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Mi blog de ideas
Freelanze
Es mi bebe y aun esta en pañales. -
Grandes citas de Charles Bukowski
Este escritor tenía una visión tan cruda de la sociedad que nunca encajó en ella, fue un ser marginado, y siempre prefirió rodearse de personas marginales como él. Un gran escritor y poeta.
"Si quieres saber quienes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel."
"La relación sexual es darle patadas en el culo a la muerte mientras cantas."
"Cuando los hombre controlen los gobiernos, los hombres no necesitarán gobiernos. Hasta entonces estamos jodidos."
"Mi ambición está limitada por mi pereza."
"Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado; Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple."
"La diferencia entre un valiente y un cobarde, es que un cobarde se lo piensa dos veces antes de saltar a la jaula con un león. El valiente simplemente no sabe lo que es un león. Solo cree que lo sabe."
"El individuo bien equilibrado está loco."
"Quizás lo encontremos al morir. Quizás no. Tenéis vuestros libros de filosofía, vuestros sacerdotes, vuestro predicador, vuestro científico, así que no me lo preguntéis a mí."
"Francamente estaba horrorizado de la vida, de todo lo que un hombre tenía que hacer sólo para comer, dormir, y poder vestirse."
"Tengo más fe en mi fontanero que en el dios eterno. Los fontaneros hacen un buen trabajo. Permiten que la mierda siga fluyendo."
"Si soy un estúpido, debo decirlo. Si no lo soy, alguien dirá que lo soy. Si lo digo primero, eso los deja sin armas."
"Para aquellos que creen en Dios, la mayoría de las grandes preguntas están resueltas. Para aquellos de nosotros que no aceptamos la formula divina, las grandes respuestas no permanecen escritas sobre piedra. Somos flexibles. Nos ajustamos a las nuevas condiciones y descubrimientos. Somos flexibles. Yo soy mi propio dios. Estamos aquí para olvidar las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educacional. Estamos aquí para beber cerveza. Estamos aquí para acabar con la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir nuestras vidas tan bien que la muerte tiemble al llevársenos."
Leer a Bukowski es como escuchar a un viejo en un bar, borracho pero sereno, que puede ver la verdad detrás de la hipocresía, y que conociendo esa verdad, lo único que hace es seguir bebiendo. -
Fábula del alien y el predator
Según Rae.es:
fábula. f. Breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.
Una oscura noche, en una cueva remota, un predator se encontró con un alien herido. El predator era un cazador experimentado, y había matado a muchos aliens antes, pero ese espécimen le causaba curiosidad. Es raro ver aliens heridos, son seres de una resistencia y ferocidad fuera de lo común, y lo normal para un predator es encontrarlo matando o muerto, con los xenoformes no hay término medio. El predator de acercó con cautela al alien herido, y apuntando firmemente con su arma activó el escáner sobre él. Este señaló que había perdido mucha sangre y que no duraría mucho más, así que sería una caza sin honor si lo mataba en semejante situación. Pero el código de los predators tampoco permitía dejarlo vivo. Era aquella una situación complicada para el predator, pues le gustaba seguir a rajatabla la ley de su especie pero también quería defender su honor de cazador.
Por otro lado, el alien igualmente se encontraba en una situación malísima, unos humanos desconsiderados lo habían destrozado cuando apenas había empezado a pillarle el gusto a la sangre, y ahora se veía pasando sus últimas horas con un predator, el enemigo mas detestado por su especie.
En esos momentos de duda se formó entre los dos seres una tregua. El predator decidió que lo mejor sería permanecer allí hasta que muriera el xenoforme sin hacer nada. No hicieron ningún movimiento durante varios minutos, hasta que un ruido alarmó a ambos. Venía del fondo de la cueva, y crecía en intensidad. Eran pisadas, y sonaban como el tipo de pisadas que producen las botas de una docena de soldados humanos. Se trataba del grupo que había herido antes al alien, habían seguido sus huellas para acabar con él. El predator activó su traje de camuflaje, desapareciendo así a la vista de los humanos que ya rodeaban al alien malherido. En ese momento el predator no tenía que hacer nada, no debía interponerse, pero lo hizo. Disparó contra los humanos por la espalda, acabó con todos y luego se quedó mirando un poco aturdido al alien. Este no tenía ojos para devolverle la mirada, pero con un agudo chillido intentó agradecerle el gesto.Después el cazador se fue, dejando al alien devorando los cuerpos. Esta dieta logró que el ser se recuperase en pocos días, tras los cuales volvió a su rutina habitual de monstruo sanguinario.
Mucho tiempo después, por aquellas mismas cuevas oscuras volvió el viejo predator a cazar aliens. Iba al frente de una gran horda de predators que acabaron de forma eficiente con los aliens que encontraron, y se adentraron en la colonia de xenoformes. Llegaron al epicentro, al nido de la enorme reina, madre de todos los monstruos. Solo quedaban vivos los aliens de casta alta, el doble de grande que los comunes, que protegían a la reina alien con ferocidad. La lucha fue encarnizada, pero poco a poco la tecnología y astucia de los predators fue sucumbiendo ante la ferocidad de los aliens. Uno a uno, los cazadores cayeron y al fin solo quedó en pie el viejo predator, protegiéndose con los cuerpos de sus camaradas del ácido corrosivo que era la sangre de los aliens. Al final, viéndose derrotado, se preparó para activar el auto-destructor de su armadura, y ya iba a estallar cuando fijó la mirada en el enorme alien que había justo delante de él. Su abdomen abollado y la cola cercenada lo delataban como el alien herido tiempo atrás. El viejo cazador se quedó paralizado el tiempo suficiente para que el alien se lanzara sobre él y le arrancara la cabeza de cuajo, privándole de la misericordia que todo predator anhela: matarse antes de ser presa del enemigo.
Moraleja: Es idiota el alien por olvidar, pero más idiota es el predator por perdonar. -
Diccionario del Diablo
Algunas definiciones del Diccionario del Diablo, por Ambrose Bierce, escritor ingenioso y cínico donde los haya.
Abstemio, s. Persona de carácter débil, que cede a la tentación de negarse un placer. Abstemio total es el que se abstiene de todo, menos de la abstención; en especial, se abstiene de no meterse en los asuntos ajenos.
Aburrido, adj. Dícese del que habla cuando uno quiere que escuche.
Aire, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.
Alianza, s. En política internacional la unión de dos ladrones cada uno de los cuales ha metido tanto la mano en el bolsillo del otro que no pueden separarse para robar a un tercero.
Amor, s. Insania temporaria curable mediante el matrimonio, o alejando al paciente de las influencias bajo las cuales ha contraído el mal. Esta enfermedad, como las caries y muchas otras, sólo se expande entre las razas civilizadas que viven en condiciones artificiales; las naciones bárbaras, que respiran el aire puro y comen alimentos sencillos, son inmunes a su devastación. A veces es fatal, aunque más frecuentemente para el médico que para el enfermo.
Aplauso, s. El eco de una tontería. Monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran.
Armadura, s. Vestimenta que usa un hombre cuyo sastre es un herrero.
Baco, s. Cómoda deidad inventada por los antiguos como excusa para emborracharse.
Castigo, s. Lluvia de fuego y azufre que cae sobre los justos e igualmente sobre los injustos que no se han protegido expulsando a los primeros.
Cleptómano, s. Ladrón rico.
Dictador, s. Mandatario de un país que prefiere la pestilencia del despotismo a la plaga de la anarquía.
Duelo, s. Ceremonia solemne previa a la reconciliación de dos enemigos. Para cumplirla satisfactoriamente, hace falta gran habilidad; si se practica con torpeza, pueden sobrevenir las más imprevistas y deplorables consecuencias. Hace mucho tiempo, un hombre perdió la vida en un duelo.
Fidelidad, s. Virtud que caracteriza a los que están por ser traicionados.
Funeral, s. Ceremonia mediante la que demostramos nuestro respeto por los muertos enriqueciendo al sepulturero, y refirmamos nuestra congoja mediante gastos que ahondan nuestros gemidos y duplican nuestras lágrimas.
Ganso, s. Ave que suministra plumas para escribir que, gracias a un proceso oculto de la naturaleza, están impregnadas, en distinta medida, de la energía intelectual y el carácter del ganso, de suerte que al ser entintadas y deslizadas mecánicamente sobre un papel por una persona llamada "autor", resulta una transcripción bastante exacta de los pensamientos y sentimientos del ave. Las diferencias entre un ganso y otro, tal como se manifiestan a través de este ingenioso método, son considerables. Muchos gansos sólo poseen facultades triviales e insignificantes, pero otros son, en realidad, grandes gansos.
Gato, s. Autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.
Humanidad, s. La raza humana, colectivamente, con exclusión de los poetas antropoides.
Imaginación, s. Depósito de mercaderías que poseen en común los poetas y los mentirosos.
Libertino, s. El que ha corrido tras el placer con tanto ardor, que tuvo la desgracia de pasarlo de largo.
Matar, v. t. Crear una vacante sin designar un sucesor.
Mendigo, s. El que ha confiado en la ayuda de los amigos.
Nihilista, s. Ruso que niega la existencia de todo, menos de Tolstoi. El jefe de esta escuela es Tolstoi.
Peligro, s. Bestia salvaje que el hombre desprecia cuando está dormida, y de la que huye cuando despierta.
Policía, s. Fuerza armada destinada a asegurar la protección al expolio.
Política, s. Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado.
Propiedad, s. Cualquier cosa material, sin valor particular, que pueda ser defendida por A contra la avidez de B. Todo lo que satisface la fiebre de posesión en unos y la defrauda en los demás. Objeto de la breve rapacidad del hombre, y de su larga indiferencia.
Radicalismo, s. El conservadorismo de mañana inyectado en los negocios de hoy.
Reconsiderar, v. t. Buscar una excusa para una decisión ya tomada.
Religión, s. Hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la naturaleza de lo Incognoscible.
Reloj, s. Máquina de gran valor moral para el hombre, que mitiga su preocupación por el futuro al recordarle cuánto tiempo le queda.
Superar, v.t. Hacerse de un enemigo.
Trabajo, s. Uno de los procesos por los que A adquiere bienes para B.
Urraca, s. Ave cuya inclinación al robo ha sugerido a algunos la posibilidad de enseñarle a hablar.
Venganza, s. Roca natural sobre la que se alza el Templo de la Ley.
Más definiciones en: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/dicdia01.ht- m -
La tormenta verde
Era septiembre en Monte Espinoso cuando nos descubrió el enemigo. Estábamos casi todos, pues a pesar de lo dura que fue aquella guerra fuimos bastante afortunados y apenas sufrimos bajas, nos sentíamos a salvo; hasta aquella mañana. Monte Espinoso es, como el propio nombre indica, un monte de una altitud considerable, repleto de zarzas espinosas que hacían de él un refugio fantástico para nosotros, medio centenar de soldados hambrientos cobijados en la cima. Fermín fue el primero en descubrir las tropas enemigas, que se acercaban ya por el norte y por el este, dejándonos la única posibilidad de huir a las montañas que se veían al sur, tan amenazadoras que hasta los lugareños las temían. Debíamos pensar con rapidez, los tanques negros ya se oían y en poco tiempo la tierra temblaría por el paso imparable del ejército. ¿Y qué podíamos hacer nosotros? Eramos apenas unos niños, y se nos presentaba un panorama desalentador. La salida sensata era rendirnos, pero en aquella época de miedo y desinformación estábamos seguros de que en cuanto el enemigo nos viera nos ejecutaría y quemaría nuestros cadáveres sin mayor ceremonia. El sargento Pereira, oficial de mayor rango en el monte, nos llamó al resto de oficiales para discutir la acción a seguir. Nuestra radio llevaba días estropeada, y no contábamos con munición suficiente para aguantar al enemigo. Podíamos hacer tres cosas: rendirnos, huir a la cordillera o quedarnos y morir. Allí estábamos, los sensatos, los cobardes y los suicidas buscando una solución cuando vimos las primeras nubes de tormenta que se acercaban por el oeste, cerca de la costa. Fermín fue de nuevo el primero en ver algo extraño, la tormenta se aproximaba a una velocidad increíble, y las nubes brillaban con una rara luz verde, que ninguno de nosotros había visto antes. En pocos minutos esta rara tormenta llegó a la playa, a unos tres kilómetros de nuestra posición. Era enorme, como un gigante verde que se estuviera arrastrando hacia la tierra, trayendo con él vientos y rayos que destrozaban los pocos árboles que adornaban la costa. Los soldados enemigos aun no podían ver la tormenta, pues estaban lejos aún y nuestro monte la ocultaba, así que se fueron acercando cada vez más sin tomar precauciones. Nosotros, en la cima, nos quedamos hipnotizados viendo la extraña tormenta verdosa; antes de que nos diéramos cuenta la teníamos a nuestros pies. Cuando llegó a Monte Espinoso todos nos percatamos de que la tormenta flotaba realmente bajo, lo habríamos tomado por una niebla corriente de no ser por los relámpagos y la densa lluvia que escupían sus entrañas. Estaba a tan poca altitud que rodeó Monte Espinoso sin alcanzarnos, convirtiendo la cima en una isla perdida en un océano de nubes verdes furiosas.
En el momento en que el enemigo llegó a Monte Espinoso, la tormenta comenzaba a reptar por la cara norte, y en segundos engulló al ejército entero, dejándolos a merced del infierno que se adivinaba en su interior. A esto siguieron tres horas larguísimas, sentíamos que nuestras vidas dependían de lo que sucediera dentro de la tormenta. Y todo parecía indicar que allí dentro pasaban muchas cosas. Entre el inmenso ruido de los truenos y la lluvia se podían oír ráfagas de disparos, estallidos e incluso algún que otro grito de puro terror que nos helaba la sangre a todos. Cuando por fin se alejó la tormenta lo hizo por donde había llegado, el mar. No se veía ninguna actividad allí abajo, por lo que tras esperar un par de horas decidimos bajar.
El panorama allí abajo era siniestro. Los tanques aparecieron oxidados, los rifles tirados y completamente inservibles. También encontramos chaquetas e insignias de soldados, pero con signos de que hubiese pasado mucho tiempo desde que fueron dejadas allí. Descubrimos paquetes de comida podridos y cigarros convertidos en fósiles. En cuanto a hombres, no dimos con el menor rastro de ninguno, todo un ejército desapareció aquella mañana. Y aunque parezca increíble, eso no fue lo más extraño aquel día. En el suelo, frescas aun por la lluvia, se podían ver unas pisadas que se dirigían hacia el oeste, al mar. Contamos muchísimas huellas distintas, todas de calzado militar, y siempre siguiendo una senda establecida, como si andaran en fila. Las huellas llegaban hasta la costa, a un acantilado bastante profundo, y abajo solo vimos el agua oscura. Yo me alejé un poco de las huellas, quería ver el acantilado mejor, así que fui hacia un risco situado a la derecha, justo en el borde del precipicio y desde el que se podía ver toda la linea costera. Cuando subí, lo que vi me hizo plantearme seriamente si no se trataba todo de una alucinación, y he de decir que aun a veces dudo de mi testimonio, a pesar de que todos mis compañeros vieron lo mismo.
Alguien había clavado un tridente en el risco. Era un tridente precioso, adornado con motivos marinos y de un brillante metal plateado. ¿Qué hacia allí aquella arma? nunca lo supimos, los pescadores de la zona no habían oído hablar del tridente, y ni el enemigo ni nosotros usábamos ese tipo de arma. Tampoco supimos nunca nada sobre el ejército enemigo, solo que después de la guerra todos esos hombres se dieron por desaparecidos y se dejó de hablar de ellos. No aparecieron cadáveres ahogados. De la tormenta verde también se dejó de hablar, nuestros superiores nos ordenaron guardar secreto sobre todo lo visto aquel día, temiendo quedar en ridículo. Bien, desde entonces nosotros, los que lo vivimos, solo podemos hacer suposiciones irreales de lo ocurrido. El tridente es un arma que se le suele otorgar a divinidades marinas, a Poseidón. Y dado que la tormenta vino del mar y luego volvió a él, podemos afirmar que el océano algo tiene que ver con ello. ¿qué pasó con todos esos soldados allá abajo? Me temo que nunca lo sabremos, tal vez fueron un sacrifico para el mar. O tal vez bajaron a algún sitio de lo más profundo, fuera de los dominios del hombre. De lo que estoy seguro es de que el tridente sigue en el mismo risco, pues fue tal el pavor que sentimos en aquel lugar que nos fuimos antes del anochecer, sin atrevernos a tocar la preciosa arma ni a mirar atrás. Tal vez algún día vuelva aparecer la tormenta algún día, bajo el Monte Espinoso, y su dueño vuelva a recuperar el arma olvidada. Yo no tengo ninguna prisa por ver de nuevo esas horribles nubes verdes; desde entonces temo el mar, aunque lo que más me gustaría saber es si nos estaban salvando la vida cuando acabaron con aquellos hombres.
¿Quería protegernos? ¿Quién acudió a nuestra ayuda? -
Pide un deseo
Cómo llovía aquella noche.
Estaba empapado hasta los putos huesos, y la tormenta no tenía pinta de parar. Alli estaba yo, sin trabajo ni casa ni amigos a los que robar, ni siquiera alcohol, que era siempre mi última esperanza. Me senté en una parada de autobús vacía. Desde luego no esperaba que pasaran autobuses a esas horas de la madrugada, pero fue poner el culo en el banco y oir como se acercaba rápidamente uno.
Era uno de esas máquinas viejas, con un montón de ruedas y lineas curvas, como un enorme ciempiés de latón. Abrió la puerta y pude ver al conductor, era viejo, aunque no logro sacar otra definición para él; lo olvidé nada más verle. Me invitó a pasar y cuando iba a pagar con las pocas monedas que me quedaban el me sonrió y rechazó el dinero. Fui directo al fondo, como de costumbre, y alli me tiré, entre dos asientos. Era el único pasajero, y en esos momentos me importaba una mierda donde podía acabar. Cerré los ojos y soñé estupideces. A los pocos minutos desperté, y me pegué un buen susto cuando vi a mi lado a una chica sonriente y limpia. Me pareció tan perfecta que sospeché que seguía soñando, pero tampoco hice nada por despertarme, me gustaba esa chica imaginaria. Ahora me da pena admitirlo, pero lo cierto es que he olvidado su rostro, a veces me vuelve a la memoria su sonrisa, o sus ojos, pero enseguida desaparecen. Lo que no he olvidado es su vestido: un precioso vestido azul cielo, sencillo y a la vez elegante. La chica, que no me llegó a decir su nombre, sonrió cuando vio como la observaba.
"Pide un deseo" me dijo sin más.
¡Qué voz tenía! ese tipo de voz que no te cansas de escuchar.
¿Un deseo? vaya, pensé, ahora mismo llenaría varias listas sin tener que pensarlo demasiado... no estaba en mi mejor momento. Esa voz y esas palabras que no parecían muy lógicas me hicieron decantarme por la hipótesis de la alucinación; nada era real, pero no creí que eso fuera algo malo, asi que pensé en un deseo antes de que la aparición se largara.
"Quiero verte desnuda".
Ese fue mi deseo. ¿y por qué no? ¿alguien se atreve a juzgarme? ¿eh? así solían acabar mis sueños, chicas desnudas para mi, ¿que monstruo es capaz de soñar con dinero o con la paz mundial? no, eso en las películas de Hollywood, yo lo que quería era ver dos tetas; y, si nadie me despertaba antes, tal vez acabara con un polvo oníricamente perfecto.
Ella me miró sin decir nada, y en un instante se quitó el vestido. Como no, no llevaba nada debajo. En esos momentos solo pude dar gracias a Dios por tener una imaginación tan poderosa. Yo seguía alli, admirando lo admirable cuando noté como frenaba el autobús. A esas alturas hasta había olvidado que estaba en uno. Cuando paró, la puerta se abrió. Última parada anunciaba el conductor. Habíamos llegado al centro psiquiátrico, o como me gusta llamarlo a mi, al manicomio. La chica se puso el vestido de nuevo y bajo del autobús sin mirarme, vi como llamaba al timbre del manicomio y le abrian. No tenía pinta de trabajar alli.
Jaja ¡hay que joderse! ¡era uno loca! pero quien me conozca sabe que eso no ha sido un problema en mis anteriores relaciones. Al día siguiente alli estaba yo, con un bol de ensalada en la cabeza y creyendome Jesuscristo, me dieron habitación enseguida. -
Pequeñas cosas
La vida está llena de pequeños placeres diarios para aquellos que sabemos apreciarlos. No son nada del otro mundo y poca gente les prestará la atención que merecen, tan ocupados que estan en cosas más importantes.
Yo sin embargo los disfruto de verdad, por ejemplo llegar a casa cansado y con hambre y ver una pizza echando humo aun sobre la mesa, eso es felicidad. O, después de trabajar 6 horas por la mañana en un obra, subir a la hora de comer a la azotea y tumbarse a dormir una hora mientras el sol calienta, joder, mientras no me quiten ese placer podré trabajar como un burro toda la vida! Para mi los libros también son una mina de felicidad, lo mejor es cuando estas enganchadisimo a uno, enamorado de personajes y paisajes desde el primer capitulo, y saber que aun te quedan doscientas o trescientas páginas para recorrer ese maravilloso mundo. Otro, reírte con gente en la que confías y estas a gusto un sábado por la noche, o recibir un sms de esa persona importante que te recuerda que eres alguien en el mundo. O viajar en tren un día gris por la lluvia, cuando el verde del campo brilla más vivo que nunca. Hay tantas cosas... despertarte dos horas antes de que suene el despertador y sentir esa sensación única de bienestar al cerrar de nuevo los ojos feliz de poder seguir soñando. Eso lo adoro de verdad!
Y vosotros? que cosas os hacen vivir? -
La naranja y la flauta travesera.
El cielo estaba precioso, azul y colmado de nubes esponjosas que dejaban pasar los rayos del sol como cortinas luminosas sobre los campos de trigo. Juan siempre había sido muy débil ante la belleza de las cosas, y como era normal, vislumbrar ese paisaje después de llevar tanto tiempo andando por el bosque cerrado lo colmó de alegría. Se sentó en una piedra junto al camino a mirar y meditar sobre el futuro próximo. Sintió hambre, y sin querer buscar un sitio mejor para comer sacó de la mochila un bocadillo, la cantimplora de agua fresca y una naranja. No llevaba ni cinco minutos comiendo cuando un niño apareció por el sendero del bosque, el mismo que había utilizado Juan para llegar desde su pueblo hasta esa amplia campiña. El niño se detuvo a su lado. Debía tener ocho o diez años, era moreno y delgado; no mostraba ningún miedo de acercarse al joven alto y de complexión fuerte que era Juan.
-¿Qué quieres?- preguntó Juan cuando se cansó de ver como el niño lo miraba.
-¿Me podrías dar esa naranja? Llevo mucho sin comer nada y de todas formas con ese bocadillo no tendrás ganas de comer nada más...
Juan se lo pensó un momento.
-¿Acaso no tienes padres que te alimenten chico? Me espera una caminata larga hasta la estación de trenes que hay más allá de esas colinas, necesito toda la energía que esta fruta me pueda dar. Lo siento.
-Te entiendo, pero te estaré muy agradecido si me das esa naranja. Dime, ¿para que vas a la estación de trenes?
-Aunque no te lo creas es para tomar un tren, ¿sorprendente eh?
-Jaja ya, pero qué tren, no creo que te haga ningún mal decírmelo.
-El tren que va a Toledo, quiero comprar algo alli.
Normalmente Juan odiaba hablar sobre sus cosas, pero ese niño le parecía agradable.
-¿Qué vas a comprar?-insistió el niño.
-Pues... una flauta. Una flauta travesera.
-Ohh ¡esas flautas suenan muy bien! ¿Asi que por eso viajas? Haremos un trato, yo te doy una flauta travesera mejor que cualquiera que puedas encontrar en Toledo y tú me das esa simple naranja a cambio. ¿qué te parece?
Juan estalló a reír. Era sin duda un niño muy raro.
-Deja de reírte Juan.
Éste se calló de inmediato. No le había dicho su nombre.
-¿Como puedes...
-¡Sígueme por favor!- exclamo el chico, que echó a correr internándose en los campos de trigo. Juan lo siguió con dificultad, el trigo estaba crecido y le hacia tropezar. Cuando por fin paró habían llegado a la sombra de un viejo olivo que no recordaba haber visto nunca. Era enorme, lleno de nudos y agujeros que infinidad de animales habían aprovechado para construir nidos.
El niño se acercó al tronco y metió la mano en un agujero rodeado de telarañas. Era tan profundo que tuvo que meter el brazo hasta el hombro y hurgar para sacar triunfante una flauta travesera de madera.
-¡Aquí la tienes! ¿qué te parece? te aseguro que no encontraras una igual aunque vayas a la misma Viena.
-Bueno...- Juan cogió la flauta de las manos del niño, imaginó que el chico robaba de vez en cuando y que aquél árbol era su escondite- desde luego es un gran trabajo de artesanía, pero no es lo que busco. Las flautas traveseras han de ser de metal para sonar como es debido, una de madera no es adecuada.
El niño lo miró perplejo.
-¡Vaya tontería! ¿Acaso los pájaros tienen que tener pico de metal para cantar mejor? Mira.
El niño recuperó la flauta de las manos de Juan y sin mucha ceremonia sopló por la boquilla, una melodía clara y armoniosa brotó del instrumento. Juan se quedo sin habla mientras el niño con la cara muy seria y los ojos cerrados tocaba. Cuando acabó le dedicó una sonrisa al asombrado joven.
-Jeje no es tan difícil... bueno, ¿que me dices? ¿Me das esa naranja?
El joven no podía creérselo. A cambio de una naranja ese niño le ofrecía un instrumento digno de reyes, tal vez incluso mágico.
Juan extendió la mano en la que llevaba la naranja sin molestarse siquiera en cerrar la boca. El niño cogió la fruta y se la comió vorazmente, sin mondar la piel.
-Oh... es la mejor naranja de la temporada- dijo el niño cuando acabó con ella-. Dulce y ácida, recordaré su sabor varios días...
Luego observó a Juan, que miraba hipnotizado la flauta.
-¡Casi se me olvida! Me has dado tu naranja y como acordamos yo te daré esta cosa, espero que te sirva y no necesites ir a Toledo a por otra.
Le entregó la flauta travesera. Luego se despidió alegremente y desapareció entre el trigo. Juan se quedó un buen rato junto al árbol, inspeccionando el fabuloso instrumento pero sin valor para hacerlo sonar. Cuando por fin sopló por la boquilla de la flauta, supo que podría tocar cualquier melodía. No habría nota demasiado aguda o grave para que su instrumento no lo pudiese reproducir con claridad cristalina. Era de verdad una flauta mágica, que le otorgaba el don de ser un genio de la música.
La vuelta a casa fue feliz para Juan, podía hacer sonar la melodía que quisiera con solo desearlo y se pasó toda la tarde correteando por el campo mientras su música llenaba el aire. Llegó a la granja y fue a visitar a su abuelo, a quién tenía en muy alta estima, para contarle su sorprendente anécdota. Él escuchó su relato sin pronunciar palabra ni demostrar demasiado asombro, y cuando Juan acabó su feliz historia el abuelo le dijo que se calmara mientras miraba la ventana.
-Vaya, han pasado muchos años desde la última vez-dijo el abuelo tras un largo suspiro-. Yo era aun joven cuando el duende del cambio dejó de aparecer. Él te dio la flauta Juan, y me temo que pronto lamentarás el trato.
-¿Qué? Eso es imposible abuelo, ¡he probado la flauta y funciona de veras! Además, si no hubiera sido asi y aquel ser me hubiese engañado solo habría perdido una naranja, no es una gran pérdida se mire como se mire.
-No es la naranja lo que importa querido nieto, ese duende siempre otorga grandes regalos, pero al cabo de unos días los objetos se transforman en el trozo de madera podrida que han sido siempre. Tan solo es un hechizo que acabará con tus esperanzas de ser músico. Antes ocurría mucho en este pueblo, era común que un día alguien se cruzara con un niño y éste le diera un arco que nunca erraba a cambio de un trozo de pan, un espejo que otorgara belleza a quien lo mirase a cambio de un bastón o un sombrero que hacía sabio a quien lo llevaba a cambio de un cinturón. Eran cosas que daban aquello que más deseaban a sus poseedores, pero estos, en cuanto se empezaban a acostumbrar a esta magia, descubrían que esta se había convertido durante la noche en nada, y ya nunca volvían a ser los mismos, pues sabían que nunca serían tan virtuosos como lo fueron gracias al hechizo. Y a ti te pasará lo mismo Juan, cuando te despiertes un día y veas que la flauta no es más que una rama te robará la ilusión y ya no volverás a soñar. Debes tirarla.
Mucho meditó Juan en ese momento. La flauta era lo mejor que le había pasado nunca; le garantizaba todo lo que deseaba. Pero sabia que su abuelo no le mentía y Juan siempre habia sido un chico prudente.
A la mañana siguiente se acercó al pozo de la granja y tiró la flauta. No pudo evitar llorar al ver como la flauta mágica desaparecía en la oscuridad.
Cuando por fin se compró una flauta travesera normal, se sintió muy deprimido al oír como sonaba, no era nada en comparación con la flauta que le dio el duende. Pero no dejó la música, pues el hechizo apenas había influido en su corazón y mantenía la ilusión intacta. Años después Juan se convirtió en un gran flautista; desde luego no tan bueno como aquella única tarde en su pueblo, pero si lo bastante como para poder reírse mientras recordaba como el niño devoraba esa naranja sin mondar.
FIN. -
El baile de las piedras
>>>>Se sube el telón, y sobre el escenario aparecen unas 200 piedras de distinto tamaño y procedencia mineral. Un letrero indica que se está celebrando "LA 1.763.846 EDICIÓN ANUAL DEL GRAN BAILE PARA PIEDRAS Y ROCAS". De fondo se escucha música clásica, Verdi, que siempre les ha parecido de lo más marchoso a las piedras.
En el centro del escenario un pequeño grupo de piedras parece discutir. En esta conversación intervienen por un lado las piedras volcánicas Igneus y Azufrín, por otro lado las rocas calizas Mollera y Pedrada y por último como mediador en la discusión no está nada menos que el viejo Grafito Largo, una leyenda para todas las rocas desde el Paleolítico.<<<<
GRAFITO LARGO: Es la misma historia todas las centurias, siempre acabáis discutiendo. Desde los albores de la Tierra.
PEDRADA: ¡Es culpa de esos arrogantes volcánicos como siempre señor! se creen superiores por ser los raritos.
IGNEUS: ¿Raritos? Maldito pedazo de cemento reciclado... Fueron las calizas quienes empezaron señor, Azufrín y yo solo intentábamos bailar con un par de gemas preciosas cuando llegaron estos dos aguafiestas.
MOLLERA: Nuzotros las vimos mucho antes que vuzotros, ¡eran nueztras!
AZUFRÍN: Pe-pero Coralina es mi amiga... Ella me pidió que bailara con ella...
GRAFITO LARGO: Ahh ¡callaos! estoy cansado de vosotros. Ya he decidido una manera de solucionar vuestra disputa, y espero que la veáis justa, de lo contrario llamaré a algunos granitos que conozco y que no dudarán en convertiros en arena de playa.
>>>>(Las cuatro rocas permanecen en silencio)<<<<
GRAFITO LARGO: Muy bien. Mi propuesta es la siguiente: Debéis ir al lago y saltar sobre la superficie del agua al estilo rana. Y quien dé más saltos sobre el agua podrá salir con todas las gemas que quiera.
>>>Los cuatro se muestran de acuerdo. Se baja el telón. Cuando vuelve a subir hay una charca en el centro del escenario y las piedras volcánicas y calizas, junto con Granito Largo, observan el agua desde la orilla.<<<<
MOLLERA: ¡Yo seré er primero!
>>>>Mollera coje carrerilla y sin pensárselo dos veces salta sobre el agua. El impulso le hace dar 3 botes antes de hundirse<<<<
PEDRADA: ¡Muy bien amigo! Tres saltos estupendos, pero por si no es suficiente para que ganemos... ¡¡¡¡allá voy yo!!!!
AZUFRÍN: Vaya... ese Pedrada ha dado cu-cuatro saltos... no creo que logremos superarle Igneus...
IGNEUS: ¡Claro que si! ¿estás enamorado de esa Coralina verdad? Estoy seguro de que si saltas con toda tu energía mientras piensas en tu amada ganaremos, y podrá ser tuya.
>>>> Después de pensárselo un rato Azufrín coge impulso, echa a correr y salta a toda velocidad mientras grita "Coralina". Consigue dar 6 botes sobre la superficie antes de perder velocidad. Desde la orilla Igneus y Grafito Largo miran como desaparece bajo el agua.<<<<
GRAFITO LARGO: Vaya... se han tirado los tres... al final me has ganado la apuesta...
IGNEUS: Jeje te lo dije... Ya verás cuando contemos esta broma al resto. Va a ser una gran noche.
GRAFITO LARGO: ¿Como crees que se tomaran estos tres esta pequeña broma?
IGNEUS:Bueno, supongo que se enfadaran mucho, aunque es bastante probable que pasen muchas eras geologicas hasta que consigan salir del fondo del lago, asi que deja de preocuparte de esos idiotas y piensa en las gemas preciosas que nos esperan en el baile.
GRAFITO LARGO: Asi es ¡no podemos hacerlas esperar un momento! Estoy deseando enseñarle a esa Coralina lo bien que le sienta la edad a un viejo mineral como yo.
>>>> Se baja el telón mientras se ve a las dos piedras alejarse del charco. El publico tira flores y monedas, junto con alguna que otra piedra, deseosa tal vez de reunirse con sus congéneres en el gran baile.<<<<
FIN. -
Infierno, 1
El niño llegó a un parque. Pese a su corta edad le pareció bastante extraño encontrar un parque infantil en tal sitio.
En el infierno.
El infierno resulta ser un lugar muy tópico. Llamas por todos lados, lagos de azufre, volcanes en erupción y diablos rojos en cada esquina. Debe ser cosa del condicionamiento cultural. El pequeño desde luego estaba muerto, aunque no se sabe que abominable maldad habrá cometido para acabar ahi abajo en vez de en el cielo. Tal vez los jueces divinos cometieron un error con su caso, no es raro que lo hagan, aunque por supuesto siempre rectifican con bastante rapidez, unos 200 años con suerte.
El parque infantil, a pesar del macabro paisaje que lo rodeaba, resultaba de lo más familiar. Tenía un tobogán, un columpio, una caja de arena y un par de bancos para sentarse. Cuando el niño entro en él, notó que la temperatura aqui era mucho menor, y cuando miró al cielo en vez de ver la oscuridad a la que se estaba acostumbrando volvió a ver nubes sobre fondo azul. Parecía haber vivido una pesadilla y haber vuelto a despertar a salvo, pero mientras se empezaba a hacer a la idea vio a un diablillo en el tobogán. Se acercó a él muy despacio.
-Perdona. ¿Qué sitio es este? -Preguntó el niño cuando se acercó lo suficiente.
¿Eh?-el diablillo pareció sorprenderse al verle-. Pues es el infierno. ¿No te quedó claro con el fuego y todo eso?
-¿Pero por qué hay un parque? y además, ¿qué hago yo aquí? ¡Yo no estoy muerto!
-Claro que lo estas, y debiste ser un verdadero monstruo para llegar aquí tan joven.
El niño se quedó callado. Tal vez no fuera un niño muy bueno, pero dudaba seriamente de que robar golosinas cuando nadie miraba o romper el reloj del salón y echarle la culpa al gato pudiese enviarle a uno directo al infierno.
-¡Lárgate de mi parque!-exclamó el diablillo-. Espero una visita de suma importancia en estos momentos, y las almas condenas como tú no son bienvenidas.
-¡Quién va a venir?-preguntó el niño, que como todos los niños tenía una curiosidad infinita y ninguna cautela.
-Para que lo sepas, pequeña sanguijuela, vendrá ni más ni menos que el señor del Infierno, el Gran Satanás. El cual me ordenó hacer un parque infantil como los de la Tierra, y me convertirá en un gran demonio por realizar un trabajo tan perfecto.
-¿Para qué quiere ese señor un parque?
-¡Asquerosa criatura! ¡solo sabes preguntar! El Gran Satanás seguro que quiere un maldito parque para desarrollar nuevas torturas que usará con enanos como tú, eso sería maravilloso.
Justo cuando acababa la frase un sonido parecido a un trueno dejó a ambos helados, y sobre sus cabezas se materializó un ser gigantesco, un hombre alado con una corona de fuego en su cabeza.
-¡Es él! ¡Satanás!-gritó el diablillo.
Satanás se posó en el suelo y observó el parque infantil.
-Un gran trabajo. Te felicito Ahder, sabía que lo harías muy bien, es exactamente lo que quería.
-Gracias señor -respondió el diablillo llamado Ahder.
-¡Vaya Ahder! ¡veo que también has dado con mi pequeño Damián! Está claro que eres un diablo de toda confianza.
-¿Su pequeño Damián? -preguntó Ahder con un hilillo de voz -¿Se refiere a este niño humano?
-Claro. Es mi hijo. ¿Ya no recuerdas los días que pasé de vacaciones arriba? bueno, pues conocí a una mujer que no era ninguna santa... En fin, nada que te importe.
-¿Eres... mi papi? -preguntó Damián de pronto.
-Asi es hijo, y ahora que estás aquí abajo ya verás lo bien que te lo pasarás. ¿Ves este parque tan bonito? es tuyo, asi como todo lo que desees en el infierno.
-¡Todo papá?
-Si Damián, lo que quieras.
-Me gustaría... me gustaría que Ahder fuera mi amigo, parece que no hay más niños por aquí aparte de nosotros dos.
-¿Niño? Tengo más de mil años maldito...
-¿Algún problema con los deseos de mi noble hijo Ahder?- preguntó Satanás con una voz glacial.
-Claro que no señor... será un honor servir a su hijo.
-Muy bien, desde ahora te nombro tutor suyo. Lo cuidarás y te ocuparás de su educación hasta que tenga edad suficiente para sucederme al trono. Serás su responsable, tú le vigilaras y yo te vigilare a ti, y créeme, te vigilare muy bien.
Con estas palabras se despidió (el Gran Satanás nunca fue bueno para los sentimentalismos) y dejó a Ahder y Damián solos.
"Bueno" pensó Ahder, "podría ser mucho peor. Cuidando a este mocoso al menos seré intocable, y podré ejercer mucha influencia en él cuando sea mayor y pueda reinar en el trono de su viejo. Tan solo debo aguantar unos pocos años y jugar bien mis cartas..." En ese momento sintió que alguien le tiraba del rabo.
-Ahder... quiero un helado...
CONTINUARÁ?