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hombre - 42 años
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No hemos sido nosotros.
El calentamiento global, el tema del año, la preocupación de millones, el nuevo Apocalipsis de la raza humana es una falacia, un mito, una gran mentira que se ha ido gestando alimentado por intereses político–económicos y que ha cobrado tanta fuerza que quienes se oponen a este nuevo dogma son victima de toda clase de acusaciones, y sus trabajos y publicaciones no reciben el apoyo de los medios y menos aun el financiamiento de los gobiernos.
Algunos hechos:
1) En los invernaderos, la temperatura cercana al techo es más elevada que la temperatura cercana al suelo debido a que la función del invernadero es atrapar el calor. Si el calentamiento global fuera producto de los gases de invernadero, la parte superior de la atmósfera presentaría rangos de temperatura superiores a los de la parte inferior. Pero tanto mediante mediciones satelitales como mediante muestreos hechos por globos meteorológicos se ha demostrado que no es así.
2) El grafico que correlaciona los niveles de CO2 con las temperaturas en el pasado, aquel que fue explicado por Al Gore en su documental “Una verdad incómoda” es correcto, pero los datos que muestra han sido mal interpretados. La curva de los niveles de CO2 está algo desfasada hacia delante de la curva de las temperaturas, lo cual indica que la relación causa-efecto es opuesta a lo que se afirma. Es decir es el aumento de temperatura lo que produce a largo plazo un aumento de CO2 en la atmósfera y no al revés.
3) Los seres humanos contribuyen en un porcentaje muy bajo a la concentración de CO2 en la atmósfera:
Humanos: 6.5 millones de toneladas anuales
Animales y bacterias: 150 millones de toneladas anuales
Pero el CO2 total presente en la atmósfera es una ínfima parte del CO2 presente en los océanos: El carbono contenido en la atmósfera se estima en 730 PgC mientras que el CO2 disuelto en los océanos es del orden de 38.000 PgC (1 PgC = 1 Peta-gramo de carbono = 1000 millones de toneladas). Así el océano al calentarse es el principal emisor de CO2 a la atmósfera, esto explica cómo el alza de temperatura es la causa del aumento del CO2.
4) Se ha descubierto una estrecha relación entre el aumento de la actividad magnética del sol -responsable de las manchas solares- y el aumento de la temperatura en la atmósfera. La relación causa–efecto es, sin embargo indirecta.
Lo que sucede es que la evaporación del agua de los océanos no solo sucede por efecto del calor solar, sino en una mayor medida debido a cierto tipo de radiación cósmica de las supernovas. Las verdaderas tormentas magnéticas en la superficie de esa enorme masa incandescente que llamamos sol hacen un barrido que aleja las radiaciones cósmicas, lo cual evita la formación de nubes y por consiguiente tenemos una temporada más cálida.
Para mayor información, los invito a ver el documental: The.Great.Global.Warming.Swindle (disponible en http://www.mininova.org/)
Si necesitas subtítulos te los puedo enviar. -
Elasticidades que tiene el Tiempo
(Cuento inspirado en el paradigma Argüellano de las 13 lunas)
Un fulano común y corriente de pronto se preguntó:
¿Y si el tiempo tuviera topografía? – Y comenzó a observar las horas, y los días y recordó que los días eran más largos y las noches más cortas en verano y al revés en invierno y nuevamente se preguntó:
- ¿Porqué ha de ser así, por qué más horas en verano?… ¿y si el tiempo fuera elástico? ¿Y si los segundos estiraran en verano y encogieran en invierno?
Sus ideas fueron tomando forma y cobraron vida apoderándose de las mentes de amigos y conocidos.
Escribió el libro y fue más que “best seller”, fué llamado “La Biblia 2.0”.
De inmediato formó una comunidad de personas que comenzaron a vivir experimentalmente con relojes adaptados a la elasticidad temporal.
No pasó mucho tiempo para que la cosa se extendiera globalmente.
Sucedió que caminar una hora en verano era tan agradable como caminar la misma hora en invierno y besar un minuto en el día no era como besar el mismo minuto por la noche a no ser que fuera equinoccio o solsticio, ocasiones donde la gente espontáneamente celebraba fiestas que duraban toda la noche y todo el día.
Hubo algunos problemas –hay que reconocer- no era posible comparar las horas trabajadas en verano que en invierno, ni las del día con las de la noche. De hecho, no era posible contabilizar el tiempo de trabajo de manera justa. Así que resolvieron no hacerlo y comenzaron a remunerar por tarea cumplida en vez de por tiempo de trabajo. Por primera vez en la historia la gente recibió una paga justa.
Y vivieron libres, sin horarios.
Pero las cosas comenzaron a ponerse turbias cuando otro sujeto descubrió que cada día del año tenía un sabor, un olor un sonido, una textura y un color diferente. Y que esas propiedades organolépticas del día ese entrelazaban con las de cada persona de acuerdo con la intersección de su topografía espacio-temporal (día y lugar de nacimiento). Lo mismo ocurría con las horas, los minutos los segundos en una infinita organización fractal.
La gente que era libre se vio atrapada en un sin fin de consideraciones predictivas. Antes de tomar cualquier decisión para ese día para esa hora para esa persona, con esta ropa de este color o de aquel, con este u aqueste aroma, durante este minuto o en este otro, debía sacar la cuenta si era prudente hacerlo.
Pulularon los “cronoalmanaques” y los asesores del tiempo, los “mapas ruteros de las horas” y era tanta la información y la necesidad de hacer todo perfecto de acuerdo al preciso minuto que todos prefirieron hacer nada. El mismísimo tiempo colapsó entonces sobre si mismo, porque es sabido que nuestra percepción del mismo lo afecta.
Y en ese instante todos los relojes quedaron marcando la misma hora. -
El tiempo y yo (3ra parte)
"Un artículo publicado en la edición de agosto de la revista Foundations of Physics Letters cambiará seguramente la forma en que pensamos sobre la naturaleza del tiempo y su relación con el movimiento, así como las mecánicas clásica y cuántica. Al hacerlo, su autor ha sido comparado con Albert Einstein.
En el artículo El Tiempo y las Mecánicas Clásica y Cuántica: Indeterminación vs. Discontinuidad un joven de 27 años de Wellington, Nueva Zelanda, Peter Lynds, que hasta ahora ha asistido a la universidad sólo durante seis meses, establece que es necesario revisar todos los valores establecidos por la física en relación con el tiempo, lo que supone terminar con ancestrales presunciones sobre el tiempo y las magnitudes físicas, incluyendo la relativa posición de los cuerpos en el espacio.
Lynds propone lo siguiente: Imagine una taza atraida a cualquier velocidad, grande o pequeña, contra su escritorio. Luego pregúntese si tiene o no una posición relativa determinada con respecto al escritorio en cualquier momento mientras se encuentra en movimiento. Y luego pregúntese, ¿existe algún momento en el cual la taza no esté en movimiento y en que su posición relativa al escritorio no esté cambiando constantemente?.
De acuerdo tanto con la física antigua como con la actual, la taza tiene una posición determinada relativa al escritorio. De hecho, la física del movimiento desde Zenón y Newton hasta hoy, toma esta presunción como establecida.
No hay instante real de quietud
Pero no es así, según Lynds. Debería ser obvio que no importa cuán pequeño sea el intervalo, o cuán lentamente se mueva la taza durante ese intervalo, ya que la taza siempre está en movimiento y su posición está cambiando constantemente, así que no puede tener una posición relativa determinada. De hecho, si la tuviera, no podría estar en movimiento.
Lynds dice que lo mismo puede decirse sobre la posición relativa de cualquier cuerpo en un instante en el tiempo. Si hubiera un instante en el tiempo subyacente al movimiento de la taza, aunque la taza tuviera una posición relativa determinada en ese instante, tal como es la naturaleza de esa noción etérea, también estaría congeladamente estática en ese instante, y por lo tanto no podría estar en movimiento.
La respuesta, por supuesto, es que no existe un instante preciso en el tiempo que subyazca al movimiento de un objeto, ya que su posición está constantemente moviéndose a medida que pasa el tiempo, por lo que no tiene nunca una posición determinada en un momento concreto.
Según Lynds, no existe por tanto una cuerpo que esté durante un instante completamente quieto en la naturaleza, por lo que ese instante de quietud es algo enteramente subjetivo que proyectamos al mundo que nos rodea. En otras palabras, es un producto de la función cerebral y de la conciencia. "
FUENTE:
http://www.tendencias21.net/index.php?action=a... -
El tiempo y yo 2da parte
Tan pronto el Yo es creado en nuestra mente, junto con él aparecen las nociones de “lo mío” : mis ideas, mi cuerpo, mis cosas, mis recuerdos, etc. Lo mío es un preconcepto que involucra otros seres ya que para que algo sea mío debe ser ajeno al resto. Lo mío es una etiqueta que aplicamos a las cosas que queremos asociar con esta primitiva idea de yo, para consolidarla: Yo soy porque tengo (un cuerpo por ejemplo) Yo tengo porque soy.
Cuando la mente se concibe a si misma, su estado de conciencia, no se duplica sino que permanece uno porque una cosa es la mente en sí misma y otra es la concepción que ella tiene de sí misma, la cual puede variar(y de hecho lo hace habitualmente dependiendo de múltiples factores tanto externos como internos). Pero tan pronto la mente es capaz de auto concebirse como ontológicamente vacía, y toma conciencia de su logro, deja de estar vacía y el Yo aparece en gloria y majestad diciendo”Yo fui capaz de comprender mi propia vacuidad”. Por lo tanto cualquier intento por erradicar la noción del Yo debe afrontarse de manera indirecta. (Este razonamiento es en este sentido una completa perdida de tiempo ya que no va a lograr erradicar el yo, pero al menos intenta explicar el fenómeno). Para lograr la eliminación al menos parcial del yo existen ciertas técnicas de meditación.
Como experiencia personal puedo contar que en artes marciales existen ciertos ejercicios que resultan exitosos solo cuando el yo está ausente. Como referente podríamos evocar la película “El Ultimo Samurai”. Cuando el protagonista está entrenando iaido con los samurai en la villa y es derrotado una y otra vez. Su compañero le dice “tu mente está en la espada, tu mente está en tu rival, tu mente está en la gente que nos rodea. Mucha mente. ….. ¡no mente!”. Este ejemplo ilustra bastante bien lo que intento explicar. Cuando somos capaces de librarnos de la noción del Yo, todo funciona maravillosamente. De inmediato desaparecen todas las ataduras que nos mantienen apegados a la cadena sin fin de goce y sufrimiento que es la vida. Y podemos por fin dejar de correr detrás de sombras y ver las cosas tal cual son. Y en esta claridad (que por cierto puede ser bastante efímera dependiendo de nuestra disciplina mental) podemos movernos ágilmente, tomar decisiones muy difíciles, realizar proezas que nos parecerían imposibles.
Aquí y ahora, en ese momento presente que solo se da cuando la mente deja de construir su carcelero, el tiempo se comporta de manera exótica. Los momentos parecen transcurrir mas pausadamente, permitiéndonos percibir detalles que de ordinario pasan desapercibidos. La memoria es capaz de retener mucho más de lo habitual y se obtiene una sensación de plenitud y goce generalizado.
Y es lógico ya que al verse libre del Yo, la mente deja de construir toda clase de planteamientos hipotéticos acerca del futuro o deja de evocar cuanto recuerdo permanece dormido en lo profundo de nuestra memoria y se centra en su función natural que es percibir el instante presente. -
El tiempo y Yo parte 1
Según viejas enseñanzas budistas, el Yo es una ilusión creada por nuestra mente. ¿Donde está el yo? ¿Es nuestro cuerpo?¿En nuestro cerebro?¿en qué parte de el? ¿En nuestra mente?¿Es que nunca cambiamos nuestros pensamientos?
Este tema no deja de ser trascendente debido a que el egoísmo, y el egocentrismo es el origen de la mayoría de los males de la humanidad.
Considerando solo el hambre que hay en algunos países, y la inmensa cantidad de alimento que se desperdicia en otros, veremos cómo el exceso de YO en nuestras mentes puede ser un problema. Entonces no es una perdida de tiempo detenernos a preguntarnos de donde sale, cómo funciona.
Parece que nuestro yo es algo que va siendo creado instante tras instante cada vez que pensamos en nosotros mismos.
Si consideramos la mente como un órgano sensorial -o como la extensión de los mismos- veremos como nuestros pensamientos se proyectan en ella y dependiendo de su velocidad, nuestra percepción del paso del tiempo varía proporcionalmente.
¿Pero qué es el tiempo?¿Una sucesión de instantes? Una sucesión de instantes de duración cero, no da ni para cubrir siquiera un segundo. Y si el tiempo es otra construcción mental. Percibimos el tiempo porque tenemos memoria.
La memoria no solo es la capacidad de recordar, también es la capacidad de olvidar. Porque nunca recordamos todo exactamente igual, de lo contrario viviríamos un eterno presente entremezclado con fragmentos de pasado. La capacidad de olvidar detalles nos permite distinguir presente de pasado, percepción actual de recuerdo de percepción.
Tal vez esta capacidad de olvidar sea la responsable de nuestra percepción del tiempo, así como la propiedad óptica de ver las cosas más pequeñas en la lejanía nos ayuda a ponderar distancias . Nuestra mente por lo demás cuenta con la capacidad de relacionar eventos de duración conocida para medir el tiempo. Decimos que algo pasó ayer o la semana pasada refiriéndonos a días o a ese conjunto de siete días que llamamos semana, pero estas medidas de tiempo son simples comparaciones con las duraciones de determinados fenómenos naturales como la rotación de la tierra. O el movimiento de las manecillas de un reloj.
El asunto es que una cosa es lo que percibimos en el efímero momento presente y otra muy distinta es lo que recordamos haber percibido instantes antes. Porque cuando lo recordamos es cuando aparece la idea del Yo-Pecibo a través del Yo-Recuerdo.
Ahí aparece el yo.
En términos prácticos, el yo es una construcción mental, por lo que carece de realidad objetiva. (No es que nuestro cuerpo o nuestra mente, no existan, solo que detrás de estos fenómenos no hay un ser, un ente individual, sino una colección de yoes que se van creando y destruyendo instante tras instante según transcurren nuestras percepciones y pensamientos).