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sábado, 19 de septiembre del 2009 a las 09:01
Amilibh
PERMITELE A DIOS SER LA FUENTE DE TU FORTALEZA
Por @mili Her
¿Está usted, o alguien a quien ama, pasando por una experiencia difícil en este mismo momento? Mientras las pruebas imprevistas llegan a nuestra vida, es fácil detenernos y preguntarnos por qué Dios no nos avisa de antemano de las aguas turbulentas que nos esperan.
Isaías 55:8 explica que los pensamientos de Dios, no son nuestros pensamientos, ni tampoco son Sus
caminos nuestros caminos. Por lo tanto podemos asumir que en Su infinito amor y sabiduría, Dios ha
escogido no explicarnos muchos de los misterios de la vida. De vez en cuando, Él nos puede dar una señal de algo que va a suceder, pero la mayoría de las veces no lo hace así.
Es vitalmente importante que usted y yo estemos creciendo continuamente en nuestra vida cristiana para que estemos listos, cuando lleguen las pruebas. Aún más importante, cuando nos encontramos frente a una situación sobre la cual no tenemos control, debemos saber a quién acudir, y ese es nuestro Padre celestial.
En Él está la fortaleza que necesitamos para resistir, sobrevivir y triunfar sobre las circunstancias más difíciles de la vida.
El apóstol Pablo estaba íntimamente familiarizado en resistir grandes dificultades y ser probado hasta el límite de su fortaleza. En la segunda epístola del apóstol San Pablo a los Corintios, él le recuerda a sus hermanos creyentes del dolor y sufrimiento que tuvo que soportar. “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación… pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Cor. 1:8-9).
Como Pablo tan sabiamente apunta, cada uno de nosotros enfrentaremos pruebas en la vida que requieren una fortaleza más allá de nuestra capacidad humana. Cuando estas situaciones lleguen, tenemos que elegir entre: encerrarnos y dirigir nuestra frustración hacia Dios, o acercarnos a Él y pedirle ayuda. La forma como respondemos ante las situaciones de prueba determina la medida de nuestra fe y madurez en Cristo Jesús.
Sin embargo, al mirar su situación, usted puede estar pensando, “Pero es que ya no lo soporto más.” Tal vez otra persona le ha hecho daño una y otra vez. Puede ser que esté en una situación llena de tentaciones en el trabajo, o es víctima de la crítica constante. Su prueba personal puede involucrar aún algo más grande, tal y como lo es una enfermedad o la pérdida de un ser querido.
¿Debemos simplemente salir y escapar porque no tenemos la fortaleza para soportar estas cosas? La
respuesta mi amigo es, no. Después de todo, el apóstol Pablo pudo haber dicho, “Dios, adondequiera que
voy hay conflicto. Estoy en peligro constante. Si quieres que predique el evangelio, o arreglas esta situación o me doy por vencido.”
Hay un principio básico para caminar a través de las dificultades de la vida. Aunque encontremos valles y
momentos de desánimo, debemos renunciar a “nuestra manera” y someternos a la manera de Dios, la cual es la única manera de sobrevivir y sobrellevar sin perder nuestra paz y gozo. El dador de la fortaleza.
Tan pronto empiece a confiar en Dios en sus tiempos de necesidad, descubrirá que hay fortaleza divina
disponible para usted. Se expresa a sí misma intelectualmente, moralmente, físicamente y espiritualmente, y se presenta en el momento necesario para permitirle enfrentar y vencer sus obstáculos.
Ésta es la fortaleza que el apóstol Pablo experimentó una y otra vez. Es la fortaleza que está disponible para todo hijo de Dios, pero sólo a través de la completa dependencia en Él.
Las tragedias en nuestras vidas pueden ser transformadas en triunfos a través de la fuente de esta fortaleza; la persona de Jesucristo. Cuando por fe recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal, Él viene a morar dentro de nosotros en la presencia del Espíritu Santo.
Esencialmente, toda la fortaleza para sobrevivir, el poder para resistir y la habilidad para vencer ya moran en usted en la misma presencia de Jesucristo a través del Espíritu Santo. Por ende, Dios no tiene que enviar nada del cielo para permitirle enfrentar sus pruebas. Su regalo más grande ya le pertenece. Su
responsabilidad es confiar en Él, escucharle, y ser obediente a Dios.
¿Por qué envió Dios al Espíritu Santo a morar en nosotros? Porque Él entendió nuestras debilidades y
fragilidad. Él sabía que no podríamos sobrevivir por nosotros mismos. Por ejemplo, Jesús sabía que los
discípulos enfrentarían grandes pruebas y tribulaciones a raíz de Su muerte. Él también sabía que ellos lo
negarían y traicionarían. Al saber lo que había de venir, Cristo le dijo a sus fieles seguidores, “No os dejaré
huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).
La promesa de Jesús involucraba enviar a un Ayudador, parte de Sí, para permanecer con ellos para que
nunca estuviesen solos. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él te enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).
Y esta promesa se cumplió cuando Jesús ascendió al cielo. Dios envió al Espíritu Santo para que de ese
momento en adelante, cada creyente pueda estar en comunión y compañerismo constante con Él. Él le dio a cada creyente suficiente fortaleza y poder para permitirle enfrentar cada circunstancia de la vida.
Un propósito para nuestras pruebas.
A pesar de que es reconfortante saber que no estamos solos durante nuestras pruebas, muchos creyentes no entienden por qué debemos experimentar dificultades. ¿Qué propósito tienen en nuestra vida? La respuesta la encontramos en Filipenses 4:13, donde Pablo dice algo familiar que escuchamos muy a menudo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
¿Sabe usted cómo Pablo aprendió el valor de esta cita? El descubrimiento vino a través de experimentar
pruebas y verse en medio de situaciones imposibles. Por lo tanto, no podemos discernir un propósito
primordial para las dificultades; no es hasta que pasamos por las pruebas, que entendemos la suficiencia de Cristo en nuestras vidas. Podemos leer sobre tragedias en las vidas de otros, y podemos ser testigos de terribles actos por medio de la televisión; sin embargo, nunca entenderemos el valor de la gracia y
misericordia de Dios, hasta que estemos en necesidad de ellas.
¿Cómo usted puede estar seguro de la fortaleza de Dios? Sorprendentemente, la respuesta se encuentra en la debilidad, lo opuesto a la fortaleza. En 2 Corintios 12:9 Pablo comparte una gran revelación en cuanto a sus propias debilidades, “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de
Cristo.”
¿Qué significa todo esto? Amigo, esto significa que cuando estamos débiles, cuando usted y yo nos
encontramos al final de la soga, podemos cambiar nuestras debilidades por la gloria que nos da la fortaleza de Dios. Significa que usted estará dispuesto a experimentar la fortaleza divina al mismo grado en que esté dispuesto a hacerse débil.
Para el mundo esto no tiene sentido. ¿Por qué alguien desearía ser débil? Todos los mensajes a nuestro
alrededor dicen, “sé fuerte, sé hermoso, sé rico”, pero Dios dice, “Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Él dice esto para que usted pueda experimentar y
entender la fortaleza que está disponible solamente a través de Él.
Cuando usted y yo aprendamos que en nuestros momentos más difíciles, cuando no podemos hacer nada
por nosotros mismos, cuando nos sentimos fuera de control, es ahí cuando Dios puede entrar en libertad para hacer Su trabajo. Nos fortalece para que nuestra confianza en Él empiece a crecer. Así, y sólo así, nos daremos cuenta de que estos son los momentos en que mejor equipados estamos y más capaces somos de sobrellevar las pruebas y tribulaciones más difíciles de nuestras vidas.
Equipados con su fuerza
Cuando recibió a Cristo Jesús como su salvador personal, usted se unió a una “guerra”, se hizo un soldado de Jesucristo. Sin embargo, como un hijo amado de Dios, no se le pide que sirva en Su propia fuerza. Más bien, usted tiene acceso al poder que está disponible sólo a través de Dios. Su fuerza es ilimitada, insuperable, disponible y adecuada para cada desafío en su vida.
¿Significa esto que no habrán lágrimas o dolor en el futuro? No, no es así. Sin embargo, significa que a
través de las lágrimas, el desánimo, y el sufrimiento, usted será sostenido y podrá sobrellevar cualquier cosa sin importar cual sea.
La fortaleza de Dios no es algo por lo cual deba rogar o pueda ganarse con su trabajo. Más bien, es un
regalo, dado a todos los que reciben a Jesucristo. Viene a través de reconocer que no podemos hacer las
cosas por nosotros mismos y que necesitamos Su ayuda en todo.
No hay expresión más grande de confianza en Dios que decir, “Padre, no puedo hacer esto por mí mismo,
pero sé que tú sí puedes.” Al aprender a buscarle, se sorprenderá de la forma en que Dios expresa Su amor.
Su fuerte y misericordioso Padre celestial, quien camina con usted cada día, está listo para arroparlo en Su amor incondicional. Deje que Él le levante cuando sienta que ya no puede seguir. Deje que Él le ame, proteja y le consuele cuando se haya quedado sin esperanzas. Permítale a Dios ser la fuente de su fortaleza.
QUERIDOS AMIGOS TENGAN UN FELIZ Y BENDECIDO FIN DE SEMANA 
Comentarios 1
Amili Her Confianza (sábado, 19 de septiembre del 2009 a las 09:02)
HOLIS, SOY AMILI HER, LOS INVITO A PASAR POR MI CASITA, AHI EN MIS BLOG, LES DEJO REGALITOS PARA EL ALMA...
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