CLUB DE CANCIONES PARA PAULA
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Foro / Archivo / CANCIONES PARA PAULA. CAPÍTULO XLIII
viernes, 6 de febrero del 2009 a las 01:12
cancionesparapaula
Esa tarde de marzo, en un lugar de la ciudad.
Las mesas de la terraza de “Rounders” están llenas. Los veintitrés grados que marca el termómetro favorece que los cliente prefieran sentarse al aire libre antes que en el comedor interior.
También Álex y el señor Mendizábal han elegido esta opción. En agradecimiento por las fotocopias gratis de los cuadernillos, el joven ha logrado convencerle para invitarle a comer. Hoy las clases de saxofón comenzarán un poco antes, aprovechando la ocasión.
- No tenías que haberte molestado, Álex – señala el hombre, mientras pincha una patata frita de su plato.
- Le repito, Agustín, que no es ninguna molestia. Pero es lo menos que podía hacer después de lo que usted ha hecho por mí.
- ¡Pero si no he hecho nada!
- Sesenta juegos de fotocopias de diez hojas por ambas caras. Son muchos euros, Agustín.
- ¡Venga ya! Más te va a costar mi solomillo – dice mientras suelta una carcajada.
Álex contempla como el hombre se mete en la boca un trozo enorme de carne. Quizás demasiado trabajo para su maltrecha dentadura.
El chico ha preferido una dorada a la sal.
Una agradable brisa intermitente refrigera el sonrosado rostro de Agustín Mendizábal al que el vino tinto comienza a pasarle factura.
- Pues cuando usted pueda y tenga tiempo, me prepara otros cuarenta juegos de lo mismo. Pero esta vez pagaré. O iré a otra reprografía.
El hombre deja a medio camino el tenedor lleno entre el plato y su boca. Mira amenazante un instante a su acompañante, pero enseguida se encoge de hombros y con apetito voraz engulle el trozo de carne.
- Como quieras.
En ese momento el teléfono de Álex suena. Lo saca del bolsillo y suspira profundamente cuando ve que es Irene quien le llama. Decide no contestar. Pero la chica insiste con una segunda llamada.
- ¿No contestas? – pregunta el señor Mendizábal, mientras vuelve a llenarse la copa de vino.
Por fin, el joven se da por vencido y responde. ¿Qué querrá ahora?
- Dime Irene – dice con sequedad.
- Que poco simpático eres – protesta ella.
- ¿Para qué me has llamado?
- Hola, ¡eh!
- Hola, Irene.
- Así está mucho mejor.
- Estoy comiendo con... un amigo, no puedo hablar ahora. ¿Es para algo importante?
- Ya sé que estás comiendo, ¿qué es? ¿dorada? ¿lenguado?
- ¿Perdona?
Álex mira a izquierda y a derecha desconcertado. Agustín Mendizábal lo observa divertido. Cada vez su rostro está más rojo.
- Que si lo que estás comiendo es una dorada o un lenguado. Aunque yo apostaría por lo primero.
- Pues sí. Es una dorada. ¿Se puede saber como demonios lo has adivinado?
- Estoy aparcada justo delante de vosotros.
Álex mira hacia su derecha. Allí la ve sentada en el asiento del conductor del Ford Focus negro, saludando alegremente con una mano y con la otra agarrando el móvil que tiene pegado a la oreja.
- ¡Pero cómo...!
Pero lo siguiente que Álex oye son los pitidos al otro lado de la línea. Ha colgado.
Irene se baja del coche y sonriente se acerca a la mesa en la que comen su hermanastro y el señor Mendizábal.
- ¡Hola! ¿Puedo acompañaros? – pregunta, cuando llega hasta ellos.
Agustín Mendizábal no da crédito. Boquiabierto examina de arriba abajo a la recién llegada. Impresionante. ¡Será cosa del vino!
- ¿Qué haces aquí? – interviene molesto Álex.
- Tengo un par de horas libres y mucha hambre. ¿Se come bien en este sitio?
- ¡Estupendamente! – grita el señor Mendizábal, poniéndose de pie torpemente-. Álex, ¿no me presentas a tu amiga?
El joven resopla malhumorado. En fin. No puede hacer nada.
- Se llama Irene. Es mi hermanastra – señala, sin ningún entusiasmo-. Irene, éste es un amigo, Agustín Mendizábal.
- Encantada, Agustín – dice. Y le da dos besos. Tiene las mejillas hirviendo.
- El placer es mío, jovencita.
El hombre se coloca a su lado y retira la silla para que se siente.
- Muchas gracias. Eres muy amable, Agustín. ¿Puedo tutearte?
- ¡Claro! – exclama, satisfecho y henchido de orgullo. Luego regresa a su silla.
Álex se lleva las manos a los ojos, los cierra y se los frota con fuerza ¡Menuda comida le espera!
Irene coge la botella de vino tinto y examina atentamente la etiqueta.
- Parece muy bueno. ¿Puedo servirme una copa?
- Claro que puedes. Es un vino excelente – indica Agustín, que se ha olvidado de la presencia de Álex y sólo tiene ojos para la muchacha.
- Pero no tengo vaso.
- No hay problema. Enseguida lo soluciono – el hombre echa un vistazo a su alrededor hasta que divisa a uno de los camareros-. ¡Perdone! ¡Perdone!
El camarero oye los gritos del señor Mendizábal y, tras dejar un par de platos en una de las mesas de la terraza, acude raudo hasta ellos.
- Dígame, señor.
- Traiga un vaso para la señorita... y otra botella de vino.
Álex resopla no demasiado conforme. Irene, por el contrario, está de acuerdo con el pedido del hombre.
- ¿Desea algo para comer? – pregunta el camarero, que ya ha anotado en su libretita la botella de tinto.
- Sí. Con este vino, lo mejor sería una buena carne. Pero prefiero algo más ligero. Lenguado a la plancha, por favor.
El camarero lo apunta y se aleja veloz. Enseguida aparece de nuevo con la copa para Irene y otra botella de la misma marca.
- ¿Cómo nos has encontrado? –inquiere Álex, que llevaba unos minutos en silencio.
La chica observa como Agustín Mendizábal le llena la copa hasta arriba. Por supuesto, no le va a decir a su hermanastro las técnicas de espionaje e investigación que ha utilizado.
- Supongo que he tenido suerte – concluye, después de meditar unos segundos la respuesta.
- ¡Bendita fortuna! ¡Brindemos por ella!
Agustín e Irene chocan sus copas. Álex agacha la cabeza y se lleva a la boca un trozo de dorada. No le está haciendo ninguna gracia aquella comida. Y para colmo, el que paga es él.
El lenguado no tarda en llegar. La chica se coloca su servilleta en el refajo y empieza a comer.
La reunión transcurre entre continuas risas, piropos y pequeñas anécdotas que el señor Mendizábal, cada vez más embriagado por el vino, cuenta a Irene. Álex escucha en silencio y apenas dice nada. Constantemente consulta su reloj. Está deseoso de que aquello termine.
- ¿Me perdonáis un momento? Voy a lavarme las manos – señala la chica, tras terminar de comer.
Amaga con levantarse, pero antes coloca la servilleta sobre la mesa, junto a su hermanastro, que le dedica una mirada aviesa. La chica sonríe y recupera la servilleta para sacudirse unas migas que han caído en su pantalón. Luego se levanta y a paso ligero se aleja de sus acompañantes. Nadie parece haber notado nada. Como siempre ocurre.
- ¡No tardes en volver! Que tengo que contarte aquella vez en que...
Las últimas palabras del señor Mendizábal son interrumpidas por una inoportuna y escandalosa tos.
De todas maneras, Irene ya no le presta atención. Lleva media hora soportando las aventuras de aquel viejo carcamal, que encima está medio borracho. Pero el numerito ha merecido la pena. No imaginaba que le resultaría tan sencillo hacerse con el móvil de Álex. Esta mañana mientras desayunaba observó como su hermanastro dejaba el teléfono sobre la mesa. Tal vez, durante la comida pasara igual. Sin embargo, cuando lo observaba desde el coche no veía el aparato por ninguna parte. Quizás tendría que esperar otra oportunidad. Pero se le ocurrió algo. Si lo llamaba tal vez lo sacara y ya no lo guardara. Y así fue. Tras el desconcierto por su presencia, el chico ya no lo había vuelto a meter en el pantalón. A partir de ahí, sólo era cuestión de tiempo. Nada mejor que el viejo truco de la servilleta que tantas y tantas veces ha utilizado. Es sorprendente como nadie se da cuenta de la treta. Sólo consiste en colocar disimuladamente la servilleta sobre el objeto que tenga que desaparecer. Luego cogerla otra vez, ya con el objeto debajo, hacer que se limpia bajo la mesa y en éstas, aprovechar para meter el objeto entre la camiseta y el pantalón. Fácil. Demasiado para ella, acostumbrada a gastar bromas a sus amigos de este tipo y de quitarle dinero a su madre cuando la ocasión es propicia.
Tiene suerte, el baño de chicas está vacío. Si no, se hubiera metido en el de chicos. Tampoco ese es un problema para ella.
Rápidamente entra.
Debe darse prisa, antes de que Álex eche en falta su teléfono. Abre el archivo de mensajes. Primero los recibidos. Paula, Paula...
Sólo hay dos. Los lee deprisa. Luego va a los recibidos. Otros dos. También los lee. No parece que haya nada entre ambos. Por lo que se ve, se acaban de conocer pero se nota cierta química. No puede evitar cierto fastidio.
Saca un bolígrafo y un pequeño papel del bolso y anota el número de Paula. En un futuro a lo mejor puede servirle.
Mira su reloj. No ha tardado ni tres minutos.
Sale del cuarto de baño y se dirige a la mesa. Álex y el señor Mendizábal están comentando algo. Agustín, en cuanto la ve, ignora al joven y se incorpora para repetir la galantería de la silla. El efecto del alcohol le hace tambalearse y tiene que sujetarse a la mesa para no acabar en el suelo.
- ¡Cariño! ¡Ya te echábamos de menos! – grita el hombre.
Irene esboza una sonrisilla. No se han dado cuenta de nada. Pero aún tiene que hacer algo más.
Antes de sentarse en su silla, se agacha simulando que recoge algo del suelo. Luego se levanta y mira a su hermanastro.
- Toma despistado. Anda que si no es por mí...
La chica coloca el móvil de Álex en la mesa ante la sorpresa de éste.
¿Cuándo se le ha caído? Si no ha escuchado nada. No entiende como ha terminado en el suelo.
Irene está satisfecha. No espera demasiado para despedirse de su hermanastro y de aquel tipo insoportable. La suerte le ha acompañado. ¿Suerte? No. Ella es realmente buena y siempre consigue lo que quiere. Eso piensa mientras camina hasta el coche moviendo sus caderas de manera insinuante.
Comentarios 7 Ordenar comentarios:
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sonia contreras martinez (martes, 3 de marzo del 2009 a las 04:37)
me encanta esta historia, es genial!!!!
helada (miércoles, 11 de febrero del 2009 a las 08:54)
huyyyy Irene va a por todas . que hara con el numero de Paula se atrevera a llamarla?
creo que tendremos que esperar.
besos para todos-as
especialmente para ti Blue
HELADA
Ani Miranda Figueroa (viernes, 6 de febrero del 2009 a las 18:02)
wow! que estrategias mas increibles usa esa Irene jeje
veremos que le traera el destino ...a todos porque huy
que hay unos enredos ...
en fin como siempre un buen capitulo
gracias!
Sarune Confianza (viernes, 6 de febrero del 2009 a las 04:07)
Me encanta la forma de ser de Irene jeje ella si que lucha por lo que quiere y lo mas sorprendente es que siemrpe lo consigue jeje
Ahora a esperar el capitulo siguiente
Besitos
Yolanda del sol Confianza (viernes, 6 de febrero del 2009 a las 03:46)
jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj como me gusta esta chica jjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj
que tengas un buen fin de semana y gracias por dejarme leer tu historia, cuando la edites tendre un ejemplar rapidamente...
besitos
*RoSe* Lusitanya Confianza (viernes, 6 de febrero del 2009 a las 02:00)
jajaja Es un poco mafiosa esta xika...xDD Xo parece q todo q se propone le sale bien!
Mary (viernes, 6 de febrero del 2009 a las 01:44)
Esta Irene k no pierde ni una oportunidad.....llamará a Paula????? ya spero ansiosa otro capitulo!!
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