http://netlog.com/eldespojoel despojo soy yosoy yoel despojoeldespojohttp://es.netlogstatic.com/p/tt/019/349/19349540.jpgMexicoTabasco Página de perfil de eldespojo

eldespojo

hombre - 26 años, bajo el puente de la avenida hidalgo, Mexico


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:) :) :)


  • el lado oscuro del corazón

    “Me importa un pito que las mujeres tengan los pechos como magnolias, o como pasas de higo, un cutis de durazno o de papel de lija.Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezca se levanten con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso si, y en esto soy irreductible; no soy capaz de perdonar, bajo ningún concepto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo conmigo”

  • más y más de fonollosa!!!

    Yo le tenía miedo. No sabía
    que un delgado cuchillo entra en la carne
    sin despertar la piel. Como entra el frío.
    Como una piedra agujerea el agua.

    Pensaba que su grito subiría,
    como una lagartija, por mi brazo,
    haciendo que soltara mi cuchillo.
    ¿Qué debe uno decir en estos casos?

    Pensaba que en sus ojos hallaría
    la sonrisa cansada de la noche.
    Aquella que yo solo causaba. Antes.
    Pero no hubo mirada ni hubo grito.

    Un delgado cuchillo entra en la carne
    sin despertar la piel. Como entra el frío.
    Y sabe hallar la vida allí escondida
    con rápido sigilo. Sin esfuerzo.

    No hubo mirada, no. Tampoco grito.
    Fue muy fácil. Tan fácil que aún me asombro.
    No llego a comprender por qué hay quien teme
    matar, cuando resulta algo tan fácil.

  • otro más de fonollosa

    Estoy muy satisfecho de mí mismo.
    Yo era un ser seco, huraño y solitario
    que envidiaba a los otros su alegría.

    Pero rectifiqué. Me costó mucho
    adquirir compañía y cara alegre.
    Y así he gustado aquellos dulces bienes
    que envidiaba a los otros: amistad,
    mujer, hijos y el éxito en los negocios.

    Uno llega a obtener lo que desea
    si de veras se esfuerza en conseguirlo.
    La insistencia es la clave del acierto.

    La piedra que se encima persistente
    sobre sus compañeras de sendero,
    logrará que tropiece alguien en ella.

    Estoy muy satisfecho de mí mismo
    pues sé rectificar. Y comprobado
    que amigos, mujer, hijos y negocios
    siempre me molestaban y agobiaban,
    los dejé sin aviso y sin reparos.

    Y he vuelto con alivio a mi yo joven,
    a mi ser seco, huraño y solitario.
    Y estoy muy satisfecho de mí mismo.

  • un poema de fonollosa

    El amor es un juego apasionante
    y el mejor sustituto del amor.
    De aquel amor inmenso, el amor único,
    que uno halla varias veces por el tiempo.

    El recíproco amor es lo más bello.
    Lo sabemos los dos. Pero es muy grande
    el vacío que se abre entre el amor
    que se ha ido y el amor que aún no ha llegado.

    ¿Por qué llenarlo, pues, con la tristeza
    si es posible colmarlo de sonrisas?

    Si se ha ocultado el sol pueden los faros
    del coche iluminar la carretera.
    Mientras llega otro amor buscando el nuestro
    juguemos, sólo juego, a enamorarnos.

    Juguemos a querernos, sin querernos,
    hasta el día en que alguno de los dos
    vuelva a sentir amor por cualquier otro.
    El amor es hermoso aun como juego.

  • LaBiOs ApEsToSoS

    Me faltó la noche.
    Amaneció demasiado pronto
    sin saber cómo llegé al cuarto
    después de un viaje por los intestinos de la madrugada.

    Cerca del nihilismo
    me pongo los pantalones para salir a la calle,
    a ver que veo.

    Salgo y me doy cuenta de que todo está igual,
    los sectores libertad y reforma
    están en el mismo sitio y etcétera.

    Voy a Belisario y a la Valdez a comprar un diario.
    Me siento parte del aire enrarecido por los autos.

    Una mujer sonrie,
    reposo las nalgas en una esquina cualquiera
    frente a un monton de basura inofensiva.

    Dirijo mis ojos a la primera plana de la seccion "a":
    "... si este país no quiere quedarse rezagado como paí tercermundista
    debe acudir a los créditos externos"

    Entonces exspelo mi aliento
    mezcla de tabaco y cerveza
    mezcla de pantaleta nocturna y bar corriente

    Tuerzo mi boca y dejo ir una sonrisa sarcástica
    entre mis labios apestosos.

  • Lo que busca su lugar

    yo
    Lo que busca su lugar
    Lejos de lo anticipado de lo fijo y lo terrible
    Yo lo temeroso grito y muerdo
    Algo viejo y tibio
    Algo ya improbable
    La fiebre es abajo allí duele
    La fiebre o el tiempo: es igual
    La fiebre que empieza seriamente a parecerse a la sangre
    La fiebre esa delicadeza
    Esa cuestión de cristal
    Que nos quema la paciencia
    La fiebre ese continente de ASCO esa costra

    Caemos amarillamente a la fiebre
    Sin ganas
    Y después cuesta levantarse y enmtender
    Las bifurcaciones las esquinas
    Las calles de esa alcoba de muerte
    Las sábanas minuciosas que cubren lo viejo.

  • DiA GrIs ExTrAñO y CaBrÓn

    No hay sol
    El astro se está muriendo
    allá arriba/solitario
    detrás del biombo negro
    de las nubes
    En vez de rezar por él
    lo maldecimos
    Se asfixian en las calles citadinas los espíritus
    en medio de un calor extraño
    que parte las pieles.

    No le miraré las piernas
    a mi mujer esta noche
    ni tocaré su sexo cósmico

    Ha ce rato amenazaron
    con echarme del trabajo
    he hablado polvo en vez de sonidos
    niebla amarga en vez de palabras

    Observo mosca metamorfoseadas
    que danzan por el fin de milenio
    y no puedo celebrar

    Tomé un autobús
    de transporte colectivo
    que me alejó de casa/por error

    Tengo jaqueca
    y aumentan las llamas de mi infierno

    Impótente por no poder amar igual que ayer
    podría decir:
    qué día más largo y dificil...
    pero ha resultado más que eso.

  • Padrenuestro latinoamericano

    Padrenuestro latinoamericano
    (Mario Benedetti)

    Padre nuestro que estás en los cielos,
    con las golondrinas y con los misiles,
    quiero que vuelvas antes de que olvides
    cómo se llega al sur de Río Grande.

    Padre nuestro que estás en el exilio,
    casi nunca te acuerdas de los míos;
    de todos modos, dondequiera que estés,
    santificado sea tu nombre,
    no quienes santifican en tu nombre
    cerrando un ojo para no ver las uñas sucias de la miseria.

    En junio de mil nueve setenta y cinco
    ya no sirve pedirte "venga a nos el tu reino",
    porque tu reino también está aquí abajo,
    metido en los rencores y en el miedo,
    en las vacilaciones y en la mugre,
    en la desilusión y en la modorra,
    en este ansia de verte pese a todo.
    Cuando hablaste del rico, la aguja y el camello
    y te votamos todos, por unanimidad, para la gloria,
    también alzó la mano el indio silencioso
    que te respetaba pero se resistía a pensar "hágase tu voluntad".

    Sin embargo, una vez, cada tanto,
    tu voluntad se mezcla con la mía;
    la domina, la enciende, la duplica,
    más arduo es conocer cuál es mi voluntad
    cuando creo de veras lo que digo creer,
    así en tu omnipresencia como en mi soledad,
    así en la tierra como en el cielo,
    siempre estaré más segura de la tierra que piso
    que del cielo intratable que me ignora.

    Pero, ¿quién sabe?, no voy a decidir
    que tu poder se haga o se deshaga.
    Tu voluntad igual se está haciendo en el viento,
    en el Ande de nieve,
    en el pájaro que fecunda a su pájara,
    en los cancilleres que murmuran "Yes, sir",
    en cada mano que se convierte en puño.
    Claro, no estoy segura si me gusta el estilo
    que tu voluntad elige para hacerse;
    lo digo con irreverencia y gratitud,
    dos emblemas que pronto serán la misma cosa.

    Lo digo, sobre todo, pensando en el pan nuestro de cada día
    y de cada pedacito de día.
    Ayer nos lo quitaste, dánosle hoy.
    O al menos el derecho de darnos nuestro pan,
    no sólo el que era símbolo de algo,
    sino el de miga y cáscara,
    el pan nuestro.

    Y ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
    perdónanos, si puedes, nuestras deudas,
    pero no nos perdones la esperanza;
    no nos perdones nunca nuestros créditos.
    A más tardar mañana saldremos a cobrar a los fallutos,
    tangibles y sonrientes forajidos.
    A los que tienen garras para el arpa.

    Poco importa que nuestros acreedores perdonen
    así como nosotros, una vez, por error,
    perdonamos a nuestros deudores.
    Todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote,
    como tres mil kilómetros de injurias,
    como veinte medallas a Somoza,
    como una sola Guatemala muerta.

    Y no nos dejes caer en la tentación
    de olvidar o vender este pasado,
    o arrendar una sola hectárea de su olvido,
    ahora que es la hora de saber quiénes somos
    y han de cruzar el río el dólar y su amor contra-reembolso
    arráncanos del alma el último mendigo
    y líbranos de todo mal de conciencia.

    Amén.

  • MaIcEnA dE fReSa (fadanelli)

    Ella estaba parada junto a un cartel de Cuidemos el agua, es por el bien de todos. Tenía un vestido color betabel y zapatos de agujas largas y charol impecable, y su cabello negro, casi de plástico, cortado por unas tijeras bien afiladas. Era tan pálida como una puta del Cáucaso, o si se quiere tan blanca como la avena o como el semen de un toro. "una mujer blanca para esta noche negra y estúpida", pensé. La calle bautizada con el nombre de un santo, la calle estrecha y del fondo de sus coladeras un olor a orines y sangre de rata, y excremento y aromatizador Wizard. Ella mantenía la barbilla alzada, la nuca recargada en la pared, y la mirada extraviada en un cartel de letras enormes, tipografía helvética: "no hay obstáculos, lo que hay son malas decisiones". Me detuve porque tenía los testículos ardiendo, tal vez porque desde hacia muchos meses no recogía a una desconocida para arroparla con mis sábanas sucias, llenas de manchitas de mostaza y refresco de naranja, salpicadas con gotitas de sangre y escupitajos de pluma fuente. Me acerqué a ella, misterioso, como si guardara la navaja en la mano, aunque en lugar de la hoja filosa y refulgente extraje unas pastillas de frambuesa que también brillaron con un rojo intenso. Y se las ofrecí.

    Metí la llave en el ojo de la cerradura, a tientas, porque mis ojos estaban en otra parte, y mis labios untados a su pezón, tan duro como una avellana seca. "esperate a que entremos, papito", dijo, y su papito obedeció, empujó la puerta de pino con olor a viejo y a barniz, encendió la luz de un foco de 50 watts y la invito a entrar a un departamento sin alfombras, ni lavadora en el baño, ni closet de puertas averiadas, ni peceras con peces de ojos saltones, ni envolturas de chocolates Hersheys tiradas en el tapete de baño. Y ella entró, fea como en realidad era, descubierta por la vil y amarillenta fatalidad del foco, con su cabello mal cortado y sus zapatos de charol descascarados por el uso, y sus uñas pintadas de un naranja infeliz y su piel dorada como la piel de una tortilla, y su vagina limpia y rojiza como su vestido con una quemadura de cigarro en el escote. "¿Cuánto me cobras por hacer de cenar?". "Nada", dijo, y preparó dos huevos estrellados, supurando aceite, y calentó en un comal pan bimbo y exprimió la salsera como si estuviera estrujando la gran verga para sacarle el último chorrito de catsup.

    Nos lavamos los dientes con el mismo cepillo de cerdas jodidas e hicimos buches con astringosol y nos enseñamos la lengua como los que va a agarrarse a madrazos y antes se muestran los puños llenos de anillos y de huesos cicatrizados y nudillos negros. pero la verdad estabamos tan agotados, yo por mi trabajo en la oficina con la mano dolorida de tanto poner sellos en la parte inferior izquierda de cientos de facturas, y de ir en metro hasta Atzcapotzalco a cobrar un adeudo , y volver y esperar a que un puto gerente se le hincharan las bolas para decirme: "vete de una vez para que mañana vuelvas más temprano." Y ella también estaba a punto de dormirse, molesta por la violeta de genciana que tenia a un lado el culo, "me mordió un perro", mentía, porque se la habían cojido ya tres veces, tres malas decisiones que ya había tomado para salvar el obstáculo. "yo soyu tu buena decisión, mi putita", le dije, pero no pudo escucharme, estaba dorida, llenandome el cuello con su olor a astringosol, clavándome la rodilla en los testículos hace un par de horas ardientes y ahora frios como dos albóndigas amoratadas recien sacadas del refrigerador.

    Se quedó a vivir en mi casa mientras estuve curandole su mordida de perro, y ella haciendome espaguetis, a veces con crema y a veces con tomate y nunca con mostaza como a mi me gustaban. Pero lo que sí hacia muy bien era chuparmela mientras yo cerraba los ojos imaginandome a la putita caucásica de cabello azuloso y zapatos impecables que recogí en la calle con el nombre de un santo. Y seguir poniendo sellos y firmando facturas se volvió un poco menos aburrido porque sabía que llegando al departamento abriría la puerta de pino y estaría ella ofreciendome un plato de espaguetis con tomate y sus labios hinchados y rojos como una goma de mascar a punto de reventarse, y su culo ya cicatrizado, y mi casa un poco más ordenada, sin los Corn flakes regados por el piso, ni mis calzones Rimbros colgados en la falleba de la ventana, ni la taza del baño tatuada con las costras de orines, ni las cajitas de maicena de fresa almacenadas en el horno de la estufa, ni mis revistas porno tiesas de semen regadas en el piso del baño. A"Al final la puta se cconvirtió en tu sirvienta", me dijo un día antes de que nos casaramos por el civil, porque no teniamos dinero suficiente para masturbar a Cristo, ni para el vestido, y el arroz preferiamos comerlo con plátanos fritos, y chícharos muy verdes, y ejotes blanditos.

    Ahora vuelvo a pasar por esa calle donde recogí a mi esposa y madre de mis dos hijos, y suspiro cuando veo a una jovencita de piel amarilla y ojos grande que llaman para decirme: "por qué no nos venimos juntos, papito". Y, haciendome pendejo, dejo mi portafolios Samsonite en el piso para buscar en los bolsillos mientras le veo esas piernas de dieciseis años y los pezones lamiendo el escote de su vestido, y sus orejas pequeñas como de perro chihuahueño, y encuentro un billete de docientos pesos que le muestro pasandoselo por entre las piernas y dándole una débil mordida en el hjombro, "es lo que tengo", le digo, pero ella, tierna, me dice,: "es lo todo lo que valgo", y nos vamos a un hotel llamado Fabiola donde nunca hay agua caliente ni música estereofónica, ni alfombras, ni ropa ordenada, ni cajas de maicena de fresa juntitas y formaditas en la alacena, ni gritos de niños estúpidos, ni putas con el culo cicatrizado exigiéndote a gritos dinero para pagar la renta de el departamento.

  • apropiaciones de la urbe

    Me gustaría ver un poco peor las nubes
    optar entonces por los discretos
    por los beatos por los asesinos
    juntar mis cruces como vértebras
    mis glucosas y mis rutas de gigantes arrugados
    mis basureros roncos
    y como que ya no quiero impresionar
    a los otros con tanto discurso de puertas y litigios
    prefiero aplazado asistir a la muerte
    de un carro de una carne es lo mismo
    prefiero esa parodia de masturbaciones
    que algunos llamn ciudad prefiero
    usar los huesos y escupir a tiempo
    mis lesiones y que los otros me miren y digan
    allí va el divorciado

    Hoy cuando los humos se juntan
    cuando soy una negra delectación
    sé que saldré de este cuarto y sabré lo demás
    serán los muertos o los niños liminares
    los que me harán
    atender mi verdad de vitrina
    mis vértebras de leche oscura
    mientras llevo a los niños
    a los cementerios
    municipalmente compuestos
    lo comprendo

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