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Confianza hombre - 23 años, Fuenlabrada, España
Blog / La tormenta verde
sábado, 5 de enero del 2008 a las 20:59
Era septiembre en Monte Espinoso cuando nos descubrió el enemigo. Estábamos casi todos, pues a pesar de lo dura que fue aquella guerra fuimos bastante afortunados y apenas sufrimos bajas, nos sentíamos a salvo; hasta aquella mañana. Monte Espinoso es, como el propio nombre indica, un monte de una altitud considerable, repleto de zarzas espinosas que hacían de él un refugio fantástico para nosotros, medio centenar de soldados hambrientos cobijados en la cima. Fermín fue el primero en descubrir las tropas enemigas, que se acercaban ya por el norte y por el este, dejándonos la única posibilidad de huir a las montañas que se veían al sur, tan amenazadoras que hasta los lugareños las temían. Debíamos pensar con rapidez, los tanques negros ya se oían y en poco tiempo la tierra temblaría por el paso imparable del ejército. ¿Y qué podíamos hacer nosotros? Eramos apenas unos niños, y se nos presentaba un panorama desalentador. La salida sensata era rendirnos, pero en aquella época de miedo y desinformación estábamos seguros de que en cuanto el enemigo nos viera nos ejecutaría y quemaría nuestros cadáveres sin mayor ceremonia. El sargento Pereira, oficial de mayor rango en el monte, nos llamó al resto de oficiales para discutir la acción a seguir. Nuestra radio llevaba días estropeada, y no contábamos con munición suficiente para aguantar al enemigo. Podíamos hacer tres cosas: rendirnos, huir a la cordillera o quedarnos y morir. Allí estábamos, los sensatos, los cobardes y los suicidas buscando una solución cuando vimos las primeras nubes de tormenta que se acercaban por el oeste, cerca de la costa. Fermín fue de nuevo el primero en ver algo extraño, la tormenta se aproximaba a una velocidad increíble, y las nubes brillaban con una rara luz verde, que ninguno de nosotros había visto antes. En pocos minutos esta rara tormenta llegó a la playa, a unos tres kilómetros de nuestra posición. Era enorme, como un gigante verde que se estuviera arrastrando hacia la tierra, trayendo con él vientos y rayos que destrozaban los pocos árboles que adornaban la costa. Los soldados enemigos aun no podían ver la tormenta, pues estaban lejos aún y nuestro monte la ocultaba, así que se fueron acercando cada vez más sin tomar precauciones. Nosotros, en la cima, nos quedamos hipnotizados viendo la extraña tormenta verdosa; antes de que nos diéramos cuenta la teníamos a nuestros pies. Cuando llegó a Monte Espinoso todos nos percatamos de que la tormenta flotaba realmente bajo, lo habríamos tomado por una niebla corriente de no ser por los relámpagos y la densa lluvia que escupían sus entrañas. Estaba a tan poca altitud que rodeó Monte Espinoso sin alcanzarnos, convirtiendo la cima en una isla perdida en un océano de nubes verdes furiosas.
En el momento en que el enemigo llegó a Monte Espinoso, la tormenta comenzaba a reptar por la cara norte, y en segundos engulló al ejército entero, dejándolos a merced del infierno que se adivinaba en su interior. A esto siguieron tres horas larguísimas, sentíamos que nuestras vidas dependían de lo que sucediera dentro de la tormenta. Y todo parecía indicar que allí dentro pasaban muchas cosas. Entre el inmenso ruido de los truenos y la lluvia se podían oír ráfagas de disparos, estallidos e incluso algún que otro grito de puro terror que nos helaba la sangre a todos. Cuando por fin se alejó la tormenta lo hizo por donde había llegado, el mar. No se veía ninguna actividad allí abajo, por lo que tras esperar un par de horas decidimos bajar.
El panorama allí abajo era siniestro. Los tanques aparecieron oxidados, los rifles tirados y completamente inservibles. También encontramos chaquetas e insignias de soldados, pero con signos de que hubiese pasado mucho tiempo desde que fueron dejadas allí. Descubrimos paquetes de comida podridos y cigarros convertidos en fósiles. En cuanto a hombres, no dimos con el menor rastro de ninguno, todo un ejército desapareció aquella mañana. Y aunque parezca increíble, eso no fue lo más extraño aquel día. En el suelo, frescas aun por la lluvia, se podían ver unas pisadas que se dirigían hacia el oeste, al mar. Contamos muchísimas huellas distintas, todas de calzado militar, y siempre siguiendo una senda establecida, como si andaran en fila. Las huellas llegaban hasta la costa, a un acantilado bastante profundo, y abajo solo vimos el agua oscura. Yo me alejé un poco de las huellas, quería ver el acantilado mejor, así que fui hacia un risco situado a la derecha, justo en el borde del precipicio y desde el que se podía ver toda la linea costera. Cuando subí, lo que vi me hizo plantearme seriamente si no se trataba todo de una alucinación, y he de decir que aun a veces dudo de mi testimonio, a pesar de que todos mis compañeros vieron lo mismo.
Alguien había clavado un tridente en el risco. Era un tridente precioso, adornado con motivos marinos y de un brillante metal plateado. ¿Qué hacia allí aquella arma? nunca lo supimos, los pescadores de la zona no habían oído hablar del tridente, y ni el enemigo ni nosotros usábamos ese tipo de arma. Tampoco supimos nunca nada sobre el ejército enemigo, solo que después de la guerra todos esos hombres se dieron por desaparecidos y se dejó de hablar de ellos. No aparecieron cadáveres ahogados. De la tormenta verde también se dejó de hablar, nuestros superiores nos ordenaron guardar secreto sobre todo lo visto aquel día, temiendo quedar en ridículo. Bien, desde entonces nosotros, los que lo vivimos, solo podemos hacer suposiciones irreales de lo ocurrido. El tridente es un arma que se le suele otorgar a divinidades marinas, a Poseidón. Y dado que la tormenta vino del mar y luego volvió a él, podemos afirmar que el océano algo tiene que ver con ello. ¿qué pasó con todos esos soldados allá abajo? Me temo que nunca lo sabremos, tal vez fueron un sacrifico para el mar. O tal vez bajaron a algún sitio de lo más profundo, fuera de los dominios del hombre. De lo que estoy seguro es de que el tridente sigue en el mismo risco, pues fue tal el pavor que sentimos en aquel lugar que nos fuimos antes del anochecer, sin atrevernos a tocar la preciosa arma ni a mirar atrás. Tal vez algún día vuelva aparecer la tormenta algún día, bajo el Monte Espinoso, y su dueño vuelva a recuperar el arma olvidada. Yo no tengo ninguna prisa por ver de nuevo esas horribles nubes verdes; desde entonces temo el mar, aunque lo que más me gustaría saber es si nos estaban salvando la vida cuando acabaron con aquellos hombres.
¿Quería protegernos? ¿Quién acudió a nuestra ayuda?
Comentarios 4 Ordenar comentarios:
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Almu (viernes, 22 de febrero del 2008 a las 11:47)
Vaya, es una de esas historias q atrapan desde el principio, tienes wena mano!! yo escribo de vez en cuando pero siempre me atasco antes de sacar un buen final..en fin xD
sAlUdoS!
javier Confianza (domingo, 6 de enero del 2008 a las 05:35)
- Yenna85:

Pues si pues si... al final estabas inspiradísimo.
Este tipo de historias me hacen sentirme bélica
¡¡A LAS BARRICADAS!!
Jo que imaginación la suya, señor. No sabe cuanto le envidio.
Gracias!
Sandra (domingo, 6 de enero del 2008 a las 04:57)
Pues si pues si... al final estabas inspiradísimo.

Este tipo de historias me hacen sentirme bélica
¡¡A LAS BARRICADAS!!
Jo que imaginación la suya, señor. No sabe cuanto le envidio.
javier Confianza (sábado, 5 de enero del 2008 a las 21:48)
- Dark_Theory:
¿Es tuyo éste escrito?
Si es así mis felicitaciones...Pero aunque no lo fuera (espero que sí), el escritor tiene la capacidad de hacer que el lector se sumerja en la historia muy facilmente...
¿Sabremos el final, o, al igual que los soldados supervivientes, nos quedará la duda de si un ente superior les ayudó, o si todo fue una alucinación creada por el miedo de aquellos que se veían muertos y acorralados?
En fin, ¡un saludo!
Jeje me alegro que te guste! pues si colega, yo escribí esto, y bastante me ha costado XD y bueno, a parte de un pequeño toque de inspiración también le debo mucho a una historia real que ocurrió (supuestamente porque nunca quedo del todo claro) en la primera guerra mundial, cuando un grupo de 250 soldados neozelandeses en Galipolli fueron, segun testimonios de soldados que lo presenciaron, abducidos por una extraña nube negra que bajo del cielo, esperó a que todos los soldados entrasen en la nube y volvió a ascender, sin dejar una huella de lo sucedido. Bueno, al menos esa fue la historia que lei cuando era pequeño, y me impactó mucho, aunque por lo visto con el tiempo se ha demostrado que eso tiene más de leyenda que de hecho veraz. Si te interesa un poco de que va la cosa busca el regimiento Norfolk en google, a ver que sale. De todas formas he intentado ser original en mi cuentecillo! gracias por leerme y un saludo!
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