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plumaymano

hombre - 37 años, Lugo, España


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Muchas veces un tono de voz, un gesto, un tipo de mirada especial pueden decir mucho más que las palabras mejor escogidas.Porque en cuestión de sentimientos el vocabulario se queda corto, los conjuntos de sílabas que en otras situaciones nos son útiles las encontramos vacías, pequeñas si las comparamos con lo que deseamos expresar, es por eso que en esas ocasiones son pequeños detalles en nuestro comportamiento los que revelan lo que realmente deseamos expresar, aunque también hay veces en que traicioneramente lo hacen a pesar de nuestro empeño por ocultarlo,Asusta como alguien puede llegar a conocerte, a intuir como eres simplemente prestando atención a tus palabras, observando tus gestos y escuchando tus historias, pensamientos y anhelos. Puede que mi mirada subjetiva no acepte partes del retrato, que encuentre detalles que no encajan o que no se corresponden con la realidad, pero dando unos pasos hacia atrás y mirando desde una perspectiva un poco más alejada me estremezco al ver la fidelidad del conjunto con la realidad


  • balada para una arlequin

    Ella mantenía la mirada perdida en algún lugar entre el microcosmos del puerto de vigo y la lejana tierra de los sueños perdidos. Empeñada en no mover un sólo músculo, respirando, Dios sabe cómo, alimentándose del aire y de las miradas de los demás como nutriente, con el rictus invariable de las estatuas de sal. Su presencia imponía el tipo de respeto reverencial que suele producir la sola contemplación de algo turbador. Ella lo sabia y lo explotaba como una parte más del espectáculo que ofrecía.
    Tenía la mano derecha extendida en acción de pedir, pero si uno se fijaba en la dulce tristeza de sus facciones, llegaba a comprender que su pedido no era de dineros, sino de algo menos tangible. Y es que le ponía tanto empeño en parecer lo que no era, que los transeúntes que a tan temprana hora transitaban por las Ramblas, se paraban para admirar su perfección. Pequeña de estatura, contenida, engalanada con un traje de Arlequín, pintado de color plata el rostro, con un gorrito negro sobre la malla que cubría su cabeza, parecía estar hecha de cristal. Quizá la gente que por allí paseaba estuviera acostumbrada a ver las estatuas vivas, pero aquella parecía poseer en el silencio y la inmovilidad más absoluta, sus mejores aliados.

    Él, no podía estarse quieto sin morir en el empeño. Venía de un largo viaje a lo más profundo de la desesperación humana; su turbia mirada de cuatrero en celo fluctuaba desde el caladero gran Sol hasta la estoicidad de aquella estatua, sin solución de continuidad. Sus ropas, hechas harapos, eran la confirmación más evidente de su fracaso en la vida, cosa que le contradecía su placida sonrisa de educado facineroso. En sus pasos no se advertía más soberbia que la de querer vivir el momento sin importar otra cosa. En su mirada, un deje de melancolía perlaba los párpados y los hacía impermeables al escrutinio.

    Como otros transeúntes, se quedó prendado al verla. Sabía lo de las estatuas pero nunca les dio demasiada importancia, siempre que paseaba por allí les echaba un vistazo, como quien esta acostumbrado a ver algo cotidiano, y seguía a sus cosas. Esta vez iba de camino a la tienda de ultramarinos,sitada en La Piedra,para hacer algunas compras, pero se quedó observándola largo rato. En todo ese tiempo la estatua no había movido ni un músculo, ni siquiera pestañeaba. En un momento que se quedaron solos, movió la mano junto a sus ojos. La estatua siguió impertérrita y él, un poco mosca, alargó el brazo y con la mano le tocó el hombro. Sin duda debajo del vestido latía la tibia carne, pero aún seguía sin dar señales de vida. Puso una moneda de euro en el canastito que tenía bajo la tarima y se marchó calle abajo. Al rato volvió sobre sus pasos; ella seguía igual que cuando la dejó, su mirada no se había movido ni un ápice. Entonces se puso a hacerle cosquillas bajo su brazo extendido.
    -¡Pero qué haces imbécil! ¡quieres hacer el favor de dejarme en paz!.
    -Anda, ¡si está viva! Albricias.
    -Oye majo, que yo me gano la vida de esa manera, así que nada de bromas, ¿vale?
    -Bueno, no te pongas así mujer. Pensaba que te habías convertido en una estatua de verdad, y me alegro que no sea así.
    -Menos rollo, ¿Por qué no te abres de una vez y me dejas trabajar?

    Así fue cómo se conocieron. Cada día, se acercaba para verla un rato, le dejaba una moneda de euro y se iba por donde había venido. Hasta que en una ocasión ella le habló, iniciando entonces una fluida relación de amistad. Él se fue enterando de su azarosa vida y de que no todo era oro y plata lo que relucía en aquella apariencia de Arlequín, sino que detrás de su triste figura se escondía una frágil personalidad.

    Ella supo al primer golpe de vista, que aquel tipo tenía sobre sus espaldas más guerras por ganar, más perdidas y más historias que contar, que pelos en el bigote. Pero le cayó simpático. Tanto así, que al final dejó que su sonrisa de piratilla de agua dulce y su picajosa barba de dos semanas, le dieran los buenos días y le susurraran las malas noches.
    Acabaron compartiendo negocio y catre. Ella, de estatua de sal. Él, tocando la guitarra con acordes salidos de lo profundo de las entrañas.

  • con dedicatoria

    365 veces al año a corazón abierto
    me despierto, extraño, con la sensación
    de conocerte con solo volver a verte,
    y no poder sacarte de la habitación.

    Con el residuo que nos trae cada noche
    el averno que calzamos con cordones de acero,
    ya no podemos sernos sinceros, ni vernos
    sin volvernos asiduos del bar "El reproche".
    Para sacarles el cemento que nos moja,
    colguemos los argumentos a secar al viento,
    que no deja destensar esta cuerda floja.

    Ya se caminar apoyando nuestra pata coja,
    y solo tengo letras para no mirar atras,
    para sacar la errata que arruga esta hoja.

    Esto está escrito al dorso
    de una entrada para Sabina
    sin más Joaquín que un sinfín
    de idas y avenidas de cabeza.

    En estas horas de flaqueza
    se descolorea gris el horizonte,
    linea recta nunca erecta
    que destroza mi cabeza...
    ... antes de que yo la desmonte.

    Sin tonalidades no tengo edades
    en las que volver a nacer,
    con solo distinguir si hacer...
    ... o deshacer más verdades.

  • espera

    En una esquina a las cinco de la tarde
    esperaba con el sol de las corridas a su prometida.
    Se retrasaba y fumaba y fumaba hasta que la ceniza
    le llegaba hasta las rodillas.
    Prosiguió la espera y no se llenó de gloria
    sino que se enterró de colillas, cerillas y demás.
    Pasó una semana y la hermosa colina de restos
    la utilizaron unos obreros de la construcción
    de base para una viga.
    Su novia llegó a la cita
    pero corrió desconsolada en brazos de su amante
    ya que su novio no la esperaba allí como prueba de amor.
    Aquí no terminó la cosa
    en su casa nadie lo echó de menos,
    ni siquiera sus deudores que eran de la opinión
    de que así no les demandaría más dinero.
    Pasaron los siglos
    y lo hallaron petrificado unos arqueólogos.
    Ahora está en el interior
    de una urna de un vetusto museo de ciencia
    con el ramo de rosas en una mano,
    un cartel señala sus características:
    "Jardinero muerto mientras recolectaba flores."

  • coincidencias

    "..solo recorrer los caminos que tengan corazón, cualquier camino, por ahí yo recorro mirando, mirando , sin aliento."
    Don Juan.

    Cada vida es un fragmento de otra enlazadas por coincidencias, breve azar que desaparece con el primer viso de voluntad. Aquí un aforismo unido a una historia en un rostro indescifrable. Veras fragmentos de vidas, de alientos, de historias, breves fragmentos que se cruzan con cada frase. Has el intento de ver detrás de cada ventana haciendo clik en cada frase que te aparezca, quizás encuentras tu propia historia... nunca se sabe.

  • la cajera(tambien, tienen su historia)

    Ella era cajera en un gran Hipermercado, su trabajo consistía en estar ocho horas seguidas tras una caja registradora marcando una vez tras otra el precio de multitud de productos por el lado del maldito código de barras. Siempre de pie, con la sonrisa en el rostro, a punto de caramelo sonriendo a las familias que junto con sus niños, no paraban de alborotar y terminaban provocándole una jaqueca para toda la jornada. Tenía venticuatros años y sus padres nunca le habían dado la oportunidad de poder estudiar para, al menos, mirar de conseguir algo mejor. Pero ella no se compadecía de si misma, había heredado el carácter animoso de su padre, creia que, algún día conocería a un hombre,su principe, su quijote, que la rescataría de la mediocridad y le proporcionaría una vida de Reina. Mientras tanto aprovecharía la espera marcando precios en uno de los nuevos templos del consumismo moderno, total era un trabajo como otro cualquiera,además..., se conocía gente en ellos.
    A él lo fue conociendo por etapas, poco a poco pasó de ser uno más de la cola a acabar siendo su cómplice. Fue la tercera o cuarta vez, cuando se dio cuenta que aquel tío siempre se ponía en su cola aunque las otras andasen vacías. Al principio le hizo gracia la cosa, se imaginó que le había caído en gracia, pero nada más, sin embargo no dejó de darse cuenta que él no dejaba de mirarla con insistencia, incluso cuando tenía que recoger sus compras, a veces se le amontonaban y ella tenía que ayudarle. Al principio le mosqueó un poco, más trabajo y más agobios, pero él la desarmó un día diciéndole:
    Gracias niña por ayudarme, siempre he sido un poco torpe.
    Ella se ruborizó a su pesar, el tipo tenía el aspecto de un pelagatos, un poco ordinario pero con unos ojos de "malo" que la cautivaron, además le daba que era un tío legal, le contestó y con eso dio pie a nuevas conversaciones, digamos que fue la base donde se asentó su amistad de "Hipermercado" a partir de entonces.

    Desde aquel día de "la conversación" en que rompieron el hielo, ambos siguieron hablando como si ya fueran amigos de toda la vida, cada vez que él aparecía para comprar, ahora ya sin previo aviso, no como antes que solía venir los viernes por la tarde, ella lo esperaba para charlar un rato mientras los demás integrantes de la cola se desesperaban. Un día él le pidió para salir a tomar un café, ella aceptó encantada mientras le metía en la bolsa dos tabletas de chocolate sin pasar por caja.

    Cuando ella acudió a la cita, Ramón, que así se llamaba él, le preguntó si la empresa no inventariaba todas las cajas al final de la jornada, ella le dijo:
    Que se jodan, siempre cobran algo más de recargo en el precio base, por robos, le guiñó el ojo, perdidas y demás zarandajas.
    Él se río de oírla hablar así, y a partir de aquel día Matilde, así se llamaba ella, le fue pasando "material" a escondidas, siempre pequeñas cosas y nunca seguidas. Por aquellas fechas se acercaban las Navidades y ella le dijo un día que podrían afanar un "jamón" de pata negra, ella pensaba no registrárselo en caja, pero Ramón se negó a ello, solo le dijo:
    Te quedan dos meses de contrato mi niña, y no quiero que arriesgues por tan poco, pero puedes servirme de otra manera.

    Le contó su plan una noche que habían subido al mirador desde el que se dominaba la ciudad a sus pies. Las miles de lucecitas a lo lejos, parecían luciérnagas que iluminaban la "cima" que ellos ya habían hollado, él la había convertido en la Reina que esperaba, y ahora se disponía a "pagar"su tributo. Mientras estaban en el coche de él, un destartalado Fiat con la pegatina de TURBO en un lateral, pero que de turbo no tenía nada, oliendo a sudor rancio y aromas de mil batallas anteriores, ella, en este momento se encontraba chupándosela, mientras él la masturbaba con su mano de dedos encallecidos de recoger patatas tempranas.

    Antes de correrse en su boca, él se lo explicó todo. Debía fijarse bien a que hora hacían el recuento de cajas, si las hacían todas de una vez, donde lo depositaban, a que hora pasaban a recoger la pasta de las recaudaciones.. necesitaba esos datos, con ellos en su poder se liaría la manta a la cabeza y perpetraría un atraco en el Hiper de Matilde, con suerte sacarían para la entrada del piso y quizá algunos muebles, luego todo vendría rodado. Ella dijo que si un momento antes de que su boca quedara anegada de semen, se le oyó murmurar un acuoso -guiiiiiiii.

    Serian cómplices en el amor y en los negocios, comprendió que él era el hombre destinado a convertirla en una Reina.

    El día señalado llegó y ella, con el un nerviosismo evidente, pasó a ocupar su sitio en la larga hilera de cajas, todas iguales, que semejaban un frente de batalla telemático. Le había proporcionado todos los datos requeridos solo faltaba un poco de suerte, lo más peligroso para él serían los dos seguratas que estaban apostados en los corredores del Hiper, pues la bofia tardaría unos minutos en llegar, visto que el lugar se encontraba a las afueras de la ciudad. Intentó calmarse los nervios y pensar solo en los beneficios que comportaría el "golpe" de salir bien, por otro lado, ella no debía temer nada, pues nadie podría probar su participación en el acto delictivo. El momento fijado se acercaba, empero sucedió que un viejo cascarrabias le jodio el momento del atraco, el viejo la entretuvo más de la cuenta con sus exasperantes comentarios y pedidos, protestas de precios y demás... estuvo a punto de asesinarlo con una ristra de longaniza extra, pero pudo dominarse a tiempo. Cuando el vejete se marchaba, vio un tumulto en la zona de las cajas, todas pararon su quehacer y se pusieron a mirar a ver que pasaba, ella, como las demás no se había enterado de nada. Al cabo de un momento estuvo sobre ellas la supervisora, que poniendo el grito en el cielo les conminó a seguir marcando productos. La actividad del gran Hiper no podía parar bajo ningún concepto, cada segundo desperdiciado eran miles de pesetas tiradas, les soltó la imbécil aquella. Solo de reojo pudo ver que la policía hacía acto de presencia minutos más tarde, le alivió comprobar que no se veía a ningún detenido, ni tampoco indicios de que la cosa hubiera ido mal, eso la relajó un poco más. A la salida ya estaba bastante tranquila y se había olvidado de todo lo que tenía que decir en caso de que la interrogaran.

    Él no apareció en el lugar convenido para encontrarse después del atraco, en un primer momento pensó que estaría escondido por algún motivo que ella no sabía, pero ¿los teléfonos estaban para algo? Empezó a sospechar cuando después de seis días él aún no había dado señales de vida. Por lo que sabía el atraco fue limpio, oyó decir a las pavas de caja central, un tipo con pasamontañas las encañonó sin mediar palabra y en un momento se había llevado toda la recaudación perdiéndose entre la marea de gente que entraba y salía del Hiper. Al cabo de dos semanas, por fin se admitió a si misma que la había engañado como a una pardilla. No lloró, ni siquiera un sollozo, pero se sintió usada como si solo hubiera representado para él un vulgar klinex , "esto me enseñara de cara al futuro", fue lo único que se concedió como desahogo.

    Unos días más tarde oyó por la radio que habían atrapado al hombre del pasamontañas, el que se había llevado la recaudación del Hiper, lo cojieron en plena carretera de coruña, en el kilómetro 103 para ser exactos, no ofreció resistencia, tampoco dijo nada de un cómplice.

    "Menos mal, era UN POCO TORPE, además de un hijo de puta, pero en el fondo era "legal", Matilde volvió a tomar su lugar junto a la caja registradora. Otra vez a la espera de alguien que supiera valorarla y quisiera convertirla en una REINA.

  • bar sin nombre

    El apura la copa en un bar sin nombre.
    Ella se pinta la linea de los ojos ante cualquier espejo.
    El hace virguerías para no mirar el reloj.
    Ella quiere creer que el milimétrico temblor de su mano es el habitual.
    El pide otro cognac.
    Ella respira hondo.
    El tararea una canción ... de pronto recuerda la letra y enmudece.
    Ella compra un enorme surtido de revistas, de esas que se leen en los viajes.
    El deja una propina roñosa, y entra en el siguiente bar.
    Ella enciende un cigarrillo y tira la cerilla lejos del cenicero.
    El pregunta si los servicios estan al final de la barra.
    Ella deja la mente en blanco, siguiendo las evoluciones de las volutas de humo.
    El decide pasarse a los medios de ginebra con limón.
    Ella lanza el cigarrillo al cenicero ..... tampoco esta vez acierta.
    El introduce unas monedas en la máquina de tabaco.
    Ella se dirige al bar de la estación.

    El estaba fatal cuando la conoció.
    Ella casi se había acostumbrado a vivir sola.
    El se agarró a ella con la desesperación de los que no saben perder.
    Ella le quiso más que a su vida, más que a la muerte ... como en la copla.
    El se quejaba de que ella no le dejara respirar.
    Ella le reprochaba su inconsistencia.

    El cae al suelo, arrastrando la banqueta y una papelera vacía.
    Ella se equivoca de vagón, vuelve a salir al andén y busca ayuda con los ojos.
    El farfulla una excusa tartamuda a un camarero indiferente.
    Ella cree distinguirle entre las sombras presurosas que se dirigen al tren.
    El apoya los codos en la barra y empieza a llorar.
    Ella sufre la bofetada del desengaño, con la misma intensidad como si se tratara de la primera vez.

    - Si sólo supieras llorar .... suplica ella.

    - Si pudieras verme cuando no te tengo, solloza él.

    - Delirios de borracho, suspira el camarero.

  • la dama del sombrero

    Era temprano en verano y sin embargo las hojas de algunos arboles habían caído ya. La dama del sombrero de mimbre guardaba en su colección de atardeceres uno más, contemplaba el paisaje desde una roca en lo alto de una desfiladero y recreaba la silueta del hombre de los zapatos sucios en su mente, con precisa lentitud y sin gozo. El sol cae ya a su romance con el mar y la tarde se despide con la misma calma con que las imágenes vagan por la mente de la dama, ella, extiende las piernas y permite al viento meterse por debajo de la falda y acaríciale los sueños, siente en las piernas depiladas la angustia que provoca el ansia de tocar lo que no es suyo aunque le venga en la piel, el viento avanza un poco más y ella le despide cuando intenta alcanzar el incansable tic tac de su corazón templado por los años de lo que debería ser. La dama del sombrero de mimbre entorna los ojos y respira del mar su grandeza y se llena los pulmones de valor y de sal que se perderán al bajar a la villa otra vez. Ella lo sabe y poco le importa, piensa una vez mas en los zapatos sucios y deja caer una pequeña piedra al vacío, la ve perderse en el mar.

    El hombre de los zapatos sucios camina por sendas de tierra y piedra y sonríe a su soledad gastada, no lleva sombrero porque es amigo del sol, no lleva equipaje porque lo olvido en algún puerto, camina con la ilusión henchida, porque sabe que verá a la dama del sombrero de mimbre y el camino es corto para alcanzar a dibujar las miradas. Es tarde ya y aun no hay prisa, las piedras del camino son lamentos que esconde el polvo y el olvido, las olas del mar traen mensajes que siempre guarda en el armario, que le arrullan en las noches de quebranto, en que el sueño se niega a aparecer. El hombre de los zapatos sucios ataca la cuesta y jadea un poco, pero sabe que hoy no ha de desfallecer.

    La dama del sombrero de mimbre siente la piedra dura y fresca bajo los pies descalzos y recita el mimo verso que aprendió en la escuela, se lo recita a la nada y a ella misma, se lo recita en silencio, cavila con la cara al frente y degusta mares que ha de navegar, prueba el sabor del anaranjado cielo que se va, pasa la mano por el cabello hirsuto y se sacude la mirada de ese hombre que no está, tiende las manos a la roca y el peso de su cuerpo y de sus años descansa en unas manos que son suyas pero que serán de aquel, el que vendrá. La tarde es roja y el sombrero se alborota con el viento, igual la blusa y los recuerdos, el hombre de los zapatos sucios vuelve a dejar astillas en su mente, no las sacude, las palpa y las deja pasar.

    El hombre sin sombrero ve llegar aquella peña y acelera su andar, sin violencia, con la calma del que sabe a donde ha de llegar, camina en llano una vez más y tira de las ganas de vivir que lleva cocidas a la camisa, y se siente hidalgo y caballero tigre y pausa su andar para respira la brisa, húmeda brisa de atardecer.

    La dama está de pie y de cara al mar, dejó caer los zapatos sucios por el mismo camino que siguió la piedra, ahora contempla en el horizonte a un hombre que no usa sombrero porque es amigo del sol. El viento hace otro intento y no encuentra resistencia para levantar las faldas y las esperanzas en un soplo de enigmática canción. Hace de las suyas y le acrecienta el deseo a la dama del sombreo que mira a Venus nacer mientras la sonrisa amplia le adorna el rostro bronceado, mientras las piernas le tiemblan y el corazón se inventa un ritmo nuevo, un ritmo que desborda la razón.

    El hombre llega a las rocas y se desnuda los pies, coquetea con una nube y le sonríe al pasado, lo ve marcharse, lo ve inclinarse y sucumbir ante el presente cierto, le sonríe una vez más.

    La dama esta hecha jirones, el aire le sabe a poco y se sostiene el pecho que se desborda, el sombrero yace sobre la roca y la ilusión es ya más que una amiga lejana, es compañera de un viaje que se emprende.

    El hombre sortea las rocas y dirige la mirada donde el sol deja su ultimo adiós, en la cima, en la meta donde debería de estar, en la roca donde ahora posa el alma y descubre de nuevo a su soledad.

  • tus sueños

    Anoche estuve en tus sueños,
    y lo sé por tu mirada
    que me cuenta
    lo que tu boca dice en silencio.

    Anoche estuve en tus sueños.
    Lo dicen tus ojos que miran con ternura.
    Lo cuentan tus manos que acarician como una rosa.
    Lo hablan tus brazos que me cubren como raso.

    Sueños que al amanecer
    se tornan amargos
    como un tango inacabado.
    Anoche estuve en tus sueños.
    Sé que estuve, sé que te amé.

  • un cuento corto

    Erase una vez un sueño que no encontraba a su dueño y lloraba su destino. Entró, buscando su final, en el arbol del jardin. Alli nos encontramos y nos adoptamos.

  • aprendiendo a cada paso

    Volamos
    y a lo largo de la vida
    cavamos una fosa en la conciencia
    en ella determinados pajaros del frio
    anidan como causas
    perdidas
    como territorios de la imaginacion
    donde un dia fuimos libres
    en ellas un perfume de tinieblas
    que fueron verdes y ahora son oscuras
    uñas del alma
    ocasos que al morir la luna lloran
    músicas fenecidas
    polvora del amor o botín de los sueños
    inalcanzados
    palabras que tuvieron un sentido
    y que llegan a ser esqueletos de nieve
    de los significados.
    reconforta saber, que de todo aprendes,

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