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hombre - 34 años, Lanus Oeste, Argentina


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  • 12/10/08 - La raza asesina festeja su día

    Por Alfredo Grande

    Mueren dos niños aborígenes luego de pasar tres días sin comer en una finca en Tartagal
    Los niños de un mes y dos años fallecieron por desnutrición en la finca Nuevo Horizonte, ubicada en el paraje Caraguata distante a 80 kilómetros de la ciudad de Tartagal, al norte de la provincia de Salta. Los pequeños no habían ingerido alimentos y tomado agua durante tres días.
    Las denigrantes condiciones de esclavitud a las que son sometidos los aborígenes en las fincas rurales de la zona del departamento San Martín, se cobraron estas pequeñas vidas.
    “El hecho ocurrió este fin de semana en las cercanías de la finca Caraguata distante a 80 kilómetros de la ciudad”. Se afirmó desde el noticiero Video tar, agregando “Según informó la policía, los nenes uno de 23 meses y otro de solo un mes, desde hace tres días no ingerían ningún tipo de alimentos ni líquidos afectados por una infección, lo que les provocó la muerte por inanición y falta de atención”.
    Agencia Copenoa – Salta 6/10/08


    (APe).- Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Es decir: aquellos que son responsables de los mismos pueden ser juzgados en cualquier momento, cuando la circunstancia política lo permite. No hay punto final para esos crímenes que no sea el de la plena justicia. Sin embargo, la cultura represora ha inventado una forma inédita de no prescripción. Para la cultura represora los crímenes de lesa humanidad no prescriben simplemente porque se continúan produciendo. En este mismo momento, y en todos los momentos siguientes los expoliadores-explotadores del planeta cometerán multiplicidad de crímenes. Contra las personas (llamados trata) contra los suelos (llamados desmontes) contra la salud (llamados reasignación de recursos) contra la inteligencia (llamados planes de educación) contra la alimentación (llamados precio sostén de los granos). Los crímenes no prescriben simplemente porque se siguen cometiendo, y el sistema capitalista no funciona en el marco de ninguna legalidad, ni siquiera la más laxa. Por eso la modalidad que la cultura represora construyó para perpetuar sus crímenes incluye el reconocimiento de los mismos y por lo tanto avalar ciertas políticas de “reducción de daños”, sin que éstos puedan ser eliminados. En las habituales noticias sobre el estado del tránsito, se denomina “accidente múltiple” lo que no deja de ser una forma criminal de conducir automóviles que están preparados como armas de destrucción selectiva. Los crímenes de lesa humanidad no prescriben porque los autores pueden ser juzgados no importe el tiempo que pase. Pero además no prescriben porque se siguen cometiendo, una y otra vez, cada vez con más ferocidad, cada vez con más impunidad. La dimensión planetaria del genocidio sólo es advertida, y lamentada, cuando conmueve al Imperio. Por ejemplo torres gemelas, colapso financiero. La cultura represora se apropia de la no prescripción y en su cinismo demoledor, pareciera decir: “puesto que no prescriben, sigamos asesinando”.
    Las noticias no prescriben tampoco. Los niños no fallecieron por desnutrición: fueron asesinados con el arma más simple de utilizar, la que no deja huellas, la que ni el juez Baltasar Garzón ni el inspector Clouseau pueden descubrir: el hambre. Pero no solamente de comida. Hambre de amor, de cuidados, de esperanzas, de futuro, de protección, de ternura... El hambre de todos los hambres es el hambre de humanidad. Pero no de cualquier humanidad. Nuestros invasores de la vieja europa, eran humanos, pero de una humanidad corrompida y prostituída por el poder del dinero. Con cruces y espadas culpables de los crímenes horrendos que pretenden canjearse por un fin de semana largo. El “encubrimiento” de América es la marca de los colmillos de una europa imperial y sanguinaria. Colmillos que se abalanzaron sobre dos niños wichis, de apellido Negro. ¿Apellido o destino? La negritud amenazada, escarmentada, encarcelada, hambreada, “pacotizada”, desterrada, secuestrada, asesinada. Cuerpos fragmentados que no sostienen a un sujeto que pueda recibir un poco de todo lo que le falta para seguir viviendo. Demolición de un sujeto para descubrir el horror de los cuerpos perforados. Pero los crímenes no prescriben porque se siguen cometiendo, todos los días, todas las tardes, todas las noches. Será por eso que la raza asesina tiene su día.


    De Agencia de Noticias Pelota de Trapo
    www.pelotadetrapo.org.ar

  • El delito de sobrevivir

    "Cuando se los acusa son hallados culpables
    de intentar, a toda costa, de sobrevivir."
    John Berger

    (APe).- Tiene razón Eduardo Galeano cuando dice que si los que en la oscuridad de las cavernas empezaron a sobrevivir hubiésemos sido nosotros, el hombre habría durado sobre la tierra apenas un ratito. Aquellos primeros fueron capaces de durar, cuando tal vez estaban destinados a desaparecer, porque se unieron para defenderse y compartir la comida.

    La humanidad que hoy somos no llega a entender que la salvación de los pocos a costa de los muchos es un salto al vacío. Tan al vacío que los deja y nos deja sin tierra, sin agua ni cielo. Nos arroja afuera del planeta, que como un animal muy viejo, ya está cansado de nosotros y quiere abandonarnos.

    El hambre obliga a los hombres a migrar de un continente a otro. Algunos mueren en los mares, otros arañando las puertas de un mundo que les pisa las manos para que no puedan aferrarse ni a las piedras del desierto. La Unión Europea acaba de consagrar su derecho de suspender los derechos de los “sobrantes” mediante su reclusión, hasta por un año y medio en campos de confinamiento extrajudiciales.

    En lo que va del año, 69 inmigrantes han muerto intentando alcanzar las costas de España y un 40% de los españoles se declara a favor de criminalizar la inmigración ilegal.

    En Italia un sector importante de la sociedad le reclama al Gobierno que limpie de “basura” su territorio, mientras un flamante y vetusto fascismo recorre las calles quemando campamentos gitanos. En los “Centros de Identificación y Expulsión”, donde gran cantidad de niños gitanos mueren “accidentalmente”, se recurre al fichaje meticuloso de los menores de edad. Cuando la noticia se publicó en nuestro país, en la versión on line del diario Crítica aparecieron muchos, demasiados, comentarios favorables a la expulsión de los rumanos, los africanos y los musulmanes de la península.

    El 20 de junio pasado el escritor argentino Jorge E. Nedich, integrante de la etnia, escribió para el diario La Nación un artículo crítico sobre “El rebrote racista en Italia”. Lo llamativo, y también alarmante, fue que de diez mensajes al menos nueve atacaban al autor, a los gitanos y justificaban la persecución.

    Los argentinos no nos distanciamos demasiado de Europa. La diferencia, tal vez, radique en que nos escudamos bajo un maquillaje que nos presenta al mundo un poco mejor de lo que somos. Sancionamos leyes sobre una igualdad de derechos en la que no creemos y adherimos a tratados internacionales que no cumplimos. Nuestros pobres, como en la historia de todas las naciones, son el extranjero interno. Los desarraigados, los suspendidos en los calabozos, los sin sentencia ni destino. Los nómades que van de una provincia a otra, de una ciudad a otra en busca tan sólo de trabajo y comida y a quienes les pisamos las manos para que no puedan agarrarse ni de los alambrados que los separan del mundo.

    Nada o casi nada sabemos de nuestros antepasados desnudos. Pero nuestra presencia aquí, agónica e irresponsable, es el último refugio de la vida humana y testimonia que en algún momento ellos, cuando todo era intemperie, fueron capaces de vislumbrar lo que hoy nosotros no podemos comprender: Que la vida era un asunto colectivo, que el aire y el agua eran de todos y que era necesario reunirse junto al fuego, entibiarse y compartir la comida.

    Tal vez fue entonces cuando la tierra y el cielo empezaron a quererlos.


    Texto escrito por Miguel A. Semán de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo
    www.pelotadetrapo.org.ar

  • Llorar la Luna

    La luna no constituye para nosotros misterio alguno. En cierta medida se nos alejó. Hoy se llega a ella al cabo de varios días de viaje en cohete, y cuando éste hace impacto en ella, se levanta una nube de polvo, igual que en la tierra…

    Pero para el indio es diferente. Ante todo la luna es siempre lo opuesto al sol, y no sólo porque aquella aparece a la noche y éste durante el día, sino también porque la luna se ve en la noche como una manchon de luz rodeado por la penumbra, y el sol en cambio se manifiesta en medio de un cielo totalmente iluminado. Por otra parte el indio liga la luna a sus ritos agrarios. Luna se dice en quechua quilla, palabra ésta que también significa mes en la misma lengua. El indio espera ansiosamente tal quilla o mes para sembrar, y tal otro para cosechar. Todo el ritmo anual, con sus acontecimientos favorables y desfavorables, sus fiestas y sus ritos se hallan vinculados mágicamente con la luna.
    Por eso resulta tan significativo el eclipse. En una de esas noches la luna va perdiendo paulatinamente su claridad, por cuanto una sombra la invade. El indio siente entonces un gran miedo, y piensa, como decían sus mayores, que un jaguar quiere devorarla. Entonces recurre a un procedimiento similar a cuando pide lluvia: golpea a sus animales para que lloren, y él mismo plañe y se deshace en lágrimas, de tal modo que de todas las casas y de todos los valles se eleva un llanto colectivo. Su intención consiste en evitar la muerte de la luna y por consiguiente ablandar el duro corazón del jaguar, para que éste no consuma su propósito…

    Del libro “Indios, porteños y dioses” de Rodolfo Kusch

  • TU QUERIDA PRESENCIA

    Para el común de los humanos, llegar a los 40 años de edad, es un hito importante. Se está en la plenitud de la vida y un gran camino queda por delante, donde el potencial acumulado en dicho período nos da la posibilidad de trascender en el futuro. La trascendencia de la mayoría de nosotros, valiosa al fin, no escapa más allá de nuestro entorno. Pasamos a formar la gran masa de nuestra especie: La Humanidad.

    En nuestra larga historia, millones de seres, no llegaron ni a la mitad de esa edad. Cayeron en los miles y miles de campos de batalla. Es que el poder y la codicia de algunos humanos, arrastran a muchedumbres a morir por el solo motivo de conservar y aumentar sus privilegios.

    Otros millones, alcanzan una existencia mucho más corta aún, pues como consecuencia de lo anterior, caen derrotados por el hambre y las enfermedades.

    Cruda realidad, que así planteada, parece irreversible.

    Pero nos tocó vivir y participar en esta realidad. Nos puede aplastar sin darnos tiempo a nada. Ni cuenta. Podemos aceptarla, resignarnos, acomodarnos. Resistir y avanzar, caer y levantarnos...o no. Podemos no entender la realidad. Podemos entenderla...y transformarla. Claro, los que eligen este camino saben de antemano que se enfrascan en una lucha titánica.

    Fuiste claro cuando a tus viejos le dijiste que sentías nuevamente bajo tus talones el costillar de Rocinante y volvías al camino con tu adarga al brazo. No era una novela y los molinos de viento se llamaban, se llaman Imperialismo, es feroz, se impone con las armas y trata de imponernos las ideas. Con las ideas le diste la batalla...y con las armas.

    No te permitieron llegar a los 40. Los de tu talla rara vez llegan. Mao, Ho Chi Ming...

    Qué hubiera sido de vos a los 80? Bueno, tu Jefe ya pasó esa barrera y sigue con las cualidades de conductor y revolucionario que le reconociste en tu carta de despedida. Y la Revolución está firme, porque su Comandante siguió al frente. Pero tu ejemplo es de tal magnitud, tan grande los valores que dejaste con la coherencia de tu pensamiento y tu acción, que son parte indisoluble de la vigencia de la Revolución por la que tanto hiciste.

    Las luchas que hay, las que se avecinan, por las vías que ellas se desarrollen, te tendrán como partícipe necesario. Será tu manera de seguir cumpliendo años.

  • LOS GENOCIDAS Y LOS QUE LOS APOYARON

    El golpe del 24 de marzo de 1976 no fue una irrupción abrupta o espontánea de un grupo de militares aventureros. La dictadura autodenominada "proceso de reorganización nacional", fue el paso necesario para ellos, para llevar a cabo el genocidio contra una generación de luchadores revolucionarios que desafiaban la estabilidad del sistema capitalista imperante y su profundización.
    En los años previos, la creciente resistencia popular a los planes económicos de hambre y miseria, la organización de los trabajadores contra la burocracia sindical, los miles de estudiantes y docentes que aportaban sus conocimientos para la causa popular, la "opción por los pobres" de los sacerdotes tercermundistas y su Teología de la Liberación, y los que tomaron las armas contra la opresión, constituían verdaderos factores de riesgo para el sistema político-económico imperante.
    Por ello, la clase política burguesa en el gobierno y en la oposición, junto al los Estados Unidos, -que asesoraron y entrenaron a los genocidas- y a los grupos económicos nacionales y extranjeros -que financiaron y dirigieron económicamente la dictadura-, diseñaron nuevas estrategias represivas. La primera fueron los decretos de aniquilamiento de febrero y octubre del año 1975 cuyos objetivos pueden ser resumidos en una sola frase "aniquilar el accionar de los elementos subversivos".
    A partir de allí un nuevo lenguaje se hizo cotidiano: la lucha pasó a llamarse accionar, los hombres, elementos, su identidad: "subversiva" y el objetivo final, su "aniquilación". Los medios masivos de comunicación fueron en una gran medida una caja de resonancia de la alianza genocida. También la iglesia acompañó la escalada militar y a través de sus homilías arengó a la lucha contra la "subversión atea". Mientras que los burócratas sindicales, -algunos de los cuales concurrían al comando del ejército para evaluar los avances de la "lucha antisubversiva"-, y las patronales empresarias, fueron activos partícipes del "aniquilamiento" de las filas sindicales combativas.
    La escalada militar avanzó rápidamente en uso de las "nuevas" prerrogativas. La transición duró apenas cinco meses. Para diciembre de 1975, Jorge Rafael Videla, ya había consolidado su liderazgo al frente del ejército y a través de su mensaje de navidad la sociedad conoció el últimatun que las F.F.A.A. le imponían al gobierno de Isabel Perón. El golpe ya estaba pactado y los diarios dieron cuenta de ello directamente, sin sobreentendidos.
    El 24 de marzo de 1976 - primer día formal de la dictadura- múltiples operativos hacen desaparecer a militantes populares y se conocen las "Actas para el Proceso de Reorganización Nacional". En pocas semanas un arsenal de legislación orientada fundamentalmente hacia la supresión de la actividad sindical y política y la eliminación de las conquistas sociales de los trabajadores fue impuesta, y un verdadero ejército de ocupación interna desembarcó en cada lugar del territorio nacional. La jueces convalidaron los hechos jurando por las "Actas del Proceso".
    Se intervinieron desde sindicatos hasta empresas privadas, Universidades, escuelas instituciones deportivas, medios de comunicación, etc.. Ese sería el signo de los próximos 7 años: 30.000 desaparecidos, 15.000 fusilados, 8.900 presos políticos, 1.500.000 de exiliados, una economía destrozada, un pueblo empobrecido.

    1975 llevó la firma de los Luder, los Cafiero, los Ruckauf, los Rico, los Balbín, los Yofré, los Alfonsín.... En el 2000 siguen enquistados en el gobierno. Es nuestro deber denunciarlos y nuestro compromiso combatirlos al grado de igualarlos con los genocidas.

    NUNCA MAS!!!

    Texto extraido de la pagina de Madres de Plaza de Mayo. www.madres.org

  • UN MERCADO PARA LA CULTURA DE ARRIBA.

    La gran máquina de destrucción y muerte llamada “Capitalismo” es relativamente joven en la historia humana, pero en poco tiempo ha destruido lo que a la naturaleza le tomó millones de años crear.

    El Capitalismo tiene un modo para destruir y matar. Este “modo” consiste en que todo lo convierte en mercancía. No sólo lo que se produce en fábricas y campos. También lo que la naturaleza ha creado sin intervención humana. El aire, el agua, los códigos genéticos de plantas y animales, todo es avasallado por la máquina trituradora del capitalismo y convertido en una mercancía.

    La Cultura también. Ese vago y escurridizo concepto es envasado, encuadernado, enlatado, clasificado, y, con el código de barras respectivo, distribuido de acuerdo a los criterios del mercado, es decir, de la ganancia rápida.

    Allá arriba, quienes han convertido la cultura en una mercancía más, la han codificado de acuerdo a sus intereses. Así, “arte” es lo que se produce en galerías exclusivas, en los estudios y talleres; y “artesanía” es lo que se produce en las calles y en los pueblos. “Cultas” son las elites del Poder, e “incultas” las masas de trabajadores del campo y la ciudad.

    Por esa extraña alquimia del dinero, se suele asociar riqueza con cultura, pero hay más de uno (o una, según el caso o cosa) que es tan rico y poderoso como idiota. El “somos diferentes porque somos ricos”, lleva a los poderosos a adquirir museos enteros. Si alguno (o alguna, según el caso o cosa) piensa que es porque estos ricos quieren aprender más o salvaguardar material artístico y cultural, se equivoca. Ya tiene rato que la cultura en general, y el arte en particular, es una mercancía. Cara, por cierto. Y poseer arte es poseer mercancías que suben de precio con el tiempo.

    Como mercancía, la cultura es valorada según los criterios del mercado y siguiendo sus “modas”, es decir, sus campañas publicitarias.

    Cierto que así se han hecho visibles algunas manifestaciones culturales. Pero también es cierto que es mucho más lo que ha quedado fuera por el “delito” de no entrar en la lógica capitalista.

    Uno de los ejemplos más palpables está en los Pueblos Indios. Todo lo que se les pueda arrebatar y llevar al mercado capitalista tiene valor. Lo que no, es decir, su pensamiento, su historia, su memoria, su existencia propia, no vale nada y, por tanto, debe ser destruido.

    Acá, bajo estos cielos, está la Isla del Tiburón, territorio seri o Comcá ac. Donde los Comcá ac ven su corazón, su historia, su memoria, su vida y la de sus ancestros, el capitalista ve un terreno donde construir hoteles exclusivos.

    Y los gobiernos, que deberían existir y trabajar para bien de los pueblos, quieren destruir a los Seris, a la Nación Comcá ac. Como no pueden arrebatarles la Isla del Tiburón, entonces pretenden quitarle sus guardianes a la Isla del Tiburón. Es decir, pretenden exterminar al pueblo Seri y, con él, a una de las culturas que son raíces no sólo de Sonora, también de México y de todo el Continente.

    SUBCOMANDANTE MARCOS

  • La democracia hoy, por Jose Saramago

    Lo que estamos llamando democracia es en el fondo una falacia.
    No pasa de ser una fachada. Las instituciones están ahí, funcionan los parlamentos, los gobiernos, los tribunales, pero todo eso nada tiene que ver, y además nunca tuvo nada que ver en el pasado, incluso en la antigua Grecia, con esa idea, esa fórmula perfectamente admirable pero utópica, de la democracia como gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Jamás ha sido así, y hoy mucho menos.

    Porque hasta ahora teníamos la ilusión de que el poder político era la democracia, así como la relación del ciudadano con las instituciones sobre todo mediante el voto y las elecciones. Pero si miramos la situación en que se encuentra el mundo hoy, es fácil darse cuenta de que los gobiernos no mandan, que el poder efectivo, real, ése que está condicionando la vida de 6 mil millones en el mundo, es el poder económico concentrado en las multinacionales. Yo digo: se puede quitar un gobierno y poner otro si los ciudadanos así lo deciden, pero no pueden quitar el poder a una multinacional.

    Y está clarísimo que el poder multinacional no se preocupa para nada de la suerte de la gente, sólo se guía por el lucro. No tiene otra explicación el hecho de que 3 mil millones de personas, la mitad de la población mundial, vivan con apenas 2 dólares diarios. Y cuando, algo provocante, digo a veces que el planeta Marte me importa un bledo, me importa un pepino, es porque tenemos que decidir las prioridades. Y desde mi punto de vista la prioridad absoluta es el ser humano.

    El cosmos está ahí hace no sé cuánto tiempo, un tiempo que escapa a la capacidad imaginativa sumada de los 6 mil millones de habitantes del mundo. Para qué asaltarlo ahora. El cosmos podría esperar 50 o 100 años más y no pasaría nada, al cosmos no le importaría nada. No tiene sentido ir a Marte mientras una persona en la Tierra, una única persona en la Tierra, se esté muriendo de hambre. Lo verdaderamente obsceno no es la pornografía. Lo que es obsceno es que se pueda morir de hambre.

    Texto sacado de una entrevista a Jose Saramago por Juan Gelman para el diario La Jornada (Mexico)

  • El Maestro

    Los alumnos de sexto grado, en una escuela de Montevideo, habian organizado un concurso de novelas.
    Todos participaron.

    Los jurados eramos tres. El maestro Oscar, puños raidos, sueldo de fakir, mas una alumna, representante de los autores, y yo.

    En la ceremonia de premiación, se prohibió la entrada de los padres y demas adultos. Los jurados dimos lectura al acta, que destacaba los meritos de cada uno de los trabajos. El concurso fue ganado por todos, y para cada premiado hubo una ovación, una lluvia de serpentinas y una medallita donada por el joyero del barrio.

    Despues, el maestro Oscar me dijo:
    - nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.

    Y una de las alumnas, que habia venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podia callar. Y me dijo que queria al maestro, lo queria muuuucho, porque él le habia enseñado a perder el miedo de equivocarse.

    Del libro "Bocas del tiempo" de Eduardo Galeano.

  • El Mal y el Malo segun doña Socorrito

    Tal vez camina por la orilla de la playa que, tal vez, a esta hora está casi desierta. Tal vez de vez en cuando se detiene a recoger alguna concha de mar. Tal vez está por cumplir 71 años. Tal vez en marzo. Tal vez la acompaña una de sus nietas. Tal vez la niña tiene menos de cinco años. Tal vez las dos tararean “que siempre estarás con nosotros/ y nosotros contigo/ en el mismo bolsillo del pantalón…”. Tal vez la niña desafina en la silaba final.

    Tal vez doña Socorrito esta diciendo ahora que el mundo puede ser como una casa grande o como una cárcel pequeña; que el mundo está lleno de ventanas y puertas; que el mundo es un gran rompecabezas lleno de habitaciones, algunas oscuras, algunas iluminadas; que el mundo está lleno de realidades diferentes, distintas, y a veces contradictorias; que en el mundo cada realidad tiene dos puertas y que una es la puerta del Mal cierto y otra es la puerta del Bien incierto; que a veces uno puede elegir en que habitación va a vivir; que a veces uno no puede escoger y que la vida y el Mal lo avientan a uno donde sea; que si uno puede elegir, entonces tiene que elegir dos veces; que, si puede, uno tiene que elegir donde estar y, además, por cual puerta entrar; que el trabajo de los adultos es mostrarles a los niños y niñas todas las ventanas posibles para que se puedan asomar a todas las habitaciones posibles; que el trabajo de los adultos es luchar todo el tiempo porque los niños y niñas tengan siempre la libertad de elegir la habitación del mundo en la que van a estar, y la libertad y la responsabilidad de elegir la puerta por la que van a entrar a esa habitación; que entonces uno puede ser lo que sea y en donde sea, pero tiene que elegir entre ser bueno y ser malo.

    Tal vez doña Socorrito esta diciendo que el mal lucha por que no haya libertad ni responsabilidad en elegir habitación y puerta; que los hombres y mujeres que luchan contra el Mal no hacen otra cosa que luchar por todos los niños y niñas, sin importar su color, su apellido, su tamaño, su nacionalidad, su raza, su idioma; que de nada sirve un mundo nuevo si nada hacemos por cambiar el que tenemos; que el mal presenta a la niñez como coartada donde el mal es destino manifiesto; que quienes luchan contra el Mal quieren que la niñez sea, simple y sencillamente, una mirada abierta.

    Tal vez eso, dice doña Socorrito, caminando frente al mar de oriente. Tal vez la niña la escucha.

    Del libro "Muertos incomodos" - Paco Ignacio Taibo II - Subcomandante Marcos

  • El "yo" y el "nosotros", sup Marcos

    "Nos contaba uno de nuestros compañeros jefes, el viejo Antonio, la historia de unas palabras que tal vez venimos a aprender aquí en la otra campaña con toda la gente que escuchamos así. Nos contaba cómo nació la palabra yo. Decía que los primeros hombres y mujeres que poblaron estas tierras eran como la mayoría de los que están aquí, indígenas. Decía que al principio el trabajo que hacían estos hombres y mujeres era parejo repartido para todos y que después llegó el poderoso, el rico, y empezó a quedarse con el trabajo de cada uno.

    "Empezó entonces una historia de dolor y de lucha a recorrer la tierra, la tierra que somos y que hoy llamamos México. Y dice que entonces uno empezó a hablar y a decir yo cuando empezó a nombrar su dolor, su rabia, su indignación. Y cuando empezó a decir 'yo sufro, yo peno, yo tengo estos problemas', es cuando aprendió a reconocerse a sí mismo como ser humano. Antes del yo no había nada. Y antes del yo que nació entonces no había explotación ni miseria. Cuando uno dice 'yo' dice un individuo, no dice un colectivo.

    "Entonces dice el viejo Antonio que cuando decimos 'yo' nombramos esta historia. A partir de eso empezamos a aprender las otras palabras. Aprendemos a reconocer por la mirada y por el oído al otro que es diferente y lo nombramos 'él', 'ella'. Pero seguimos siendo nada más nosotros, como un individuo, solos separados del resto. Y es hasta cuando abrimos no el oído, no la palabra, sino cuando abrimos el corazón que empezamos a reconocer en el 'él', en la 'ella', esos mismos dolores y esas mismas penas. Y dice el viejo Antonio que cuando el 'yo' encuentra al 'él' o al 'ella' y descubre que es el mismo el dolor que tiene, empieza a construir una palabra que es la más difícil de construir en la historia de la humanidad, que es la palabra 'nosotros'.

    "Cuando el 'yo' y el 'él' y el 'ella' se convierten en 'nosotros', entonces es cuando hay la oportunidad de que el dolor y la pena que hizo nombrar al 'yo', que hizo nombrar al 'él' o al 'ella', tienen la posibilidad de transformar el 'yo' en alegría.

    "Y llega un momento en que los dolores se juntan y empiezan a preguntarse quién es el responsable de ese dolor y de esa pena que empezó siendo individual, que pasó a ser de una familia, luego de un grupo de trabajo. Y es cuando hablando y escuchando descubren que el responsable de eso es el que está arriba y es entonces cuando nace la palabra 'ellos'.

    "Dice el viejo Antonio que cuando uno dice 'ellos' mira hacia arriba, al que construye su riqueza a costa de nuestra pobreza; al que construye su felicidad a costa de nuestra infelicidad; al que construye su futuro a costa de nuestro presente y de nuestro pasado.

    "Y entonces dice el viejo Antonio cuando queda acomodado, cabal la forma de hablar de los que están hablando. Nos enseñó que teníamos que dejar el 'yo' en algún momento y aprender a identificar el 'él', el 'ella' sobre el que íbamos a construir el 'nosotros' que necesitaba nuestro país. Decía que teníamos que apartarnos del espejo por muy doloroso que fuera y teníamos que aprender a mirar al otro, en la única forma que hemos aprendido nosotros como pueblos indios a mirar al otro que es con el corazón.

    "Entonces nos dijo el viejo Antonio que tenía que llegar el momento en que los pueblos indios tenían que conocerse entre sí y que tenían que aprender a decir 'nosotros', pero iba a seguir existiendo el 'ellos' que nos estaba explotando y humillando y que era necesario como pueblos indios que aprendiéramos a escuchar otros corazones y encontrarnos con ellos.

    "De una u otra forma la palabra de arriba nos individualiza y nos devuelve el 'yo', vacío, con el mismo dolor, a cambio de una vaga esperanza que no se va a cumplir. Y si nos rebelamos solos, solos vamos a perder y solos vamos a desaparecer.

    "Tenemos que aprender a decir ese 'nosotros' que tanto trabajo nos cuesta; porque nos cuesta trabajo entender que el otro es diferente, nos cuesta trabajo escuchar el dolor y encontrar ahí la semejanza.

    "De lo que se trata la otra campaña es de construir juntos ese 'nosotros'. Unicamente ahí nuestro país tiene futuro. Si dejamos que 'ellos', los que están arriba, sigan lo que están haciendo, va a seguir la persecución de la diferencia, el desprecio a las mujeres, la humillación para los jóvenes, el racismo para los pueblos indios.

    "Aquí lo que está ocurriendo es que el que produce, el que trabaja, es un delincuente. Doce años después de que los gobiernos nos pusieron que éramos nosotros, los zapatistas, unos transgresores de la ley, después venimos a descubrir que somos millones de transgresores de la ley. De la ley de arriba que es la que nos hace delincuentes. 'Nosotros', compañeros y compañeras, somos los otros, las otras, somos la otra campaña."

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