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LuiMish

hombre - 21 años, Guatemala City, Guatemala


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Blog / Etiquetas / amor

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Mensajes de blog con la etiqueta 'amor':


  • RAZONES DE CAMBIO SOLIAMOS

    Solíamos pasar las tardes imaginando
    siempre algo más...
    buscando la manera de frenar el tiempo
    cuando estábamos solos...

    Y escuchar tu voz era mi canción,
    tus sueños eran parte de los míos...
    Y hoy suelo recordar, cuando estoy tan solo...
    dejando que el tiempo se apodere de mi mente
    y que el sonido del silencio... ocupe tu lugar.

    Pero hoy no puedo olvidar
    aquellos días que nos hicieron soñar,
    y me resulta tan difícil tener que comprender
    que eres parte, que eres parte del ayer...

    (CORO)
    Será tu luz, será tu voz la que se escucha en
    el silencio o es que soy prisionero de tu tiempo.
    Será tu luz, será tu voz la que se escucha en
    el silencio o es que soy prisionero del recuerdo.

    Hoy te miro diferente no como antes yo te vi,
    solo existes en mi mente y nada es igual;
    y lo que fue es lo que extraño... extraño más,
    lo que me cuesta, lo que me duele olvidar… ¡olvidar!

  • Introspectiva-ricardo andrade

    Alguna vez quisiera ver
    De donde viene esa luz
    Que me hace verlo todo al revés
    Y me hace sentir mejor...
    Cuando me siento solo,
    Cuando no sé ni quien soy,
    Cuando me quedo despierto
    Imaginando que estoy...

    Dentro de mi
    Creo que puedo volar asi
    Oigo las notas de una canción
    Que me estimula al hablar de ti...
    Sin querer salir,
    Dejo mi cuerpo acostado alli,
    Me elevo al cielo y vuelvo a vivir
    Y un mundo nuevo asi descubri
    Y todo dentro de mi.

    Hablar sin voz parece perfecto
    Cuando escucho tu interior
    Y no tener que buscar palabras
    Para hablarte de mi amor...
    Es como tener paz interna
    O salir de una prisión,
    Mas alla de las cosas ciertas
    Imagino que estoy...

    Dentro de mi
    Creo que puedo volar asi
    Oigo las notas de una canción
    Que me estimula al hablar de ti...
    Sin querer salir,
    Dejo mi cuerpo acostado alli,
    Me elevo al cielo y vuelvo a vivir
    Y un mundo nuevo asi descubri
    Y todo dentro de mi.

    Y cada vez sentirme mas loco...
    Y cada vez sentirme mejor.
    Y cada vez sentirme mas loco,
    Y cada vez sentirme mejor....

    Estoy atado... dentro de mi,
    Creo que puedo volar asi
    Oigo las notas de una canción
    Que me estimula al hablar de ti...
    Sin querer salir,
    Dejo mi cuerpo acostado alli,
    Me elevo al cielo y vuelvo a vivir
    Y un mundo nuevo asi descubri
    Y todo dentro de m

  • ABRAZAR LA NIEBLA

    Tenerte es como reducir la inmensidad a un segundo. Es un alarido enviado con poder hacia el vacio son miles de estrellas dibujando un cazador toda una noche es desgarrar el alma entera en soledad con un suspiro

    Dejame pedir a aquellos duendes jibaros, que soplen a mis ojos fibras de color para que no te ocultes detras del margay y puedan viajar mis suenos hacia ti.

    Arden mis plumas cerca de tu resplandor en la orilla del miedo te observare sentada justo en el centro de mi piel te veo gris o no... piensame un poco mas

    Tocarte es abrazar la rala niebla de una montana es un ritual una oracion con devocion para el incienso

    Dejame pedir a aquellos duendes...

  • Angel

    Recuerdo aquel di­a
    que te conoci­
    fue como un impacto
    cuandoyo te vi

    Mi corazonpalpitaba fuertemente
    no pude resistir a tu mirada de angel

    Nunca habia sentido algo asi­
    cuando me miraste yo me enamore de ti

    Y en mi cancion trato de recordarme
    porque no he vuelto yo
    a saber de ti

    angel donde estas
    en el cielo supongo

    angel ven a mi
    que esto es un infierno si no estas aqui­
    Angel

    En todos mis suenos apareces siempre tu
    no quisiera despertar
    pues ahi soy feliz

    amis amigos les he hablado de mi angel y ellos dicen que eres solo una ilusion

  • CIEGO VIERNES VERDE

    Me esconderé detrás de mi sonrisa siempre fingiré
    estar bien si no ¿quién? ho ¿quién me hará reír a mi?

    Entregaré el orgullo a cualquiera
    a cambio de un poco de atención si no ¿quién?
    ho ¿quien lo va a hacer por mi?

    Quiero ir allá lejos de aquí donde nadie
    me recuerde por que aquí están todos todos menos yo

    Controlaran mi marioneta los dedos del destino si no
    quién? ho ¿quien lo va hacer por mi?

    y ¿cómo destruir esta pared?
    que me obliga a ceder me refugiaré en la

    oscuridad

    Quiero ir allá lejos de aquí donde nadie
    me recuerde por que aquí están todos todos menos yo

    Seré ciego...Siempre ciego seré ciego... siempre ciego

  • APRENDÍ Y DECIDÍ

    Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar;
    decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas;
    decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución;
    decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis;
    decidí ver cada noche como un misterio a resolver;
    decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

    Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades,
    y que en éstas está la única y mejor forma de superarnos;
    aquel día dejé de temer a perder.
    Y costaba romper la costumbre, pero se pudo.

    Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui;
    me dejó de importar quién ganara o perdiera:
    ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

    Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
    Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento:
    el amor es una filosofía de vida.

    Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados
    y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente;
    aprendí que de nada sirve ser luz
    si no vas a iluminar el camino de los demás.

    Aquel día decidí cambiar tantas cosas...
    Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad;
    desde aquel día ya no duermo para descansar:
    ahora simplemente duermo para soñar.

    R. Ripani

  • EL CARTERO LLAMA DOS VECES

    Ruth miró en su buzón del correo, pero solo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla, pero luego la miró con más cuidado. No había sellos ni marcas del correo, solamente su nombre y dirección.

    Leyó la carta:

    "Querida Ruth:
    Estaré en tu vecindario el sábado en la tarde y pasaré a visitarte.
    Con amor, Jesús”.

    Sus manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa.

    "Porqué querrá venir a visitarme el Señor? No soy nadie en especial, no tengo nada que ofrecerle...". Pensando en eso, Ruth recordó el vacío reinante en los estantes de su
    cocina.

    "¡Ay, no...! ¡No tengo nada para ofrecerle! Tendré que ir al mercado y conseguir algo para la cena". Buscó la cartera y vació el contenido sobre la mesa: cinco pesos y cuarenta centavos.

    "Bueno, compraré algo de pan y alguna otra cosa, al menos..." Se echó un abrigo encima y se apresuró a salir.

    Una pieza de pan francés, medio kilo de pollo y un cartón de leche... y Ruth se quedó con solamente doce centavos que le deberían durar hasta el lunes.

    Aún así se sintió bien camino a casa, con sus humildes ingredientes bajo el brazo.

    "Oiga, señora... ¿Nos puede ayudar, señora?" Ruth estaba tan absorta pensando en la cena que no vio las dos figuras que estaban de pie en el pasillo. Un hombre y una mujer, los dos vestidos con poco más que harapos.

    "Mire, señora, no tengo empleo, usted sabe, y mi mujer y yo hemos estado viviendo allá afuera en la calle, y bueno..., está haciendo frío y nos está dando hambre, y bueno..., si usted nos puede ayudar, señora, estaríamos muy agradecidos..."

    Ruth los miró con más cuidado. Estaban sucios y tenían mal olor y, francamente, ella estaba segura de que ellos podrían obtener algún empleo si realmente quisieran.

    "Señor, quisiera ayudarlos, pero yo misma soy una mujer pobre. Todo lo que tengo es un poco de pollo y pan, pero tengo un huésped importante para esta noche y planeaba servirle eso a él.

    "Sí, bueno..., sí señora, entiendo. Gracias de todos modos." El hombre puso su brazo alrededor de los hombros de la mujer y se dirigieron a la salida. A medida que los veía saliendo, Ruth sintió que su corazón latía con fuerza.

    "¡Señor, espere...!" La pareja se detuvo y volteó a medida que Ruth corría hacia ellos y los
    alcanzaba en la calle.

    "Mire, por que no toma esta comida? Algo se me ocurrirá para servir a mi invitado...", y extendió la mano con la bolsa de las compras.

    "Gracias, señora, muchas gracias!". "Sí, gracias!", dijo la mujer y Ruth pudo notar que estaba temblando de frío.
    "¿Sabe? tengo otro abrigo en casa. Tome éste", Ruth desabotonó su abrigo y lo deslizó sobre los hombros de la mujer. "Gracias, señora, muchas gracias!"

    Y sonriendo, Ruth volteó y regresó camino a casa... sin su abrigo y sin nada que servir a su invitado. Estaba tiritando cuando llegó a la entrada. Ahora no tenía nada para ofrecerle al Señor.

    Buscó rápidamente la llave en la cartera. Mientras lo hacía notó que había otra carta en el buzón. "Que raro, el cartero no viene dos veces en un día." Tomó el sobre y lo abrió:

    "Querida Ruth:
    ¡Qué bueno fue volverte a ver! Gracias por la deliciosa cena, y gracias también por el hermoso abrigo.
    Con amor, Jesús. "

    El aire estaba frío, pero aún sin su abrigo, Ruth no lo notó.

  • REPORTÁNDOSE

    Una vez un Sacerdote estaba dando un recorrido por la Iglesia al mediodía... Al pasar por el altar decidió quedarse cerca para ver quien había venido a rezar.

    En ese momento se abrió la puerta y el sacerdote frunció el entrecejo al ver a un hombre acercándose por el pasillo; el hombre estaba sin afeitarse desde hace varios días, vestía una camisa rasgada y tenía un abrigo gastado cuyos bordes se habían comenzado a deshilachar. El hombre se arrodilló, inclinó la cabeza, luego se levantó y se fue.

    Durante los siguientes días el mismo hombre, siempre al mediodía, llegaba a la Iglesia cargando una maleta... se arrodillaba brevemente y luego volvía a salir. El sacerdote, un poco temeroso, empezó a sospechar que se tratase de un ladrón, por lo que un día se puso en la puerta de la Iglesia y cuando el hombre se disponía a salir le preguntó: "¿Qué haces aquí?".

    El hombre dijo que trabajaba cerca, y como tenía media hora libre para el almuerzo, aprovechaba ese momento para rezar. "Solo me quedo unos instantes, sabe, porque la fábrica queda un poco lejos, así que solo me arrodillo y digo:

    "Señor, solo vine nuevamente para contarte cuan feliz me haces cuando me liberas de mis pecados... no sé rezar muy bien, pero pienso en Ti todos los días... así que Jesús, este es Juan reportándose".

    El sacerdote, sintiéndose un tonto, le dijo a Juan que todo estaba bien y que era bienvenido a la Iglesia cuando quisiera. Más tarde, cuando se arrodilló ante el altar, sintió derretirse su corazón con el gran calor del amor y encontró a Jesús. Mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, en su corazón repetía la plegaria de Juan:

    "SOLO VINE PARA DECIRTE, SEÑOR, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE TE ENCONTRÉ A TRAVÉS DE MIS SEMEJANTES Y ME LIBERASTE DE MIS PECADOS... NO SÉ MUY BIEN CÓMO REZAR, PERO PIENSO EN TI TODOS LOS DÍAS... ASÍ QUE JESÚS, SOY YO REPORTÁNDOME".

    Cierto día el sacerdote notó que el viejo Juan no había venido. Los días siguieron pasando sin que Juan volviese para rezar. Continuaba ausente, por lo que el Padre comenzó a preocuparse, hasta que un día fue a la fábrica a preguntar por él; allí le dijeron que estaba enfermo, pero que pese a que los médicos estaban muy preocupados por su estado, todavía creían que tenia un chance de sobrevivir.

    La semana que Juan estuvo en el hospital trajo muchos cambios, él sonreía todo el tiempo y su alegría era contagiosa. La enfermera Jefe no
    podía entender por que Juan estaba tan feliz, ya que nunca había recibido ni flores, ni tarjetas, ni visitas. El sacerdote se acercó al lecho de Juan con la enfermera y ésta le dijo, mientras Juan escuchaba: "Ningún amigo ha venido a visitarlo, él no tiene adonde recurrir".

    Sorprendido, el viejo Juan dijo con una sonrisa: La enfermera está equivocada... pero ella no puede saber que TODOS LOS DÍAS, desde que llegué aquí, a MEDIODÍA, un querido amigo mío viene, se sienta aquí en la cama, me agarra de las manos, se inclina sobre mí y me dice:

    "SOLO VINE PARA DECIRTE, JUAN, CUAN FELIZ FUI DESDE QUE ENCONTRÉ TU AMISTAD Y TE LIBERÉ DE TUS PECADOS. SIEMPRE ME GUSTÓ OÍR TUS PLEGARIAS, PIENSO EN TI CADA DÍA, ASÍ QUE JUAN...
    ÉSTE ES JESÚS, REPORTÁNDOSE".

  • "SOY CIEGO..."

    Dicen que una vez, había un ciego sentado en la vereda, con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que, escrito con tiza blanca, decía: “POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO”.

    Un creativo de publicidad que pasaba frente a el, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomo el cartel, lo dio vuelta, tomo una tiza y escribió otro anuncio.
    Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.

    Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas. El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él el que rescribió su cartel y sobre todo... ¿qué había puesto?.
    El publicista le contestó: "Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras", sonrió y siguió su camino.
    El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: “HOY ES PRIMAVERA... Y NO PUEDO VERLA”.

    ¡Cambiemos de estrategia cuando no nos sale algo, y veremos que de esa manera puede que resulte!

  • EL CORAZÓN PERFECTO

    Hay quienes tienen un corazón perfecto... Y todavía lo presumen como si fuera una gracia.

    Un día un joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

    Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños.

    Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.

    Al verse admirado, el joven se sintió aún más orgulloso, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

    De pronto, un anciano se acercó y dijo: "Porqué dices eso, si tu corazón no es ni tan aproximadamente hermoso como el mío?"

    Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos, y éstos habían sido reemplazados por otros que no encajaban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes irregulares en su alrededor.

    Es más; había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió - ¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron.

    El joven contempló el corazón del anciano y, al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

    "Debes estar bromeando," dijo. "Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."

    "Es cierto," dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos, a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes -por los cuales me alegro- porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido."

    "Hubo oportunidades en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció a cambio un poco del suyo. De ahí quedaron los huecos -dar amor es arriesgar- pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza que, algún día, tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón."

    "Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?"

    El joven permaneció en silencio. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón; luego, a su vez, arrancó un trozo del suyo, ya viejo y maltrecho, y con el tapó la herida abierta del joven.

    La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

    El joven miró su corazón, que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

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