hacer frente al despilfarro doméstico, el consejo de otra revista para remontar la crisis con el estómago lleno y sin complejos tampoco tenía desperdicio: tosta de hígado de raya. Procurando, eso sí, que las cebolletas estén limpias y picadas muy finas y que las rebanadas de pan sean el doble de largas que de anchas –después de todo, la miseria no está reñida con la estética–, y que el aceite, a ser posible, sea de oliva virgen. La calidad y el amor a los suyos, oiga, aconsejan ese pequeño sacrificio. Al final, lo simple aburre, y lo barato siempre sale caro. Dicen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí van otras sugerencias –divertidas, es el inevitable adjetivo– para jalar en condiciones sin que la economía familiar se resienta mucho: mero con cuscús, pechugas en escabeche de Módena, cerdo relleno de grumelos, sardina pertrechada con vinagreta de tomate en caliente. Etcétera. Por supuesto, los procedimientos cuentan. Nada de despachar el género con vuelta y vuelta y un sofrito guarro de tomate enlatado, o recurrir a la ordinariez de pasta, garbanzos, arroz, puré, acelgas o tortilla de patatas. La palabra crisis, el estar tieso como la mojama, no pueden ser pretextos para la vulgaridad a la hora de ponerse a la mesa. Nunca en España, por Dios. Un simple mejillón hervido con chorro de limón es intolerable por mucho que se desplome la bolsa. Lo importante es añadir tabasco a la cebolla y el tomate sin olvidar tomillo, perejil y laurel, todo bien picadito. Y en cuanto rompa a hervir el huevo, rectificar el punto de sazón e incorporar los mejillones. Por supuesto, dando un hervor al conjunto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que ya lo saben. No hay crisis incompatible con un estómago lleno, ni con el glamour de una mesa que firmarían Arzac o Ferrán Adrià. Con talento y buen ojo, todo es posible en Granada. La señora o el caballero llegan a casa, por ejemplo, después de pasar la mañana en la cola del paro o buscándose la vida con su navaja en una esquina, y con una simple lata de berberechos y los consejos de cualquier revista pueden despertar la admiración de su familia, y de paso subirse unos puntos la autoestima, cocinando, sin ir más lejos, unas almejas deconstruidas al aroma de esturión con cebollas glaseadas a la roteña con guarnición de arroz de Calasparra travestido a lo salvaje del Orinoco. Por lo menos. Así que, por mucha crisis que haya o vaya a haber –además, el Gobierno ya prepara eficaces medidas para cuando la crisis pase y sigamos siendo el pasmo de Europa–, no se disminuya, amigo. Igual hay quien lo llama gilipollas. O si es de Murcia, tontolpijo. Pero tranquilo. Si los perros ladran, es que cabalgamos. Coma usted barato, original y caliente. Sobre todo, divertido. Fashion. Y ríase la gente.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Mon, 20 Oct 2008 10:08:55 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>Diario de una Ninfómana - Diario de una prohibición</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2067888</link>
            <description>Parece que los tiempos en los que alguien te decía como vestir, con que idioma se debe hablar, y como pensar... no quedan tan lejos, incluso... parece que siguen aquí. &lt;br /&gt;No tengo el placer de decir que he leído &amp;quot;Diario de una Ninfómana&amp;quot;, pero esta claro que el cartel no es para nada provocativo y sobretodo de &amp;quot;dudosa legalidad&amp;quot;... he visto el cartel y no me han entrado impulsos criminales o de lanzarme en una vorágine de sexo descontrolado... &lt;br /&gt;Me parece muy fuerte que prohiban este cartel... al final tendremos que ir al cine a Perpinya como nuestros padres, cuando en el país mandaba la represión absoluta para los que pensaban libremente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Empresa Municipal de Transportes se ha negado a promocionar la cinta en los autobuses y marquesinas por considerarla provocativa y de 'dudosa legalidad'.&lt;br /&gt;El director de la película, Christian Molina, encargado de diseñar el cartel, no ha dudado en afirmar que este veto es propio del franquismo. Cuando recibió la negativa de promocionar el filme en los autobuses decidió hacer una segunda versión, pero también fue rechazada. Entonces apostó por poner un cartel en blanco en la que sólo se leyese el título de la película, pero tampoco hubo suerte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;quot;Llegué a la conclusión de que lo que les molestaba era la palabra ninfómana. Si el filme se titulara 'Diario de un asesino' no pasaría nada&amp;quot;, se lamentó Valeria Tasso, la autora del libro en el que está basado esta producción española. Al final, el realizador ha decidido mantener el cartel original.&lt;br /&gt;Molina ha reconocido que en todas las ciudades le habían puesto pegas para incluir la publicidad en las vallas de ámbito público, pero sólo ha sido Madrid la que se ha negado definitivamente.&lt;br /&gt;El Ayuntamiento de la capital también ha dado su versión. Según el vicealcalde, Manuel Cobo, la Empresa Municipal de Transportes remitió el anuncio a Autocontrol de la Publicidad, un organismo que valora todos los anuncios (incluidos los de la televisión y prensa) antes de que se emitan. El organismo estimó que el cartel de 'Diario de una ninfómana' debería llevar el indicativo de que la película solo es apta para mayores de 13 años. Según su versión, la productora rechazó esta propuesta.&lt;br /&gt;Sin embargo, el director ha declarado que no tiene conocimiento de estos hechos;: &amp;quot;No me consta esa proposición&amp;quot;, dijo. &amp;quot;Además, en el caso de que sí la hayamos recibido, nos lo dicen con dos días de plazo, cuando no hay tiempo de hacer otro cartel&amp;quot;.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Wed, 15 Oct 2008 11:51:37 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>UN GUDARI DE CARTAGENA</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2063877</link>
            <description>Colecciono combates navales desde niño, cuando mi abuelo y mi padre me contaban Salamina, Actium, Lepanto o Trafalgar, veía en el cine películas como Duelo en el Atlántico, Bajo diez banderas, Hundid el Bismarck, La batalla del Río de la Plata o El zorro de los océanos –John Wayne haciendo de marino alemán, nada menos–, o leía sobre el último zafarrancho del corsario Emden con el crucero Sidneyfrente a las islas Cocos. Dos episodios de la Guerra Civil española se contaron siempre entre mis favoritos: el hundimiento del Baleares y el combate del cabo Machichaco. Los conozco de memoria, como tantos otros. Cada maniobra y cada cañonazo. A veces, en torno a una mesa de Casa Lucio, cambio cromos con Javier Marías o Agustín Díaz Yanes, a quienes también les va la marcha aunque sean más de tierra firme: Balaclava, Rorke’s Drift, Stalingrado, Montecassino. Sitios así. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La del cabo Machichaco es mi historia naval española favorita del siglo XX. Sé que lo de historia española incomodará a alguno, pues se trata del más gallardo hecho de armas de la marina de guerra auxiliar vasca durante la Guerra Civil; pero luego matizo la cosa. Un episodio, éste, heroico y estremecedor, que tuvo lugar el 5 de marzo de 1937 frente a Bermeo, cuando el crucero Canarias dio con un pequeño convoy republicano formado por el mercante Galdames y cuatro bous armados de escolta. La mar era mala; el Canarias, el buque más poderoso de la flota nacional; y los bous, unos simples bacaladeros grandes, armados de circunstancias. Después de incendiar uno de ellos, el Gipúzkoa, que tras combatir pudo refugiarse en Bermeo, y alejar a otros dos, el crucero nacional dio caza al mercante, que paró sus máquinas. Luego decidió ocuparse del Nabarra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Háganse idea. Un crucero de combate, blindado, de 13.000 toneladas, con cuatro torres dobles de 203 milímetros, capaces de enviar proyectiles de 113 kilos a 29 kilómetros de distancia, enfrentado a un bacaladero –el ex Vendaval, incautado por el gobierno vasco– de 1.200 toneladas, dotado con sólo un cañón de 101,6 a proa y otro igual a popa. El comandante del Nabarra era un marino mercante asimilado a teniente de navío, que había pasado toda su vida profesional en los bacaladeros de la empresa pesquera PYSBE, y que al estallar la contienda civil decidió seguir la suerte que corrieran los barcos de ésta. Y al verse encima al Canarias, que lo batía desde 7.000 metros de distancia con toda su artillería, decidió pelear. Puesto a ser hecho prisionero y fusilado, dijo tras reunir a sus oficiales en el puente, prefería hundirse con el barco. Todos estuvieron de acuerdo. Así que se pusieron a ello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuerte marejada. Un cielo gris, viento y chubascos. Y hombres que se vestían por los pies. Arrimándose cuanto pudo, el humilde bacaladero consiguió meterle al crucero algún cañonazo en la amura de babor y otros que le tocaron palos y antenas. Durante una hora, maniobrando entre el oleaje, el Nabarra sostuvo el fuego de un modo que los mismos enemigos –el comandante y el director de tiro del Canarias– calificarían luego en sus partes de eficaz y admirable. Al fin, el cañoneo devastador del crucero liquidó el asunto cuando un impacto directo acertó en el puente del Nabarra, matando al timonel y al segundo oficial. Otro proyectil de 203 milímetros alcanzó la sala de máquinas y destrozó a cuantos estaban allí. Ya sin gobierno, aunque disparando sin cesar, el bacaladero encajó nuevos cañonazos enemigos. Al fin, viendo imposible proseguir el combate, su comandante dio orden a los supervivientes de que intentaran salvarse, quedándose él a bordo con el primer oficial hasta que el barco estalló y se fue a pique. Sólo veinte de los cuarenta y nueve tripulantes consiguieron llegar a los botes salvavidas. El resto, comandante incluido, desapareció en el mar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora quiero apuntar un detalle que las fanfarrias oficiales y algún historiador de pesebre local suelen dejar de lado cuando se menciona la acción del cabo Machichaco: el comandante que de ese modo cumplió su deber y su palabra, hundiéndose con el barco después de tan atrevido combate, respetado y obedecido por sus hombres hasta el último instante de sus vidas, no era vasco. Había nacido en La Unión, Cartagena. Paisano mío. Estaba casado con una guipuzcoana llamada Natividad Arzac, hija del médico de Pasajes –una sobrina suya, Pilar Echenique Arzac, vive todavía en San Sebastián–, y peleó, como mandaban las ordenanzas, con la ikurriña izada en la proa y la bandera tricolor de la República Española ondeando en la popa, hasta que a las dos las desgarró, juntas y al mismo tiempo, la metralla del Canarias. Enrique Moreno Plaza, se llamaba el tío. Teniente de navío de la Euzkadiko Gudontzidia. Con un par de huevos exactamente donde hay que tenerlos. Acababa de cumplir treinta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Arturo Pérez-Reverte</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Mon, 13 Oct 2008 17:20:52 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>NO PUEDO CONTROLAR A ESTROS TRUHANES</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2031035</link>
            <description>Por fin se desveló el misterio. Desde hace cuatrocientos cincuenta años, los investigadores navales ingleses se han esforzado en averiguar por qué el Mary Rose, ojito derecho de la flota de Enrique VIII, se fue a pique en el año 1545 frente a Portsmouth, durante un combate con los franchutes. En realidad ya se sabía algo: el barco no se hundió por los cañonazos enemigos, sino porque las portas de las baterías bajas estaban abiertas durante una maniobra complicada, entró agua por ellas y angelitos al cielo. Glu, glu, glu. Todos al fondo. Pero faltaba el dato clave: un estudio médico del University College de Londres –eso suena a serio que te rilas, colega– acaba de establecer la causa exacta del hundimiento. El agua entró por las portas abiertas, en efecto. Pero tan imperdonable descuido marinero fue posible porque la tripulación de esa joya de la marina inglesa no era inglesa, pese a lo que su propio nombre indica. Ni hablar. El Mary Rose estaba tripulado por spaniards. Sí. Por españoles. Naturalmente, eso lo explica todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estoy de coña, señoras y caballeros. O la guasa no es mía. Los perspicaces investigatas del University College afirman eso después de pasar veinte años estudiando dieciocho cráneos rescatados del barco. Tras concienzudos estudios antropológicos, la conclusión es que diez de esos cráneos procedían del sur de Europa, debido, ojo al dato, a la composición específica de sus dientes. Se dice, por otra parte, que Enrique VIII iba escaso de marineros cualificados y enroló a extranjeros. Así que, con aplastante lógica científica, los investigadores han llegado a la conclusión de que éstos sólo podían ser españoles. Tal cual, oigan. Ni italianos, ni portugueses ni franceses. Lo de los dientes es decisivo. A ver quién tiene el colmillo así de retorcido, o tantas caries. O tan malos dientes de leche. Vaya usted a saber. El caso es que,bueno. Blanco y en tetrabrik, eso. Leche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más fino es la conclusión del profesor Hugo Montgómery, jefe del equipo investigador. «En el estruendo de la batalla, se habría necesitado una cadena de mando muy clara y disciplinada para cerrar a tiempo las portas», afirma este Sherlock Holmes de la osteología náutica. Y es que la palabra disciplina en boca de un inglés lo explica todo. Otra cosa habría sido que el Mary Rose hubiese estado en las competentes manos de leales súbditos británicos. No se habría hundido bajo ningún concepto. Pero a ver qué se podía esperar con una tripulación española –lo más normal del mundo, por otra parte, a bordo de un barco inglés–. O sea. Con torpes y sucios meridionales, todo el día oliendo a ajo y rezando el rosario, flojos de idiomas, que no entendían las eficaces órdenes que se les daban en perfecta parla de allí. Así, el hundimiento estaba cantado, claro. Elemental, querido Watson. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo mismo, modestia aparte, también he investigado un poco el asunto. Y fíjense. No sólo coincido con las conclusiones británicas, sino que, tras estudiar con una lupa la dentadura postiza de la madre que parió al profesor Montgómery, me encuentro en condiciones de iluminar otros rincones oscuros del naufragio. Y puedo confirmar que, en efecto, así no había quien mandara un barco. Sé de buena tinta –una tinta Montblanc, cojonuda– que el naufragio se produjo cuando el almirante british, que se llamaba George Carew, ordenó «Todo a estribor» y el timonel, que casualmente era de Ondarroa, respondió «Errepika ezazu agindua, mesedez», que significa, más o menos, repíteme la orden en cristiano o verdes las van a segar. Y mientras el almirante mandaba a buscar a alguien que tradujese aquello a toda tralla, una marejada cabroncilla empezó a colarse dentro. «Cierren portas, voto al Chápiro Verde», ordenó entonces el almirante, algo inquieto. Entonces, desde abajo, el contramaestre, un tal Jordi, que era de Palafrugell, respondió. «Digui’m-ho an català si us plau», con lo que míster Carew se quedó de boniato a media maniobra. «Pero de qué van estos mendas» inquirió, ya francamente contrariado. Mientras tanto, los demás tripulantes, que también eran indígenas de aquí, estaban en los entrepuentes tocando la guitarra y bailando flamenco, costumbre habitual de todos los marineros españoles, sin excepción, en situaciones de peligro. Fue entonces cuando los oficiales, nativos de Bristol y de sitios así, rubios y tal, empezaron a gritar: «¡El barco zozobra, el barco zozobra!». Y abajo, algunos tripulantes, que eran tartamudos y además de Cádiz, respondieron, con palmas de tanguillo y mucho arte: «Pues más vale que zo-zobre a que fa-falte, pi-pisha». Y claro. En dos minutos, el Mary Rose se fue a tomar por saco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen los libros de Historia que las últimas palabras del almirante Carew, antes de ahogarse como un salmonete, fueron: «No puedo controlar a estos truhanes». Pero no. Lo que realmente dijo fue: «No puedo controlar a estos hijos de puta».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POR ARTURO PERÉZ-REVERTE XL SEMANAL</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Mon, 29 Sep 2008 11:45:04 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>Otro mito que vivira en el recuerdo  - Paul Newman</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2027990</link>
            <description> Hay quien espera un nuevo Paul Newman... cuando eso no ocurrirá, esta estrella nos abandona y nos deja su gran trabajo y un legado inmortal de lo que fue un día el cine americano. Ya no volverán unos ojos azules a brillar con la misma intensidad, ahora que los de Paul estan cerrados y cualquier comparación esta fuera de lugar. Ningún actor de ahora puede compararse a él en ningún aspecto y tampoco es justo para los nuevos actores. La vida es un camino y siempre se llega a un fin, pero por suerte podremos ver parte del camino recorrido por este astro del celuloide en todos sus trabajos.&lt;br /&gt;Paul... siempre te recordaremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=&quot;http://es.netlogstatic.com/p/oo/020/997/20997387.jpg&quot; /&gt;&lt;span class=&quot;textAlign textAlignCenter&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El actor estadounidense Paul Newman falleció en Estados Unidos, anunció este sábado Vincenzo Manes, presidente de la fundación Dynamo Camp de Limestre (centro de Italia) que integra la organización internacional de solidaridad fundada por la estrella de Hollywood.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los presentes respondieron con un aplauso que duró algunos minutos&amp;quot;Esta mañana a las 7.30 (hora italiana, 5.30 GMT) recibí un correo electrónico desde Estados Unidos en el que se me informa que Paul Newman no está más entre nosotros&amp;quot;, dijo Manes. Los presentes respondieron a la noticia con un aplauso que duró algunos minutos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La versión no ha sido confirmada todavía en Estados Unidos. El actor, de 83 años, estaba enfermo de cáncer de pulmón. En agosto había abandonado el hospital, donde se sometía a un ciclo de quimioterapia, porque quería pasar sus últimos días en su casa con su esposa Joanne Woodward y sus hijas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa &amp;quot;mujer deseada&amp;quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leyenda indiscutible del cine estadounidense cuyos ojos azules, posiblemente los más famosos de Hollywood y los que más suspiros provocaron, serán tan recordados como su brillante carrera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eterno aspirante al Óscar, obtuvo uno honorífico por toda su carrera en 1986 y al año siguiente finalmente lo consiguió por su papel de viejo zorro del billar en &amp;quot;The color of money&amp;quot;, cuando tenía 61 años y una larga carrera a sus espaldas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos premios seguidos tras siete candidaturas por &amp;quot;La gata sobre el tejado de zinc&amp;quot; (1958), &amp;quot;El buscavidas&amp;quot; (1961), &amp;quot;El más salvaje entre mil&amp;quot; (1963), &amp;quot;La leyenda del indomable&amp;quot; (1967), &amp;quot;Raquel, Raquel&amp;quot; (1968), &amp;quot;Ausencia de Malicia&amp;quot; (1981) y &amp;quot;Veredicto final&amp;quot; (1982). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;quot;Es como perseguir a una mujer preciosa durante 80 años&amp;quot;, dijo el actor al recibir el premio, al que siguieron otras dos nominaciones, por &amp;quot;Ni un pelo de tonto&amp;quot; (1994) y &amp;quot;Camino a la perdición&amp;quot; (2002), su despedida del cine por la puerta grande, en un duelo interpretativo de altura junto a Tom Hanks. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, en 2005 ganó un Emmy y un Globo de Oro por su aparición en la mini-serie para televisión &amp;quot;Empire Falls&amp;quot;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elegancia, masculinidad, porte, complejidad, rebeldía, honestidad y sensualidad. Y con la rara excepción de poner de acuerdo sobre ello a hombres y mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era, es, Paul Newman. Su primera aparición en el cine fue en El cáliz de plata (1954). Desde entonces más de 50 películas ante las cámaras le avalan y, por lo menos la mitad, auténticas joyas como para no perdérselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de su faceta como actor, destacó como director y productor. Fue nominado al Oscar en 8 ocasiones como actor principal, 1 como actor de reparto y una más como productor. Pero sólo lo ganó una vez, en 1986 por El color del dinero, un año después de haber recibido una estatuilla honorífica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El impacto de gran parte de sus películas tanto entre el público como entre la crítica fue espectacular. Es difícil destacar sólo una decena, pero fácilmente podríamos recordar las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcado por el odio (Robert Wise, 1956)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiel defensor del Método del Actor's Studio, su segundo largometraje como protagonista también le significó el reconocimiento internacional. Newman saltaba de la delincuencia en las calles neoyorquinas al ring para recrear la biografía de otra figura mítica, pero del boxeo, Rocky Graziano. Imprescindible también por Pier Angeli , una formidable fotografía en blanco y negro y un ritmo vibrante. Por algo su director, Robert Wise , fue el montador de Ciudadano Kane (1941).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosas que tiene Hollywood, y las grandes estrellas, a veces. Ni siquiera la rígida censura de la época, que camufló la homosexualidad de su protagonista, evitó que ésta sea no sólo una de las mejores adaptaciones de una obra de Tennesse Williams sino también uno de los grandes clásicos del cine. Temas como la familia, las relaciones paterno-filiales, el amor o la hipocresía desfilan entre la maestría de sus intérpretes y diálogos. Y un recital de Elizabeth Taylor , que recibió la noticia de la muerte en un accidente aéreo de quien era su esposo por entonces, el productor Mike Todd. Hecho que la hizo entregarse aún más al personaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buscavidas (Robert Rossen, 1961)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un perdedor. Un granuja que se gana la vida desplumando a los incautos que le retan en la mesa del billar. Es Eddie Felson, elevado al altar de los personajes de cine memorables por obra y gracia de un magnífico Newman. Secundado además por otras interpretaciones que rayan la perfección, como la de el Gordo de Minnesota (Jackie Gleason ), su máximo rival; o Sarah Packard (Piper Laurie ), la mujer que tal vez pueda sacarle del camino a la perdición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortina rasgada (Alfred Hitchcock, 1966)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su única película bajo las órdenes del maestro del suspense, en un rodaje en el que actor y director no salieron demasiado amigos. Interpretó a un físico nuclear norteamericano que, a petición de los servicios secretos de EE.UU., debe hacerse con una fórmula secreta hallada por un científico alemán al otro lado del telón de acero. Para conseguirla se hará pasar por comunista y traidor a su patria incluso ante su propia prometida (Julie Andrews ). Con éxito crítico y comercial sólo aceptable en su estreno, no está considerada como una de las obras maestras de Hitchcock . Pero contiene al menos dos momentos para recordar: lo difícil que es matar a una persona (y toda una escena de referencia, que incluso recientemente Ang Lee llegaba a homenajear en Deseo, peligro ); y la huida final en autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente un rebelde a la sociedad, esta vez condenado a dos años de prisión por una minucia: romper los contadores de un aparcamiento. Paul Newman es Luke en uno de los títulos de su filmografía más amados por la crítica estadounidense. Un drama carcelario que, se haya visto o no, inmediatamente se asocia con dos secuencias de las que todo el mundo ha odio hablar alguna vez. La apuesta de Luke de comerse nada menos que 50 huevos. Y la sexy presencia de Joy Harmon , una rubia que se dedica a caldear los ánimos de los presidiarios en sus trabajos forzados al aire libre. Su especialidad, el uso de la &amp;quot;manguera&amp;quot; y el jabón para limpiar el coche. Imágenes que, por ejemplo, inspirarían infinidad de anuncios de televisión, videoclips y demás películas; además de ser considerada como uno de los momentos más tórridos del cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969) (para mi uno de sus mejores trabajos, al lado de Robert Redford y la que más me gusta conjuntamente con el Buscavidas y la mítica el Golpe)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Título mítico de la historia del cine, y también uno de los mayores taquillazos de los sesenta. Como no podía ser menos al reunir en la misma pantalla a Newman con otro de los grandes guapos por excelencia del celuloide, Robert Redford. Dos asaltadores de bancos en el viejo Oeste a punto de desaparecer que formarán un singular trío con Etta Place (Katharine Rose). Y una canción, Raindrops Keep Fallin' on My Head, compuesta por Burt Bacharach, convertida en un himno a la libertad y al gozo de vivir el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El golpe (George Roy Hill, 1973) (Buf!!! la mejor, sigo mirando esta película una y otra vez y sigo disfrutando igual que cuando era un niño).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La legendaria pareja protagonista de Dos hombres y un destino, Newman y Redford, volvería a unir sus fuerzas para esta original, divertida y enrevesada trama de engaños que inspiraría en parte a la saga de Ocean's Eleven de Steven Soderbergh . El Chicago de los años treinta y el mundo de los gangsters desde una óptica totalmente distinta, un guión excelente y un final absolutamente sorprendente. Banda sonora adaptada por Marvin Hamlisch igualmente inolvidable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veredicto final (Sidney Lumet, 1982)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;David contra Goliat, o Frank Gavin, un veterano abogado que ha conocido tiempos mucho mejores, retomando el pleito más importante de su carrera, el de enfrentarse a las grandes corporaciones, en este caso un hospital denunciado por un error médico. El Newman más maduro aportó la sexta nominación como actor de su carrera. Pero la estatuilla volvió a escabullirse yendo a parar a manos de Ben Kingsley y su Gandhi en el film de Richard Attenborough .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El color del dinero (Martin Scorsese, 1986)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anulando el dicho de &amp;quot;Segundas partes nunca fueron buenas&amp;quot;, y validando lo de &amp;quot;A la segunda fue la vencida&amp;quot;, obtuvo finalmente el Oscar al mejor actor (a los ¡61 años!) la segunda vez que se puso en la piel de Eddie Felson. Aquí ya retirado de la profesión, de buscavidas del billar, y regentando cómodamente una licorería hasta que se cruce en su camino un nuevo desafío, un joven que puede seguir sus pasos como el mejor empuñando un taco o y embaucando a sus contrincantes. Un muchacho llamado Vincent, con el rostro del por aquel entonces todavía una firme promesa de la interpretación, Tom Cruise. Una secuela dirigida con mano maestra por Scorsese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si su último trabajo para la gran pantalla fue poner la voz de ese auto, vieja gloria de las carreras, en la película de animación Cars , de John Lasseter, cuatro años antes lo vimos en su obra póstuma en carne y hueso. Fue como jefe de la mafia irlandesa en Rock Island. Un hombre paternal y protector pero también implacable y despiadado, aunque se trate de perseguir a aquel a quien ama como si fuera su propio hijo, Michael Sullivan, encarnado por el doblemente oscarizado Tom Hanks . El momento: aquel en que Hanks y Newman se marcan un dúo al piano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un recuerdo también para: El largo y cálido verano (1958), Éxodo (1960), Dulce pájaro de juventud (1962), El premio (1963), Harper, investigador privado (1966), Hombre (1967), Casta invencible (1971), El juez de la horca (1972), El coloso en llamas (1974), Buffalo Bill (1976), Ausencia de malicia (1981), El gran salto (1994), Ni un pelo de tonto (1994), Al caer el sol (1998)...</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sat, 27 Sep 2008 23:17:46 UT</pubDate>
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            <title>SOBRE PALOS Y VELAS</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=2010939</link>
            <description>El asunto es conocido, así que ahorro nombres y detalles: un caballero acude en socorro de una mujer a la que maltratan, el maltratador le da una paliza que lo deja a las puertas de la muerte, y la maltratada se pone de parte del maltratador. En el fondo es buen chaval, argumenta la churri. A ver quién le ha dado al otro vela en el entierro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunos creerán que eso es raro, pero no lo es. El arriba firmante, por ejemplo, tuvo en otro tiempo oportunidad de presenciar dos situaciones parecidas, una como testigo y otra como estrella invitada, a medias con el rey del trile, Ángel Ejarque Calvo. La primera fue durante un reportaje nocturno en los barrios duros madrileños, allá por los ochenta. Avisada la policía de que un tío le estaba dando a su legítima las suyas y las del pulpo, acudió una patrulla. Y cuando redujeron al fulano, poniéndole unas esposas, la mujer, a la que el otro había puesto la cara guapa, se revolvió como una fiera contra los maderos. «¡Dejadlo, dejadlo, hijos de puta! –gritaba desgañitándose–. ¡Dejadlo!» &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda vez salía de calzarme unas garimbas con Ángel en las Vistillas –acababan de soltarlo del talego–, cuando nos topamos con un jambo que le daba fuertes empujones a una mujer contra el capó de un coche, mientras discutían. Le afeamos la conducta y se nos puso bravo. Ángel –hoy honrado currante y abuelo múltiple–, que fue boxeador y todavía entrenaba en La Ferroviaria, lo miró fijo y muy serio, calculando en dónde iba a calzarle la hostia. Y en ésas se nos rebotó la torda. «¿Pa qué os metéis vosotros?», preguntó. Me encogí de hombros y le dije a mi plas: «Tiene razón, colega. ¿Pa qué nos metemos?». Y Ángel, que siempre rumia las cosas muy despacio y todavía andaba mirándole el hígado al otro, levantó una ceja y dijo: «Vale». Y nos fuimos. Y al rato, después de pensarlo un rato, concluyó, filosófico: «Sarna con gusto no pica, colega». &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría contarles más bonitas y edificantes historias como ésas, y no sólo de individuos e individuas. También entre pavas se dan su ajo. Tengo una preciosa sobre una conocida feminata que varea con frecuencia a su pareja, y la otra sigue allí, encantada, mientras ambas denuncian con mucho garbo y energía el machismo repugnante de la sociedad española. Pero a estas alturas del artículo ustedes habrán captado el fondo del asunto, resumible en lo de Ángel: leña con gusto no duele. La existencia de ciertos verdugos –no todos, pero sí algunos– sería imposible sin la complicidad activa o pasiva de ciertas víctimas. Sobre eso de las complicidades conozco, casualmente, otra interesante historia doméstica, que concluyó cuando él se despertó a media noche, se la encontró sentada en el borde de la cama, mirándolo, y ella dijo: «La próxima vez que me pongas la mano encima, borracho o sobrio, te corto la garganta mientras duermes». Y no volvió a tocarla, oigan. El tío machote. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cualquier modo, ya no es como antes. Es verdad que hay muchas mujeres en España que siguen siendo rehenes de una sociedad opresiva, perversa, y también de sí mismas. Para ellas poco ha cambiado desde los tiempos en que la familia aconsejaba tragarlo todo por el qué dirán, y el confesor –infalible pastor de cuerpos y almas– recetaba resignación cristiana y oraciones pías. Es cierto también que el ser humano es muy complejo, y no resulta fácil ponerse en el lugar de una mujer maltratada, a menudo sola y desprovista de apoyos y consuelos, o considerar el proceso de destrucción interior, en ocasiones imperceptible para ellas mismas, al que muchas mujeres inteligentes y capaces se ven sometidas en el matrimonio o la vida en pareja. También es verdad que cuando una mujer se enamora hasta las cachas puede volverse, a veces, completamente gilipollas –«En llegando a querer, y más, doncella, / su honor y el de los padres atropella», decía Lope, llevando el intríngulis a otros pastos–. Todo eso es cierto; pero también lo es que hoy tenemos televisión, periódicos, información circulando por todas partes. Y leyes adecuadas. La ignorancia, el miedo, el amor desaforado, ya no son excusas para ciertos comportamientos y tolerancias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier mujer, hasta la más ignorante o estúpida, sabe ahora cosas que antes no sabía. O puede saberlas, a poco que mire. Por eso es tan irritante observar en los hombres, adultos o niños, actitudes que a menudo son sus mismas mujeres, madres, hermanas, esposas, las que las transmiten, alientan y justifican. Es como lo del pañuelo o el velo islámico. Cada vez que veo por la calle a una pava velada con niños pequeños me pregunto hasta qué punto no será culpable, en el futuro, del velo de esa hija y del comportamiento de ese hijo. Poca diferencia encuentro entre la mujer que disculpa al hombre que le sacude estopa y la que afirma llevar el hiyab en ejercicio voluntario de su libertad personal. En tales casos, igual que mi colega Ángel aquella noche en las Vistillas, no puedo menos que pensar: sarna con gusto no pica, colega. Que cada palo aguante su vela. Que cada velo aguante su palo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POR ARTURO PÉREZ-REVERTE</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 21 Sep 2008 06:34:36 UT</pubDate>
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            <title>Simpáticos, los imbéciles (por Arturo Pérez-Reverte)</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1999603</link>
            <description>Hace muchos años, cuando algún cantamañanas intentaba hacerse socialmente grato con zalemas y sonrisas, un familiar muy cercano y muy querido solía comentar aparte, en tono ecuánime, dirigiendo a veces una sonrisa cortés al interesado: «Es simpático, el imbécil». Me ha recordado eso la última campaña de consejos automovilísticos en autopistas y autovías españolas. Había allí mensajes razonables, por supuesto. Informativos y útiles. Pero uno de ellos me hizo recordar la frase familiar. El mensaje era «Gracias por no correr». Cada vez que lo veía en un paso elevado o una curva, me acordaba de aquello. Son simpáticos, me decía. Los imbéciles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como para echar la pota, creo, lo mucho que a la autoridad competente, sea la que sea, le gustan esas cosas: gracias por no correr, por no robar, por no matar a nadie. Gracias por ser buen chico, como nosotros. Por ser una criatura chachi y solidaria, a tono con los tiempos. Por eso funcionan tales simplezas, supongo, y nos adaptan a ellas la política y la vida. Incluso hay quien vive de eso: de que parezca que las cosas realmente son así y es posible vivir en una permanente gilipollez; creyendo que dar las gracias por no correr, por ejemplo, basta para que todos seamos mejores y nos queramos más. Para justificar un sueldo, o veinte millones de votos. Gracias por no correr, gracias por no conducir mamado, gracias por no reventar al prójimo, gracias por no asesinar a nadie hoy. Por jugar con nosotros al buen rollito, colega. Por no pasar de ciento veinte kilómetros por hora. Tan agradecidos estamos, oyes, que en el próximo control de la Guardia Civil, los Picoletos sin Fronteras te van a dar un beso en la boca. Smuac. Por bueno, chaval. Por obediente. Y luego se van a poner a cantar y a bailar contigo en mitad de la carretera, igual que en Siete novias para siete hermanos, mientras los demás conductores pasan alegres como en los finales de comedia sentimental americana, sonríen solidarios y tocan el pito, felices, chorreando mermelada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues no, oigan. Discrepo. En lo que a mí se refiere, cuando voy por la carretera con un ojo en el velocímetro y otro en los innumerables hijos de puta que pasan a ciento ochenta, no quiero que los paneles me den las gracias por no correr ni por ninguna otra maldita cosa. Nadie va más despacio por eso. Lo que necesito, si se me calienta el acelerador, es que alguien con autoridad, en los paneles o en donde sea, me advierta de que si meto la gamba me va a crucificar en cinemascope. Sin piedad. No quiero sonrisitas, guiños y achuchones afectuosos, sino que me pongan las cosas claras. «Si corres, te vas a romper los cuernos», por ejemplo, da poco lugar a equívocos. «No te pases un gramo, que te lo pesan», es otra posibilidad. Sin excluir «Como vayas rápido, te metemos el carnet por el ojete», «Recuerda que tu futura viuda todavía está potable» o «Como te pillemos borracho vas a jiñar las plumas, cabrón». Cosas así, vamos. Directas. Elocuentes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que, oigan. Nada más cursi y empalagoso que el Estado cuando se pone en plan simpático, o lo pretende. Porque el Estado no puede ser simpático nunca. Lo suyo es recaudar, reprimir, organizar. Dar por saco. El Estado es el mal necesario, a menudo en manos de golfos innecesarios. Intrínsecamente antipático hasta las cachas. Así que no veo por qué sus ministerios, direcciones generales o quien sea, deben componer sonrisitas cómplices a mi costa. En lo que al arriba firmante se refiere, el Estado puede meterse el paternalismo amistoso en la bisectriz. Cada uno en lo suyo, qué diablos. Respetar las limitaciones de velocidad no es algo que un panel de Tráfico deba agradecerme. Es mi seguridad y la de otros. Si cumplo, soy un fulano prudente y razonable. Si no, soy un irresponsable, un cretino y un desalmado, acreedor a un funeral prematuro o a que me sacudan en la cresta con todo el peso de la ley. Punto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un mundo ideal, tipo bosquecito de Bambi, todo eso estaría de perlas. Valses de la Cenicienta, ya saben. Eres tú el príncipe azul. Pero éste es el mundo real. La peña sólo respeta al prójimo cuando no cuesta esfuerzo ni dinero; en lo otro va a lo suyo. No hay más eficaz apelación a la conciencia de un ciudadano que prevenirlo por el artículo catorce: si delinques, te molemos a hostias. Lo demás es demagogia, buenismo idiota y milongas. Y además es mentira. Las gracias por no correr pueden y deben dárselas los conductores unos a otros en la carretera. Ellos sí, naturalmente. Pero una Dirección General de Tráfico, o quien sea, no tiene por qué. Que se ocupe de sus asuntos y nos evite frasecitas chorras que insultan la inteligencia de quien las lee. Lo que tienen que hacer los Estados y los gobiernos, y aquel a quien corresponda, no es derrochar cariñitos, sino eficacia: guardias civiles que inspiren respeto y radares que trituren carnets. Machacar al infractor, como es su obligación, y ahorrarnos simpatías imbéciles.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 16 Sep 2008 18:44:54 UT</pubDate>
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            <title>¿¿¿GHOSTBUSTERS 3 ????</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1980945</link>
            <description>Los 'Cazafantasmas' podrían reunirse de nuevo. Dentro de la fiebre de regresos ochenteros que inunda Hollywood --de la que ya han sido víctimas 'Indiana Jones', 'Rambo' o 'Rocky' y de la que pronto también lo serán 'Robocop' y 'Superdetective en Hollywood'-- Bill Murray, Harold Ramis, Ernie Hudson y Dan Aykroyd podrían volver a cazar ectoplasmas en la gran pantalla 25 años después. &lt;br /&gt;Fue Aykroyd, autor junto con Ramis de los guiones de las dos primeras películas, el que dejó abierta la puerta a una nueva entrega de la saga. &amp;quot;Bueno, dos jóvenes guionistas están escribiendo 'Cazafantasmas 3'. Si le interesara a Seth Rogen ('Supersalidos', 'Virgen a los 40') y Judd Apatow sería un sueño estar allí&amp;quot;, afirmó en una entrevista concedida a E-OnLine con motivo de la presentación del nuevo videojuego de Los 'Cazafantasmas'. &lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;textAlign textAlignCenter&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;img src=&quot;http://es.netlogstatic.com/p/oo/020/224/20224441.jpg&quot; /&gt;&lt;span class=&quot;textAlign textAlignCenter&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Pero parece que los sueños del veterano actor finalmente no se verán hechos realidad ya que Columbia Pictures sí está dando los primeros pasos para resucitar la saga, pero no en la dirección que le gustaría a Aykroyd. Según informa 'Variety' en una información publicada en su edición digital recogida por otr/press, el estudio ha contratado a los guionistas de la exitosa serie 'The Office', Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky para escribir, la tercera película de 'Los Cazafantasmas'. &lt;br /&gt;Ambos han escrito el guión de 'Year One', una comedia que protagonizarán Jack Black y Michael Cera y que, precisamente, dirigirá uno de los cazafantasmas, Harold Ramis. Unos lazos que podrían ser la llave que intentará utilizar Columbia para que el reparto original vuelva a la franquicia.&lt;br /&gt;Con más de 500 millones de recaudación los 'Cazafantasmas' se convirtieron con tan solo dos entregas en una de la sagas más taquilleras de los años ochenta cuyas aventuras, estética, logotipo y banda sonora marcaron a toda una generación.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 09 Sep 2008 10:04:29 UT</pubDate>
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            <title>La intimidad de los famosos</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1919852</link>
            <description>RECICLAJE, AYUNTAMIENTO Y RATAS DE BASURERO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a ganarme a pulso una bronca ecológica, incluida mi guerrera del arco iris particular; pero uno está curtido en broncas, adversidades y otros etcéteras, así que asumo las consecuencias sin complejos. Y es ello que acabo de enterarme de que, en la Comunidad de Madrid –supongo que como en otras comunidades, más o menos–, cuatro de cada diez ciudadanos sacan la basura sin separar los materiales orgánicos de los reciclables. O sea: que para buena parte de los madrileños, y supongo, tirando por elevación, de los españoles en general, la variedad de colores que adorna los cubos de basura –envases, papel, materia orgánica y todo eso– no sirve más que para darle variedad cromática al asunto. 62.532 fotografías de contenedores frente a 13.000 edificios capitalinos, en una inspección que ha costado la respetable cifra de 390.000 mortadelos, permiten llegar a la conclusión de que así están las cosas. Y de que los ciudadanos somos unos desaprensivos que nos pasamos por la bisectriz la ecología y las ordenanzas municipales y de la CEE. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto último es muy probable. Sin necesidad de inspecciones y conociendo el percal, esa cifra de que sólo no reciclan cuatro de cada diez pavos y pavas me parece demasiado optimista. Y sorprendente, habida cuenta de dónde estamos, y con quién nos las tenemos, en este bebedero de patos donde todo cristo, desde los ministerios de Sanidad o Fomento hasta la concejalía de ruidos y basuras de San Crescencio del Rebollo, con tal de salir en el telediario, vomitan leyes, normativas, disposiciones y ordenanzas hasta aburrir a las ovejas, sin poner luego, por supuesto, los medios adecuados ni hacer el menor esfuerzo para aplicarlas, o para asegurarse de que se aplican sin picaresca ni golferías. Como dice un compadre mío que es medio franchute y medio alemán: «En Espania tenéis más leies que en toda Eugopa gunta, pego nadie las cumple». Así que permitan que les cuente un caso particular, casi íntimo, después de hacer una confesión melodramática y casi chulesca: yo no reciclo. O, para ser más exactos, llevo algún tiempo sin hacerlo. Y voy a contarles por qué. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace la tira, en mi casa hay cuatrocientos ochenta y seis cubos de basura con colores distintos, en los que siempre se hizo una minuciosa selección de materiales: envases, plásticos, papel, etc., incluso antes de que el ayuntamiento responsable dispusiera en las proximidades el equivalente en contenedores apropiados. De papel, sobre todo, entre correspondencia, folios y borradores descartados, envoltorios de paquetes de libros, revistas, periódicos, folletos y cosas así, se despachaban cada día muchos kilos debidamente apartados, limpios y listos para reciclar. Y todo ocurrió así, con exactitud prusiana y ejemplar ciudadanía, hasta que hace poco llegó a mi conocimiento que un par de miserables traperos que se dicen libreros o intermediarios tienen puesto a la venta parte de todo eso que, en mi virginal inocencia, envié al reciclaje: páginas de textos con correcciones manuscritas, correspondencia privada y hasta invitaciones a tal o cual acto presidencial, real, ministerial, social o literario; de los que, por cierto, debe de haber tarjetones a cientos, pues nunca voy a ninguno. Al principio, cuando logré cerrar la boca abierta por el asombro y después de estar un rato mirándome en el espejo la cara de gilipollas, pensé echarles encima a los responsables todo el peso de la dura lex, sed lex, ya saben. El juez Garzón y todo eso. Pero luego consideré que en España no merece la pena, de momento, legar pleitos a tus nietos. Así que, hechas mis averiguaciones para reconstruir el proceso, y como a fin de cuentas todo aquel papelorio no era sino basura sin importancia, decidí tomarlo con calma y a la expectativa, cual francotirador paciente detrás de la escopeta, en espera de que se presente la ocasión personal de toparme a una de esas ratas de cloaca e incrustarle los borradores de mis obras completas, previamente bien enrollados y a hostias, en el esófago. En cuanto al ayuntamiento de donde vivo y a la empresa contratada responsable, que defraudando mi buena fe –imagino que no sólo hurgarán en mis papeles, sino también en los de otros vecinos–, son incapaces de garantizar el buen uso de mis desechos domésticos, y con su complicidad pasiva –o activa, cualquiera sabe– permiten que mi vida privada sea puesta en pública almoneda, lo que hago ahora es meter toda la basura bien mezcladita, papeles, fideos, aceite de latas de sardinas, tomates pochos y demás, con las siglas QLRVPM pintadas en las bolsas con rotulador: Que Lo Recicle Vuestra Puta Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal 18-3-2007</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sun, 17 Aug 2008 10:47:10 UT</pubDate>
        </item>
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            <title>Paul Newman - Una estrella que se apaga</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1901297</link>
            <description> Tras terminar su tratamiento de quimioterapia, las noticias para el mítico actor Paul Newman no son muy esperanzadores, ya que, según una fuente cercana a la estrella, los médicos le han dado como esperanza de vida apenas unas semanas. Ante esta situación, el protagonista de 'Harry e hijo' ha pedido a su familia que le dejen morir en casa para poder estar rodeado de sus recuerdos y de sus seres queridos en un momento tan difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A sus 83 años, Newman ve cómo su vida se acerca a su final, después de que un cáncer de pulmón le ganara la batalla. Y para cuando llegue ese momento, en unas semanas según los médicos, el intérprete quiere que todo sea en la intimidad y no en la fría habitación de un hospital. Así, hace unos días salía acompañado de su mujer y sus hijos del 'Weill Cornell Medical Centre' en Nueva York, en donde permanecía ingresado, visiblemente flaco y frágil y en silla de ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;quot;Paul no quería morir en el hospital y su mujer Joanne y sus hijas están a su lado&amp;quot;, señaló una fuente al periódico británico 'Daily Mail', en una información recogida por otr/press. Según esta misma fuente, Newman creyó que éste era el mejor momento de regresar a su hogar, después de haber organizado todos sus asuntos antes de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente, se ha hablado mucho sobre cuáles serían las últimas voluntades del oscarizado actor, ya que se dijo que hubo tensión entre sus hijas en torno a la herencia de su gran fortuna. Además, se hizo público que Newman donó su Ferrari de competición con el número 82 a un viejo amigo, algo que no sentó bien a su prole. Sin embargo, el conquistador de los años 60 estuvo en todo momento arropado por todas ellas en su dura decisión de volver a casa en estos momentos y parece que su relación es cordial a pesar de los rumores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA LEYENDA DE HOLLYWOOD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Newman se casó por segunda vez con su actual esposa antes de convertirse en una estrella, en 1958, con la que tuvo tres hijas (tiene otras dos de su primer matrimonio). A partir de entonces comenzó su andadura en la industria hollywoodiense, tras su gran éxito con la película 'La gata sobre el tejado de Zinc', una trayectoria que culminaría en 1985 tras ganar el Oscar Honorífico, a pesar de que continuaría con su carrera unos cuantos años más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el pasado mes de enero cuando comenzaron los rumores sobre su estado de salud, tras aparecer en los medios con un aspecto bastante demacrado, y aunque en un principio desmintió una posible enfermedad terminal, finalmente confirmó que padecía cáncer de pulmón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;OPINIÓN PERSONAL:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quien és Paul? ....&lt;br /&gt;Para mi es una leyenda... uno de los últimos exponentes del cine, alguien que se creo a si mismo, un mito. A su lado Kirk Douglas, Marlon Brandon .... todos poco a poco nos dejan o estan a punto de hacerlo. &lt;br /&gt;No dudo ni por un instante que la pantalla del cine estara algo más vacía sin tú preséncia, todo será distinto...&lt;br /&gt;Junto con Robert Redford formo una de las parejas más electrizantes del cine y eso que sólo participaron en un par de trabajos, &amp;quot;El Golpe&amp;quot; (¡es magnifica!) y la inolvidable &amp;quot;Dos Hombres y un Destino&amp;quot;, un clásico del western...Los últimos años apenas aparecío en la gran pantalla... pero sigo disfrutando con su trabajo, en &amp;quot;El golpe&amp;quot;, o como caradura en &amp;quot;El castañazo&amp;quot; y bandido en &amp;quot;Dos Hombres y un Destino&amp;quot;... siempre vivirá... eternamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INFORMACIÓN SOBRE PAUL NEWMAN&lt;br /&gt;Hijo de padre de origen judeo-alemán y madre católica con raíces húngaras, cursa sus estudios elementales en &amp;quot;Malven Grammar School&amp;quot; y en &amp;quot;Shaker Heights School&amp;quot;. En 1942 ingresa en el Kenyon College universitario y, al año siguiente, se alista en la Marina. En las bases de Okinawa y Guam cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945. Tras servir en la marina de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a Kenyon, donde se graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carrera dramática &lt;br /&gt;Inicios en el teatro  &lt;br /&gt;Atraído por la interpretación se unió a una compañía de teatro de Illinois, la &amp;quot;Woodstock Player's&amp;quot;, donde trabajaba la que sería su primera esposa, Jacky Witte, madre de sus hijos Scott, Susan y Stephanie, y de quien se divorció en 1958, tras nueve años de matrimonio. Newman estudió interpretación en la prestigiosa Universidad de Yale y en el no menos mítico Actor's Studio de Lee Strasberg en Nueva York, donde coincidió con otras jóvenes promesas que tambien se hicieron un nombre en el cine de Hollywood: James Dean, Steve McQueen, Lee Remick, Geraldine Page, etc. En 1953 debutó en Broadway con la obra de William Inge Picnic, que permaneció catorce meses en cartel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La torre Harkness de la Universidad de Yale&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carrera cinematogràfica &lt;br /&gt;Tras varios papeles de extra, figurante esporádico y secundario con poco papel en varias series de la TV norteamericana (&amp;quot;Suspense&amp;quot; en 1949, &amp;quot;The web&amp;quot; en 1952), prueba suerte en el cine. Su primera película, The Silver Chalice (&amp;quot;El cáliz de plata&amp;quot; 1954) de Víctor Saville, cinta bíblica de lujosa producción y regulares resultados a nivel de crítica y público en su estreno donde compartía cartel con Pier Angeli o Virginia Mayo, ha sido descrita por el propio Newman como &amp;quot;la peor película de la década&amp;quot;. Su primer éxito le llegó dos años después con un film de enorme repercusión a nivel internacional: Marcado por el odio (1956) de Robert Wise, en la que encarnó al boxeador Rocky Graziano en un papel al que también optaba Steve McQueen, y brillaba con una interpretación bastante notable al lado de dos jovencísimos Pier Angeli y Sal Mineo. Ese mismo año, logra destacar en un film de ambiente judicial basado en una obra teatral que se apunta al éxito de Traidor en el infierno de Billy Wilder: se trata de la notable Traidor a su patria (de Arnold Laven, donde Newman trabaja con Walter Pidgeon y Wendell Corey en una trama de traiciones en el ámbito del espionaje militar. En 1957 repite con el director Robert Wise en un melodrama criminal donde comparte cartel con dos bellísimas Joan Fontaine y Jean Simmons: se trata de Mujeres culpables, en su momento no estrenada en cines en Europa pese a su indudable atractivo; y también en ese año estrena la biografía musical de la cantante Helen Morgan (que luchó por salir del alcoholismo estando en la cumbre de su carrera) titulada Para ella un solo hombre (de Michael Curtiz), al lado de la recordada actriz Ann Blyth.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras esta cinta, Newman rueda cuatro films importantes que se estrenan en 1958: La gata sobre el tejado de zinc (de Richard Brooks), adaptación de la espléndida obra teatral de Tennessee Williams que marcó toda una época y que pone al actor en el &amp;quot;mapa&amp;quot; de la industria cinematográfica estadounidense por su impecable encarnación del atormentado hijo de un rico empresario enfermo, por su perfecta química en pantalla con una turbadora Elizabeth Taylor, y por no dejarse robar ningún plano frente a característicos del talento de Burl Ives o Jack Carson; El zurdo (de Arthur Penn), revisión desmitificadora del legendario Billy el niño que solo triunfó en Europa pero que hoy es considerada película de culto y donde el actor realiza una composición bastante acertada; El largo y cálido verano, drama sureño nuevamente basado en Tennessee Williams y de generoso presupuesto, donde Newman trabaja por primera vez con Martin Ritt -uno de sus directores favoritos y cómplice de buena parte de su carrera profesional- y con la bella Joanne Woodward (que acababa de ganar el Oscar a la mejor actriz dramática por una memorable interpretación de mujer con desdoblamiento de personalidad en el clásico Las tres caras de Eva (1957, de Nunnally Johnson), de la que se enamora, además de compartir secuencias con sólidos compañeros como Orson Welles, Tony Franciosa, Angela Lansbury y Lee Remick; y Un marido rico (de Leo McCarey, comedia fresca y agradable pero no muy redonda, no especialmente recordada hoy, a no ser por la presencia de una exuberante Joan Collins).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1959 estrena un melodrama convencional y poco visto pero digno de atención (La ciudad no es para mí, de Vincent Sherman), y al año siguiente vuelve a trabajar con Joanne Woodward en un melodrama de mayor relieve pero mediano éxito (Desde la terraza de Mark Robson, en el que ambos coinciden con Myrna Loy y Peter Lawford). No obstante, vuelve a dar en la diana cuando entra en el reparto de una de las superproducciones más costosas y famosas de la historia: la adaptación del best seller de Leon Uris Éxodo (1960) que produce y dirige el célebre cineasta Otto Preminger. Aunque tachada de sionísta por algunos, la cinta logra recrear en parte la realidad de la creación del Estado de Israel tras la 2ª Guerra Mundial, y cuenta con inolvidable reparto: Eva Marie Saint, Ralph Richardson, Sal Mineo,...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1961 parece dar un revés a la joven estrella, al estrenar dos cintas que pasan sin pena ni gloria: por un lado, la célebre pero en su momento algo incomprendida El buscavidas de Robert Rossen, una de las mejores muestras del llamado &amp;quot;cine de perdedores&amp;quot; en la que tanto Newman como Piper Laurie, George C. Scott y Jackie Gleason logran magistrales actuaciones; y por otro, su segundo film con Martin Ritt donde encarna a un joven músico de jazz que viaja a París con un compañero (Sidney Poitier) y ve actuar al mismísimo Louis Armstrong: Un día volveré, film de poca solidez narrativa y dramática pero que conserva cierto encanto. Pero, desde 1962 en adelante, Newman va encadenando un éxito tras otro, en títulos destacados como Dulce pájaro de juventud (Nueva adaptación de Tennessee Williams que supone para Newman reencontrarse con el gran director y guionista Richard Brooks, y que pese a las imposiciones de la censura norteamericana para con el texto original le permite ofrecer una de sus mejores interpretaciones, sin desmerecer a sus compañeros de cast -entre los que sobresalen Shirley Knight, Geraldine Page y Ed Begley-), Cuando se tienen veinte años (De nuevo a las órdenes de Ritt en una de sus colaboraciones más famosas, donde el actor comparte protagonismo con Richard Beymer), Hud (1963, de nuevo bajo las órdenes de Martin Ritt y acompañado de los consagrados Patricia Neal y Melvyn Douglas en un drama psicológico enclavado en un ambiente rural y enmarcado en el mundo de los perdedores que tiene alcance), Samantha (Comedia ligera dirigida por Melville Shavelson donde vuelve a coincidir con su ya esposa Joanne Woodward, y con una estupenda Thelma Ritter en esta especie de versión del clásico de Vincente Minnelli Mi desconfiada esposa (1958), El premio (Cine de intriga claramente influenciado por el estilo de Alfred Hitchcock basado a su vez en un best seller de la época, realizado por Mark Robson y co-protagonizado por una deliciosa Elke Sommer) y Cuatro confesiones (de nuevo con Martin Ritt y con un completo reparto encabezado por Edward G. Robinson, Laurence Harvey y Claire Bloom, versionaba el clásico de Akira Kurosawa Rashomon con resultados globales netamente inferiores).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su consagración definitiva como estrella de Hollywood se da en 1966 con su participación en una superproducción de cine negro que hace historia: Harper, detective privado (de Jack Smight supone una renovación formal y estilística de un género ya en decadencia pero que este film actualiza y reinventa -e inicia un subgénero que recoge Frank Sinatra en su trilogía sobre el detective Tony Rome en Hampa dorada, El detective y La mujer de cemento-, es uno de los films más taquilleros del año en medio mundo, y la crítica internacional arropa un film brillante que contaba tambien con Lauren Bacall, Shelley Winters, Janet Leigh, Arthur Hill, Robert Wagner, Julie Harris... Ese mismo año, Newman rueda su único film con Alfred Hitchcock: Cortina rasgada, al lado de Julie Andrews, que supone un fracaso comercial bastante inmerecido y que cuenta una interesante trama al hilo de la Guerra Fría. De aquí en adelante, la carrera del actor se consolida con películas de renombre y otras menos logradas pero de buena acogida: Un hombre de Martin Ritt (western psicológico donde Newman tiene un inolvidable duelo interpretativo con Fredric March y Richard Boone), La leyenda del indomable de Stuart Rosenberg (primer título del actor con este director, que será uno de sus talismanes en los 70, y todo un clásico del género carcelario de todos los tiempos, donde el actor queda inmortalizado para la Historia del cine junto a George Kennedy, Jo Van Fleet o Strother Martin), Rachel, Rachel (que supone su debut en la dirección, y una de las mejores radiografías de la condición femenina en la Norteamerica profunda, y otorga a Joanne Woodward una de sus mejores creaciones), Dos hombres y un destino de George Roy Hill (primera reunión de Newman con este director y con Robert Redford para uno de los films clave de los 60 que revisitaba e innovaba en el western crepuscular y lograba uno de los mayores taquillazos de la década, suponía el descubrimiento de la malograda Katharine Ross y arrasaba en la entrega de los Oscar), 300 millas de James Goldstone (reuniéndose de nuevo con su esposa en un film de carreras de coches que se apuntaba a la moda iniciada desde Aquellos chalados en sus locos cacharros en 1963 o La carrera del siglo en 1964), Comando secreto de Jack Smight (mediocrillo thriller británico donde Newman sale airoso junto a Andrew Duggan y Sylva Koscino frente a un guión bastante flojo), Un hombre de hoy de Stuart Rosenberg (su peor película pese a trabajar con su esposa y la inevitable química entre ambos), Casta invencible (su segundo film como realizador, logrado drama familiar con los rostros de Henry Fonda, Lee Remick, el hoy olvidado Michael Sarrazin y el propio Newman), El juez de la horca de John Huston (en su primer encuentro con este enorme director, en un remake de la legendaria y magistral El forastero de William Wyler de 1940, en compañía de una madura pero todavía sabrosa Ava Gardner), Los indeseables de Stuart Rosenberg (western otoñal infravalorado por la crítica, donde Newman trabajaba con Wayne Robson y Lee Marvin en un film luego imitado hasta la saciedad), El golpe de George Roy Hill (que supone la segunda película de Newman-Redford y todo un fenómeno social en el momento de su estreno, basado en una obra teatral de prestigio), y El hombre de Mackintosh de John Huston (thriller casi británico no maravilloso pero redimido por la actuación de Newman, James Mason y la fascinante Dominique Sanda). Punto y aparte merece su tercera película detrás de las cámaras: El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas, de nuevo con Joanne Woodward como protagonista absoluta, supone el reconocimiento de crítica y público a nivel internacional y su entrada en la Historia del séptimo arte en labores de autoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madurez interpretativa del actor llega con su aparición en la superproducción que, junto a la anterior Aeropuerto de 1970, inicia el subgénero de cine catástrofe: El coloso en llamas (1974), de Irwin Allen y John Guillermin, al lado de otras estrellas como Steve McQueen, Faye Dunaway o Richard Chamberlain. Su siguiente proyecto es una secuela de &amp;quot;Harper&amp;quot; que tiene buen tono narrativo: Con el agua al cuello (de Stuart Rosenberg). Sin embargo, con este film se inicia una especie de declive en la carrera del intérprete, y la calidad de sus films posteriores empieza a ser más irregular: Buffallo Bill y los indios (1976), bajo las órdenes de Robert Altman, divide a crítica y público pese a conseguir el Oso de Oro en el Festival de Berlín y a la innegable calidad de algunas escenas y a su gran reparto (Joel Grey, Geraldine Chaplin, Harvey Keitel,...; El castañazo (1977), de George Roy Hill, sólo consigue atrapar al público medio con una historia sobre el hockey donde Newman depura su método interpretativo para los papeles ligeros y brilla al lado de Melinda Dillon y Michael Ontkean; El día del fin del mundo (1980), de James Goldstone, intenta resucitar un cine de drama-catástrofe que empieza a caer en el olvido con Newman, William Holden, Jacqueline Bisset y Burgess Meredith como mayor reclamo; Distrito apache: el Bronx (de Daniel Petrie), es un mero vehículo de lucimiento para el actor, de convencional trazado pero con un par de escenas memorables y excelente interpretación de Edward Asner; el telefilm La caja oscura, que continua su línea de cine comprometido en la dirección, esta vez tratando la historia de las personas que sufren enfermedades mentales; y Ausencia de malicia (1981), de Sydney Pollack, drama político donde Newman borda en un cambio de registro un papel de (presunto) cínico-liberal-corrupto emparejado a la siempre destacada Sally Field.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1982 el cotizado actor resurge para ofrecer una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, nominación al Oscar incluída, en la fenomenal Veredicto final de Sidney Lumet. Basada en un guión de David Mamet y con estructura teatral, Lumet construyó una pieza de enorme solidez, contundente y patética que deslumbra por su sencillez narrativa, los grandes trabajos de dos inmensos Charlotte Rampling, Jack Warden, James Mason y Milo O´Shea y su confeso coqueteo con el eterno cine de perdedores, tan querido por el cine norteamericano clásico. La historia de un abogado fracasado que se encuentra con un caso fácil en apariencia pero con trasfondo de poder -sin comparar con cómo se hubiese rodado en plan telefilm de sobremesa-, logra conmover de principio a fin. Tras este alabado papel, Newman reactiva su carrera y logra la respetabilidad definitiva con Harry e hijo (parcial autobiografía en sus relaciones con su hijo mayor, con el que salda cuentas a través de la realización del film) y, sobre todo, con la revisitación de &amp;quot;El buscavidas&amp;quot; que Martin Scorsese le brinda en 1986: El color del dinero le otorga un merecidísimo Oscar al mejor actor, a la par que su último gran trabajo en pantalla. En 1987 rueda su último film hasta la fecha como director: una adaptación de El zoo de cristal de Tennessee Williams que recibió buenas críticas y que, ciertamente, se ve con interés por resultados y reparto (Joanne Woodward, Karen Allen y John Malkovich).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, el actor ha seguido rodando films, la mayoría en colaboraciones de lujo o papeles co-principales, entre los que destacan títulos como Creadores de sombra de Roland Joffé en 1990, la preciosista pero poco valorada Esperando a Mr. Bridge de James Ivory, la costumbrista Ni un pelo de tonto de Robert Benton, el excelente thriller con aroma de clásico Al caer el sol del mismo director (con un magnífico Newman secundado por Susan Sarandon y Gene Hackman), y la decepcionante pero nada despreciable Camino a la perdición (2002) de Sam Mendes, junto a Tom Hanks y Jude Law.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por su aspecto bien parecido y sus hermosos ojos azules, Newman pudo haber sido un importante actor de cine romántico, pero buscó algo más que eso. Newman fue uno de los pocos actores que tuvieron una buena transición entre el cine convencional y moralista de los 50, y el cine más libre y comprometido de los últimos 60 y 70 del siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de sus últimas apariciones corresponde al film de animación de la productora Pixar Cars, en la cual aporta voz a Doc Hudson, uno de los personajes. El 25 de mayo de 2007, a sus 82 años, anunció su retirada definitiva del mundo del cine.[1] A principios de 2008 se le detectó un cáncer de pulmón y según los médicos le quedarían semanas de vida[2] .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Galardones  [editar]Paul Newman ha sido nueve veces nominado al Oscar de la Academia como actor: La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958), El buscavidas (1961), Cuando se tienen veinte años (1962), Hud, el más salvaje entre mil (1963), La leyenda del indomable (1967), Veredicto final (1982), El color del dinero (1986), Ni un pelo de tonto (1994) y Camino de perdición (2002)(candidato al Óscar al mejor actor de reparto).Su Oscar conseguido por el film de 1986 llegó un año después de que recibiese el Oscar honorífico por sus &amp;quot;múltiples y memorables interpretaciones en pantalla&amp;quot;, y el actor reconociese perder la esperanza de obtener uno &amp;quot;de verdad&amp;quot; por una sola interpretación. Además fue candidato en una ocasión como productor por Rachel, Rachel. También se le concedió el premio especial de la Academia, Premio Humanitario Jean Hersholt, en 1994.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También fue nominado en 2003 al Emmy por su interpretación en Our Town, y en 2005 ganó el Premio Emmy al mejor actor de reparto por su papel en la lujosa miniserie Empire Falls. En 2006, ganó el Globo de Oro como mejor actor de reparto por la misma actuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actividad como director cinematográfico  [editar]Su debut detrás de las camaras como director, se produce con el corto 'On the harmfulness of tobacco' (1961), al que siguieron seis largometrajes ya comentados anteriormente: 'Rachel, Rachel' (1968), 'Casta invencible' (1971), 'El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas' (1972), 'La caja oscura' (1980, para TV), 'Harry e hijo' (1984) -en memoria de su hijo Scott, muerto por sobredosis en 1978 a los 28 años-, y la adaptación de 1987 de The Glass Menagerie de Tennessee Williams. En cinco de ellas dirigió a su mujer, Joanne Woodward, con la que se casó en Las Vegas en 1958 y con la que tuvo otros tres hijos: Eleanor, Melissa y Claire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aficiones  &lt;br /&gt; Automovilismo  &lt;br /&gt;El Porsche 935 de Rolf Stommelen en Nürburgring en 1977Se interesó por el deporte de motor por primera vez, a pesar de ser daltónico, durante el rodaje de la película Winning en 1968.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su primera competición profesional se produjo en 1972, en Thompson, Connecticut. Participó en las 24 horas de Le Mans de 1979, terminando segundo con un Porsche 935, siendo compañero del alemán Rolf Stommelen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se mantuvo siempre ligado al mundo de la competición, participando activamente. Entre los años 1970 y 1990, condujo para para el equipo Bob Sharp Racing, sobre todo en carreras de Fórmula Nissan, logrando numerosas victorias y campeonatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los 70 años, se convirtió en el piloto más longevo que formaba parte del equipo ganador en una carrera de alto nivel, en 1995 en las 24 horas de Daytona. En marzo de 2005 declaró: &amp;quot;probablemente participe otro año&amp;quot;.[3]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Newman fue también cofundador junto a Carl Haas de un equipo de CART, el Newman/Haas Racing, en 1983.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cocina y alimentación  [editar]En 1982, Paul Newman fundó una línea de productos alimenticios, llamada &amp;quot;Newman's Own&amp;quot;. Todos los beneficios obtenidos a través de la misma fueron donados a caridad. A fecha de 2006, se estima que la franquicia ha superado los 200 millones de dólares en donaciones. Posee un restaurante de comida ecológica cerca de su casa de Westport, en Connecticut, llamado Dressing Room.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Actividad social y política  [editar]Hombre de gran conciencia política y social, impulsó en memoria de su hijo la Fundación Scott Newman, destinada a auxiliar y proteger a personas víctimas de la droga. Ha pertenecido a la Alianza para la Defensa del Medio Ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1978 representó a su país ante la Organización de las Naciones Unidas en la Conferencia para el Desarme. En 1990 fue nombrado &amp;quot;padre del año&amp;quot; por UNICEF y propuesto como candidato a gobernador de Connecticut por el congresista demócrata Benjamin de Zino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, ha fundado una serie de campamentos de verano para niños/as con enfermedades graves, donde utilizan la diversión y la sonrisa como medicina. Gracias a su iniciativa, 15.000 niños/as disfrutan cada año del ocio y bienestar que ofrecen sus campamentos de verano,Hole in the Wall Camps. Son campamentos gratuitos subvencionados por más de 42.000 entidades y personas de todo el mundo. Desde que comenzara su actividad han pasado por los campamentos más de 114.000 niños/as.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos campamentos colaboran de manera gratuita mas de 7.500 personas cada verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Filmografía  Como director&lt;br /&gt;El zoo de cristal 1987 &lt;br /&gt;Harry e hijo 1984 &lt;br /&gt;La caja oscura 1980 (rodado para la televisión) &lt;br /&gt;El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas 1972 &lt;br /&gt;Casta invencible 1971 &lt;br /&gt;Raquel, Raquel 1968 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como actor  &lt;br /&gt;]2006 - Cars (voz) &lt;br /&gt;2002 - Camino a la perdición de Sam Mendes &lt;br /&gt;1999 - Donde esté el dinero de Marek Kanievska &lt;br /&gt;1999 - Mensaje en una botella de Luis Mandoki &lt;br /&gt;1998 - Al caer el sol de Robert Benton &lt;br /&gt;1994 &lt;br /&gt;El gran salto de Joel Coen &lt;br /&gt;Ni un pelo de tonto de Robert Benton &lt;br /&gt;1990 &lt;br /&gt;Esperando a Mr. Bridge de James Ivory &lt;br /&gt;Creadores de sombras de Roland Joffé &lt;br /&gt;1989 - El escándalo Blaze de Ron Shelton &lt;br /&gt;1986 - El color del dinero de Martin Scorsese &lt;br /&gt;1984 - Harry e hijo de Paul Newman &lt;br /&gt;1982 - Veredicto final de Sidney Lumet &lt;br /&gt;1981 &lt;br /&gt;Ausencia de malicia de Sydney Pollack &lt;br /&gt;Distrito apache: El Bronx de Daniel Petrie &lt;br /&gt;1980 - El día del fin del mundo de James Goldstone &lt;br /&gt;1979 - Quinteto de Robert Altman &lt;br /&gt;1977 - El castañazo de George Roy Hill &lt;br /&gt;1976 - Buffalo Bill y los indios de Robert Altman &lt;br /&gt;1975 - Con el agua al cuello de Stuart Rosenberg &lt;br /&gt;1974 - El coloso en llamas de John Guillermin &lt;br /&gt;1973 &lt;br /&gt;El hombre de MacKintosh de John Huston &lt;br /&gt;El golpe de George Roy Hill &lt;br /&gt;1972 &lt;br /&gt;El juez de la horca de John Huston &lt;br /&gt;Los indeseables de Stuart Rosenberg &lt;br /&gt;1971 &lt;br /&gt;Punto límite: Cero de Richard C. Sarafian &lt;br /&gt;Casta invencible de Paul Newman &lt;br /&gt;1970 - Un hombre de hoy de Stuart Rosenberg &lt;br /&gt;1969 &lt;br /&gt;Comando secreto de Jack Smight &lt;br /&gt;500 millas de James Goldstone &lt;br /&gt;Dos hombres y un destino de George Roy Hill &lt;br /&gt;1968 &lt;br /&gt;Comando secreto de Jack Smight &lt;br /&gt;1967 &lt;br /&gt;Hombre de Martin Ritt &lt;br /&gt;La leyenda del indomable de Stuart Rosenberg &lt;br /&gt;1966 &lt;br /&gt;Harper, investigador privado de Jack Smight &lt;br /&gt;Cortina rasgada de Alfred Hitchcock &lt;br /&gt;1965 &lt;br /&gt;Lady L de Peter Ustinov &lt;br /&gt;1964 &lt;br /&gt;Cuatro confesiones de Martin Ritt &lt;br /&gt;Ella y sus maridos de J. Lee Thompson &lt;br /&gt;1963 &lt;br /&gt;Hud de Martin Ritt &lt;br /&gt;Samantha de Melville Shavelson &lt;br /&gt;El premio de Mark Robson &lt;br /&gt;1962 &lt;br /&gt;Dulce pájaro de juventud de Richard Brooks &lt;br /&gt;Cuando se tienen veinte años de Martin Ritt &lt;br /&gt;1961 &lt;br /&gt;El buscavidas de Robert Rossen &lt;br /&gt;Un día volveré de Martin Ritt &lt;br /&gt;1960 &lt;br /&gt;Éxodo de Otto Preminger &lt;br /&gt;Desde la terraza de Mark Robson &lt;br /&gt;1959 &lt;br /&gt;La ciudad frente a mí de Vincent Sherman &lt;br /&gt;El Buscavidas de Robert Rossen &lt;br /&gt;1958 &lt;br /&gt;Un marido rico de Leo McCarey &lt;br /&gt;El largo y cálido verano de Martin Ritt &lt;br /&gt;El zurdo de Arthur Penn &lt;br /&gt;La gata sobre el tejado de zinc de Richard Brooks &lt;br /&gt;1957 &lt;br /&gt;Mujeres culpables de Robert Wise &lt;br /&gt;Para ella un solo hombre de Michael Curtiz &lt;br /&gt;1956 &lt;br /&gt;Traidor a su patria de Arnold Laven &lt;br /&gt;Marcado por el odio de Robert Wise &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Premios  Oscar  &lt;br /&gt;Año Categoría Película Resultado &lt;br /&gt;2002 Oscar al mejor actor de reparto Camino a la perdición Candidato &lt;br /&gt;1994 Oscar al mejor actor Ni un pelo de tonto Candidato &lt;br /&gt;1993 Premio Humanitario Jean Hersholt Ganador &lt;br /&gt;1986 Oscar al mejor actor El color del dinero Ganador &lt;br /&gt;1985 Oscar Honorífico Ganador &lt;br /&gt;1982 Oscar al mejor actor Veredicto final Candidato &lt;br /&gt;1981 Oscar al mejor actor Ausencia de malicia Candidato &lt;br /&gt;1968 Oscar a la mejor película Rachel, Rachel Candidato &lt;br /&gt;1967 Oscar al mejor actor La leyenda del indomable Candidato &lt;br /&gt;1963 Oscar al mejor actor Hud Candidato &lt;br /&gt;1961 Oscar al mejor actor El buscavidas Candidato &lt;br /&gt;1958 Oscar al mejor actor La gata sobre el tejado de zinc Candidato &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Globos de Oro  &lt;br /&gt;Año Categoría Película Resultado &lt;br /&gt;2006 Globo de Oro al mejor actor de reparto de serie, miniserie o telefilme Empire falls Ganador &lt;br /&gt;2003 Globo de Oro al mejor actor de reparto Camino a la perdición Candidato &lt;br /&gt;1984 Premio Cecil B. DeMille Ganador &lt;br /&gt;1995 Globo de Oro al mejor actor - Drama Ni un pelo de tonto Candidato &lt;br /&gt;1987 Globo de Oro al mejor actor - Drama El color del dinero Candidato &lt;br /&gt;1983 Globo de Oro al mejor actor - Drama Veredicto final Candidato &lt;br /&gt;1969 Globo de Oro al mejor director Rachel, Rachel Ganador &lt;br /&gt;1968 Globo de Oro al mejor actor - Drama La leyenda del indomable Candidato &lt;br /&gt;1964 Globo de Oro al mejor actor - Drama Hud Candidato &lt;br /&gt;1963 Globo de Oro al mejor actor - Drama Dulce pájaro de juventud Candidato &lt;br /&gt;1963 Globo de Oro al mejor actor de reparto Cuando se tienen veinte años Candidato &lt;br /&gt;1962 Globo de Oro al mejor actor - Drama El buscavidas Candidato &lt;br /&gt;1957 Globo de Oro a la nueva estrella del año - Actor El cáliz de plata Ganador &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Screen Actors Guild &lt;br /&gt;Año Categoría Película Resultado &lt;br /&gt;1994 Screen Actors Guild al mejor actor Ni un pelo de tonto Nominado</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Sat, 09 Aug 2008 23:18:15 UT</pubDate>
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            <title>La cripta, los guías y el pistolero</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1853678</link>
            <description>Visito con frecuencia el Escorial. Desde hace veinticuatro años vivo cerca, y es un paseo agradable, sobre todo en las mañanas soleadas de invierno, cuando el monasterio se recorta impasible bajo el cielo limpio de la sierra, sin que la especulación, la estupidez urbanística o la bellaquería nacional hayan podido, todavía, destruir los cuatro siglos de memoria que encierran sus muros venerables de granito gris. Después de tanto tiempo paseando por sus salas, escaleras y corredores, es normal que cualquiera acabe familiarizándose con el edificio y su historia. Por eso, cuando vienen amigos a casa o me encuentro con ellos en los alrededores, acostumbro a acompañar a quienes no han visitado aún el monasterio. A unos los impresiona la sobriedad de las tres pequeñas estancias desde las que Felipe II dirigía el imperio más vasto y poderoso de la tierra, y a otros la sala de batallas o la biblioteca; pero cuando todos quedan estupefactos, y en especial los guiris, es al bajar a la cripta donde, desde el emperador Carlos hasta ahora, reposan los restos de todos los reyes de España. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como siempre hay gente y visitas guiadas que van de acá para allá, intento ir los días y horas de menos bulla, evitando a los grupos mediante maniobras tácticas perfeccionadas a lo largo de los años. También, a la hora inevitable de las explicaciones, procuro hablar en voz baja, de conversación normal, para no molestar ni incomodar a nadie. Ni se me ocurre darme aires de guía o profesor, entre otras cosas porque nada carga más que un listillo o un pedante dándoselas de perito en la materia. Me limito a contar a mis amigos, con toda la sobriedad posible, que aquí dormía el rey, aquí la reina, o que ésta es la estatua yacente de don Juan de Austria, que por no morir en combate tiene los guanteletes quitados, etcétera. Así ocurrió el otro día con mi compadre Óscar Lobato y Maribel, su mujer. Y estando en eso, en la cripta, justo cuando les explicaba que a un lado están los reyes y a otro las reinas que fueron madres de reyes, incluida la única reina varón –Francisco de Asís de Borbón, a quien con mucho esfuerzo de voluntad suponemos padre del rey Alfonso XII–, un vigilante jurado se acercó a preguntarme si tenía carnet o tarjeta de guía. Le dije, sorprendido, que no tenía nada que me acreditase como parte de tan respetable gremio, y el hombre –algo incómodo, todo hay que decirlo– me dijo que en tal caso no podía explicar a nadie cosas sobre el monasterio. «Sólo los guías oficiales –añadió– pueden hablar aquí.» &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando, a los diez segundos de mirarlo fijamente para asimilar aquello, caí en la cuenta de lo que me estaba diciendo, bajé la voz cuanto pude y le dije, casi al oído, que estaba enseñándoles aquello a mis dos amigos, que ningún guarda jurado podía inmiscuirse en mis conversaciones, y que, como hombre libre que soy, tanto en el Escorial como fuera de él, tenía intención de seguir hablando de lo que me saliera de los cojones. «Es que no puede usted hacerlo», opuso el hombre, ya un poco nervioso. «Claro que puedo –respondí–, a menos que me eche del monasterio o me pegue un tiro.» Y así quedó la cosa. El vigilante se estuvo quieto en su sitio, yo terminé de contar a mis amigos la historia de la cripta, y empezamos a subir las escaleras, de camino a donde están los infantes, reinas sin hijos y demás. Pero me había quedado el ánimo removido, a ver si me entienden. Dicho de otra forma, tenía un cabreo de los que piden sangre. Así que dije a mis amigos que siguieran adelante, que los alcanzaba en un minuto, y volviendo sobre mis pasos me fui derecho al guardia. «Llevo más de veinte años visitando esto y nunca me había ocurrido algo así», dije. Por la cara compungida que puso, me di cuenta en seguida de la situación. «No es cosa suya, ¿verdad?», concluí. Negó con la cabeza. «Es que había una guía detrás de usted mirándome con mala cara», dijo al fin. Entonces caí en la cuenta. «¿Qué pasa? –pregunté–. ¿A los guías no les gusta que un particular les haga la competencia?» El guarda me miraba, confuso. «Son las órdenes que tengo», murmuró. «Pues dígale a quien le dé esas órdenes estúpidas que son anticonstitucionales, porque la palabra es libre», le aclaré. «Y añada además, de mi parte, que se vaya a hacer puñetas.» Al oír aquello sonrió el hombre, al fin, y movió la cabeza. «No puedo decirles eso», respondió. «Tiene usted razón –le dije–. Pero yo sí que puedo.» &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí me tienen ustedes hoy, con su permiso. Pudiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arutro Pérez-Reverte en el XLSemanal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: Y por poder que siga haciéndolo duratne muchos años.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 22 Jul 2008 14:26:33 UT</pubDate>
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            <title>Ocho hombres y un cañón</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1835906</link>
            <description>He pensado muchas veces, y algunas lo he escrito, que los españoles no somos los de antes. Para bien y para mal. Casi siempre, más para bien que para mal; aunque en ciertos aspectos la peña haya perdido virtudes que, como en todas partes, son arrastradas por el tiempo, el confort, los cambios en la educación y la maldita tele. A los que nos gusta la gente con su toquecito espartano, la vieja estampa del español sobrio y duro, hecho lo mismo a la sequía y al pedrisco que a los infames gobiernos y desgracias que la vida le echa encima desde los tiempos de Indíbil y Mardonio, nos produce simpatía y una cierta ternura. Sin que por eso nos ciegue la pasión, claro. Algunos opinamos que, en esta vieja y rezurcida piel de toro, el número de hijos de puta por metro cuadrado es superior al de otros países de parecidas latitudes o longitudes. Lo dará la tierra, supongo. El clima, quizás. Un país seco y difícil como éste, con el currículum que tiene en la chepa, es normal que tenga tan mala leche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero decir con esto que, si en España cada cual tiene su patriotismo –caspa nacionalista paleta, nostalgia imperial, matices intermedios o ausencia absoluta de todo ello–, el mío es una especie de solidaridad vaga y agridulce; un sentimiento melancólico hecho de viajes, de libros, de viejas piedras y de años infantiles escuchando, con paciencia y respeto, la memoria –por suerte amplia y liberal– de mis abuelos. Mi patriotismo, en resumen, es la certeza de que la gente con la que comparto suelo, lengua –cuando me dejan– e Historia, remó junta en la misma galera, sufrió idéntica miseria bajo reyes imbéciles, obispos siniestros y funcionarios corruptos, y se dejó la piel, cuando no hubo más remedio, en hazañas increíbles o empresas infames, según salía el naipe de la baraja. Hazañas y empresas casi todas inútiles, por cierto. Cada vez que abro un libro de Historia habría preferido ser inglés, o francés. A veces, hasta italiano –allí tienen, al menos, sentido del humor–. Pero esto es lo que hay. Cada cual baila con la que le toca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo confesar que hace unas semanas me sentí patriota, a mi manera. O me rozó el puntito. Estaba en la exposición que hemos montado en Madrid sobre el Dos de Mayo, que seguirá abierta hasta septiembre. Unos trabajadores desmontaban y volvían a montar un cañón de artillería que pesa más de media tonelada. Eran chicos duros, obreros madrileños hechos al trabajo manual, serio, de verdad. Tan parecidos a un metrosexual de mantequita suave como un cisne maricón a un pato de infantería. Gente de manos encallecidas y brazos fuertes, jóvenes todos, que arrimaban el hombro con la alegre energía de la gente vigorosa y sana cuando emprende algo por lo que le pagan bien o le interesa mucho. La tarea los divertía, pues no siempre hay oportunidad de que el curro consista en montar una pieza de artillería de 1808. La cureña y el pesado tubo de bronce estaban en el suelo, y había que levantar una y colocar encima el otro. No había otra que hacerlo a pulso, entre los ocho que eran. Hablamos de traer a más gente, pero ellos decidieron que no, que podían hacerlo solos. Y a ello se pusieron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La faena fue larga y difícil, peligrosa a veces. Le realizaron todos a una, animándose entre sí con el tono que pueden ustedes imaginar entre gente joven y de buen humor, bromeando con el pesado cañón, con Napoleón y con los franceses, mientras acompañaban la operación con comentarios y chulerías castizas propias de los barrios de Madrid. Y viéndolos esforzarse una y otra vez, apretados los dientes, dejándose allí los riñones hasta que lograron su objetivo, algo fanfarrones, tenaces, recios y masculinos como lo fueron siempre los tíos de toda la vida, no pude menos que pensar que si en ese mismo instante, doscientos años atrás, a esos jambos les hubiesen dicho hay franceses en la calle dando por saco y ahí tenéis unas navajas, colegas, era facilísimo imaginarlos saliendo afuera en grupo, alentándose unos a otros, a sacarles las asaduras. Por España o por sus cojones, tanto da. Y es que eran ellos, concluí. Los mismos fulanos, en otro tiempo y en otras circunstancias. Fusilados o sin fusilar. De pronto resultaba tan fácil reconocerlos que me estremecí en los adentros; y a pesar de mis resabios –pesa mucho haber sido lumi antes que monja–, no pude menos que sonreír, conmovido. Se secaban el sudor de la frente y bromeaban entre sí, orgullosos del esfuerzo, mirando satisfechos el cañón puesto sobre la cureña. Esos ocho hombres jóvenes no sabían que en ese momento eran mi patria. Y que el mejor homenaje a la gente que salió a pelear a la calle doscientos años antes, acababan de hacerlo ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arutro Pérez-Reverte en el XLSemanal</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 15 Jul 2008 12:38:23 UT</pubDate>
        </item>
        <item>
            <title>UN POCO DE HISTORIA - NUESTROS ALIADOS INGLESES</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1835896</link>
            <description>Esta semana que viene toca de nuevo conmemorar batallita. Y no se trata de una cualquiera: en Bailén, el 19 de julio de 1808, dos meses y medio después del 2 de Mayo, a las águilas de Bonaparte les hicieron cagar las plumas. Por primera vez en la historia de Europa, un ejército napoleónico tuvo que rendirse después de un partido de infarto, en el que nuestra selección nacional –tropas regulares, paisanos armados y guerrilleros– aguantó admirablemente los dos tiempos y la prórroga. También es verdad que fue la única vez que ganamos la copa, pues luego los franceses nos dieron siempre las del pulpo; o ganamos, cuando lo hicimos, con ayuda de las tropas inglesas que operaban en la Península. Si algo demostramos los españoles durante toda la campaña fue que para la insurrección y el dar por saco éramos unos superdotados, pero que a la hora de ponernos de acuerdo y combatir organizados no había quien nos conciliara. Paradojas de la guerra: por eso los gabachos nunca pudieron ganar. Acostumbrados a que alemanes o austriacos, por ejemplo, después de derrotados en el campo de batalla, se pusieran a sus órdenes con la policía y todo, preguntando muy serios a quién había que meter en la cárcel por antifrancés, no comprendían que los españoles, derrotados un día sí y otro también, no terminaran de rendirse nunca; y encima, en los ratos de calma, se incordiaran y mataran entre ellos mismos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hilo de todo esto, un historiador británico se lamentaba hace poco de que aquí conmemoremos el bicentenario de aquella guerra con poco agradecimiento al papel que las tropas inglesas tuvieron en ella; ya que fueron éstas las que proporcionaron ejércitos disciplinados y coordinaron, con Wellington, las más decisivas operaciones. Y tiene razón ese historiador. En batallas y asedios, Bailén y los sitios aparte, la contribución británica fue decisiva. Lo que pasa es que de ahí a que los españoles deban agradecerlo, media un trecho. En primer lugar, los ingleses no desembarcaron para ayudarnos a sacudir el yugo francés, sino para establecer aquí una zona de continuo desgaste militar para su enemigo continental. Además, y salvo ilustres excepciones, su desprecio y arrogancia ante el pueblo español que se sacrificaba en la lucha fueron constantes, compartidos por la mayor parte de los historiadores británicos de entonces y de ahora. Por último, las tropas inglesas en suelo español se comportaron, a menudo, más como enemigas que como aliadas, cebándose en la población civil. Eso, manifestado ya durante la desastrosa retirada del general Moore en La Coruña, se evidenció en los saqueos de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no hablo de trincar unas monedas y un par de candelabros. Historiadores españoles contemporáneos como Toreno y Muñoz Maldonado, por aquello de la delicadeza entre aliados, pasan por el asunto de puntillas; pero los mismos ingleses –Napier, Hamilton, Southey– lo cuentan con detalle. Sin olvidar la memoria local de los lugares afectados, donde todavía recuerdan los tristes días de la liberación británica. En Ciudad Rodrigo, por ejemplo, la toma de la ciudad a los franceses fue seguida de una borrachera colectiva –extraño, tratándose de ingleses–, asesinatos, saqueo de las casas de quienes salían a recibir alborozados a los libertadores, y violación de todas las señoras disponibles. Wellington atribuyó los excesos a que era la primera vez que sus tropas liberaban una ciudad española, y estaban poco acostumbradas; pero la cosa se repitió, aún peor, en la toma de Badajoz, donde 10.000 ingleses borrachos saquearon, violaron y mataron españoles durante dos días y dos noches, y culminó en San Sebastián, donde al retirarse los franceses y salir los vecinos a recibir a los libertadores, éstos se entregaron a una orgía de violencia, saqueos y violaciones masivas que no respetó a nadie. Luego vino el incendio de la ciudad: de 600 casas, de las que sólo 60 habían sido destruidas durante el asedio, quedaron 40 en pie. Habría sido ahí muy útil la feroz disciplina que, más tarde, Wellington impuso a las tropas que lo acompañaron en la invasión de Francia, cuando fusilaba sin contemplaciones a todo español que cometía algún exceso como revancha contra los franceses. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puestos a eso, la verdad, simpatizo un pelín más con los gabachos. Al menos ellos saqueaban, mataban y violaban porque eran enemigos, tomando al asalto ciudades donde hasta los niños te endiñaban un navajazo. Los súbditos de Su Graciosa son harina de otro costal: iban a lo suyo y los españoles les importaban un carajo. Así que, en lo que a mí se refiere, que a Wellington y las tropas inglesas los homenajee en Londres su puta madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota propia: Manda huevos, parece ser que los ingleses tienen higadillos, siempre reclamando su momento de gloria, cuando esta les salía de las tripas a nuestros tatarabuelos y las madres que los parieron. Pero es más de lo mismo, aquí paz y después gloria y Gibraltar con sobirania inglesa hasta que el infierno se congele con los cantos de sirena de el puñetero primer ministro británico de turno. Pero seguimos bajando la cabeza y sin recordad que los españoles teniamos unas pelotas más grandes que las de un miura. Siempre he tenido la sensación personal que llegado el momento, soy capaz de arrasar con todo lo que se ponga por delante, si alguien toca como no debe la tierra que amo, empezando por Cataluña y siguiendo por el resto del territorio. El esprítiu patriótico nos sale en los momentos más raros, somos españoles y muchos de los nuestros se ganaron el derecho de maldecir nuestra tierra y llegado el momento romperse los puños para defenderla, aunque parezca contradictorio (que muchas veces es así), esta es la pasta de la que estamos hechos y a mucha honra que es de las mejores, aunque nos olvidemos.&lt;br /&gt;A los ingleses les meteria yo la flema por ese orificio oscuro que solo ve brillar el sol cuando lo pasean por nuestras playas.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 15 Jul 2008 12:30:22 UT</pubDate>
        </item>
        <item>
            <title>UN FACHA DE SIETE AÑOS</title>
            <link>http://es.netlog.com/EridianiRex/blog/blogid=1835884</link>
            <description>Me interpela un lector algo –o muy– dolido porque de vez en cuando aludo a España como este país de mierda. El citado lector, que sin duda tiene un sentimiento patriótico susceptible y no mucha agudeza leyendo entre líneas, pero está en su derecho, considera que me paso varios pueblos y una gasolinera. Le extraña, por otra parte, y me lo comunica con acidez, que alguien que, como el arriba firmante, ha escrito algunas novelas con trasfondo histórico, y que además parece complacerse en recuperar episodios olvidados de nuestra Historia en esta misma página, sea tan brutal a la hora de referirse a la tierra y a los individuos que de una u otra forma, le gusten o no, son su patria y sus compatriotas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que podría, perfectamente, escaquearme diciendo que cada cual tiene perfecto derecho a hablar con dureza de aquello que ama, precisamente porque lo ama. Y que cuando abro un libro de Historia y observo ciertos atroces paralelismos con la España de hoy, o con la de siempre, y comprendo mejor lo que fuimos y lo que somos, me duelen las asaduras. Aunque, la verdad, ya ni siquiera duelen. Al menos no como antes, cuando creía que la estupidez, la incultura, la insolidaridad, la ancestral mala baba que nos gastamos aquí, tenían arreglo. La edad y las canas ponen las cosas en su sitio: ahora sé que esto no lo arregla nadie. España es uno de los países más afortunados del mundo, y al mismo tiempo el más estúpido. Aquí vivimos como en ningún otro lugar de Europa, y la prueba es que los guiris saben dónde calentarse los huesos. Lo tenemos todo, pero nos gusta reventarlo. Hablo de ustedes y de mí. Nuestra envilecida y analfabeta clase política, nuestros caciques territoriales, nuestros obispos siniestros, nuestra infame educación, nuestras ministras idiotas del miembro y de la miembra, son reflejo de la sociedad que los elige, los aplaude, los disfruta y los soporta. Y parece mentira. Con la de gente que hemos fusilado aquí a lo largo de nuestra historia, y siempre fue a la gente equivocada. A los infelices pillados en medio. Quizá porque quienes fusilan, da igual en qué bando estén, siempre son los mismos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero me estoy metiendo en jardines complejos, oigan. El que quiera tener su opinión sobre todo eso, acertada o no, pero suya y no de otros, que lea y mire. Y si no, que se conforme con Operación Triunfo, con Corazón Rosa o con Operación Top Model, o como se llamen, y le vayan dando. Cada cual tiene lo que, en fin, etcétera. Ya saben. Por mi parte, como todavía me permiten y pagan este folio y medio de terapia personal cada semana –es higiénico poder morir matando–, me reafirmo un día más en lo de país de mierda. Y lo voy a justificar hoy, miren por donde, con una bonita anésdota anesdótica. Una de tantas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verán. Un niño de siete años, sobrino de un amigo mío, observando hace poco que varios de sus amigos llevaban camisetas de manga corta con banderas de varios países, la norteamericana y la de Brasil entre ellas –algo que por lo visto está de moda–, le pidió al tío de regalo una camiseta con la bandera española. «Van a flipar mis amigos, tito», dijo el infeliz del crío. Según cuenta mi amigo, el sobrinete bajó al parque como una flecha, orgulloso de su prenda, con la ilusión que en esas cosas sólo puede poner una criatura. A los diez minutos subió descompuesto, avergonzado, a cambiarse de ropa. El tío fue a verlo a su habitación, y allí estaba el chiquillo, al filo de las lágrimas y con la camiseta arrugada en un rincón. «Me han dicho que si soy facha o qué», fue el comentario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete años, señoras y caballeros. La criatura. Y no en el País Vasconi en Cataluña, ni en Galicia. En la Manga del Mar Menor, provincia de Murcia. Casualmente, y sólo una semana después de que me contaran esa edificante historia infantil, otro amigo, Carlos, gerente de un importante club náutico de la zona, me confiaba que ya no encarga polos deportivos para sus regatistas con el tradicional filetillo de la bandera española en las mangas y en el cuello. «En las competiciones con clubs de otras autonomías –explicó– están mal vistos.» &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dirán algunos que, tal y como anda el asunto, podríamos mandar a tomar por saco ese viejo trapo y hacer uno distinto. Al fin y al cabo sólo existe desde hace dos siglos y medio. Podríamos encargarle una bandera nueva, más actual, a Mariscal, a Alberto Corazón, a Victorio o a Lucchino. O a todos juntos. Pero es que iba a dar igual. Tendríamos las mismas aunque pusiéramos una de color rosa con un mechero Bic, un arpa y la niña de los Simpson en el centro; y en las carreteras, el borreguito de Norit en vez del toro de Osborne. El problema no es la bandera, ni el toro, sino la puta que nos parió. A todos nosotros. A los ciudadanos de este país de mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Firma de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota propia: Este es el país que tenemos, maldita la gracia... nunca llueve cuando uno lo desea, quiero decir, que esta España, que con tanto esfuerzo hemos levantado, se cae a cachos y al final cada uno mira a lo suyo. Envidia me dan los perros que pueden lamerse las pelotas cuando nadie más se tercia para hacerlo, aquí, en esta tierra cada vez más yerma y olvidada de la mano de dios, cada uno se cuida lo que puede, como humanamente puede. Al final nuestro patriotismo quedo olvidado en los inicios de una España tan grande, como pequeña... que miraba más allá de sus tierras y olvidaba las que realmente deben cuidarse.&lt;br /&gt;Es triste que por ponerse una camiseta a uno le digan facha, o nazi por llevar la camiseta de la selección alemana o independentista por llevar la catalana... debo añadir que yo tengo las dos últimas... menudo bicho debo ser... y no tengo la española porque no me gusta su diseño y prefiero los tonos blancos, en verano son más practicos que el rojo sangre.&lt;br /&gt;Bueno cierro la entrada que ya me voy a invadir jardín ajeno y no toca.</description>
            <author>EridianiRex</author>
            <pubDate>Tue, 15 Jul 2008 12:18:37 UT</pubDate>
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