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Bienvenido a mi blog en Netlog.
Soy Profesor de Teología.
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Del otro lado de la línea estoy si me precisas.
Que Dios te bendiga!


  • LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

    ¿Desde cuándo?

    Esta verdad en su sentido real y verdadero está atestiguada desde los comienzos del cristianismo, cuando en las catacumbas, los cristianos perseguidos tenían representaciones que manifestaban la asunción corporal de la Virgen glorificada con Jesús Resucitado en los cielos.

    ¿Qué es un dogma?

    Los dogmas son luces en nuestro camino de la fe.

    Son verdades que tienen sus raíces en la Revelación de Dios, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas a fin de crecer en nuestra vida espiritual y de unión con Dios.

    Los espíritus humildes y pequeños las reciben con agradecimiento y docilidad.

    ¿Murió o no murió? – ¿Es una fiesta similar a la Ascensión de Jesús Resucitado?

    Cuando Pío XII en su Encíclica Munificentissimus Deus manifestó lo que la Iglesia cristiana creía y había experimentado desde siempre, se cuidó muy bien de decir si murió o no, pues era una cuestión no definida hasta el momento.

    Por de pronto, de lo que sí se tiene certeza es de que la Madre de Jesús fue glorificada en su cuerpo y participa de la Pascua de su Hijo, asunta (subida) por el poder de Dios.

    En esto difiere de la Resurrección, Ascensión y Exaltación de Jesús a la derecha del Padre, ya que esto fue realizado por el poder del mismo Señor en su naturaleza humana.

    María no realizó esto por su propio poder, sino por el Amor de su Hijo-Dios. Tampoco ella fue exaltada a la derecha del Padre, como es el significado de la Ascensión de Jesús, que lo coloca en un plano de igualdad a Dios.

    María es una simple creatura. Por eso no son la misma fiesta para Jesús (Ascensión) y para María (Asunción). Ambos son glorificados como lo seremos todos al final de los tiempos. Pero uno fue exaltado a la derecha del Padre (es decir, declarado igual a Dios, Dios mismo) y la otra no.

    Por eso María es tipo y figura de lo que seremos nosotros. Jesús nos precede pero nos excede totalmente en cuanto a su divinidad.

    María puede excedernos en cuanto a su gracia en la tierra y gloria en el cielo, pero no en cuanto a su humanidad, a su creaturidad, igual a la de nosotros.

    San Epifanio a comienzos del siglo V ponía en dudas de que la Virgen haya muerto. Juan Pablo II, en sus meditaciones sobre la Asunción, se inclina por la muerte de María.

    Sin embargo, no ha habido declaración dogmática al respecto. Por eso las fiestas de la Dormición y del Tránsito. No hay fiesta de la muerte y sepultura de María, ni memoria litúrgica de las mismas.

    ¿Si el Hijo murió, por eso debía querer que muera su Madre también?

    ¿Necesitaba la redención de la muerte de María? ¿No podía Jesús-Dios, por su poder y amor, librar a su Madre del trago amargo que Él hubo de padecer en solidaridad con toda la raza humana?

    Queda para la oración meditativa y contemplativa de los fieles cristianos.

    ¿Hay fundamentos bíblicos?

    En Apocalipsis 12, 1 se habla de una Mujer revestida del Sol en el cielo, con una corona de doce estrellas sobre su cabeza y con la luna debajo de sus pies.

    Muchos han visto en esta Mujer a María, revestida de Dios, con la corona de los 12 Apóstoles sobre su cabeza (pilares del nuevo Pueblo de Dios, así como las 12 tribus de Jacob fueron los fundamentos del Pueblo de Israel, figura de la Iglesia de Jesucristo).

    La luna en la literatura de la época bíblica es signo de lo inestable de las realidades temporales (en un mes cambia 4 veces...). La Virgen glorificada vence esta inestabilidad temporal de los temperamentos y de las cosas.

    Ya al final del capítulo 11 del citado libro, se habla de que se abre el Santuario de Dios en el cielo, y aparece el Arca de la Alianza.

    La antigua Arca de la Alianza contenía las Tablas de la Ley que Dios otorgó a Moisés.

    La nueva Arca de la Alianza trae al portador de la Nueva Ley, la Ley del Espíritu que está en el corazón, la ley interior.

    Y quien porta en su seno a Jesús, portador de la Ley del Espíritu que da la libertad, es María, nueva Arca de la Alianza de Dios con los hombres, Alianza nueva y definitiva que jamás va a pasar.

    Para la cuestión de si murió o no murió, tenemos que ir a la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses, en el capítulo 4, versículos 16 y 17.

    Allí se dice que en la Segunda Venida de Jesús, llamada Parusía, primero resucitarán los muertos, y luego serán transfigurados los que vivan.

    Ambos son glorificados, los muertos antes, los vivos después.

    María es modelo de ambos, pues no se dice si ha sido figura de los primeros o de los segundos.

    Si murió, Jesús la resucitó y se la llevó.

    Si no murió, no necesariamente se la tenía que llevar dormida.

    San Pablo no dice en el texto precedente que los vivos en la Parusía, caerán todos en un sueño profundo antes de ser glorificados.

    Cada uno lo será desde el lugar en donde se encuentre en ese preciso momento.

    La glorificó en su cuerpo ya sea en en el jardín, orando o cocinando, y así se la llevó junto a Él.

    En ambos casos fue liberada de la corrupción corporal.

    Sí sabemos que, como lo serán ambos, ha sido glorificada.

    Significado teológico de la solemnidad.

    Se habla de María como “icono escatológico de la Iglesia”.

    Desmenucemos las palabras de la frase:

    Icono quiere decir imagen.

    Escatológico quiere decir final, definitivo, último.

    La Iglesia es el conjunto de los cristianos.

    Por lo tanto, en un lenguaje más comprensible, podemos decir que es la imagen final de lo que seremos los cristianos. que amamos y seguimos a Jesús, al final de los tiempos.

    Estaremos glorificados como María, creatura como nosotros que goza ya de la glorificación del Cristo-Dios.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    http://es.catholic.net/gustavodaniel
    http://gustavodaniel.autorcatolico.org

  • El Año de San Pablo

    El año de San Pablo.

    La Iglesia Católica, convocada por el Sumo Pontífice Benedicto XVI, comenzó a celebrar desde las vísperas del día 29 de Junio (festividad de San Pedro y San Pablo), al gran Apóstol de todos los pueblos, el judeo-cristiano Pablo de Tarso.

    Pablo habría nacido entre los años 10 y 7 antes de Cristo, por lo que se estaría celebrando el bimilenario de su nacimiento, que culminaría el 29 de Junio de 2009.

    Debido a la figura insigne del gran Apóstol, este año ha sido enriquecido con gracias especiales que la Iglesia abre del tesoro de méritos de Jesucristo y de los santos que lo han seguido, principalmente su Madre, “la primera y la más perfecta discípula del Señor”.

    Estas gracias ofrecidas a los fieles se denominan “indulgencias”: Según la teología católica, el apartarse de los caminos de Dios conlleva dos consecuencias: la culpa del individuo y la pena que debería soportar.

    La culpa Dios la perdona con el arrepentimiento, y en el caso del fiel católico cuando, arrepentido, también se acerca al sacramento de la reconciliación que instituyó Jesús cuando otorgó a sus Apóstoles el poder de perdonar los pecados concediéndoles el Espíritu Santo (Juan 20,21-23), servicio que continúan los sucesores de los Apóstoles que son los Obispos, y con quienes colaboran los presbíteros de la comunidad.

    Pero en toda transgresión perdonada en cuanto a la culpa, queda una pena por cumplir, ya que Dios es misericordioso pero también justo, y no es lo mismo hacer siempre el bien que hacer el mal y arrepentirse.

    Esta pena Dios la va condonando a medida que se realizan obras buenas, de caridad material o espiritual, como ayudar al necesitado, dar un buen consejo, enseñar al que no sabe, acompañar al que está solo, deprimido, preso o enfermo, orar por los demás, etc.

    También la pena se va remitiendo a medida que la persona se configura con la mente de Cristo (Cat.133) a través de la lectura de las Sagradas Escrituras, principalmente su corazón, que son los Evangelios (Cat.125), y a través del estudio espiritual, teniendo como base el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, compendio de todos los temas que interesan saber.

    Y por supuesto, la pena de nuestros pecados Dios la va perdonando a medida que nos unimos a Él por medio de la oración, ese contacto amoroso y sabroso con Quien sabemos que nos ama hasta dar la vida por nosotros.

    Si faltaba algún medio, aquí vienen a tallar también las indulgencias: Éstas remiten la pena que merecemos por nuestros pecados perdonados en cuanto a la culpa.

    Éste año paulino el Obispo de San Juan ha bajado la reglamentación general establecida por el Sumo Pontífice, y varios Templos han sido favorecidos con la gracia del otorgamiento de indulgencias, si en ellos se lee ante la imagen de San Pablo algún capítulo de los Hechos de los Apóstoles que haga mención al Apóstol Pablo o algún capítulo de sus Cartas.

    También se puede hacer esta lectura en casa con el grupo familiar o con amigos, en clima de oración.

    O diversos actos o celebraciones sobre el Apóstol en que se otorgue esta gracia, en otros templos y lugares.

    Se une siempre a esta “obra prescripta” (hay más, basta con hacerse del Decreto Nº 49/2008 del Sr. Arzobispo de San Juan de Cuyo), el desapego del pecado, la oración por el Sumo Pontífice, factor de unidad eclesial, la comunión eucarística y la confesión sacramental.

    Se pueda ganar una indulgencia diaria (parcial o total según la obra prescripta cumplida y las disposiciones), en favor de la persona que realiza las obras o en favor de alguna persona difunta. Nunca puede ser por otro que está vivo, que la puede ganar por sus propios medios.

    El Apóstol Pablo nos conduzca por los caminos de Jesús, a quien siguió hasta dar la vida, nos conceda la unidad a todas las Iglesias cristianas (Cat.822 y 838), fruto pedido para este año de gracia, y con un corazón santo nos haga anunciadores de Aquel a Quien experimentó Vivo y Resucitado.

    Gustavo Daniel D´Apice – Profesor Universitario de Teología – Pontificia Universidad Católica

  • Los lugares sagrados.

    Sobre los Lugares Sagrados.

    Sobre los lugares sagrados. (CIC 1205-1213)

    a) Los espacios sagrados como lugares físicos son aquellos, destinados al culto

    común, a la liturgia, a la celebración pública de la oración y los sacramentos.

    :) También son espacios sagrados los destinados a la sepultura de los cristianos,

    ya que éstos, por su Bautismo, han sido configurados como pertenencia de Jesús para

    toda la eternidad, y en ese lugar de descanso (y de descomposición corporal),

    aguardan la Resurrección, en la que el alma volverá a unirse a sus cuerpos ya sin

    enfermedad, dolor ni muerte.

    · Por eso son especialmente veneradas las sepulturas.

    · Hay como un movimiento natural del alma, aún cuando estén en el cielo,

    hacia el lugar donde se encuentran sus despojos mortales, a los que volverán a unirse

    en el Día Final gloriosamente, por el poder que tiene Jesús de resucitar de las cenizas

    a todos los hombres de todos los tiempos.

    · Estos lugares sagrados son bendecidos generalmente por los Obispos, aunque

    ocasionalmente pueden delegar en algún presbítero.

    De los cementerios. (CIC 1240-1243)

    · Es muy conveniente que la Iglesia tenga cementerios para la sepultura de sus fieles.

    · Y si no, algún lugar bendecido especialmente en el seno de los cementerios civiles.

    · Si no es posible, cada sepultura debe bendecirse especialmente, ya sea por el Obispo, el presbítero o algún diácono. O bien algún fiel o religioso/a que acompañe.

    · Las congregaciones religiosas pueden tener cementerio propio, así como algunas familias algún panteón o lugar especialmente bendecido.

    · En las Iglesias solamente pueden sepultarse el Romano Pontífice, el o los Obispos Diocesanos, incluso eméritos, y los cardenales. Es decir, el conjunto de los sucesores de los Apóstoles, salvo excepción justificada.

    De los lugares sagrados como espacios físicos dedicados al culto:

    De las Iglesias. (CIC 1214-1222):

    ¿Qué son?

    · Son edificios sagrados destinados al culto divino, a la oración en común y a la celebración de los sacramentos, principalmente la eucaristía.

    · En estos edificios los fieles tienen derecho a entrar para estas celebraciones públicas.

    · Para edificarse una iglesia se necesita el consentimiento explícito y escrito del Obispo del lugar.

    · Para construirla y edificarla, así como para repararla, se debe consultar a los peritos en la materia y observarse los principios y normas de la liturgia y del arte sagrado.

    · Deben dedicarse o bendecirse inmediatamente de construidas o modificadas, y se recomienda especialmente en ellas la belleza, el orden y la limpieza o pulcritud.

    · Se dedican solamente a Dios y a su servicio, aunque puedan colocarse bajo el patrocinio y protección de la Virgen o de algún santo.

    · La dedicación implica consagración, hacer ese lugar sagrado, un espacio más allá del espacio común, un espacio dedicado a lo divino, a lo sagrado, a lo trascendente.

    · De allí muchas veces en estos lugares las escaleras para entrar en él, y la altura para significar la elevación hacia el Infinito de Dios.

    · Va unido al tiempo sagrado, un tiempo que está más allá del tiempo cronológico.

    · Es un entrar en la eternidad, a la vez que el tiempo de Dios penetra en nosotros.

    · Son momentos de gracia, de kairós, de intervención del tiempo divino en nuestra historia personal y comunitaria.

    · De allí que después de estos encuentros salimos re-novados (hechos nuevos, con una frescura especial).

    Elementos constitutivos del edificio de una iglesia . (Cat. 1179-1186.1198-1199)

    El altar.

    · Significa la Cruz de Jesús, de donde brotan los sacramentos de la Pascua.

    · También la mesa del Señor, donde Jesús Resucitado nos alimenta, como un buen padre lo hace con sus hijos.

    El sagrario o tabernáculo.

    · Acompañado por la lámpara roja, indica la presencia de Jesús Resucitado en la hostia consagrada.

    Ocupa el lugar más digno con el mayor honor y belleza,

    invitando a la oración silenciosa y adorante de Jesús

    que permanece con nosotros bajo los velos sacramentales que lo representan

    hasta que vuelva.

    El crisma.

    · Con él somos ungidos en nuestro Bautismo, nacemos a la vida cristiana y pasamos a ser miembros de la Iglesia.

    · En muchos lugares se conserva, con el óleo de los catecúmenos y el óleo de

    los enfermos, en un lugar digno y seguro del Templo, para ser venerado por quienes

    han renacido y han sido fortificados con estas unciones.

    La sede del Obispo o del sacerdote que lo representa.

    · Representa el oficio que aquellos tienen de presidir la asamblea y dirigir el culto y la oración.

    El ambón.

    · Es el lugar especial reservado para el anuncio de la Palabra de Dios en las celebraciones públicas.

    · Debe ser un lugar visible y la acústica y sonoridad de los amplificadores de sonido deben estar a la altura de tal evento.

    La pila bautismal y la de agua bendita.

    · Debe haber en el Templo un lugar especial destinado a los bautismos,

    por medio del cual se entra a formar parte de la Iglesia,

    y el agua bendita debe favorecer el recuerdo del mismo

    y la invocación del Nombre (Persona) de la Santísima Trinidad al santiguarse con ella.

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    · Y, fundamentalmente, las iglesias o templos

    · deben ser lugares o espacios

    · que inviten al recogimiento y a la oración silenciosa,

    · al encuentro con Aquel que es el Absoluto y el Trascendente,

    · Aquel que es capaz de dar sentido, alegría y profundidad a nuestras vidas.

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    Existen distintos tipos de iglesias:

    ¿Qué es un oratorio? (CIC 1223-1225)

    Es una pequeña iglesia destinada a la oración personal y en común en beneficio de
    una comunidad o grupo de fieles.

    Pueden concurrir invitados otros fieles.

    Es como una pequeña Capilla (comunidades religiosas, seminarios, colegios,
    hospitales, etc.), donde pueden celebrarse todos los actos litúrgicos.

    ¿Y una capilla privada? (CIC 1226-1229)

    Ésta es en beneficio de una o más personas físicas.

    Por ejemplo, el Obispo puede tener una capilla privada, o aquel o aquellos que lo
    soliciten con licencia del mismo Obispo (en una finca, en una casa).

    Para las celebraciones litúrgicas se debe pedir permiso.

    Iglesia Parroquial (CIC 515 ss)

    La Parroquia es una comunidad de fieles reunida en torno a un presbítero que hace
    presente al Obispo diocesano en ese lugar.

    La Iglesia Parroquial es donde esta comunidad celebra el culto, los sacramentos y la
    oración, presididos por su párroco.

    Iglesia Catedral (CIC 934)

    Una catedral es un templo donde tiene sede o cátedra el obispo, siendo
    así la iglesia principal de cada diócesis ó Iglesia Particular.

    La sede o cátedra episcopal es el lugar desde donde cada obispo preside la oración
    y dirige el culto de su grey, y desde donde imparte su enseñanza.

    Etimología

    El vocablo catedral deriva del griego “cáthedra” que se traduce como asiento y se
    refiere a la sede o silla del Obispo o Arzobispo.

    La cátedra, simboliza la importancia de esa iglesia dentro de la diócesis.

    Tamaño de la Catedral.

    Generalmente son de un tamaño considerable. Y de las más grandes de la diócesis.

    Pero en razón de la funcionalidad actual, una iglesia catedral puede ser modesta en cuanto a tamaño se refiere.

    Nombres

    Se la llama Iglesia Madre o Iglesia Mayor.
    Es la Iglesia principal, donde tiene su sede o “cátedra” el Obispo.

    También, como casa principal de Dios se le llama “Domus Dei” (Casa de Dios) en Latín.

    Las Basílicas.

    ¿De dónde proviene el nombre?

    El término basílica proviene de un término latino que a su vez deriva del griego βασιλική (fonéticamente, basiliké) que significa regia o real (fem.), y viene a ser una abreviatura de la expresión completa βασιλική οἰκία (basiliké oikía) que quiere decir «casa real».

    ¿Qué es una Basílica?

    Una basílica es, pues, un magnífico edificio público, que en Grecia y en Roma solían destinarse a tribunal, y que en las ciudades romanas ocupaba un lugar preferencial.

    Más adelante los cristianos aprovecharon la forma basilical y, en muchos casos, los propios edificios romanos, para utilizarlos como templo, y en este sentido se utiliza hoy la denominación, tanto desde el punto de vista arquitectónico, como cultural y/o religioso.

    ¿Quién declara una Basílica?

    Con independencia de su trazado arquitectónico, una iglesia puede titularse «Basílica» por prerrogativa del Romano Pontífice. Así, en sentido litúrgico, son basílicas todas aquellas iglesias que, por su importancia, por sus circunstancias históricas, o por aspectos de cierto relieve ya sea cultural, histórico o religioso, son declaradas como tales.

    Se distinguen las basílicas mayores y las basílicas menores.

    Distintivos de una Basílica:

    Cuando el papa eleva a una iglesia a la condición de Basílica Menor le otorga el derecho a lucir en el altar mayor dos signos de la dignidad papal y la unión con la Santa Sede: el canópeo y el tintinábulo.

    Basílicas mayores

    · Basílicas mayores, caracterizadas porque en su altar («altar papal») sólo puede oficiar el Papa. Solo hay cuatro, todas en Roma.

    · Basílicas menores, las demás. En 2006 había oficialmente 1.506 basílicas en todo el mundo.

    Las mayores son:

    · Basílica de San Juan de Letrán, es la catedral del Papa como obispo de Roma.

    · Basílica de Santa María la Mayor fue asignada antiguamente al Patriarca de Antioquía

    · Basílica de San Pedro del Vaticano es usada por el Papa como cabeza de la Iglesia Católica.

    · Basílica de San Pablo Extramuros, asignada al Patriarca de Alejandría.

    Se caracterizan, entre otras cosas, porque en su altar («altar papal») sólo puede oficiar el papa.

    Estas cuatro basílicas mayores, donde en su altar mayor (papal) solo puede celebrar el Romano Pontífice), son denominadas en conjunto basílicas patriarcales .

    El Canópeo

    El Canópeo (del latín: canopeum) o Umbraculum (también del latín: umbra 'sombra' - sombrilla) es una pieza histórica de la indumentaria e insignias papales, usada en principio para proveer de sombra al Romano Pontífice.

    Se puede encontrar en todas las Basílicas, colocado de forma visible al lado del altar mayor.

    Cuando el papa visita la basílica, el canópeo es abierto.

    Es una especie de sombrilla, con anchas rayas alternadas de color dorado y rojo, los colores tradicionales del Pontífice.

    De hecho, el blanco no comenzó a ser utilizado por la Santa Sede hasta el final de las Guerras Napoleónicas (alrededor del 1800).

    Normalmente aparece al lado de una campanilla, el tintinábulo, cuyo sonido anunciaría la llegada del papa.

    El papa Alejandro VI fue el primero en utilizar el canópeo simbólicamente (alrededor del año 1500).

    El canópeo es parte del escudo de armas de la Santa Sede en el período de sede vacante, es decir entre dos pontificados.

    El canópeo fue utilizado por primera vez como emblema del interregnum en las monedas acuñadas en 1521, entre los pontificados de León X y Adriano VI.

    Así mismo el escudo de armas del Cardenal Camarlengo está orlado con las llaves de San Pedro y sobre ellas está el canópeo papal.

    El Tintinábulo

    El nombre y qué es.

    Un tintinábulo (del latin tintinnabulum, campanilla) es una insignia que la Santa Sede concede a aquella iglesias a las que eleva a la dignidad de basílica, consistente en un pequeño campanario.

    Al igual que el canópeo es una muestra de la unión con el Romano Pontífice, y, por lo tanto, de la unidad de la iglesia cristiana alrededor de Jesucristo Pastor.

    Este aparato toma su nombre de la campanilla que es su elemento principal. Se la llama también campanello, campanella o campanille.

    ¿Cómo está compuesto?

    El tintinábulo consiste en un estandarte con la imagen del santo titular y que remata en la parte superior en una campanilla.

    Algunas cofradías de residentes en basílicas también llevan tintinábulos con los escudos propios de la hermandad en lugar de la imagen del santo y la campanilla.

    Abre la marcha en las procesiones públicas, precediendo a la cruz.

    Función.

    En la Edad Media el tintinábulo tenía la función práctica de anunciar al pueblo de Roma de la proximidad del Papa durante las procesiones.

    Ha quedado como un elemento decorativo, simbólico y de honor. Al igual que el Canópeo, realza la unidad de la Iglesia con el Santo Padre en torno a Jesucristo Resucitado.

    Los Santuarios (CIC 1230-1234)

    El nombre.

    Del latín sanctuarium, de sanctorum, santo. Lugar santo o sagrado.

    Con el nombre de santuario se designa una iglesia u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, con la aprobación del Obispo del lugar.

    Motivos de peregrinar los fieles al Santuario.

    El motivo peculiar de peregrinación y visita al Santuario puede ser la veneración de una imagen, de una reliquia determinada, el atractivo de haberse realizado allí algún hecho milagroso, el ganar una indulgencia, la peculiar significación en la historia cultural o religiosa, etc.

    ¿Qué tipos de Santuarios hay?

    El santuario es diocesano cuando es aprobado por el Obispo del lugar.

    Un santuario puede llamarse nacional cuando tiene la aprobación de la Conferencia Episcopal de ese país o nación.

    Es internacional cuando la Santa Sede lo reconoce como tal.

    ¿Cómo se rige un Santuario?

    Cada santuario cuenta con estatutos donde figura la finalidad del mismo, la autoridad del rector y la forma de administrar sus bienes.

    Gracias especiales de un Santuario.

    Se pueden conceder determinadas gracias a los santuarios, cuando así lo aconsejen las circunstancias del lugar, la concurrencia de peregrinos y, sobre todo, el bien de los fieles.

    Se debe proporcionar en el santuario abundantemente a los que concurren los medios de salvación, ya sea predicando con diligencia y esmero la Palabra de Dios, fomentando la vida litúrgica, principalmente con la celebración del sacramento de la eucaristía y el de la reconciliación, y otras formas de piedad popular.

    Los exvotos.

    Se deben conservar, exponer y custodiar los exvotos (ofrendas por los beneficios concedidos) de arte popular y de piedad.

    "Nosotros somos las piedras vivas y el santuario de Dios" (San Pablo)

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    www.es.catholic.net/gustavodaniel
    //gustavodaniel.autorcatolico.org

  • La amistad social.

    La amistad social.

    Todo sería diferente si nuestras relaciones no fueran por conveniencia sino, aunque laborales, basadas en la búsqueda de la amistad, el amor, la solidaridad y el colaboracionismo.

    Qué distinto sería si en vez de ver a un mero “cliente”, vería en él un potencial amigo, fruto del trabajo compartido, de las horas pasadas juntos, de los esfuerzos puestos en común para el éxito de determinado servicio o producto.

    Qué distinto sería si en vez de ver en mis compañeros de trabajo competidores a los cuales celar y envidiar, viera potenciales amigos que comparten conmigo la tarea encomendada, que son parte de la misma empresa laboral a través de la cual puedo satisfacer mis (o algunas de mis) necesidades, con quienes me debo solidariamente en el esfuerzo de horas compartidas, alegrías y pesares observados y sentidos juntos, expectativas, logros y fracasos que en nuestras miradas y manos comunes se depositaron y siguieron su curso.

    Qué distinto sería si en vez de ver en mis “jefes” personas autoritarias que quieren manejar y explotar mi vida, pudiera contemplar en ellos servidores que velan por mi progreso y bienestar, por la unidad de la familia laboral, por el buen pasar de todos los que compartimos cierto espacio físico y cierto proyecto en común, parte ya integrante de nuestras vidas cotidianas.

    Ya no sería el “voy a ver clientes” o “a visitar clientes”, voy a reunirme con “los” compañeros de trabajo, los “jefes” llamaron a reunión.

    Serían “mis” clientes, “mis” compañeros de trabajo, “mis” jefes.
    No cualquiera. Como el zorro que el Principito quería domesticar en la obra clásica de Saint d`Exupery para que no fuera cualquier zorro, sino “su” zorro: Habría un sentido de pertenencia no posesiva, sino solidaria, de mutuo afecto y amistad, de importarme el otro por él mismo.

    Cuando lo laboral se transforma en afecto y amistad, surge una nueva perspectiva en la vida de los que realizan esta “epopeya”. La calidad de vida se transforma en superior.
    Ya no es “el que me vende”. O “ya vino éste”. O “lo largo en cualquier momento”.

    Es la alegría de tratar con quien ofrecer y/o aceptar un servicio, de tratar con quien colabora conmigo realizando esta o aquella tarea, de pagar a aquel que me ha dado a cambio algo que me ha resultado útil, aunque más no sea la posibilidad de ayudarlo con mi peculio, que redundará en alegría y paz en mi vida.

    Seremos los unos para los otros. La quietud y el sosiego se abrirán paso entre los desencuentros y la búsqueda de ventajas sobre los demás.

    La mayoría de nuestra vida está entretejida de estas relaciones.

    ¿Por qué no hacer del trabajo agobiante, agotador e interminable, una escuela de vida cariñosa, saludable, apacible y amistosa?
    ¿Por qué desaprovechar tanto tiempo de nuestra vida haciendo todo a contramano y pesadamente?

    Si la meta de la relación interlaboral fuera la amistad social, las cargas y el yugo del cotidiano trajín quedarían alivianadas en un 75% al menos, sino totalmente.

    Y sería fuente de gozo y buen pasar, las horas se nos harían más cortas, y desearíamos estar con aquellos con quienes realmente estamos, porque los queremos.

    Pensándolo bien, ¿no nos cansamos de remar contra la corriente, sabiendo que nuestro lugar es con estas personas y no con las otras, pretendiendo estar con las otras y no con éstas con las que estamos, en una utopía incapaz de satisfacer los deseos de aquellos que nunca están conformes con nada?

    Adaptémonos afinadamente a las circunstancias, y seamos amigos de aquellos que comparten nuestra vida, no de aquellos que nunca veremos y que pocas veces se cruzan en nuestro diario vivir.

    Seamos sabios. Vivamos nuestra vida. Y seamos felices en los acontecimientos concretos en los que nos desenvolvemos con estas personas determinadas.

    Gustavo Daniel D´Apice – Teólogo – Profesor de Filosofía

  • Evangelio

    EVANGELIO.

    Levantaste al paralítico
    y al leproso lo curaste,
    a la samaritana calmaste
    la sed que te adjudicaste.

    Vino Nicodemo a verte
    en la noche de su vida,
    y tu le alumbraste el camino
    renaciendo a nueva vida.

    Te enterraron con los muertos
    tumba de ricos te dieron,
    por ejercer tu reinado
    te vieron resucitado.

    Te levantaste de la tumba
    ante soldados absortos,
    que mintieron temerosos
    lo que vieron con sus ojos.

    Por unos 40 días
    estuviste con los vivos
    en estado ya glorioso
    instruyendo a los discípulos.

    Llegó al fin Pentecostés,
    el Espíritu descendió,
    y es testigo por siempre,
    que Jesús resucitó.

    Llega el tiempo de la Iglesia,
    en el mundo con fervor,
    anuncia el misterio de Cristo
    que murió y resucitó.
    (va y proclama que el Cristo,
    si murió, resucitó.)

    Se acerca la Parusía,
    Cristo vuelve para juzgar,
    a los vivos transfigurados,
    y a los muertos ha de resucitar.

    Unos irán con Su Padre,
    otros lejos se colocarán.
    Lo que sí es que Cristo ha venido,
    Todo en Todo lo será.

    Por siempre contemplaremos
    la Vida, Verdad y Amor,
    al fin nos saciaremos
    y nuestra sed calmaremos
    sin dejar de beber.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Pascua

    PASCUA
    (cruz y resurrección)

    Cuando en la Cruz estaba aferrado
    mi destino fuiste Vos;
    y al ir alegre cantando
    gozo tu Resurrección.

    Si me acongojan las penas
    a la Cruz estoy mirando;
    y si tengo Paz serena
    Luz de Luz voy contemplando.

    Ya se acerca la Luz Nueva
    de Jesús Resucitado
    que da sentido a mi vida,
    y a la de todos mis hermanos.

    ¡Qué hermoso es el sufrir
    amándote desde la Cruz,
    pues cuando aparece la Luz
    más unido a Ti que nunca,
    te digo que no me dejes,
    ni me bajes de ella nunca!

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Parusía (Segunda Venida Gloriosa de Jesús Resucitado)

    Parusía.

    En la Cruz estabas muerto
    y llegó Resurrección.
    Tres días, fue complemento
    a tu entrega y tu pasión.

    Vino el Espíritu Santo,
    la Iglesia se manifestó,
    ellos son los que te aman,
    porque primero sin duda,
    fuiste Tú quien los amó.

    El Padre, el Hijo, el Espíritu,
    renovaron la creación,
    son los signos de la gracia,
    de la divinización.

    Todo en todo lo serás
    y allí será el Final,
    o tan sólo el comienzo,
    de la dicha eternal.

    Resucitados por siempre con nuestros cuerpos gloriosos,
    el universo transfigurado de luz e inmortalizado,
    ¡qué dicha contemplarte cara a cara!,
    y reflejado en todos mis hermanos.

    Si la muerte no da vida,
    ¿quién entonces la dará?
    Eres la Luz de la existencia
    ¡Resplandor de Claridad!

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • El Día Final.

    EL Día Final

    Es también lo que se llama “el fin del mundo” o el “Juicio Final”, que lejos de ser catastrófico, será un día de dicha sin fin, en que los muertos resucitarán incorruptibles (I Tes. 4, 16:), los vivos serán transformados siendo transfigurados e inmortalizados en sus propios cuerpos (I Tes. 4, 17), y el universo será transformado también desde dentro(Rom. 8, 21), gozándonos en la contemplación de Dios y en la compañía de unos con otros en un mundo renovado y repleto de luz, donde no existirá ya el llanto ni el dolor, y donde no habrá ninguna maldición (Ap. 21, 4. 22, 3).

    No existirá la noche, ni habrá necesidad de la luz de las lámparas, porque el Señor Dios será la Luz Eterna (Ap. 22, 5) y Él será su resplandor.

    Los cielos nuevos y la tierra nueva son descriptos en el Apocalipsis, en los 2 últimos capítulos de la Biblia (Ap. 21- 22), donde se narran los “Cielos nuevos y la tierra nueva”: El mundo creado bueno en un principio (Génesis 1, 4), no está destinado al fracaso, ni a la corrupción, ni a la destrucción, sino a ser inmortalizado desde dentro, y renovado con una claridad superior e incorruptible.

    La Última Venida de Jesucristo es lo que los cristianos denominamos “la Segunda Venida Gloriosa del Mesías”, mientras que nuestros padres en la fe esperan la Primera. Es un factor de unidad al fin entre ambos (Cat. Igl. Cat. Nº 840).

    Jesús aparecerá glorioso así como ahora está, resucitado con su propio cuerpo y lleno de “Poder y Majestad”, en su postrera y definitiva manifestación, llamada también “Parusía”, es decir, Venida Final.

    Se llama Juicio Final porque todos comparecerán ante Jesús como Juez, y allí cada uno recibirá la recompensa (Juan 14, 1-3), y los demás se enterarán del justo juicio de Dios. Es un Juicio Público, distinto del Juicio Particular, que se produce en el momento de la muerte, cuando el alma, desprendida de su cuerpo, comparece solitaria ante Dios.

    En el Juicio Final todos se enterarán de la sentencia. Además, no será solamente con el alma, sino que volveremos a ser personas, con alma y cuerpo ya inmortales, y, por supuesto, este Juicio no se produce en el día de la muerte, sino en el Día Final.

    La justicia y la misericordia de Dios se harán presentes al fin.

    Justicia que manifiesta su misericordia, y misericordia que manifiesta su justicia.
    No solamente nos queda encomendarnos a ellas, sino ya desde acá realizar las cosas para obtener un juicio favorable, de salvación, y no ser condenados por unas pocas cosas, unos pocos días, en que nos hayamos alejado de Dios en esta tierra.
    Al fin y al cabo, una vida, compuesta por los años que sean, ¿no son unos pocos días ante la eternidad inconmensurable que se abrirá paso en el Tiempo Final?

    Tiempo en el que ya no habrá más tiempo (el tiempo es la medida del movimiento), sino una prolongación indefinida y siempre nueva de un estado de vida de paz, de dicha y de felicidad, que ya ha comenzado con la Pascua de Jesús, o de condenación, desesperación y maldad, en medio de Satanás y sus ángeles.

    Esperemos encontrarnos entre los primeros.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica

  • Las cualidades de los cuerpos resucitados.

    LAS CUALIDADES DE LOS CUERPOS RESUCITADOS ¿Cómo es el Cuerpo Resucitado de Jesús, y cómo serán los nuestros?

    A) Es el propio cuerpo:

    Los muertos resucitarán con el mismo cuerpo que tuvieron en la tierra (idéntica y numéricamente el mismo).

    Tanto mi cuerpo como tu cuerpo, serán los mismos cuerpos, aunque transfigurados, glorificados, inmortalizados, resucitados.

    El concilio de Letrán (1215) declara: “Todos ellos resucitarán con el propio cuerpo que ahora llevan” (Dz 429).

    Referencias Bíblicas:

    La Sagrada Escritura da testimonio implícito de esa identidad material por la palabra que emplea: “despertarse”.
    Solamente habrá verdadero despertamiento cuando el mismo cuerpo que muere y se descompone sea el que reviva de nuevo:

    a) 2 Mac 7,11: “De él [de Dios] espero yo volver a recibirlas [la lengua y las manos]”
    :) 1 Cor 15,53: “Porque es preciso que lo corruptible se revista de la incorrupción y que este ser mortal se revista de inmortalidad”.
    c) Flp. 3,21: “ Él [Jesucristo] transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
    d) Cf. Lc 24,39, en la aparición de Jesús resucitado a los Apóstoles, Él les dice que no es un espíritu, pues posee carne y huesos, y les muestra sus manos y sus pies.

    Los cuerpos resucitados estarán libres de deformidades, mutilaciones y achaques.
    Estarán en su máxima perfección natural (plenitud del ser)

    Con respecto a la edad: será una edad madura pero joven, como la de Cristo, aproximadamente 36 o 37 años ( 6 a. C . - 30 d. C).

    Tendrán diferencias sexuales y órganos de la vida sensitiva, pero no se ejercerán las facultades biológicas y vegetativas, como comer, beber, procrear.
    Cfr. Mt. 22,30 “En la resurrección todos serán cómo ángeles en el cielo”.

    :) Cualidades del Cuerpo Resucitado:

    Según el modelo de Jesús Resucitado que aparece en los Evangelios: Serán semejantes a Su cuerpo: Mt 28ss, Mc 16, Lc 24, Jn 20ss, Flp. 3,21:

    I. Impasibilidad:

    Es decir, la propiedad de que no sea accesible a ellos mal físico de ninguna clase, es decir, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Definiéndola con mayor precisión, es “la imposibilidad de sufrir y morir”.
    Ap. 21, 4 : “Él enjugará las lágrimas de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado”.

    Lc 20, 36: “Ya no pueden morir”.

    La razón intrínseca de la impasibilidad se encuentra en el perfecto sometimiento del cuerpo al alma que es inmortal.

    II. Sutilidad, sutileza o penetrabilidad:

    Es la propiedad por la cual el cuerpo se hará semejante a los espíritus en cuanto podrá penetrar los cuerpos sin lesionarse ni lesionar, es decir, podrá atravesar otros cuerpos.

    No se debe creer que por ello el cuerpo se transformará en sustancia espiritual o que la materia se enrarecerá hasta convertirse en un cuerpo “etéreo”.

    Veamos ejemplos conforme al cuerpo resucitado de Cristo:
    Jesús resucitado atravesó las sábanas (Jn 20, 5-7).
    Salió del sepulcro sellado por la piedra (Mt 28,2).
    (Un ángel movió la piedra, no para que Jesús saliera, sino para que las mujeres que fueron a visitar el sepulcro pudieran entrar allí y ver que el Señor ya no estaba).
    Entra en el Cenáculo aún estando cerradas las puertas –atrancadas, dice el original griego- (Jn 20, 19.26).

    La razón intrínseca de esta espiritualización la tenemos en el dominio completo del alma glorificada sobre el cuerpo ( en cuanto es la forma substancial del mismo).

    III. Agilidad:

    Es la capacidad del cuerpo para obedecer al espíritu en todos sus movimientos con suma facilidad y rapidez, es decir, en forma instantánea.

    Esta propiedad se contrapone a la gravedad y peso de los cuerpos terrestres, de acuerdo a la ley de la gravitación.

    El modelo de la agilidad lo tenemos en el cuerpo resucitado de Cristo, que se presentó de repente en medio de sus apóstoles y desapareció también repentinamente:
    Lc 24, 31: “Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista”.
    Lc 24, 34: “ Es verdad, ¡El Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”
    Lc 24, 36: “Todavía estaban hablando de esto cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo <>”.

    La razón intrínseca de la agilidad la hallamos en el total dominio que el alma glorificada ejerce sobre el cuerpo, en cuanto es el principio motor del mismo, por lo que este no le opone resistencia.

    IV. Claridad:

    Es el estar libre de todo lo ignominioso y rebosar hermosura y esplendor.

    Jesús nos dice: “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre” (Mt 13, 43)

    Un modelo de claridad lo tenemos en la glorificación de Jesús en el monte Tabor (Mt 17, 2)
    Y después de su resurrección (Cf. Hch. 9,3).

    La razón intrínseca de la claridad la tenemos en el gran caudal de hermosura y resplandor que desde el alma se desborda sobre el cuerpo.

    Es menester aclarar que el grado de claridad será distinto – como se nos dice en 1 Cor 15, 41, haciendo referencia a la condición de los cuerpos resucitados: “Cada cuerpo tiene su propio resplandor: uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas, y aun las estrellas difieren unas de otras por su resplandor”- y estará proporcionado al grado de gloria con el que brille el alma; y la gloria dependerá de la cuantía de los merecimientos.

    Ahora, ¿Cuándo sucederá esto?:

    En el fin del mundo, donde se realizará el Juicio Final, la Parusía o Nueva Venida de Cristo.

    Recordemos que Jesús dejó incierto el momento en que verificaría su Segunda Venida: Al final de su discurso sobre la Parusía, declaró: “En cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13,32).

    Finalmente, siguiendo las recomendaciones del apóstol Pablo, procuremos que nadie devuelva mal por mal.
    Por el contrario, esforcémonos por hacer siempre el bien entre nosotros y con todo el mundo.

    Estemos siempre alegres.

    Oremos sin cesar.

    Demos gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos nosotros, en Cristo Jesús (Cf. 1 Tes 5, 15-18).

    Estemos preparados, vigilantes, en vela (despiertos, alertas), pues el Señor esta cerca:

    ¡Amen, ven Señor Jesús! (Ap. 22, 20).

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    Pontificia Universidad Católica
    www.es.catholic.net/gustavodaniel
    //gustavodaniel.autorcatolico.org
    www.sfn.org.ar/dialogando

  • ¿Ocupan los ángeles un lugar material en el espacio?

    ¿Ocupa lugar el ángel?

    Santo Tomás de Aquino, en su Tratado sobre el Gobierno del Mundo, en la primera parte de la Suma Teológica, cuestión 52, artículo 1, responde que el ángel ocupa lugar, pero no lo ocupa como lo ocupa el cuerpo.

    El cuerpo ocupa lugar por su dimensión material que lo une a él.

    El ángel tiene cantidad virtual, no dimensiva.

    Imaginemos los datos que almacena una computadora, la cual ocupa una cantidad dimensiva de espacio.

    Los datos ocupen todo o nada de la memoria de la computadora, ésta sigue ocupando la misma cantidad de espacio en el lugar corpóreo.

    El ángel aplica su virtud, su fuerza, su capacidad operativa, su inteligencia, a un lugar determinado, por eso se dice que sí ocupa un lugar corpóreo.

    Pero lo ocupa en cuanto a su operación en ese lugar, no en cuanto a su dimensionalidad material de ocupación.

    Al igual que los datos de una PC: Ocupan un lugar virtual, operan, pero no se los puede tocar corporalmente ni agarrar.

    El cuerpo situado, dimensionado, ocupa un sitio en el espacio, y está delimitado y contenido por el lugar.

    No es necesario decir esto del ángel.

    El ángel contiene el lugar donde actúa, sin estar contenido o delimitado por él.

    Como el alma está en el cuerpo: Une sus miembro, realiza operaciones a través de él, pero no ocupa un lugar dimensivo ni está contenida por el cuerpo, al que sin embargo contiene e informa.

    De la misma forma, decimos que el ángel ocupa un lugar en el espacio corpóreo, en cuanto lo informa y opera en él, no como contenido y delimitado por el lugar, sino como el que lo contiene por su capacidad intelectiva.

    En la respuesta al artículo 3 de esta cuestión, Santo Tomás nos dice que solo en ese lugar actúa, en el de su operación, y no en muchos a la vez, pues su poder no es infinito como el del Dios infinito, sino que su poder, por permisión siempre divina, es finito y limitado a la vez, como toda creatura.

    Y varios ángeles no pueden operar simultáneamente en un mismo lugar para una misma cosa. Un solo ángel opera en un lugar para una cosa determinada. Sino causarían desorden y confusión en el lugar, sea éste persona o cosa.

    En su respuesta al artículo 2 de la misma cuestión, nuestro doctor explica que hay distintas formas de estar en un lugar:

    a) El cuerpo, delimitado por el lugar que lo contiene y circunscribe.
    :) El ángel, que actúa en el lugar, sin estar determinado ni contenido por él, sino conteniendo y condicionando el lugar en el que opera.
    c) Dios, que está siempre y en todas partes por su presencia de inmensidad.

    Vocabulario cultural:

    ¿Qué es un lugar?

    Es el espacio ocupado (o que puede ser ocupado), por un cuerpo con dimensiones materiales cualesquiera.

    El lugar acota, delimita, define, demarca y circunscribe un cuerpo.

    El cuerpo situado ocupa un lugar y está delimitado, contenido y circunscripto por él.

    De esta manera no ocupa lugar el ángel, pero sí lo ocupa virtualmente, operando sobre ese lugar, ya sea éste una persona o una cosa.

    Perlita espiritual:

    La armonía de los ángeles.

    Son una síntesis perfecta de contemplación y acción.

    En el evangelio de Lucas 1, 19, el Ángel Gabriel, enviado a María y anunciándole el mensaje de la encarnación del Hijo de Dios, le dice que está en la presencia de Dios.

    Cumple con su misión, sin perder el estar delante de Dios conscientemente.

    En Mateo 18, 10, Jesús dice que los ángeles de los pequeños que creen en Él (nosotros, sus pequeños) están constantemente en presencia del Padre Celestial.

    Sin perder la presencia de Dios, nos asisten, protegen y consuelan.

    No se apartan de Dios y cumplen su misión.

    No hay disociación entre ser y hacer, entre estar en la Presencia de Dios y actuar.

    Orando hacen.

    Contemplando actúan.

    Hace sin dejar de estar en Dios.

    Actúan si perder la contemplación del Rostro de Dios y sus Voluntades.

    Adoran y obran. Alaban y ejecutan.

    Adorando obran. Alabando ejecutan.

    Obran adorando. Ejecutan alabando.

    En esto podemos llegar a una imitación cada vez más perfecta, de su armonía y unidad interior y exterior.

    Lo que son hacen, lo que hacen son.
    Son uno en sí mismos.
    ¿Vamos siéndolo nosotros?

    ¿Vamos armonizando nuestra unidad interior y exterior?
    ¿O estamos desparramado en muchas cosas sin ni siquiera saber quiénes somos o qué queremos, insatisfechos de todo y llenos de vacío y de nada?

    Imitemos y recobremos la armonía de los ángeles, principalmente estando unidos a ellos. Recordemos el refrán de “dime con quién andas y te diré quién eres”. Serás semejante a aquellos con quienes “andas”.

    Gustavo Daniel D´Apice
    Profesor de Teología
    (Pontificia Universidad Católica)

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