Soledad333
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Blog / Mis cuentos: Visitante Nocturno
sábado, 31 de octubre del 2009 a las 04:43
Henri Fox Talbot - The Open Door - 1844
Visitante Nocturno
El resplandor de la luna ilumina la madrugada fatigada, el reloj marca la una, atravieso la ciudad, estoy de guardia. Las rutas como arterias se bifurcan, estoy perdido, tengo a penas quince minutos para llegar a mi próxima visita. Intento salir del atolladero, giro a la derecha por una carreta auxiliar, y de pronto, una turba de muchachas de todos los colores viene hacia mí, tengo que frenar, han inmovilizado mi coche. Contonean sus cuerpos con el descaro de la competencia voraz, van ligeras de trapos, ceñidos cual maniquíes de seda, llevando a cuestas los colores de la precariedad. Estoy en la Casa de Campo, todas me hablan a la vez: un griego, un francés, un completo… les pido que me dejen marchar: “Soy médico de urgencias”, tengo prisa, los pacientes me esperan. El coche no tiene ninguna acreditación, les muestro mi carnet. Uf, me liberan.
De vuelta por la carretera, el pitado de la blackberry anuncia el décimo aviso. Cada día incrementan los avisos, como si la noche se estirara o las distancias se acortaran, hay noches en que recorro 400 kilómetros, a veces el coche ladra, a pesar de que es nuevo. Ellos, los coches, tienen todos los turnos, nunca descansan, a duras penas aguantan unos cuantos meses. He llegado a la dirección indicada, toco, me abren la puerta, me recibe un hombre con el rostro de la ansiedad y me guía hacia una habitación donde se encuentra su mujer, una crisis de asma. Me detengo, la examino, reviso sus medicamentos, le hablo, la escucho, la tranquilizo, lo tranquilizo, extiendo la receta, pronto estará mejor.
Van quince días y aún no tengo noticias de mi salario, estoy cabreado. He hablado con Fernández, me dice: hay meses que tardan en pagar, y otros, te pagan dos meses juntos, o tres. No sé que hacer tengo que enviar dinero a mis hijos, no podré esperar tanto tiempo.
Continúo mi periplo por Madrid. El silencio y la quietud casi fantasmal imperan en las calles de los barrios elegantes, mientras que en los barrios populares prevalece el ritmo rebelde de la juventud, también están los barrios marginales donde las almas deambulan en busca de droga marcando su propio ritmo rastrero. Más anuncios, más niños, el invierno tiñendo los hogares de gripe. Llego, examino al peque, su tierno cuerpecito caliente, hablo con los padres, los calmo y extiendo por enésima vez la receta, mientras la blackberry sigue pitando. Van quince anuncios, toda la noche transitando de norte a sur y de sur a norte. Estoy agotado.
El pálido cielo de las primeras horas anuncia que pronto amanecerá, por fin terminará mi turno. Una empresa intermediaria nos emplea, casi todos somos extranjeros, cubrimos los anuncios de varias aseguradoras privadas, estamos solos, la empresa nos envía señales a través de la blackberry y el teléfono móvil, los pelos y señales necesarios para cada visita, un GPS nos guía, el inmaculado plano de Madrid llega vía satélite.
Ayer despidieron a Redondo, un colombiano, se fue a dormir un par de horas a su casa, llevaba varios días haciendo el turno de la tarde y de la noche. González tuvo un accidente la otra noche, afortunadamente no le pasó nada, pero el coche quedo herido de muerte. Aguilar, otro peruano los dejó plantados, consiguió otro trabajo.
Cada mañana antes de regresar a casa, voy al bar a tomar desayuno, una tasa de café con leche y unos churros, cojo el periódico y paso la vista por las noticias, mi vista baila confusa las imágenes. Vuelvo a casa y me siento frente a la pantalla, hago zapping de un canal a otro hasta que la noche se retira de mí y el sueño me invade, me voy a dormir. A las tres de la tarde, me despierto, vuelvo al zapping, mi mente se atosiga de imágenes que van y vienen, voces que invocan marcas, la ilusión me endulza, me trasporta, una brecha que taladra mi pensamiento, ¿me libera?
Otra vez llega la noche. La blackberry comienza a emitir mensajes. Bebo café, mi cerebro se acelera, estoy listo para iniciar mi recorrido. Voy en busca del primer aviso. Toco la puerta, no me abren, al cabo de un momento una muchacha abre la puerta, de aspecto descuidado, muy delgada, su rostro esta pálido, casi blanco; según indica la blackberry, ha llamado pidiendo ayuda, lleva un par de intentos de suicidio. Me recibe con la mirada ausente, intento hablarle y arrancarle algunas palabras pero en su casa solo se escucha mi voz, se le han terminado los ansiolíticos, lleva varios días dando vueltas, me muestra la caja de medicamentos vacía, a modo de súplica me pide más ansiolíticos: “solo quiero dormir” añade. No puedo prescribirle ansiolíticos, tiene que venir alguien, me quedo, le hablo con el corazón y siento su miedo como una ventana que se precipita al vacio, luego llora y me da el nombre de su hermana, la llamo, hablamos, vendrá inmediatamente, llega, la recibo y hablamos, le doy la receta, se quedará a cuidarla. Vuelvo a mis pacientes, tengo un retraso importante, me he quedado casi 2 horas con la muchacha. No importa, hay que seguir.
La blackberry no ha dejado de sonar, más niños, más ancianos, la gripe ha cubierto la ciudad, mientras el cansancio se asoma en un bostezo. Me paro un momento, bebo más café, cuando el sueño me asalta aspiro su aroma y me reconforta, después de haber saboreado un largo trago, el cansancio me abandona, me reincorporo a mis anuncios, la noche se dilata.
No me pagan, sigo sin enviar dinero a mi familia, también tengo que pagar mi piso. He llamado a la empresa, dicen que tienen problemas de liquidez, que pronto harán la transferencia. Cojo nuevamente el móvil, marco el número de Fernández, seguro que sabe algo más. Su voz está alterada y antes que pregunte, me dice:
Han comprado una nueva residencia geriátrica, acabo de enterarme.
María Germaná Matta - En Madrid, a 10 de julio de 2009
Comentarios 20 Ordenar comentarios:
Margarita +++++++ (martes, 17 de noviembre del 2009 a las 01:43)
Bella narración, transporta a lugares que pueden haber sido vividos en sueños, de dura realidad, pero con una gran frescura para asumirlos.
Me gusta mucho lenguaje inteligente y resuelto del relato
Felicitaciones
Soledad333 (viernes, 6 de noviembre del 2009 a las 00:25)
- joaquin_43:
A pesar de mis ausencias no podía dejar de pasar y disfrutar de este "salirme del mundo" y gozar de la maravilla de tu pluma. Es un lujo compartirlo contigo, y de tu mano...
Un abrazo fuerte y mi enhorabuena,
J.
Gracias Joaquin por venir y dejar tu comentario. Para mi es un halago que me dan fuerzas para seguir peleando con la vida y continuar con esta gran pasión que es la literatura.
Un beso y todo mi cariño.
Joaquín RamosG (viernes, 6 de noviembre del 2009 a las 00:10)
A pesar de mis ausencias no podía dejar de pasar y disfrutar de este "salirme del mundo" y gozar de la maravilla de tu pluma. Es un lujo compartirlo contigo, y de tu mano...
Un abrazo fuerte y mi enhorabuena,
J.
Soledad333 (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 09:26)
- desandyy_:
Increible, real y desgarrador relato Maria.
Escribis atravesando al que te lee. Porque lo haces organicamente y comprometida. Eso llega al otro.
Un placer reencontrarme con tus textos. Un abrazo grande querida amiga
Gracias Sandy, por tus delicadas palabras. Soy yo la que te agradece por darme aliento.
Muchos besos y espero que te encuentres bien.
Sandy (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 08:59)
Increible, real y desgarrador relato Maria.
Escribis atravesando al que te lee. Porque lo haces organicamente y comprometida. Eso llega al otro.
Un placer reencontrarme con tus textos. Un abrazo grande querida amiga
Soledad333 (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 08:40)
- sandrademente:
Una narración espléndida!!!! me he sentido casi dentro de la historia. Por aquí, en Argentina estas historias de médicos son la manera de trabajar a diario. Muchas veces estás al frente de una dotación y no tenés ni para sacarle un electrocardiograma y se te muere el paciente sin asistencia. Cruda realidad la de los que menos tenemos, tanto de los asistidos como del personal que debe cargar con la responsabilidad de ser profesionales sin medios para diagnosticar o curar.
Una vez, un amigo cirujano me comentaba que miestras trataba de resucitar a un paciente en plena sala operatoria, el aparatito resucitador (no sé cómo se llama) no marcaba la cantidad de vatios o voltios (no tengo idea de cómo funciona) que el paciente recibiría, por supuesto que el pobre paciente murió el plena operación pero no por su estado sino porque nunca supieron cuánta electricidad recibió su corazón.
Triste realidad, la de los que deben callar para seguir su carrera; la de los que poco tienen y deben caer en el sistema estatal.
Muy profundo tu relato, abre debates y deja lugar a la reflección.
Gracias por dejarme leerte, un placer para mis ojos y mi mente.
Gracias a ti Sandra por tus palabras.
En el Perú la gente también se muere por falta de recursos, hay muy pocos hospitales públicos en Lima que alberga un tercio de la población peruana, (10 millones de habitantes), en el resto del país existen apenas algunos hospitales en las principales ciudades, pero carentes de lo elemental. Un amigo me contaba que cuando estaba de interno en un hospital público en Lima, tenia que pedir agujas y vendas a los pacientes, ya que el hospital no tenía.
Hay muchos médicos latinos que han venido aquí para buscar una mejor situación, pero la realidad es dura. La sanidad privada los emplea como mano de obra barata para cubrir puestos que nadie quiere.
Vivimos en un mundo inhumano, donde el hombre apenas tiene tiempo para sobrevivir. Tenemos que plantearnos nuevas alternativas para que podamos vivir en armonía.
Gracias una vez más por tus palabras. Besos
sandra demente (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 07:42)
Una narración espléndida!!!! me he sentido casi dentro de la historia. Por aquí, en Argentina estas historias de médicos son la manera de trabajar a diario. Muchas veces estás al frente de una dotación y no tenés ni para sacarle un electrocardiograma y se te muere el paciente sin asistencia. Cruda realidad la de los que menos tenemos, tanto de los asistidos como del personal que debe cargar con la responsabilidad de ser profesionales sin medios para diagnosticar o curar.
Una vez, un amigo cirujano me comentaba que miestras trataba de resucitar a un paciente en plena sala operatoria, el aparatito resucitador (no sé cómo se llama) no marcaba la cantidad de vatios o voltios (no tengo idea de cómo funciona) que el paciente recibiría, por supuesto que el pobre paciente murió el plena operación pero no por su estado sino porque nunca supieron cuánta electricidad recibió su corazón.
Triste realidad, la de los que deben callar para seguir su carrera; la de los que poco tienen y deben caer en el sistema estatal.
Muy profundo tu relato, abre debates y deja lugar a la reflección.
Gracias por dejarme leerte, un placer para mis ojos y mi mente.
Soledad333 (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 01:03)
- ultravioletamix:
Soledad, esto es literatura de lujo. Me haces vivir lo que cuentas. Por favor, escribe más. Muévelo. Tienen que publicarlo. Haz ese regalo al mundo.
Besos y gracias!
Ultravioleta, gracias por tus palabras, siempre me alientan.
Llegué a París con la firme convicción de ser escritora y la vorágine de la vida y el sobrevivir hicieron que abandone mi razón de ser, escribir. Desde hace 6 años decidí retomar el camino y desde entonces no he parado. Soy lenta porque como le decía a mi amigo Boris the Spider, necesito sentir los personajes, escuchar sus latidos y en este mundo de locos, llegar a ese silencio cuesta, y como te dije una vez, por eso leo poesía para llegar a este estado donde puedes sentir la trasparencia del alma humana con su angustia. Ahora sé que no dejaré de escribir, eso sería traicionarme y quiero seguir siendo yo.
Besos mil y gracias una vez más por tus palabras.
Soledad333 (lunes, 2 de noviembre del 2009 a las 00:39)
- visiones_simultaneas:
, un personaje-cronista es una muy buena idea. Aquí el médico es como un ángel que sobrevuela la ciudad intentando llevar a cabo una tarea quimérica: aliviar el dolor humano. Y a la vez es como el objetivo de una cámara que nos muestra el lado oscuro de la urbe. Es como Rieux, el médico de La peste de Albert Camus, alguien que como Sísifo lucha denodadamente contra lo fatal. En definitiva, me ha encantado la narración
; creo que es lo mejor que he leído de ti. Un abrazo, Sole
.
Qué maravillosa manera de narrar. Parece cómo si una persona se confesara delante de una grabadora o en una página de su diario de tal manera que parece que el autor ( autora, en este caso ) deja "libre" al personaje. Me ha recordado a la técnica narrativa de Roberto Bolaño ( en Los detectives salvajes, por ejemplo ) . Ver la realidad a través de los ojos de un personaje (digamos "periférico"
Gracias poeta por sus palabras.
Siento que cada día adquiero más destreza y que me siento cómoda en este genero, el cuento. La historia de este médico es terrible, por eso lo deje hablar para que sea él quien vaya contando su propia historia, me gusta pasearme con mis personajes y dejarlos hablar, a veces los llevo días dando vueltas en mi mente, ahí escucho su respiración y su angustia, cuando lo siento dentro, escribo.
Gracias por las comparaciones, me halagan, aún me falta mucho para llegar a la altura de Bolaños o de mi querido Camus.
Un beso enorme y gracias por tus alentadoras palabras.
U.V. Mix Confianza (domingo, 1 de noviembre del 2009 a las 08:59)
Soledad, esto es literatura de lujo. Me haces vivir lo que cuentas. Por favor, escribe más. Muévelo. Tienen que publicarlo. Haz ese regalo al mundo.
Besos y gracias!
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