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  • Bienes Basicos de Jhon mitchell Finix

    creditos: el presente es un fragmento tomado del PLAN ANUAL DE FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN
    DE LA RAMA JUDICIAL FILOSOFÍA DEL DERECHO SEGUNDA EDICIÓN AUMENTADA
    Pablo Raúl Bonorino
    Jairo Iván Peña Ayazo

    pagina:
    Remitir al curso de la escuela Lara Bonilla con un click

    Bienes Basicos

    (1) La vida, con la que se alude a cualquier aspecto de la vitalidad que
    resulte necesaria para que el ser humano pueda determinar los aspectos claves de
    su existencia de forma óptima.
    (2) El conocimiento, entendido como el conocimiento que se persigue por el
    puro deseo de saber y no para conseguir algún otro objetivo por su intermedio.
    (3) El juego, entendido como aquellas acciones en las que los hombres
    participamos y que no tienen ninguna finalidad, excepto la de disfrutar con ellas
    mismas.
    (4) La experiencia estética, este bien se refiere al goce de la belleza en
    cualquiera de sus modalidades y con independencia de que fuera generada por el
    hombre (como en el caso del arte) o por la naturaleza (como en el caso de los
    paisajes).
    (5) La sociabilidad o amistad, se trata de un bien a través del cual se
    consigue la paz y la armonía entre los hombres, y que consiste en la realización de
    actuaciones a favor de los propósitos de otra persona por el simple bienestar de esa
    persona.
    (6) La razonabilidad práctica, se trata de un valor complejo que aglutina a la
    libertad, el razonamiento, la integridad y la autenticidad. Es el bien básico que
    permite enfrentar con inteligencia las decisiones respecto de las acciones, el estilo
    de vida y la formación del carácter.
    (7) La religión, se trata de un bien cuyo contenido, según Finnis, deberá ser
    determinado por cada persona, pues constituye la respuesta al interrogante sobre el
    origen universal de las cosas (sea esta teológica, atea o agnóstica)

    A pesar de la importancia que tiene en la teoría de Finnis, la diferencia entre
    lo moralmente correcto e incorrecto no puede ser establecida en el nivel de los
    bienes básicos. Para ello se deben derivar una serie de principios intermedios que
    Finnis denomina las "exigencias básicas de la razonabilidad práctica".
    Razonabilidad práctica
    Como existen diferentes bienes básicos, sin jerarquía ni prioridad entre ellos,
    surge la necesidad de contar con una serie de principios que permitan fundar una
    elección cuando surgen vías de acción alternativas que conducen a la satisfacción
    de distintos bienes básicos. ¿Qué escoger como actividad para una tarde de
    verano? ¿Un partido de futbol (satisfaciendo el bien básico del juego) o estudiar
    filosofía del derecho (obteniendo con ello el bien del conocimiento)? O en un
    contexto más profundo, ¿Se debe matar a una persona (vulnerando el bien de la
    vida) si ese es el único medio para salvar muchas otras vidas (o la salud de grandes
    sectores de la población)? Ninguno de estos interrogantes tiene respuesta en el
    nivel de los bienes básicos. En este plano sólo podemos distinguir entre las
    conductas morales inteligibles de las no inteligibles. Por ejemplo, podemos
    comprender que una persona sea codiciosa (aun desaprobando su actitud) pues lo
    que hace es tratar de conseguir los mismos bienes básicos que nosotros.
    Cuestionamos su actitud porque consideramos que esta actuando de forma
    desproporcionada, y en consecuencia, de forma incorrecta. La moral es la que debe
    darnos fundamento para rechazar ciertas elecciones que se encuentran disponibles,
    aun cuando deje abiertos más de un curso de acción legítimos.
    En la teoría de Finnis existe una relación entre el nivel de los bienes básicos
    y el nivel de las decisiones morales, que se establece en torno a lo que denomina
    "exigencias básicas de la razonabilidad práctica". La concepción de la
    "razonabilidad práctica" que defiende en el capítulo 5 de su obra constituye el
    aspecto más interesante (y polémico) del pensamiento de Finnis. La razonabilidad
    práctica constituye un bien básico (es valiosa en sí misma) y también es el proceso
    de razonamiento que distingue el pensamiento correcto del incorrecto (medio para
    tomar decisiones morales). Si este proceso es llevado a sus últimas consecuencias,
    permite determinar los criterios para diferenciar entre actos que son razonables
    considerando todas las cosas (no un propósito en particular) y actos que no son
    razonables, teniendo en cuenta también todos los factores relevantes. El concepto
    de razonabilidad práctica es usado en dos sentidos: como un fin en sí mismo, en
    cuanto que es un bien básico, y como un medio para lograr ciertos fines, en este
    caso, tomar decisiones prácticas, especialmente las relacionadas con la satisfacción
    de bienes básicos.
    El conjunto de las "exigencias básicas de la razonabilidad práctica" está
    compuesto por las siguientes nueve pautas de carácter metodológico:
    (1) Toda persona debe tener una serie armoniosa de propósitos y
    orientaciones en su vida. Estos propósitos o compromisos (que deben ser
    realizables y no meras quimeras), constituyen un “plan de vida racional".
    (2) No se deben tener preferencias arbitrarias entre los distintos bienes
    básicos. Al intentar cumplir con ese plan racional de vida, se debe conceder la
    misma validez a todos los bienes básicos, sin sobrevalorar exageradamente ni
    despreciar la consecución de ninguno de ellos. Esto no significa que se los deba
    perseguir a todos por igual. Aun cuando seamos conscientes de que estamos
    persiguiendo un bien más que los otros, eso no debe significar que no los
    consideremos valiosos y que, en consecuencia, nos despreocupemos totalmente de
    procurar su satisfacción. Un plan de vida racional debe buscar satisfacción para
    todos los bienes básicos. La diferencia entre los distintos planes de vidas que
    resulta razonable escoger radica en la importancia relativa que en ellos se otorga a
    cada uno de esos bienes.
    (3) No se deben realizar preferencias arbitrarias entre personas en lo que
    atañe a la posibilidad de conseguir los bienes básicos. Para actuar razonablemente
    se debe seguir el principio, subyacente en la formulación de esta exigencia, "haz a
    los demás lo que quisieras que ellos hicieran contigo".
    (4) Se debe mantener una distancia crítica respecto de todos aquellos
    proyectos específicos y limitados que se persiguen en la vida, para poder estar
    abierto a la consecución de todos los bienes básicos en las cambiantes condiciones
    que se dan a lo largo de la existencia humana.
    (5) Se debe ser fiel a los compromisos personales generales que determinan
    el plan de vida racional que se ha elegido. Se debe mantener un equilibrio entre el
    fanatismo ciego y el abandono a la ligera de los propósitos asumidos. La fidelidad
    a los propios objetivos debe equilibrarse con la posibilidad de realizar un cambio
    razonable en ellos.
    (6) Se deben realizar las acciones que son eficientes para cumplir con los
    objetivos asumidos. No se deben perder las oportunidades que se tienen por el
    hecho de utilizar métodos ineficaces.
    (7) Cuando se ejecuta un acto se debe respetar cualquier bien básico que
    pudiera ser puesto en peligro al hacerlo. No se deben cometer actos que por sí
    mismos causan daño. No se puede justificar la producción de un daño apelando a
    los resultados beneficiosos que podría traer aparejada la acción que directamente
    lo provoca, ni siquiera cuando el beneficio a obtener fuera más importante que el
    daño que se generaría. En otras palabras, el contenido de este principio puede
    sintetizarse en la máxima "el fin nunca justifica los medios, cuando los medios
    seleccionados implican dañar un bien básico".
    (8) Se debe favorecer y alentar el bien de la propia comunidad.
    (9) Se debe actuar siempre de acuerdo con la conciencia. Si tras meditar una
    cuestión uno piensa (cree o siente) que no debería hacer algo, entonces no debe
    hacerlo.
    Estas nueve exigencias de la razonabilidad práctica constituyen un
    mecanismo para guiar la conducta de los hombres y para indicarles los criterios a
    tener en cuenta a la hora de tomar decisiones prácticas. Las nueve pautas que
    hemos presentado forman el contenido del derecho natural, y también constituyen
    lo que se entiende por moral. En consecuencia, cada una de estas exigencias
    constituye una forma de obligación moral, pues determinan lo que se debe (o no se
    debe) hacer. La función que cumple el derecho natural es dotar de principios de
    razonabilidad capaces de guiar el proceso de toma de decisiones en cuestiones
    morales