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hombre - 28 años, Ciudad de la Furia, Chile
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HOMBRE QUE MIRA EL TECHO (M. BENEDETTI)
Siempre hay una jornada fuera de serie
en que uno logra sentirse sereno
pero está lejos de ser una canonjía
ya que la serenidad no es el mejor
de los estados posibles e imposibles
hoy por ejemplo tomo distancia
con respecto a las cosas y a mi mismo
y no por eso echo al olvido
qué joda era qué bueno era
estar adentro del entrevero
después de todo la famosa
serenidad es una isla
autorizada comonó
y legal
aunque rodeada inexorablemente
por emociones clandestinas
todavía me siento un poco incómodo
en mis primicias de sereno
como quien entra en un traje nuevo
que tiene bajas las hombreras
pero el cuerpo y el alma son
animalitos de costumbres
mañana la incomodida
será menor y en pocos días
me habré habituado a estar sereno
eso me llena a veces de alegría
es claro que se trata de una alegría serena
y en consecuencia uno no sale a dar abrazos
ni pega gritos ni le canta al cielo
a lo sumo archiva caricias y otros prólogos
por estricto orden cronológico
también llega a invadirme el desconsuelo
pero se trata de un sereno desconsuelo
y por lo tanto nadie solloza
ni dice mierda
ni putea
sencillamente como un modesto mago
de rojo circo de domingo
o de feria
tomo los naipes del amor
los bajajo con parsimonia
y en las narices del viejo público
que es como hacerlo en mis narices
mágicamente los transformo
en nuevos naipes de amistad
lo único extraño viene a la noche
pues se presume que un sereno
ha de dormir serenamente
pero yo paso horas y horas
mirando el techo
o sea que
no sé hasta cuando estaré sereno
porque la calma ya no da abasto
hay que confiar y yo confio
que no hay mal que dure
cien años -
Por esta Plaza camina Zuchel
Sebastian Acevedo*
He cruzado la plaza ya en penunbras, cuando el agua de la fuente, ya no cae sino duerme
y su vista me trae mil recuerdos;
Un palpitar de corazones que sale de las aulas; el brazo que ciñe la cintura con la vista en
lontananza y la lucha callejera en ella desatada por desvelos mal pagados o preguntando por aquel,
que salio sin retornoo el que volvio a la tierra sin saber por qué.
Plaza del mundo, espejo de la vida pueblerina, cómo olvidar a ese niño descalzo, que ironía,
cuando lustra con brillo la bota que lo oprime.
Y cómo olvidar ese 13 de Noviembre de 1983, cuando sebastián gritó un adiós trágico y fecundo,
enllagado el cuerpo el cuerpo entero. Inmolado, yerto en tus baldosas frías e inertes con Enrique**
a su lado, reconfortando su final, acercándolo a Dios, una vez más.
Plaza del mundo, a tí te canto, descanso del caminante, confidente del amor compartido
y además testigo eterno de la Historia que triste y amarga corre en tus baldosas,
ensangrentadas y ennegrecidas ahora.
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*Sebastián Acevedo Becerra, trabajador de la zona del carbón que se INMOLO, frente a la catedral de Concepción por no saber de sus hijos detenidos por la CNI, aparato represivo de la Dictadura militar y pedir su disolución.
**Enrique, el Padre Enrique Moreno Laval que asistió a don Sebastián en la plaza de Concepción antes de ser llevado al Hospital Regional donde falleció mientras este médico-escritor le mojaba los labios con un algodón
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