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hombre - 25 años, Guadalajara, Mexico


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  • La invención Terrena

    “Entro sin saber cómo en mi ciudad,
    a veces otras noches salgo a calles o
    casas y sé que no es mi ciudad, mi
    ciudad la conozco por una expectativa
    agazapada, algo que no es el miedo
    todavía pero tiene su forma”.
    Julio Cortázar
    (Modelo para armar).

    Una ciudad no se camina: se inventa. Es el imaginario lugar de la libertad donde caben todas los asombros, todas las desmesuras, disparates y pesadillas. Como territorio verdadero de la historia, la ciudad no es nunca un todo, es la suma de las minúsculas totalidades con referencias distintas y rostro múltiple. Territorio de autonomía aventurera y sometimiento, de construcción de identidades y despliegue de la intimidad, la ciudad traza un mapa de referencias. Fragmentos a un imán invisible. Ninguno habitamos exactamente el mismo lugar aunque vivamos juntos...

    Antes que cualquier otra cosa, hablar de ciudad significa referirse a la posibilidad de comunicación. La ciudad como espacio público es un texto en incesante mutación. La polis es siempre una invención inacabada. Se guarda y destruye, se rescata y reinventa como “lugar de la memoria colectiva” y espacio para la expresión de la corporalidad. Una ciudad remite a pertenencia, a conversación con otros, a coexistencia de diversidades, es metáfora polisémica con la que cada quien relata su urgente de vida.

    En la volátil acumulación de tiempos del siglo XXI, el desafío de pensar la ciudad es el develamiento de preguntas: palparla en los pliegues del desarraigo, en la neurosis de la inseguridad, presentirla en la multitudinaria, caótica soledad, encontrarla en la geografía gozosa y conflictiva que reniega de claves inmutables. La ciudad es, como ha dicho Lyotard, “agitación del pensamiento que busca su hábitat”.

    Todo en las ciudades es edificación sobre ruinas. Las imágenes guardan sólo aquello que no existe más, alteraciones del tiempo y doloroso registro de la devastación. La ciudad rememora, simboliza y opera los valores del nosotros. Nos duele como la canción que recuerda nuestro frágil dominio. En esa percepción se superponen la ciudad simbólica, la vivencia sensual de sus representaciones con la ciudad real, enferma y monstruosamente bella y nuestra. Sin embargo, o acaso por eso mismo, nunca podremos verla de frente. La ciudad nos habita: no tiene adentro ni afuera. En sus interacciones y conflictos, en su ruidoso espesor, descubrimos que sus límites no existen. Viajan contigo.

    Eduardo Quijano.
    Académico del Dpto. de Estudios
    Socioculturales. ITESO.

  • El diario de Adán y Eva...

    “donde quiera que ella estaba era el paraíso”.

    Lunes. Esa nueva criatura de pelo largo me sale al paso a cada rato. Siempre anda rondándome y persiguiéndome. Esto no me gusta; no estoy acostumbrado a la compañía. Me gustaría que se quedara con los otros animales (...). Nublado hoy, ventoso en el este; creo que se nos viene la lluvia...¿Nos? ¿De dónde saqué esa palabra? Ahora me acuerdo: la nueva criatura la usa.

    Martes. Estuve observando la gran cascada de agua. Es la cosa más agradable del Estado, me parece. La nueva criatura la llama cataratas del Niágara, no sé por qué. Dice que parece las cataratas del Niágara. Eso no es una razón, es simplemente un capricho.

    Miércoles. Me hice un refugio contra la lluvia pero no pude disfrutarlo en paz. La nueva criatura se metió. Cuando traté de sacarla empezó a derramar agua por los agujeros con que mira y a secarse con el revés de su manota, y hacía el mismo ruido que hacen otros animales cuando están doloridos. Quisiera que no hablara. Está siempre hablando. En la pobre criatura hablar suena como un vulgar murmullo, un parloteo; pero no lo digo en serio. Nunca escuché antes la voz humana y todo sonido nuevo y extraño que se introduce en la solemne quietud de estas ensoñadas soledades ofende mi oído y me suena como una nota falsa. Y este nuevo sonido tan apegado a mí: está justo en mi hombro, justo en mi oreja, primero de un lado y después del otro, y yo sólo estoy acostumbrado a sonidos más o menos distantes.

    Viernes. El poner nombre a las cosas continúa temerariamente, a pesar de lo que yo pueda hacer. Yo tenía un nombre muy bueno para el Estado, y era musical y bonito: Jardín del Edén. (...) La nueva criatura dice que está lleno de bosques, rocas, paisajes, y que no se parece a un jardín...
    Mi vida no es tan feliz como solía ser,

    Fragmento tomado del Libro “Los días y los libros” del autor Daniel Goldin. Editorial Croma Piados. Pags. 59-60. Que el autor tomado del escritor Mark Twain, “Diario de Adán y Eva”.