Talish_de_Zander
Confianza hombre - 48 años, España
Blog 41
Escribo por la noche, cuando todo está tranquilo y adquiero esa quietud que me inspira. Quizá sea monotemático pero me gusta escribir sobre los sentimientos profundos que mueven al ser humano y que a veces le conducen a las puertas del delirio... el dolor, el amor, la soledad... el desvanecimiento de la identidad del ser, la sublimación del alma y el llanto contenido que se transfigura en palabra. Léeme y compréndeme. Asimila mi imperfección y comprueba que, en el fondo, no somos tan diferentes...
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Y de pronto un tiempo
Me reservo olvidos en esta tarde de otoño. He abandonado el mar y me ha desbordado la tierra hasta traerme tu nombre.
Hoy ya podrás, amor, acercarte a las playas donde habito. Separar las arenas. Ir tejiendo con pájaros mis naves e iluminar mi cuerpo de nube y faro hasta abrirlo en delgadas cavernas.
Hoy abandono mi cuerpo a la salina clara de tu ausencia. Bebo la luz que me trajo tu encuentro y rozo aquel aire perdido en márgenes de invierno. Árbol de sombra las hojas de tus labios, fruto de una tarde que reposa en mí inmóvil.
Fueron nuestras las horas, como puntas de nieve derramada en cielos solitarios. Nadie nos sostenía. Tal vez nosotros sostuvimos al mundo en ese instante. Sólo pude creer cuanto tocaron mis manos. Y mis manos, crecieron de golpe con tus palabras, amando para siempre la dulce iluminada carne que te habita. A solas, guardo tu recuerdo allí donde el amor se encuentra, triste, como un perro extraviado a la orilla de un desierto.
Y mientras tanto, más allá del camino, no deja de caer el caminante que inventa la soledad del paso hacia el destino. Búscame allí, donde podamos adelantar la palabra antes que el paso. Entre cometas de espuma y alas de ángel, habitarás mi soledad. La libertad no olvidará jamás la cárcel que para mí fueron tus manos. Los árboles, amor, sonríen siempre mientras mueren... -
Noche arterial
Es la noche arterial, una noche de espuma, una noche que se arranca los brazos. Es fácil hallarme incompleto, que la tarde se haya dejado morder por el cielo y que el frío me observe a los pies de la cama.
Las cosas suceden un día, en la densidad, y hay que atrapar esas cosas, los acontecimientos, antes de que se derrumben como torres de ceniza. Esta es la tierra y éstas son las batallas. No hay un solo cristal que no se rompa, que no se despedace por el suelo. Es el beso furioso, el cielo que se mancha de sangre, la loca textura del paladar, la ritual repartición de la saliva, la brutal combustión de la ternura y unas alas que se parten y extienden como tempestades.
Porque todo da vueltas en la noche arterial. Sucede que las miradas dejan de ser gestos habituales para ser un conjunto de orígenes; dejan de ser costumbres y líneas para ser sólo hielo y hundimientos. Se olvidan tantas cosas...
Se olvida por ejemplo que la muerte existe, que el tiempo existe y que a su paso destrozará nuestras cerámicas de carne. Por eso es conveniente recordar que los cuerpos combaten como definitivos soldados, como necesarias luchas y que no son escenarios absurdos donde lo que sucede es un juego de azar. Son duras realidades que se enfrentan para evitar el tiempo, espacios donde se va perdiendo la vida a saltos. -
Memoria hiriente
La música de este poema está en:
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Tengo un cuadro con un mar frente a mis ojos inquietos: el humo de mi cigarro desfigura sus olas. En él me reconozco, andando de puntillas sobre el silencio denso y lejano de una campana que tañe con el sonido tenue de las palabras que se pronuncian tarde.
Hoy, te escribo sereno de tristeza; sobre mis hombros pesa una nostálgica tela de araña que se aprieta a mi cuello. ¿Te he dicho que hoy no le he visto los dientes a la vida?. Por eso no comprendo el mordisco brutal que su olor ha posado hiriente en mi memoria. Está el silencio, a voces, callando su mutismo; está inquieta la calma violentando el suspiro de tu espera. Me dispongo a surgir de la piel del acero resuelto desde el nido que poblaste de plumas...
Aquí nazco hablando de mis realidades, de mil tapias que rodean mis versos. De las noches que he pasado perdido en lejanías, prisionero de vértigos sin nombre, de presencias que andan tras de ti buscándote a oscuras, por donde ahora no hay rastro de tus alas; por donde ya no queda huella de tus huellas.
Te llevo tras de mí, como el ruido persigue las pisadas. Sin ti, soy uno más y nada para nadie, volviendo cada noche a mi realidad, a mi memoria hiriente. -
Caricia - Un año ha...
Caricia - Un año ha...
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Por el recuerdo de las voces que cantan tras los muros del alma salmos y antífonas... por el recuerdo de una luna parcialmente eclipsada, Cassiopea y la Osa Mayor...
La caricia requiere su esencia musical, su gestación de asombro bajo el tacto sediento. Es como si de pronto descubriéramos el continente de sus venas traslúcidas palpitando en el ser transparente de la nada, bajo el mapa fragante de la piel y su vello finísimo que alarga surcos, ríos diminutos y recuerdos olvidados en sus pliegues recónditos.
En el amor el cuerpo es el rotundo mediodía, sin una sola sombra, identidad perfecta de nacimiento y transfiguración, momento donde la eternidad por un segundo esplende en toda su remota desnudez.
La caricia es un mar que se apaga extendiéndose en oleadas mortales, evocación y término en la fugaz frontera del delirio.
Sin más sombra que la piel que deseamos, sin más certeza que el recuerdo adivinado y recogido que nos separa y nos mantiene, cada uno en su esfera llameante y silenciosa, intentando, forzando el éxtasis más allá de su origen, como una música que fuese demasiado sonora para el aire que habita, como una música que, anhelando el vacío, callara para siempre en el vacío. -
Al soñar te existo
La música de este poema puedes descargarla desde:
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Nada hay más allá que mi deseo, extendiéndose en la inmensidad hasta alcanzar tu universo. Camino solo sin norte, tras la senda de tus ecos, por los cauces de tu ausencia, por los mares de tu voz.
Esta cadencia al aire por sopesar tu vuelo, la voy convirtiendo en versos, letras que te acaricien como lo harían mis dedos. Cuando me encuentro perdido, por mapa sólo quiero tu cuerpo y nada deseo más... sólo tú, y en un rincón del mundo, todo lo demás.
Ven a mí, a mi lecho sediento, por todos los caminos del mundo ven, acude y pósate en la negrura de mis enigmas. Quédate y permite que te forjen las yemas de mis dedos. Reposa aquí. Ilumina mi oscura tienda de nómada que ya es tu palacio. Quiéreme, pues yo te quiero, y besa esta voz que en mis labios te da vida llamándote.
Supe que ya era tuyo antes que nada por este vivir al pairo de los versos. Sin tregua, a tu desvelo maniatado, sueño despierto y al soñar te existo. Y entonces reclamo un cielo resumido en cuatro letras porque sé que este pulso terco con que escribo lo navega tu sangre, galaxia que en su insomnio me encadena al iris de tus ojos... -
Cauce de sombra
Con las mejillas rotas, gime temblando el aire, gimen los mares tronchados, gimen los ríos volcados como viejas serpientes.
La noche, brújula de ceniza, arranca mis pupilas llenas de horas taladas. Sonámbula de auroras, me arrulla entre suspiros de doliente ternura. Está el silencio, a voces, callando su mutismo. Está inquieta la calma...
Soy sólo un niño que juega junto a un lago, acostado en la hierba mientras la lluvia cae y la nieve se funde color de tinta añil entre mis dedos. El agua me susurra historias y sonrío, ajeno a un largo tren que avanza lento, y mi alma es esta tarde umbría que se pierde en las ondas del lago por un cauce de sombra. -
Advenimiento
Preciso asesinar las ecuaciones, la exactitud secreta de los astros, todo lo que los sabios afirman inmutable.
Preciso despertar a media noche, cruzar las cordilleras de la duda, hundirme en los abismos de lo incierto.
Preciso descubrirme en la tiniebla, en la espiral que soy a cada instante, en la contradicción del devenir.
Preciso desnudarme de lo vano, abrir la espita de la soledad, probar dudosos néctares de sombra.
Preciso volver al tiempo en el que la soledad era un caballo en el que galopar las noches del estío, y la Luna afilaba su alfanje mientras una voz inconsciente inventaba mis palabras.
A veces, la fugaz sensación de lo mutable me hace meditar y debo apurar la memoria, sacar de los baúles los recuerdos, y tener la conciencia de la luz que me regala cada amanecer. -
Silencio
La música de esta reflexión puedes escucharla en:
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Oscuro idioma el de mi voz. A veces alcanzo la orilla del silencio y dejo que la quietud diga lo que no pueden mis palabras.
Así, una vez más, la destruida Babel renace libre, y el corazón entiende que no hay sombra capaz de oscurecer el idioma perfecto de mis manos cuando las palabras que en él me nacen, mueren entre mis dedos.
El acto de escribir es un suicidio consecuencia de dudas y mareas que surgen en mi mente, que se alzan de la contradicción y la agonía. Pero el verso no es muerte sino estrella, catarata de luz que me devuelve hasta el conocimiento y la esperanza, Lázaro rescatado de la sombra hasta la luminosa penumbra de la vida, eco de concéntricos silencios convertido en brisa que me acaricia el alma cuando me encuentro perdido en las cordilleras de los sueños.
Tal vez el día en que pueda escribir la vida con silencio, se alzará ante mis ojos la oculta verdad con la que sueño y que se desvanece en el torpe pincel de mis palabras.
Mi corazón conoce las estancias donde el verdín se adosa a la tristeza, conoce de los túneles que a veces en la niebla me sorprenden, sabe de las fronteras que me impiden el camino hacia las rosas, pero conoce del azul, y el mundo se hace página virgen donde todo está por escribir, en silencio... -
Mutaciones (2)
La música de este poema puede descargarse en:
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Por el ojo del fuego, convocando furias como palabras. Perdiendo rumbos, músicas, regiones donde se empaña el Sol como una lámpara, certificados donde consta el llanto. Vengo desde el silencio izado como un trino de pétalos y sangre que ilumina una vasta soledad. Con la vocación ruda del destino entre los ojos y la boca, gimo, me retuerzo naciendo, copulando con un fervor de sal para la muerte.
Escucho atento el mar, ciclo y presagio, devolución del sueño entre la sombra. Temo ser ángel y por eso caigo. Y luego me decido, abro la tierra vastamente vencida, noria de soledades, comunión de la sed con el invierno. Inauguro caminos y me detengo de trecho en trecho para darme al llanto.
Invento el artificio del asombro, el papel y la llama, los minutos que ruedan hacia el tiempo derrotándolo. Es todo vacío. Invoco los milagros en la irisada soledad donde ardo. Alimento derrotas con tránsitos de sangre o con palabras. De mi dolor no hay testimonios ni alas. Como reptantes luces, mis silencios me preceden acechando, adivinando la próxima caída, el infortunio de la precipitada flor del cuerpo.
Inermes van mis ojos como animales ciegos por el tiempo, sin más allá, sin pedestal, sin aire desde una asfixia a otra, del rostro de la piedra al de la luz. De dios en dios invoco lejanías, ceremonias tatuadas de misterios, danzando junto al éxtasis del fuego que presta su calor para el milagro. Troto precipitadamente por madrugadas como estepas pálidas sobre la grupa oscura del instinto, donde los astros llenan mi destino de incendio, muro, abismo, temblor, llama y pálpito de la soledad en una sola sombra.
Con el único ojo del asombro abierto entre la sed, el miedo, el aire insondable y fugaz de los abismos, miro de una manera endurecida y arranco cuerpos nuevos a la sombra. Lo sé todo en mi único silencio: la interrogante que gesta la tierra, la claridad sonora de los pájaros, el humus que se vuelve musgo y marcha, y el sedimento del temor, la costra endurecida de la muerte diaria. Acaso he adivinado y precedido todas las rutas por el sueño, y en la invención del canto invento el mundo, y sé, de una manera taciturna y fría, que mi dolor es una roca, un faro parpadeante y solar ante el abismo.
Hijo de soledades. Pulsantes cicatrices me rodean, me hablan de la secreta prisa de la sangre. Pero abrazo y desnudo con besos vencedores el fugaz sol del cuerpo entre las sábanas. Y en la tiernísima razón del aire envuelvo el corazón con gasas trémulas de luz, con hilos de lejanos encuentros y horizontes, desmembro luces, incinero vuelos, condeno la inocencia recogida, ciego los ojos pálidos del viento, y desboco blasfemias contra la puerta inerme de la tierra.
Mutaciones soy: agua en cristal, cristal en luna, luna en mujer, mujer en fuego, fuego en pasión, pasión en alba, alba en azul, azul en verso. -
Mutaciones
La música de este poema puedes descargarla desde:
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Surges ante mi asombro y tu visión fugaz me deslumbra. El silencio amanece en mis manos mientras tomas la forma del espectro del agua y lo mutable.
Después, cuando quema la nada en mi vacío y vuelve la rutina, intento asesinar los calendarios, y busco la estación de ese vacío, allí donde lo exacto permanece.
Entonces, reconozco la duda y echo a andar. Del confuso lenguaje de mis pasos conoce el corazón. La voz ignora el caudal turbulento de mi sangre, los laberintos del amanecer, el instante fugaz que cambia el curso de la verdad y el ser de los planetas. Fugaz visión del cosmos, instante donde la luz se torna claroscuro, túnel en donde la razón se descubre a sí misma en la ruta espiral del laberinto, allí donde la ciencia olvida la ecuación de su materia, la exactitud compleja de sus formas, y se transforma en agua que a su albedrío fluye en libertad para explicar mi mundo en una mutación interminable: agua en cristal, cristal en luna, luna en mujer, mujer en fuego, fuego en pasión, pasión en alba, alba en azul, azul en verso...