Nosatik
hombre - 34 años, España
Blog 22
Moriré un dia de aguacero, Moriré un dia del cual tengo ya el recuerdo...
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Groucho
Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas.
Groucho marx. -
Hasta siempre
Te despido como no podia ser de otro modo.
Una furtiva lagrima.
http://www.youtube.com/watch?v=Funp7JTWp2A -
Asesinato
¿Cómo fue?
Una grieta en la mejilla.
¡Eso es todo!
Una uña que aprieta el tallo.
Un alfiler que bucea
hasta encontrar las raicillas del grito.
Y el mar deja de moverse.
¿cómo?¿Cómo fue?
Así.
¡ Déjame! ¿ De esa manera?
Sí.
El corazón salió solo.
¡Ay, ay de mí! -
A mis enemigos.
Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que pienso yo de ellos, aún hablarían peor.
-
but when was that?
Pero, ¿Cuando fue eso? El viejo ya había puesto la merceria y mamá hacía marchar el fonógrafo para copiar la letra de Melenita de oro mientra yo enfriaba mi trasero en alguno de los cinco escalones de marmol que daban al fondo; Antonia Pereyra, la maestra particular de los lunes, miercoles y viernes trazaba una insultante raya roja sobre mi inocente quebrado violeta y a veces rezongaba: "¡Ay, Jesús, doce años y no sabes lo que es un común denominador!".
Doce años. De modo que era 1924. -
Se acabó la rabia
Aunque la pierna del hombre apenas se movía, Fido, debajo de la mesa, apreciaba grandemente esa caricia en los alrededores del hocico. Esto era casi tan agradable como recoger pedacitos de carne asada directamente de las manos del amo.
Hacia dos años ya que, en contra de su vocación y su contextura (patas gruesas y firmes, cogote robusto, orejas afiladas), Fido se había convertido en un perro de apartamento, condición que parecía avenirse mejor con los cuzcos afeminados, histéricos y meones, que desprestigiaban el segundo piso.
Fido no pertenecía a una raza definida, pero era un animal disciplinado, consciente, que por lo general aplazaba sus necesidades hasta mediodía, hora en la que lo sacaban a la vereda para que efectuara su revista de árboles. Sabía, además, como aguantarse en dos patas hasta que recibía la orden de descanso, traer el periódico en la boca todas las mañanas, emitir un ladrido barítono cuando sonaba el timbre y servir de felpudo a su dueño y señor cuando este volvía del trabajo. Pasaba la mayor parte del día echado en un rincón del comedor o sobre las baldosas del cuarto de baño, durmiendo o simplemente contemplando el verde sedante de l a bañera.
Por la general, no molestaba. Cierto que no sentía un afecto especial hacía la mujer, mas como era ella quien le preparaba el sustento y de renovarle el agua, Fido, hipócritamente, le lamía las manos alguna vez al día, a fin de no perturbar servicios tan vitales. Su preferido era, naturalmente, el hombre, y cuando este, después de almorzar, acariciaba la nuca o la cintura o los senos de la mujer, el perro se agitaba, celoso y receloso, en el rincón mas sombrío del comedor.
Los grandes momentos del día eran, sin duda: las dos comidas, el paseo diurético por la vereda, y especialmente, este solaz después de la cena, cuando el hombre y la mujer charlaban, distraídos, y él sentía junto a su hocico el roce afectuoso de los pantalones de franela.
Pero esta noche Fido estaba extrañamente inquieto. El golpeteo de la cola, no era como en otras sobremesas, una señal de mimo y reconocimiento, una treta habitual de perro viejo. En esta noche el pasado inmediato pesaba sobre él. Una serie de imágenes, bastante recientes, se habían acumulado en sus ojitos llorosos y experimentados. En primer término: el Otro. Sí, una tarde en que estaba solo en el apartamento, durmiendo su siesta junto a la bañera, la mujer llego acompañada del Otro. Fido había ladrado sin timidez, se había comportado como un profeta. El tipo lo había llamado repetidas veces en un falsete cariñoso, pero a el no le gustaban, ni aquellos cortantes pantalones negros ni el antipático olor del hombre.
Dos veces o tres pudo dominarse y se acerco husmeando, pero al final se había retirado a su rincón del comedor, donde el olor de la frutera era más fuerte que el del intruso.
Esa vez la mujer solo había hablado con el Otro aunque se había reído como nunca. Pero otro día en que ella estaba sola con Fido y apareció el tipo, se habían tomado de las manos y terminaron abrazándose. Después, aquella cara redonda, con bigote negro y ojos saltones, apareció cada vez con más frecuencia. Nunca pasaban al dormitorio, pero en el sofá hacían cosas que le traían a Fido violentas nostalgias de las perritas de cierta chacra en que transcurriera su cachorrez.
Una tarde-quién sabe por qué-volvieron a notar su presencia. Desde el comienzo, Fido había comprendido que no debía acercarse, que los ladridos proféticos del primer día no podían repetirse. Por su propio bien, por la continuidad de los servicios vitales, por el ansiado paseo a la vereda. No lamía la mano a nadie, pero tampoco molestaba. Y, sin embargo, ellos habían advertido su presencia. En realidad, fue la mujer; y era natural, porque con el tipo no tenia nada en común. Acaso ella tuvo especial conciencia de que el perro existía, de que estaba presente, de que era un testigo, el único. Fido no tenía nada que reprocharle, mejor dicho, no sabia que tenía algo para reprocharle, pero estaba allí en el baño o en el comedor, mirando.
Y bajo esa mirada húmeda, legañosa, la mujer acabó por sentirse inquieta y no tardó en ser atrapada por un odio violento, insoportable.
Naturalmente, poco de esto había llegado a Fido. Pero una cosa lo alcanzaba, y era el rencor con el que se le trataba, la desusada rabia con que se admitía su obligada vecindad.
Y ahora que recibía la diaria cuota de afecto, ahora que sentía junto al hocico el roce y el olor preferidos, se sabía protegido y seguro. Pero, ¿y después? Su problema era un recuerdo, el más cercano. Hacía un día, dos, tres – un perro no rotula el pasado- el tipo había tenido que irse con apuro, (¿por qué
Y había dejado olvidada la cigarrera, una cosa linda, dorada, muy dura, sobre la mesita del living.
La mujer la había guardado, también con apuro, (¿por qué
, bajo una cortina de la despensa. Y allí, no bien estuvo solo, fue a olfatearla Fido. Aquello tenía el olor desagradable del tipo, pero era dura, metálica, brillante, una cosa cómoda de lamer, de empujar, de hacerla sonar contra el piso.
La pierna del hombre no se movió mas, Fido entendió que por hoy la fiesta había concluido. Perezosamente fue estirando las patas y se levantó. Lamió todavía un pedacito del tobillo que estaba al descubierto, entre el calcetín raído y el pantalón. Después se fue sin gruñir ni ladrar, con paso lento y reumático, a su rincón tranquilo.
Pero sucedió entonces algo inesperado. La mujer entro en el dormitorio y regresó enseguida. Ella y el hombre hablaron, al principio relativamente calmos, después a los gritos. De pronto la mujer se calló, descolgó el bolso de la percha, se lo puso a los tirones-sin que el hombre hiciera algún ademán para impedirlo-salió a la calle, dando un portazo tan violento que el perro no tuvo mas remedio que ladrar.
El hombre quedó nervioso, concentrado. A Fido se le ocurrió que éste era el momento.
Nada de venganza, en realidad no sabía que era. Pero el instinto le indicaba que éste era el momento.
El hombre estaba tan ensimismado, que no advirtió enseguida que el perro le tiraba de los pantalones. Fido tuvo que recurrir a tres cortos ladridos. Su intención era clara, y el hombre, después de vacilar, lo siguió con desgana. No fue muy lejos. Hasta la despensa. Cuando el perro aparto la cortina, el hombre solo atinó a retroceder, después se agachó y recogió la cigarrera.
En realidad Fido no esperaba nada. Para él, su hallazgo no tenia demasiada importancia, de modo que cuando el hombre dio un bárbaro puñetazo contra la pared y se puso a gritar y a llorar como un cuzco del segundo piso, no pudo menos que, también, el, retroceder asustado ante la conmoción que provocara. Se quedo silencioso, pegado al marco de la puerta, y desde allí observo como el hombre, con los dientes apretados, gritaba y gemía. Entonces decidió acercarse y lamerlo con ternura, como era su deber.
El hombre levantó la cabeza y vio aquel rabo movedizo, aquel cargoso que venia a compadecerlo, aquel testigo. Todavía Fido jadeó satisfecho, mostrando la lengua húmeda y oscura. Después se acabo. Era viejo, era fiel era confiado. Tres pobres razones que le impidieron asombrarse cuando un puntapié le reventó el hocico. -
DO YOU SPEAK ENGLISH?
Esta es la carta que escribió una señora al programa de Luis Del Olmo para que la leyeran en directo:
"Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays,
las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings,
este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más
moderno.
Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los
estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los
empresarios hacían negocios en vez de business, y los
obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al
mediodía en vez del tupper-ware.
Yo, en el colegio, hice aeróbic muchas veces, pero, tonta de
mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no
dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro
idioma, nos suenan mucho mejor.
Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque
tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente
que handicap... Desde ese punto de vista, los españoles somos
modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni
tenemos sentimientos, sino fellings. Sacamos tickets,
compramos compacts, comemos sandwiches, vamos al pub,
practicamos el rappel y el raffting, en lugar de acampar,
hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los
mocos con kleenex.
Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres
y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan
medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos,
sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que
deja la cara mucho más fresca que el tónico.
El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes,
pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca
consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.
El mercado ahora es el market, el autoservicio, el
self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el
manager.
Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos
de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras
baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es,
además, un pijo irredento.
En la oficina, el jefe está siempre en meetings o brain
storms, casi siempre con la public-relations, mientras la
assistant envía mailings y organiza trainings; luego se irá al
gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la
jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model
amante del yoghurt light y el body-fitness.
El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se
jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo,
engorda mucho menos que la carne. Ustedes, sin ir más lejos
trabajan en un magazine, no en un programa.
En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra
O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama
show, bien distinto,como saben ustedes, del anticuado
espectáculo; Si el show es heavy es que contiene carnaza y si
es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno.
Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots
que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.
Estas cosas enriquecen mucho. Para ser ricos del todo, y
quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros
tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única
palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra
"SIESTA."
Espero que os haya gustado... yo antes de leerlo no sabía si
tenía stress o es que estaba hasta los cojones". -
COMO A UN SANTO DOS PISTOLAS
Hermenegildo Fuentetecha fue un niño no deseado. Su madre pasó borracha todo el embarazo con la esperanza de que el alcohol tuviese propiedades abortivas.
Pero Gildo se las arreglo para nacer. Lastima que a los tres años de edad sufriera un terrible accidente cuando un camión atropelló al pequeño Gildo, con tan mala fortuna que una rueda le aplastó el pequeño cráneo. Pero los médicos se portaron como jabatos y le salvaron la vida (aunque la mamá de Gildo no hacía mas que decirles: “Pero no se molesten ustedes, de verdad, que este chico no merece tanto”). Y Gildo sobrevivió a su nacimiento y a su mas tierna infancia pero, no nos engañemos, quedó bastante tocado. A los doce años le hicieron un test de inteligencia acompañado de un scanner cerebral y esta fue la conclusión final del estudio: “Es evidente que el cerebro del sujeto a sufrido graves daños generalizados en fases clave de su desarrollo. Su materia gris parece una mousse de cacahuetes y el dispositivo electromagnético de exploración detecta una actividad cerebral similar a la detectada en gusanos de seda, peces de acuario, plantas de jardín y otras entidades vitales inferiores. Resulta sorprendente que sea capaz de realizar una vida diaria casi normal. Es como si en la jaula del hámster observásemos girar la noria sin parar y al mismo tiempo viésemos al roedor muerto junto al comedero de alpiste, ¡sorprendente!”.
Pues bien, aunque Gildo no es muy listo que se diga, Hay cosa que ni a Gildo se le ocurren. Gildo no acude a una convención de skin-heads ofreciendo crecepelos. Gildo no grita “¡Visca el Barça!” en una reunión de peñas del Real Madrid. Gildo no encarga una cena de delfín y sopa de aleta de tiburón para sus amigos de Greenpeace. Porque Gildo padece un trauma cerebral pero no es tan tonto como para no discernir que hay cosas que pegan y cosas que sientan como a un santo dos pistolas.
Gildo tiene un Ford fiesta del 82 y le ha puesto una pegatina del naranjito de gran efecto estético. Gildo tiene un casco de nazi y se lo coloca cada vez que ve pasar una BMW. Gildo tiene una camiseta de promoción de vinos Don Simón y se la pone cuando se va de bares montado en su vieja mobylette parta darse ambiente. Gildo tiene una gata muy promiscua que se llama Chocholoco. Gildo tiene un pedazo de moto que usa para viajar. Y Gildo tiene un amigo que le regala cosas.
El fin de semana pasado celebramos el cumpleaños de Gildo y su amigo le regalo un GPS con navegador para moto. Gildo miraba y remiraba el aparato mientras su amigo le decía:” Es para que lo pongas en la moto para cuando te vas de viaje por ahí. Te va a encantar”. Y entonces Gildo, sin más miramientos instalo el GPS en el collarín de Chocholoco y empezó a cortar la tarta. Y todos le preguntamos:” ¿por que has hecho eso? ¿Por qué no le has puesto el GPS a la moto? ¿No te gusta?”. Y así nos respondió Gildo:
Un GPS no puede ir en una moto. Un GPS no es para viajar. ¿Es qué no lo veis?
Una moto es paradigma de libertad y falta de rumbo. Una moto es el viaje en si mismo y viajar es perderse con consentimiento previo. Una moto es la soledad buscada o, como mucho, compartida. Una moto es magia acompañada por una sinfonía de listonadas y esa magia no puede arruinarla una voz diciendo”En 500 metros gire a la derecha”. Una moto es aventura y la aventura es, un mapa resobado, lleno de manchas y una brújula en un bolsillo de la cazadora y preguntar donde hay un sitio para dormir. Una moto es elegir dirección en cada cruce. Una moto es dejar el móvil en la mesilla y no decir a donde te largas. Una moto es estar ilocalizable y no estar vigilado por una red de satélites. Una moto es imaginación y no una base de datos. Una moto es volver al brioso corcel y un GPS es sumergirnos en la tristeza de una oficina electrónicamente organizada. Una moto es una plataforma vital de descontrol y un GPS es un sistema impersonal de tele observación. Por eso se lo he puesto a la gata, por lo menos ahora quedará registrado por donde anda y podré localizar a los padres de sus futuros cachorros. A mí que no me pongan un chip, a mí que me dejen la moto en paz.
Tras este discurso, quedamos todos mudos hasta que la novia de alguien dijo:” ¿Pero no me dijiste que este amigo tuyo era tonto?”
Testo--> Alex Tornasol
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loosing.
La vida es preciosa, el tiempo también. Si los pierdes una sola vez, los habrás perdido para siempre.
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Curiosidad
Desde la calle, un hombre flaco, con sombrero, miró hacía adentro, formando pantalla con las manos para evitar el reflejo del ventanal.