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mujer - 21 años, SileNt HiLL, Mexico
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¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien?
¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien?
Cuentan que una bella princesa estaba buscando
consorte. Aristócratas y adinerados señores habían
llegado de todas partes para ofrecer sus
maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y
tronos conformaban los obsequios para conquistar a
tan especial creatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven
plebeyo, que no tenia mas riqueza que amor y
perseverancia. Cuando le llego el momento de
hablar, dijo:
“Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un
hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te
ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré
cien días sentado bajo tu ventana, sin mas alimentos
que la lluvia y sin mas ropas que las que llevo
puestas. Esa es mi dote…”
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor,
decidió aceptar: Tendrás tu oportunidad:
Si pasas la prueba, me desposaras”.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente
estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve
y las noches heladas.
Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su
amada, el valiente vasallo siguió firme en su
empeño, sin desfallecer un momento. De vez en
cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir
la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble
gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a
las mil maravillas. Incluso algunos optimistas
habían comenzado a planear los festejos
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de
zona habían salido a animar al próximo monarca.
Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto,
cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo,
ante la mirada atónita de los asistentes y la
perplejidad de la joven princesa, se levanto y sin dar
explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por
un solitario camino, un niño lo alcanzo y le
preguntó ¿Qué fue lo que te ocurrió? .. Estabas a
un paso de lograr la meta… ¿Por qué perdiste esa
oportunidad?… ¿Por qué te retiraste?…
Con profunda consternación y algunas lagrimas mal
disimuladas, contestó en voz baja: “Si ella no me
ahorro un día de sufrimiento… Ni siquiera una hora,
es porque no merecía mi amor”.
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