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Relatos_de_Paco

hombre - 32 años, España


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  • Índice de relatos

    Índice general de relatos

    Bienvenida/o seas al índice de mis relatos ... los he ordenado alfabéticamente para que sea más fácil reconocerlos :) ...

    ... espero que disfrutes de tu estancia y tu lectura así como agradeceré tanto comentarios halagadores (que pocos se merecen, la verdad) como críticas para poder seguir escribiendo cada vez mejor :) ...

    A ti, mi amiga 20 de Septiembre de 1998
    Amor a primera vista 9 de Febrero de 1999

    Chester fiel Mayo de 1996
    Cómo te llegué a querer 4 de Noviembre de 1997
    Compréndeme Febrero de 1997
    Culebrón Julio de 1995

    El amor amado 13 de Agosto de 1998
    El amor es joven Septiembre de 1997
    El amor no mata, el hombre sí Febrero de 1997
    El jefe Octubre de 1997
    El mechero Octubre de 1997
    El muerto Noviembre de 1997
    El renuncio de la vida Noviembre de 1997
    El sueño Junio de 1997

    Historias del metro 7 de Diciembre de 1997

    La equivocación Junio de 1997
    Llegada inesperada Junio de 1997

    Me siento así 16 de Julio de 1998

    Nada es bueno 5 de Marzo de 1999

    Pensamientos de un enamorado: entrega del amor a la amada Junio de 1997

    Recuerdos Marzo de 1996
    Regalo equivocado 18 de Enero de 1999
    Respeto 17 de Octubre de 1998

    Te quiero 1 de Agosto de 1998

    Últimos pensamientos de un muerto 30 de Octubre de 1997
    Un día de San Valentín. El amor joven 8 de Febrero de 1999

  • Nada es bueno

         Cuando te dan la mala noticia nada es bueno. Cuando es el fin del mundo no te alegras porque ya no tengas enemigos. Si te cesan en el trabajo no te animas a buscar otro mejor. Y si has de estar tres horas de eterna espera no te alegras por los sucesos venideros. Todo te sale mal, la suerte ya no te acompaña.

         Te dan la buena noticia y llegas a casa. Tarde, pero llegas. Cuando empieza a llover no lo notas porque estás cerca. Si hace frío es una brisa que aclara las ideas. Pero si además has de vagar sin rumbo entonces es cuando el destino ha jugado su carta, el azar decidió tu suerte y empiezas a temblar. No de frío sino de angustia. El temor de rememorar viejas historias que un día te dejaron sin razón de vivir. Aquéllas que ya pasaron y vuelven para amargarte, para recordar que no tienes a nadie, que tu existencia la creas tú.

         Nadie cuenta, nadie se lo merece, piensas. Mientras tanto tu mente se va cerrando a la posibilidad de salir adelante. Tu ser emana un hedor indescriptible por lo que te atormenta todo dicho, te hace sucumbir el pensamiento, te cansa cualquier diálogo. No temes el destino, pues ya te ha decidido, sino el azar que ha destrozado uno a uno tus principios. Los ves en un recorte tras otro formando un conjunto, una mentalidad barrada por la inutilidad humana de frenar el caos, una esencia que poco a poco desaparece de la existencia.

         En fin, tu dolor no te salvará de ser feliz pues el camino puede cambiar a mejor. Tú, caminante, te quedan posadas por asistir, camino que compartir, odio por combatir.

    (Escrito el 5 de marzo de 1999)

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  • Amor a primera vista

    Una llamada.

    Sólo una.

    No cabía duda, estaba enamorado.

    Pero ella decidió por otro.

    Quizá haya suerte.

    Pero el destino jugaba una partida perdida.

    El amor no llegó a demostrarse.

    La llamada.

    Sólo ésa.

    Nadie más lo sabía.

    Me decidí a hablar con ella, acompañada como estaba, y me presentó a su amigo. Nos saludamos y empezamos a hablar. Me disculpé luego, dirigiéndome a mi mesa, cuando me dijo que me podía quedar.

    No había nada que ocultar.

    Juan Carlos y yo empezamos a hablar de cómo la conocimos. Fue curioso cómo llegó a extrañarse de nuestra conversación a tal punto que se excusó para ir al servicio.

    Él y yo continuamos hablando y quedamos para mirar un artilugio de segunda mano que había adquirido hacía poco. Estaba estudiando y trabajando a la vez. Era algo agotador y no tenía demasiado tiempo para salir así qeu me ofrecí a ir a su casa, en vez de quedar en alguna calle. Al final nos intercambiamos los números de teléfono, justo cuando ella regresaba. Entonces Juan Carlos dijo que era tarde y llegaba con restraso a un asunto privado.

    Más tarde descubrí que quedó con su novia.

    Me quedé, entonces, con ella y decidió que la acompañara a su casa. Con gesto que denotaba dolor, la invité a tomarse algo, cosa que rechazó. Al salir del bar intenté indagar el porqué de aquel momentáneo enfado. Pero ella me cerraba las puertas una y otra vez.

    Bajamos por Balmes mientras ella callaba.

    Cuando llegamos a Consejo de Ciento le invité a entrar en un bar que bien conocía por haber estado allí con mi compañero de piso. A regañadientes, aceptó. Una vez dentro nos dirigimos a una mesa apartada de las demás. Pedimos y, entonces, le tomé la mano.

    Ella, primero se sonrojó, luego me miró a los ojos.

    Y entonces me declaré.

    Saqué del bolsillo de mi chaqueta una cajita envuelta en un papel oscuro y se la entregué.

    Ella no sabía qué decir.

    La abrió y descubrió aquella pulsera que, días antes, recogía su impunidad y perdía la virginidad ante el grabado "Por ahora y por siempre".

    (Escrito el 9 de Febrero de 1999, Martes)

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  • Un día de San Valentín. El amor joven

    Era una bella tarde de invierno, brillando el sol, cantando los pájaros. No tenía que temer nada, ella me quería. No podía dejar de pensar en ella. Hasta que sonó el timbre.

    Con prisa, cogí el llavero y la chaqueta, me encaminé escaleras abajo y la encontré allí. Enfundada en unos ceñidos pantalones rasos, de una sola costura. Se abrigaba gracias a un jersey oscuro con un cuello que dejaba entrever la camiseta blanca que decoraba a juego su delgado y esbelto cuello, cerrado por un colgante de plata, su nombre grabado. Su calzado la había hecho crecer tres o cuatro centímetros mientras que su verde mirada me invadía por dentro.. Un claro de esperanza inundó mi ser. Su cabello liso se reunía en una pequeña cola bien hecha. Con el pelo suelto, su mirada cambiaba: de ser agradable a tener cierto tono de maldad. Poseía unos dotes inusuales para hacer que me sintiera bien, cual fuera el momento.

    Recuerdo los despertares en casa de mis padres acompañados del ansia por bajar al bar para que me sirviera un café. Todavía sigue viva la primera vez que le dije lo que sentía por ella, hace cinco años. Nadie la había invitado para aquel Domingo. Era Sábado y me sirvió mi acostumbrado café cuando, en un descanso de barra, nos pusimos a hablar. Nadie la había llamado y no sabía porqué. Decidí hacer público mi amor pero sólo acerté a decirle:

    - Quizá aceptes que te invite mañana a tomar algo.

    Ella no salió de su asombro, cuando me dijo:

    - ¿No será una invitación para salir o algo así?
    - Así es - respondí - Quiero quedar contigo mañana.
    - ¿No tenías a nadie con quien salir o qué? Ya soy mayorcita para que me lleven a tomar algo por ahí. Si salgo, me voy con mis amigas.
    - Y seguro que no tienen nada que hacer. Acéptalo, mañana es San Valentín y me gustaría quedar contigo. Nada especial, si tú no quieres.
    - Bueno, pero no te hagas ilusiones.
    - ¿Quedamos, entonces, a las cinco y media aquí delante?
    - Vale.

    Y allí quedó todo. Al día siguiente fue como un sueño grandioso. Nada más llegar ella me preguntó dónde iríamos. "¡Sorpresa!", le dije yo. Aceptó y empezamos a andar, sin rumbo fijo, por la calle Ancha. Llegados a las Ramblas, subimos hacia la plaza Cataluña, no sin antes pararnos en los tenderetes donde se vendían collares y anillos, pañuelos y todo tipo de alhajas.

    - ¡Qué bonito es esto! ¡Qué bonito es lo otro!
    - ¿Quieres algo de esto?
    - No hace falta, gracias.
    - ¿No te haría ilusión un recuerdo?
    - Sí, pero me conformo con recordar el paseo.

    Al final conseguí convencerla y le compré un anillo, inscrito en él la fecha de hoy, 14 de febrero. Todavía lo lleva puesto. Es el único que lleva puesto. Seguimos, cogidos de la mano, paseando por tan magistral museo vial hasta que llegamos a la plaza Cataluña. Subimos la Rambla de Cataluña hasta la calle Córcega donde, tiempo atrás, había conocido un bar bastante cálido e íntimo. La invité a entrar, no sin fijarme en la expresión que resurgió en su rostro al ver tan bonito lugar. Saludé al camarero que nos indicó una mesa apartada y sugerente al retiro armónico de dos seres que se quieren. Leves frases y susurros es lo único que la gente sabe de nuestro encuentro. Ni en el más interno de mis deseos hubiera imaginado una tarde como aquella.

    (Escrito el 8 de Febrero de 1999, Lunes)

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  • Regalo equivocado

    Un regalo equivocado.

    El desacierto de la persona que, involuntaria o voluntariamente, decide comprar o adquirir un amuleto del amor.

    Como si no fuera suficiente el amor que su amada le profesa.

    Una baratija, lo suficiente para apagar esa llama que se encendió tiempo atrás y que perduró aun en los momentos más cruciales de su vida.

    Esa alianza que, prometiendo amor eterno, lo destruye en un momento.

    Aquel anillo dorado y esmaltado, encajado en él un rubí plateado de perfecta simetría, rompiendo la armonía del primer instante en que se dijeron las bellas y eternas palabras de amor.

    Simplemente, no se conocían.

    (Escrito el 18 de Enero de 1999)

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  • Respeto

    Dos oscuras sombras en el hondo abismo de la pobreza inundan y llenan de odio todas aquellas falsas y apremiantes palabras sin sentido llamadas promesas.

    No pudo ser, otra vez en trance, en la transición de lo bueno y lo malvado, en la transigencia de dos polos opuestos entre un mundo oprimido por el dolor de sentirlo en sus carnes, de ver despedazados sus principios y contrariados sus criterios.

    El grito se alza clamoroso, redundante en su llamada pidiendo RESPETO.

    (Escrito el 17 de Octubre de 1998)

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  • A ti, mi amiga

    Como el éter que acompaña mi más cercano descanso, como el aire que embellece mi mecanismo interno, como el agua que saborean las bellezas marinas, vuelvo a ti.

    Sin ruidos y sin anuncios.

    Con paso cauteloso y sigilo.

    Teniendo en cuenta tu reposo, no lo destorbo.

    (Escrito el 20 de Septiembre de 1998)

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  • El amor amado

    Dos aventureros, dos enamorados.

    Dos existencias que se enlazan dando una misma por resultado.

    Ella esperando, él buscando.

    Cuando por fin se encuentran, notan un ambiente de sorpresa.

    Sienten que nada es realidad y quieren aprovechar el tiempo hasta que el mismo los separe.

    Pero nunca se separarán poque lo que sienten es real y realmente se quieren.

    Pronto es para decidirlo pero ya se abrazan y se dicen esas palabras traicioneras que denotan la sinceridad de unos corazones extraviados, unos seres que se encontraron cuando el mundo se puso en contra de ellos.

    Pero no todo el mundo piensa igual.

    Si no, lee estas líneas.

    (Escrito el 13 de Agosto de 1998)

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  • Te quiero

    Como un día gris en pleno mes de Agosto.

    Como una vía muerta por la que descansa una hilera interminable de vagones.

    Como un chorro de agua fría en una placa de doscientos grados.

    Como una canción sin letra.

    Como una pareja sin amor.

    Así y sólo así me siento cuando no estás.

    Como si fuera la correa de una sandalia que nunca será hallada, mi corazón siente que nunca estará contigo.

    Una oda, un libro, un adiós y se rompe el silencio de mi interior.

    Pero, al igual que el espacio posee agujeros negros, protadores de otros mundos, así es mi alma: llena de engaños, mentiras y rechazos pero, a su vez, portadora de ese anhelo a la esperanza de una afirmación y corresponderte como siempre he querido: QUERIÉNDOTE.

    (Escrito el 1 de agosto de 1998)

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  • Me siento así

    Oscuras tinieblas me rodean.

    Un apagón y la vida muere en tanto la muerte vive.

    Dos estrellas nacen para perderse en el infinito.

    Un astro cree ser el rey.

    Envidia las estrellas por tener más vida que él, por no tener obligación de alumbrar planetas.

    Por eso, una ola de indescriptible calor avanza hacia ellas, poco a poco, hasta que se consumen y quedan en el olvido.

    Relegarlas quiere hacia los límites del universo.

    El universo no tiene límites.

    Tendrán que vagar durante eones hasta que su existencia se agote.

    (Escrito el 16 de Julio de 1998)

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