b_estefy
mujer - 25 años, Santiago, Chile
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Blog 38
Este espacio es para todos lo q gusten de lecturas para reflexionar...ojala puedan hacer sus comentarios al respecto, y q les gusten estos trocitos q he tomado de por ahi...besitos y saludos...

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°°°LA CARRETA°°°
Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
- ¿Además del cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
Estoy escuchando el ruido de una carreta.
- Eso es - dijo mi padre- Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre.: - ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?
Entonces mi padre respondió: - Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuno o violento, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y menospreciando a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace."
La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas.
Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.
Y nadie está más vacío que aquel que está lleno de egoísmo, de un supuesto Mi Mismo.
"ENVEJECER ES OBLIGATORIO, MADURAR ES OPCIONAL" -
°°°La RaNiTa°°°
Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero y, cuando vieron lo hondo que era, le dijeron a las caídas que, para efectos prácticos, debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían que esos esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas atendió a lo que las demás decían, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez con más fuerza, hasta que finalmente salió del hoyo.
Las otras le preguntaron: "¿No escuchabas lo que te decíamos?" La ranita les explicó que era sorda, y creía que las demás estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para salir del hueco.
La palabra tiene poder de vida y de muerte. Una voz de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudarle a terminar de día, mientras que una palabra negativa puede acabar por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras que roben a los demás el espíritu que les permite seguir la lucha en medio de tiempos difíciles. Tengamos cuidado con lo que decimos, pero sobre todo con lo que escuchamos. -
°°°El Anillo°°°
-Maestro, vengo a verle porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, pues debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… Y haciendo una pausa, agregó:
-Si quisieras ayudarme, podría…tal vez, después de resolver ese problema ayudarte.
-Encantado, maestro- titubeó el joven, que otra vez más se sintió desvalorizado, y que sus necesidades eran postergadas.
-Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba y dándoselo al muchacho, agregó:
-Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes por él menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven les decía lo que pedía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos se reían, otros se daban vuelta y se iban. Solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Con el afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenia instrucciones claras de no aceptar a menos que le pagaran con una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado-más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó el caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación, y dijo:
-Maestro- lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie con respecto al verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo-contestó muy sonriente el maestro- Primero debemos saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete a visitar al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que él te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz y con su lupa, lo pesó y luego le dijo: Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya!, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo.
-¡58 monedas!, exclamó el joven. Replicó el joyero, sé que con el tiempo podríamos llegar a obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como este anillo: una joya, muy valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo. -
°°°Habla!!!°°°
Había una vez una mujer muy dedicada a su hogar, se había casado con su esposo siendo muy joven, habían tenido tres hijos que ahora superaban ya los veinte años. Ella lo amaba entrañablemente, él la amaba y respetaba cada día de una forma renovada, aunque siendo él parco de expresiones, no solía manifestarle ese amor explícitamente. Un día ella enfermó gravemente; los médicos decidieron no internarla, ya que le explicaron a su familia que hicieran lo que hiciesen, ella no viviría más que unos meses, así que recomendaron que se quedara en su amado hogar, con sus seres queridos. Ella debía descansar, así que no podía hacer ninguna tarea que consumiera la poca energía que le quedaba. La familia se reorganizó y cada uno cumplió alguna de las tareas que ella había hecho durante tantos años con tanto amor, pero desde su cama ella pensaba: “Se arreglan muy bien sin mí, nunca fui necesaria”, pero no manifestó lo que sentía. Los hijos pensaban: “No importa si dejo algunas actividades de lado para ayudar, amo a mi madre y ella merece que la ayudemos y no preocuparse por la casa ni por nuestra comida”, pero no se lo dijeron. El esposo pensaba: “La amo tanto que haré todo para que vea la casa reluciente, que vea que es mi forma de decirle te amo”, pero no se lo dijo. Ella pensaba:”Fui para él como una mucama, en lugar de acompañarme en estos largos días dedica el tiempo a la limpieza, acaso ¿tanto le importa que la casa reluzca? ¿Por qué están tan poco tiempo conmigo?”, pero no se lo dijo, la tristeza de esos pensamientos hizo que se agravara aún más, sumado al avance propio de la enfermedad, el esposo se mudo de cuarto para no molestarla con su llanto en su descanso, pero no se lo explicó. Ella pensó: “Ya no quiere ni siquiera dormir a mi lado…”. Cuando su esposo y sus hijos estaban en su cuarto bromeaban y le contaban las cosas que sucedían en la calle para que ella no notara sus tristezas, ella los escuchaba y pensaba: “¿Por qué hacen tantas bromas? ¿Acaso no están siquiera un poco tristes por mi? ¿No les importa que sufro?”. Pero una vez más calló. La tristeza pudo más que la enfermedad y ella murió antes de lo previsto por los médicos, mucho antes. Murió triste, consolándose con la idea de que al menos no la extrañarían ya que se las habían arreglado muy bien sin ella; ellos lloraron su muerte con profundo dolor y luego de llevar su cuerpo al cementerio, se consolaban diciendo: “Bueno, al menos nos quedamos tranquilos, ya que hicimos todo lo que a ella le hacía tan feliz”…
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°°°La respuesta de Buda°°°
Una vez le preguntaron a Buda que es lo que a él más le sorprendía de la humanidad, y el respondió:
“Los hombres, que pierden la salud para juntar dinero, y luego pierden el dinero para recuperar la salud y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma, que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro. Viven como si nunca fuesen a morir, y mueren como si nunca hubiesen vivido” -
°°°luces y sombras°°°
Un filósofo llevó a sus discípulos a una habitación oscura.
-¿Qué ven?- les preguntó.
-Nada maestro- le respondieron.- La oscuridad es absoluta y no nos deja ver.
El filósofo dio una palmada, y se encendieron al mismo tiempo mil lámparas de intensa luz.
-¿Qué ven ahora?- les preguntó otra vez.
-Nada tampoco- dijeron los discípulos.- Esta luz cegadora nos impide abrir los ojos para ver.
-Aprendan, pues, -les enseñó el maestro-, que ni en la luminosidad absoluta, ni en la completa oscuridad, el hombre puede ver. Por eso estamos hechos de luces y sombras, para podernos ver los unos a los otros. ¡Pobre de aquél que no perdone la oscuridad que hay en el alma de su hermano, pues no lo podrá ver, y estará solo! Y ¡ay de aquél que no busque poner luces en su oscuridad, pues a sí mismo se perderá! .Así dijo el sabio y concluyó:
-Estamos hechos de sombras. ¿Dónde mejor que en nosotros puede brillar la luz? -
°°°La Luciérnaga y la Serpiente°°°
Cuenta la leyenda que, una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada… en el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente;
-Puedo hacerte unas preguntas? … No acostumbro a darle ese precedente a nadie pero como te voy a devorar puedes preguntar…
-Pertenezco a tu cadena alimenticia?.... No
-Te hice algún mal?... No
-Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?... Porque no soporto verte brillar…
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°°°Cuanto vale tu tiempo?°°°
Papá, cuanto ganas por hora? El padre dirigió un gesto muy severo al niño y contestó:
-no me molestes que estoy muy cansado.
-pero papá, insistía, dime por favor cuanto ganas por hora. La reacción del padre fue menos severa.
Solo contesto:
-ochocientos pesos por hora.
-papá me podrías prestar cuatrocientos pesos? Pregunto el pequeño. El padre monto en cólera y le dijo:
-vete a dormir y no me molestes. Había caído la noche.
El padre había meditado lo sucedido y se sentía culpable, y queriendo descargar su conciencia dolida, se asomo al cuarto de su hijo. En voz baja pregunto al pequeño:
-duermes hijo?
-dime papá, contesto entre sueños.
-aquí tienes el dinero que me pediste, respondió el padre.
El pequeño le dio las gracias y metiendo la manita bajo la almohada saco unas monedas
-ahora ya complete el dinero; tengo ochocientos pesos ¿me podrías vender una hora de tu tiempo?...pregunto el niño.
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°°°El Amor y el Tiempo°°°
Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, perdida en el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la Tierra. En esta isla vivían en armonía el Amor, la Tristeza, y todos los otros sentimientos. Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el Amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada. Pero se olvido rápido del miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran (incluso el miedo). Todos corrieron tomaron sus barcos y subieron a una montaña bien alta, donde podían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro. Solo el Amor no se apresuró, el Amor nunca se apresura. El quería quedarse un poquito más en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el Amor se acordó de que no debía morir. Entonces corrió en dirección de los barcos que partieron y gritó por auxilio. La Riqueza, oyendo su grito, trató luego de responder que no podría llevarlo ya que por todo el oro y la plata que cargaba temía que su barco se hundiera. Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el Amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad no soportaba la suciedad. Por detrás de la Vanidad venia la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie. Paso también la Alegría pero tan alegre estaba que no oyó la suplica del Amor. Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar. Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco. El viejito tomó al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos. Recuperándose el Amor le preguntó a la Sabiduría quién era el viejito que lo ayudó, a lo que ésta respondió: el Tiempo. El Amor cuestionó: por qué solo el Tiempo pudo traerme aquí?
La Sabiduría entonces respondió: porque solo el Tiempo tiene la capacidad de ayudar al Amor a llegar a los lugares más difíciles. -
°°°Si te crees perdido…estas perdido°°°
Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión. Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camarines luego de una función, y habló con el director.
-Quisiera llegar a ser una gran bailarina, le dijo, pero no sé si tengo el talento que hace falta.
-Dame una demostración, le dijo el maestro.
Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.
-No, no tiene usted condiciones. La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a sacarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, tomó un empleo de cajera en un supermercado.
Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años atrás, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó su trabajo en el supermercado, luego agregó:
-Hay algo que nunca he terminado de entender. Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina? Ah, apenas la miré cuando usted bailó delante de mí, le dije lo que siempre le digo a todas, le contestó.
-Pero es imperdonable! Exclamó ella, arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!
-No lo creo, repuso el viejo maestro. Si hubieras tenido las dotes necesarias, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo te dije…
Tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible…